Cumpleaños, de César Aira, es el último libro publicado por este argentino nacido en 1949 en Coronel Pringles. Traductor, novelista, dramaturgo y ensayista, es uno de los escritores más prolíficos de las letras argentinas contemporáneas, habiendo publicado más de treinta libros. De él se ha dicho que es uno de los secretos mejor guardados de las letras trasandinas, habiéndo sido escogido en España, en 1998, como uno de los 10 escritores del año.

 

En Cumpleaños el autor nos invita a convivir con él o, más bien, con su conciencia, durante una semana en que visita su pueblo natal. El motivo que gatilla su relato es el hecho de que días después de cumplir 50 años —mitad de un siglo— descubre que todos esos años había estado equivocado respecto a uno de esos datos con los cuales conocemos el mundo y que por la confianza que nos proporcionan nos lo hace habitable; más aún, gracias a él nos reconocemos como personas cultivadas y pensantes. El narrador descubre con estupor que la sombra de la Luna no es producida por la Tierra.

 

Compartimos, entonces, por más de 100 páginas su diálogo con nosotros que, investidos como los ángeles de Wim Wenders, lo acompañamos en el transcurrir de sus reflexiones sobre la literatura, la filosofía o las circunstancias cotidianas de una mesera. Pero nosotros, lectores, no somos ángeles y no poseemos siempre la certeza de lo inmutable. Los desfallecimientos de su razón se hacen nuestros. Pero más allá de lo que dice él como personaje es lo que él hace como escritor lo que muestra su oficio dedicado y ameno, que nos lleva de la perplejidad a la risa con el mismo arrobamirento que tendría alguien que recuerda que en 1493 le insistía a Colón que la tierra era plana.

 

¿Que pasaría si llegaremos a la conclusión de que el pensar, tal como lo entiende nuestra cultura, no es la mejor manera de vivir y sobrevivir para nuestra existencia personal? La respuesta de Aira pareciera ser una atención flotante con mucho más espacio para la empatía, el asombro y la creatividad.

 

Y 50 años macerando esta respuesta y compartiéndola en forma honesta con sus lectores merecen ser leídos.

 

Nicolás González de Hart