En el Cielo viven espléndidamente
Araceli Otamendi
En el Cielo viven espléndidamente A, B, C y D, seguramente F. Es un cielo intelectual e infinito adonde no llegan las palabras ni los signos.
En la Tierra, los sacerdotes de la nueva religión intelectual pujan por subir a ese Cielo y desde abajo, armados con palos de arena van dando golpes al aire tratando de bajar de ese Cielo a A, B, C, D, seguramente F, mientras las armas se les deshacen en las manos como papel mojado.
También en la Tierra, cientos de escribas plasman en el papel y en cómodas cuotas sus invenciones que no son otras más que las que se inspiran tímidamente en A, B, C y D, seguramente F.
En el Purgatorio, conviven muchos escribas. Demasiados bosques han sucumbido, demasiados árboles cortados para imprimir palabras, historias que son casi las mismas que escribieron A, B, C y D, seguramente F.
En el parnaso y en las bibliotecas, pueden escucharse las voces de A, B, C y D, seguramente F. No se han quedado mudos, sus voces pueden oírse desde lejos, muchas veces se ríen y sus carcajadas estallan, lejanas y llegan a nosotros, a quien quiera escucharlas sin rencor, sin envidia, sin prejuicios.
© Araceli Otamendi – 2004- Todos los derechos reservados