Una excelente novela de escritura inusualmente despojada
El pasado, en caída libre

Por Eduardo Berti

 

La Nación, Suplemento Cultura, 20.05.1998


 

EL CAZA ZERO. Por Pascale Roze (Andrés Bello)

 

CON este libro, Pascale Roze ganó el premio Goncourt en 1996. Nacida en Indonesia hace 36 años, hija de un oficial de Marina, fundadora de una compañía teatral y estudiante irregular de Filosofía y Letras, Roze se había limitado a escribir una obra de teatro y un volumen de cuentos hasta la publicación de El caza Zero.

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La narradora de esta breve y excelente novela, de una escritura inusualmente despojada, se llama Laura Carlson. Su padre murió en 1945 en Okinawa, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando un kamikaze a bordo de un avión caza se dejó caer sobre el portaaviones Maryland de la Armada norteamericana. Laura, que apenas contaba quince meses por entonces, debió pasar su infancia en Francia, en casa de sus abuelos maternos, quienes se hicieron cargo tanto de la nieta como de la flamante viuda, enferma y "neurasténica". En ese ambiente nadie menciona las razones de su orfandad, mucho menos la guerra del Japón ("le hacía daño a mamá"); pero ya adolescente, con la ayuda de una amiga llamada Nathalie, Laura decide reconstruir lo ocurrido. Las dos amigas van a una librería, consiguen todos los libros disponibles sobre la guerra ("libros demasiado difíciles para nosotras") y por fin tropiezan con la noticia sobre el hundimiento del Maryland. "Su muerte estaba en los libros", reflexiona Laura.
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Lo peculiar de El caza Zero es el desplazamiento del objeto que ocupa a la narradora. Mientras la novela comienza como una indagación acerca de una víctima, en la segunda mitad asistimos a la obsesión de Laura Carlson por la figura de un kamikaze que ella supone es el victimario de su padre. Dos hechos confluyen en tal sentido: por un lado, Laura empieza a sentir un zumbido en los oídos, cada vez más frecuente; por el otro, Nathalie le obsequia un libro pequeño ("Morí en Okinawa") que es el diario íntimo de un kamikaze llamado Tsurukawa Oshi. Así como la muerte de su padre y la del kamikaze que impactó el portaaviones han quedado enlazadas para siempre, algo por el estilo ocurre dentro de Laura. "A partir de entonces, cada vez que oía los zumbidos, los asociaba espontáneamente con el caza de Tsurukawa".
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Si en cada novela hay un sentido fundamental, en El caza Zero ese sentido es el oído, y no sólo por los zumbidos atronadores. Mientras que el refugio de la madre de Laura consiste en dejar de hablar, la hija acaba enamorándose de un músico, Bruno, que admira a Luigi Nono y una tarde le cuenta que a Shostakovich, durante la guerra, le explotó un obús cerca de la cabeza y "desde entonces, cada vez que se inclinaba de una manera determinada escuchaba una melodía". Más adelante, Bruno escribirá una obra musical inspirada en los zumbidos que asaltan a Laura ("Rondó para voz de mujer y avión"), y ella sentirá que la han "tirado como pasto a los oídos de los otros".
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Aunque se puede reconocer la influencia de Marguerite Duras en la escritura de Roze (influencia que, dicho sea de paso, parece atravesar a muchas narradoras de su generación), no es menos cierto que también hay algo decididamente "oriental" en esta novela en la que las emociones más profundas son expuestas con una sabia economía de recursos, y donde la figura del kamikaze remite sin dudas a una caída, a un descenso. A su manera, Laura también se deja caer en un acto mezcla de arrojo y de desesperanza. Y si lo que más admira ella de "su" kamikaze es "cómo se lanzó con los ojos abiertos" contra el Maryland, cómo se convirtió en un héroe inmortal al no haber "cerrado los ojos ante la muerte", del mismo modo puede decirse que la caída de Laura, su manera de lanzarse y enfrentar la muerte, es con los oídos abiertos, acechando -palabras suyas- "algún temblor del silencio". (Traducción de Néstor Busquets).