Los días posteriores a la caída del Muro
Un libro con demasiado material
Por Eduardo Berti
La Nación, Suplemento Cultura, 22.04.1998
"ILEGIBLE", "una monstruosidad", bramó Marcel Reich-Ranicki, acaso el crítico alemán más influyente, cuando Günter Grass editó en 1995 su última novela Ein Weites Feld , ahora traducida al castellano como Es cuento largo . Otros comentaristas y lectores también pusieron el grito en el cielo, en muchos casos por entender que en su nuevo libro el autor de El tambor se manifestaba en contra de la unificación alemana, cuando en realidad Grass simplemente se ha dedicado a narrar los días posteriores al derrumbe del Muro de Berlín desde la perspectiva de un habitante del Este.
El protagonista central de Es cuento largo , Theo Wuttke, alias "Fonty", es un anciano intelectual que con olfato y buena cintura ha sobrevivido a los vaivenes políticos del siglo. Además de un ídolo al que debe su apodo (el escritor decimonónico Theodor Fontane, especialista en "novelas de adulterio"), Theo Wuttke tiene una especie de "ángel guardián" apellidado Hoftaller, un agente y espía que desde décadas lo sigue sin tregua por órdenes del servicio de inteligencia, y que ha hecho de él, a diferencia de aquel Peter Schlemihl de Von Chamisso, no un hombre sin sombra sino más bien un hombre con una sombra perpetua. Se ha escrito ya que Alemania y su historia son los engranajes principales en la obra de Grass. Por supuesto que esta nueva novela no escapa a la regla. Más aún, muchos aspectos de Es cuento largo remiten a un libro que Grass publicó en 1979 bajo el título de El encuentro en Telgte . En uno y otro, la literatura alemana cobra estatus protagónico. En uno y otro, Grass propone un paralelismo entre dos épocas distantes en la historia de su país. Y si en El encuentro ..., la posguerra de 1947 venía a hablar de 1647 y del fin de la Guerra de los Treinta Años o viceversa, ahora Grass especula con las similitudes entre la reunificación de la década pasada y la unidad alemana de 1871 bajo el ala protectora de Prusia. No obstante, y a diferencia de El encuentro en Telgte , en esta oportunidad una y otra época conviven, aparecen entremezcladas hasta incluso confundirse, sobre todo cuando se hace referencia a las fechas como 73 u 88, prescindiendo del siglo. No debe sorprender que Es cuento largo tenga casi ochocientas páginas. Como lo indica el título original (literalmente, "un amplio campo"), como lo dice el propio narrador en algún párrafo, Grass ha encarado un libro con "demasiado material". Más que la historia de una vida, estamos ante la historia de un hombre que reclama haber vivido dos veces: una como Fontane, otra como "Fonty". El efecto es una doble duplicación, ya que además de Wuttke también su "ángel guardián" Hoftaller parece haber llevado otra vida, un siglo atrás, bajo el nombre de Tallhover. Ahora bien, ¿es Fonty la reencarnación de Fontane, siempre aludido en la novela como "el Inmortal", o ha repetido el estudioso Theo Wuttke, paso a paso, la vida del autor de Effi Briest por puro fanatismo? Aunque Grass deja este punto no del todo iluminado, uno tiende a aceptar lo primero, más aún cuando el mismo fenómeno le ocurre a otros personajes ("en Friedlich seguía viviendo el juez de paz Friendlaender"). Fonty, escribe Grass, "personificaba lo permanente", tanto que "sin él se corría el peligro de estar como sin pasado". De las dos biografías que arroja y entrecruza Grass (la de Fontane y la de Wuttke), la novela funciona mejor con la del personaje vivo, y no tanto con la del Inmortal. El punto de vista y el tono del narrador cuando persigue a Wuttke, y casi por igual a su "ángel guardián", es mucho más original y agudo que cuando reconstruye o indaga vida y obra de de Fontane. De alguna forma, la novela puede llegar a leerse casi como un informe hecho de testimonios y de observaciones, escrito a ratos en singular pero la mayoría de las veces en plural, ya que es obra de "nosotros, los del Archivo". Ni "ilegible", ni "monstruosidad", pero tampoco la mejor obra que haya escrito Grass. Es cuento largo acaba resultando una novela excesivamente grande en extensión y en ambición, una novela despareja que pide a sus lectores demasiados requisitos (entre ellos, nociones superiores al promedio sobre la historia política alemana) aunque, a cambio, recompensa con algunas escenas inolvidables, por ejemplo cuando Fonty se fotografía ante el monumento dedicado al Inmortal Fontane, o cuando Wuttke y su "ángel guardián", de pie ante las ruinas de una fosa de lignito, reflexionan sobre el fin de la Alemania Democrática. "Los del otro lado nos han hecho polvo. ¡No es de extrañar! Ellos marcaban el paso y nosotros teníamos que estar a su altura", grita entonces Hoftaller/Tallhover, en dirección al abismo. "¡Fue una quiebra del Estado, una estación final! Nada más que resultados negativos en el balance".