Bibliografía
Caín y Abel, por la vuelta
Por Eduardo Berti
La Nación, Suplemento Cultura, 03.12.1997
RIO AZULPor Ethan Canin (Emecé)
AL igual que Bulgakov, que William Carlos Williams y otros ancestros ilustres, Ethan Canin (Estados Unidos, 1960) es un escritor con diploma de médico, graduado en Harvard, para más datos. A diferencia de ellos, sin embargo, no hay hasta ahora en su obra literaria un afán por mostrar enfermos y hospitales a la manera de Morfina, del ruso, o de las Historias de médicos, de Williams. Más que el mundo de la medicina, si existe un tema central en la narrativa de Canin es la vida familiar y la amistad, con una mirada restringida especialmente al universo masculino de los compinches de infancia y los hermanos varones.
Río azul, su primera novela, recién editada en la Argentina, ha sido descripta de manera unánime como una versión actual del mito de Caín y Abel, ambientada en un pequeño pueblo a orillas del Misisipí. Asimismo, en sus dos libros de cuentos, El emperador del aire (1988) y El ladrón de palacio (1994), Canin manifiesta su predilección por las historias de camaradería y fraternidad. Quizá porque saltó a la fama como cuentista, quizá porque es en los grandes cultores de ese género (Cheever, Carver, etcétera) donde se advierten sus influencias, Ethan Canin ha elegido estructurar esta novela en un prólogo y tres bloques bastante independientes, sin un correlato cronológico. En el primer bloque ("California"), Edward Sellers, un exitoso oftalmólogo de treinta años, que reside en una casa lujosa y con piscina junto con su esposa Elizabeth y su hijo Jonathan, recibe la visita de su hermano Lawrence, al que no ha visto por quince años. "Un vagabundo", piensa a primera vista, pero enseguida lo reconoce. La reaparición de Lawrence no sólo significa una amenaza para la vida de Edward, sino que reabre una vieja herida. Sólo en el segundo bloque ("Wisconsin"), un largo flashback, que es quizá lo mejor del libro, conocemos el pasado de estos dos hermanos y de su familia. Y para el tercer bloque (de nuevo "California"), Canin tiene reservada la resolución de un dilema. "Algún día deberás ocuparte de tu hermano", oyó Edward de niño. Ahora, llegado el momento, cavila: "¿Dónde depositar mi lealtad? ¿En nuestra sangre común? ¿O en Elizabeth y Jonathan y la vida que nos hemos forjado?". Lo que hace de Río azul una novela interesante es el talento con que Canin sale airoso de una suma de tópicos de la literatura norteamericana (el pueblito, la primera persona fascinada por la aureola de un personaje antitético, la anécdota a simple vista pequeña pero decisiva para el mundo privado del narrador). Si Río azul es una novela sugestiva y por momentos exquisita, se lo debe a la manera en que Canin articula la relación entre Lawrence y Edward (también está la hermana, Darienne), una relación en la que caben la incomprensión, la competencia, la desconfianza o la solidaridad, pero que excede en riqueza a una oposición maniquea entre hermano "bueno" y hermano "malo". ¿Quién de ellos es Abel? ¿Quién es Caín? La respuesta no parece tan sencilla, porque en los Sellers hay siempre un doble fondo. Pese a su espíritu cínico y rebelde, Lawrence despierta en Edward interés por la disciplina científica. Pese a su vida de yuppie, pese a su gusto por la seguridad y el orden, Edward tiene la costumbre de manejar con los ojos cerrados a los dos de la mañana. Como un juego de espejos, la piscina de la lujosa casa de California remeda el río omnipresente en la infancia de Edward. Como un juego de espejos, la amistad que de niño Edward trabó con el excéntrico Zoltan Morris y la relación de su hijo Jonathan con su amigo Jesse son un eco de los lazos entre Lawrence y Edward. En todos los casos, Canin enfrenta a un temeroso con un valiente, a un cauteloso con un osado, dotándolos de una percepción desigual acerca de las consecuencias que deparan ciertos actos. Claro que Canin no es Hemingway, entonces la puja entre ambos bandos no culmina en un alegato o una puesta en escena del coraje, sino que (vaya otro juego de espejos) el río de quince años que mantuvo aparte a los hermanos Sellers muestra en cada orilla la misma escena desoladora: Edward que acompaña a Lawrence a tomar un ómnibus que lo aleje de allí. (211 páginas).