Homosexuales en tiempos del nazismo

El triángulo rosa

 

Por Eduardo Berti

 

Página 30, Buenos Aires, marzo de 2002


 

         Hacia 1928, había en Alemania alrededor de un millón doscientos mil hombres homosexuales. Entre 1933 y 1945, cien mil de ellos fueron arrestados y unos 50 mil oficialmente inscriptos en los archivos como criminales. Una vez sentenciados, muchos acabaron en prisiones ortodoxas. Pero aproximadamente 10 mil fueron enviados a distintos campos de concentración. Cuántos murieron allí es algo no establecido. Las pesquisas han sido muy limitadas hasta hoy. Algunos investigadores, sin embargo, estiman que 6 mil.  

         La historia de los prisioneros homosexuales durante el régimen nazi fue silenciada durante casi cinco décadas, aun cuando la guerra hubiese ya terminado, porque la homosexualidad continuó siendo ilegal en la ex Alemania Occidental hasta fines de los años sesenta. Muchos de los sobrevivientes, en consecuencia, tenían miedo o estaban avergonzados de contar sus experiencias. Otros intentaron sumarse a las organizaciones de víctimas del holocausto pero se sintieron marginados. "El testimonio de los homosexuales era socialmente inaudible, imposible y peligroso", cree el francés Michel Celse, especialista en el tema, autor del ensayo colectivo Consciences de la Shoah. 

         Fue a partir de 1986, luego de que Richard Plant publicase su libro The Pink Triangle (El triángulo rosa), cuando empezó a reconsiderarse el caso. Pero los homosexuales no fueron oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo hasta hace un par de años. En noviembre de 2000, por ejemplo, cuando el gobierno alemán pidió disculpas por las deportaciones y torturas sufridas por los gays y las lesbianas en la era del nazismo. O en abril de 2001, cuando el estado francés (a través de Lionel Jospin) reconoció por vez primera las persecuciones que sufrieron los homosexuales durante la Segunda Guerra Mundial.  "Un hecho histórico", lo llamó Jean le Bitoux, presidente del Mémorial pour la Déportation Homosexuelle. 

         El año pasado The Pink Triangle Coalition (un grupo que reúne a ocho organizaciones de Europa, Israel y los Estados Unidos) recibió 500 mil dólares para difundir su causa. Realizaron un CD Rom, empezaron a preparar un sitio en Internet y están apoyando la difusión mundial del documental cinematográfico Paragraph 175, dirigido por Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Meses antes, a fines del año 2000, la coalición había recibido una donación de 70 mil dólares que repartió entre los últimos sobrevivientes de aquella generación. "Todos mis pedidos por ser reconocido como víctima de la persecución nazi fueron desestimados hasta la fecha por el gobierno alemán", dijo uno de de los beneficiarios, un polaco de 79 años, en una carta dirigida a la organización.  En los últimos tiempos, sin embargo, el Partido Verde alemán ha liderado una campaña para que los homosexuales sean oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo.

 

Párrafo 175

         Cuando Rob Epstein y Jeffrey Friedman estrenaron hace un año y medio su film Paragraph 175 no imaginaron que el documental iba a tener tantos efectos políticos. Ambos ya habían dirigido en dupla otras tres películas de militancia gay (entre ellas The Celluloid Closet, acerca de la homosexualidad en Hollywood, dentro y fuera de la pantalla, y Common Threads: Stories From the Quilt que les valió un Oscar en el rubro documental) y a Klaus M¨uller, el encargado de temas homosexuales del Holocuast Memorial Museum de los Estados Unidos, no le costó mucho convencerlos de que había que entrevistar, antes de que fuera muy tarde, a los últimos testigos directos del llamado holocausto gay. 

         "Klaus ya había hablado con personas que aceptaban ser entrevistadas frente a las cámaras", cuenta Epstein. "Pero la gran diferencia con nuestros trabajos anteriores era que esta vez no había casi ninguna bibliografía disponible. Tuvimos que ir descubriendo la historia a medida que filmábamos". El film abre con el propio M¨uller: "Crecí en Alemania y nunca oí hablar de la persecución a los homosexuales. Me costó un tiempo darme cuenta de que algunos de ellos podían estar vivos. Muchos de ustredes acaso piensen que es un poco tarde para darles la palabra. Yo creo que su historia es valiosa. Y que es bueno escucharla porque durante toda su vida les dijeron que no la contaran". 

         La película se titula Paragraph 175 debido a un viejo artículo del código penal alemán, sancionado en 1871 y válido hasta 1969: "Un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino o entre seres humanos y animales debe ser castigado con la prisión; también puede significar la pérdida de los derechos civiles". La ley había caído en el olvido hasta que los nazis la rescataron. En los años veinte reinaba un clima de absoluta libertad en ciudades como Hamburgo, Munich o Bremen, y más aún en Berlín, donde había incluso clubes nocturnos de corte gay. En 1919, el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) había fundado el Instituto para la Ciencia Sexual. Uno de sus propósitos centrales era la abolición del párrafo 175. Para Hirschfeld la homosexualidad no era sinónimo de enfermedad, mucho menos de delito. 

 

El doctor Hirschfeld  

         El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller. En un mes se cerraron todos los bares gays de Berlín, entre ellos el mítico "Eldorado". El 6 de mayo los nazis destrozaron el instituto del doctor Hirschfeld. Todos sus libros fueron tiladados de "anti-alemanes" y quemados en una gran fogata. El doctor, judío y homosexual, se hallaba de viaje en el extranjero. Nunca regresó a Alemania. 

         En 1934, una división especial de la Gestapo (policía secreta del estado) fue fundada para combatir la homosexualidad. Uno de sus primeros actos consistió en establecer listas rosas con la ayuda de los servicios secretos de la policía. En septiembre de 1935 se promulgó una segunda versión, aún más rigurosa, del famoso Párrafo 175. Y un año después Heinrich Himmler creó un cuartel central para combatir la homosexualidad y el aborto: el II S, una sub-división del Departamento II de la Gestapo. Para los oficiales nazis, los homosexuales eran "anti-alemanes" y "socialmente aberrantes" porque privaban al país de hijos.  

         A pesar de esta cruzada anti-gay, Ernst Röhm, fundador de la SA y amigo íntimo de Hitler, era un reconocido homosexual. En un reciente y muy publicitado libro titulado El secreto de Hitler: la doble vida de un dictador, el profesor de historia Lothar Machtan dice que Hitler tuvo desde adolescente relaciones muy íntimas con homosexuales. Entre ellos se destaca un tal August Kubizek. Ambos compartieron durante cuatro meses un pequeño departamento en un área de Viena reputada como "zona homosexual"; ambos usaban las mismas ropas. "La gente nos toma por hermanos. Eso es lo que nos gustaría ser", escribió Kubizek en una carta descibierta por el profesor Machtan. El libro hace, por supuesto, mención al caso R¨ohm, cuya homosexualidad era invocada ya en los años treinta por los partidos opositores, como una manera de mostrar las contradicciones del nazismo. 

         Hitler defendió a Röhm diciendo que "la SA no es una institución moral" y que "la vida privada no importa mientras no traicione la base del nacional-socialismo". Fue todo una excepción y duró poco. El 28 de junio de 1934 ordenó la ejecución de Röhm y de otros supuestos traidores. El episodio se recuerda como "la noche de los cuchillos largos". A una semana del hecho, Hitler invocó la homosexualidad de R¨ohm y prometió "limpiar de homosexuales" el partido. 

         Las persecuciones alcanzaron su pico entre los años 1937 y 1939. Una campaña de propaganda iniciada en 1936 puso espaeial énfasis en la supuesta homosexualidad de los sacerdotes con el objetivo de desacreditar y recortar el poder de la Iglesia católica de Alemania, una institución que muchos oficiales nazis temían como el mayor enegmigo potencial. En 1938, el lider Hermann Göring acusó de homosexual al comandante Von Fritsch, un oponente a la política militar de Hitler. 

         La gran mayoría de los homosexuales arrestados por infringir el Párrafo 175 eran alemanes o austriacos. En los campos de concentración, los prisioneros eran obligados a usar uniformes con diferentes marcas identificatorias, según la categoría a la que pertenecieran: judíos, gitanos, presos políticos, etc. Los homosexuales llevaron al principio varias marcas, desde un punto negro hasta un número 175 dibujado en la espalda del saco. Finalmente todos fueron identificados con un triángulo rosa. 

         Testimonios de sobrevientes dicen que los hombres con triángulos rosas eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Un doctor llamado Carl Vaernet realizó, en el campo de concentración de Buchenwald, numerosas operaciones cuyo propósito era el de volver heterosexuales a los pacientes. Su experimento incluía la inserción de una cápsula que segregaba hormones masculinas.  El procedimiento refleja los deseos de Himmler y otros oficiales por encontrar soluciones médicas para la homosexualidad.  

 

Los testigos        

         De los siete testigos vivos que había al momento del rodaje de Paragraph 175, cinco aceptaron hablar ante una cámara: Gad Beck, Heinz Dörmer, Albrecht Becker , Heinz F. (él mismo pidió que su apellido fuese oculto) y el francés Pierre Seel. A ellos se agrega la poeta Annette Eick, que no llegó a estar presa --escapó a tiempo rumbo a Inglaterra-- pero perdió a toda su familia en Auschwitz. En el film, Eick representa a "los cinco casos de lesbianas muertas en campos de concentración", según informan los realizadores. Si la campaña contra las lesbianas fue menos encarnizada, esto se debe que los oficiales nazis entendías el lesbianismo como "temporario y curable". 

         Las experiencias de cada uno de los participantes en la película son muy diferentes. Gad Beck, por ejemplo, intentó salvar a su joven amante, Manfred, de ser transladado por la Gestapo a un campo de concentración. Se hizo pasar por hitleriano y alcanzó a liberar a Manfred con una excusa ingeniosa, pero mientras se alejaban del lugar de detención éste le dijo a Beck que no iba a abandonar a su familia. Le agradeció el gesto y regresó.   

         En 1935, un íntimo amigo de Heinz F. fue arrestado y, bajo presión de la Gestapo, confesó los nombres de otrops homosexuales. Entre ellos se encontraba Heinz. Fue arrestado por la polica local y enviado, sin juicio alguno, directamente al campo de concentración de Dachau. Allí empezaron nueve años de penurias, entre diferentes cárceles y campos. 

         Albrecht Becker, fotógrafo vinculado a la industria del cine, fue convocado a declarar en 1935 por haber violado el párrafo 175. "Todo el mundo sabe que soy homosexual", declaró. Fue sentenciado a tres años de prisió en N¨uremberg. Cuando volvió a su pueblo local advirtió que no había más hombres: estaban todos en el frente o tras las rejas. Decidió entonces incorporarse al ejército alemán. Lo animaba una sola razón: "allí era dónde estaban los hombres".        

         Nacido en Berlín en 1912, Heinz Dörmer fue jefe de varios grupos scouts, vinculados por lo general a la iglesia. Cuando los nazis empezaron a atosigar a todos los movimientos juveniles independientes para que se uniesen a las juventudes pro-hitlerianas, Heinz intentó negarse. En octubre de 1933 claudicó. "Eran más fuertes que nosotros". En abril de 1935, acusado de haber mantenido relaciones sexuales con otros miembros de su organización, D¨ormer fue enviado a un campo de concentración. En 1982 exigió una reparación al gobierno alemán. Su pedido fue rechazado.  

         Pierre Seel fue uno de los primeros sobrevivientes en romper en silencio. A mediados de los ochenta publicó en Francia su libro  Moi, Pierre Seel, déporté homosexuel (Calmann-Lévy). Allí cuenta cómo los alemanes anexaron la región de Alsacia en 1940, cómo él fue arrestado luego de haber denunciado un robo en un club homosexual y cómo fue brutalmente sometido a malos tratos en los campos de Schirmeck y de Struthof. En el primero fue obligado a trabajar en la construcción de un crematorio. En el segundo fue violado y su cuerpo fue utilizado como blanco humano mientras los nazis le arrojaban jeringas en vez de dardos. "Tengo verg¨uenza por la humanidad", dice Seel en el film.

 

El día del recuerdo 

        Los homosexuales perseguidos por el nazismo no sólo debieron enfrentar el desprecio de los gobiernos de posguerra. Su presencia en marchas y manifestaciones, al lado de otros sobrevivientes de la barbarie nazi, fue muchas veces resistida. 

        El problema sigue sin haberse resuelto del todo. El 28 de abril pasado se celebrababa en Lille (Francia), como todos los años, una nueva edición del Jour du Souvenir (Día del recuerdo) y por primera vez una representación gay pudo unirse a los usuales manifestantes: asociaciones de resistentes deportados, ex-combatientes, miembros de la comunidad judía y una delegación ecuménica. "Todo empezó muy mal", dice la crónica que Haydée Sabéran escribiera para el diario Libération. "Los cincuenta miembros de la organización local Flamands Roses tuvieron que pemanecer tras unas barreras metálicas, bajo vigilancia policial, sin poder acercarse al monumento de los muertos, ya que no tenían una tarjeta de invitación". 

        Un consejal del Partido Verde de Lille, Marc Santré, se ofreció para mediar. Finalmente algunos miembros de los Flamands Roses pudieron unirse a los demás, pero a condición de que se quitaran los triángulos rosas que llevaban en sus abrigos y participaran "sin portar ningún signo distintivo".  

        Terminada la ceremonia, los periodistas se lanzaron sobre los integrantes de Flamands Roses. Un miembro de la comunidad judía protestó: "No estoy seguro de que su presencia aquí se justifique. Sospecho que este acto les sirve de pretesto para reclamar por sus derechos". Otro miembro lo corrigió: "Pero no, ellos están aquí para homenajear a sus muertos y merecen participar". Eric Quiquet, también del Partido Verde, subrayó a su turno que "ellos fueron los únicos jóvenes en el acto, los únicos que podrían transmitir la memoria; los demás deberían estar orgullosos de tenerlos a su lado". 

        El debate no ha finalizado. Para Michèle Deconnick, antigua deportada y presidente de una asociación de resistentes deportados, "a diferencia del caso alemán, no hubo en Francia víctimas en calidad de homosexuales". Lo mismo opinan otras asociaciones. La presidente de los Flamands Roses, Isabeth Flamencourt, acepta en parte el argumento. "Es verdad, los homosexuales fueron deportados oficialemente por el régimen de Vichy en calidad de prisioneros comunes o por razones políticas". Pero añade que, en el fondo, "muchos fueron deportados y otros fueron especialmente maltratados  porque eran homosexuales, porque sus nombres figuraban en 'listas rosas' confeccionadas por la policía o porque otros homosexuales, luego de haber sido torturados, confesaron sus nombres".