La modernidad en debate
ReflexionesPor Eduardo Berti
La Nación, Suplemento de Cultura, 12.11.1997
LA POLITICA DEL MODERNISMO.CONTRA LOS NUEVOS CONFORMISTAS Por Raymond Williams (Manantial)
EL modernismo ha merecido numerosos estudios en las últimas décadas, sobre todo a partir de la proclamación más o menos explícita del fin de su reinado. Los libros destacables son varios: desde los ensayos sobre la literatura del período 1890-1930, compilados por Malcolm Bradbury, hasta las iluminaciones de Walter Benjamin o el revelador Todo lo sólido se desvanece en el aire, de Marshall Berman, pasando también por las ópticas de Northop Frye, Lionel Trilling o Susan Sontag, por citar algunos nombres. A esta lista de trabajos viene a sumarse ahora La política del modernismo, un volumen que recopila artículos y conferencias que el teórico cultural Raymond Williams escribió poco antes de su muerte en 1988.
Hasta la fecha, de Williams sólo se había traducido al castellano Marxismo y literatura (1977), no así otros libros capitales por su aporte a la nueva izquierda inglesa, como Culture and Society (1958) o Problems in Materialism and Culture (1980). Ante el vacío, esta colección póstuma compilada y prologada por Tony Pinkney es muy bienvenida, aun cuando por momentos parezca más bien ajustar o revisar ideas ya presentadas en obras anteriores, o aun cuando configure más el plan de un libro futuro que un libro acabado. Como suele ocurrir con muchas recopilaciones de artículos, en La política del modernismo se codean cuestiones muy diversas. El registro abarca desde el racconto histórico (es muy esclarecedor el capítulo titulado "Las percepciones metropolitanas") hasta un debate de actualidad con su colega Edward Said. La mirada de Williams fluctúa entre los estudios culturales y el análisis comunicacional. Señala las diferencias entre vanguardia y modernismo, imagina los posibles usos alternativos de la TV por cable y la TV satelital, pone en relieve la relación entre inmigración y modernismo, entiende el cine como un lenguaje de "cámara sintética" y "cámara analítica", distingue entre un primer modernismo y un "modernismo absoluto" (1890-1940), o pinta un hipotético futuro en el que las elecciones nacionales tendrán un auspicio comercial semejante al de los torneos deportivos. Así y todo, hay en el libro un eje central sugerido desde el subtítulo: Contra los nuevos conformistas. Las viejas innovaciones del modernismo, advierte Williams se han vuelto forma e incluso norma. Se han convertido en "cultura popular ampliamente distribuida" o también en "iconografía facilona de los comerciales". Esto ocurre desde que el modernismo, "canonizado por el orden de posguerra" perdió su "postura antiburguesa" y quedó confinado a la ironía de ser un "punto terminal". Desde las páginas de La política del modernismo, Raymond Williams suena más que decidido a debatir y sacudir el "estancamiento intelectual que tiene ahora tanto poder". Su propuesta para salir de la "estasis cultural" ("una estasis que se define continuamente en términos dinámicos y empíricamente precarios") implica tanto el análisis contemporáneo como el histórico, este último para entender mejor los procesos de formación de lo "moderno". "Si hemos de escapar a la fijeza no histórica del posmodernismo -propone Williams- tenemos entonces que buscar y contraproponerle una tradición alternativa tomada de las obras ignoradas, abandonadas en el ancho margen del siglo, una tradición que pueda dirigirse no a esta rescritura del pasado, ahora explotable a causa de su completa inhumanidad, sino, en nuestro propio bien, a un futuro moderno en el cual sea posible volver a imaginar la comunidad." (Traducción de Horacio Pons; 256 páginas).