| Hombre que mira el techo
Siempre hay una jornada
fuera de serie
en que uno logra sentirse
sereno
pero está lejos
de ser una canonjía
ya que la serenidad
no es el mejor
de los estados posibles
e imposibles
hoy por ejemplo tomo
distancia
con respecto a las cosas
y a mi mismo
y no por eso echo al
olvido
qué joda era
qué bueno era
estar adentro del entrevero
después de todo
la famosa
serenidad es una isla
autorizada comonó
y legal
aunque rodeada inexorablemente
por emociones clandestinas
todavía me siento
un poco incómodo
en mis primicias de
sereno
como quien entra en
un traje nuevo
que tiene bajas las
hombreras
pero el cuerpo y el alma
son
animalitos de costumbres
mañana la incomodida
será menor y
en pocos días
me habré habituado
a estar sereno
eso me llena a veces
de alegría
es claro que se trata
de una alegría serena
y en consecuencia uno
no sale a dar abrazos
ni pega gritos ni le
canta al cielo
a lo sumo archiva caricias
y otros prólogos
por estricto orden cronológico
también llega
a invadirme el desconsuelo
pero se trata de un
sereno desconsuelo
y por lo tanto nadie
solloza
ni dice mierda
ni putea
sencillamente como un
modesto mago
de rojo circo de domingo
o de feria
tomo los naipes del
amor
los bajajo con parsimonia
y en las narices del
viejo público
que es como hacerlo
en mis narices
mágicamente los
transformo
en nuevos naipes de
amistad
lo único extraño
viene a la noche
pues se presume que
un sereno
ha de dormir serenamente
pero yo paso horas y
horas
mirando el techo
o sea que
no sé hasta cuando
estaré sereno
porque la calma ya no
da abasto
hay que confiar y yo
confio
que no hay mal que dure
cien años
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