El escritor argentino publica "La mujer de Wakefield", su segunda novela.

Berti: "En literatura lo que interesa no es el tema, sino cómo lo tratamos"

 

Por Sergi Doria  

 

ABC Cataluña, 14 de noviembre de 2000



Hace dos años, el escritor argentino Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) publicaba su primera novela "Agua", una historia que reflejaba los contrastes entre el Viejo y el Nuevo Continente y la resistencia de las fuerzas oscurantistas al avance del Progreso. En su segunda novela, "La mujer de Wakefield" (Tusquets), se remonta al Londres del siglo XIX

Surgida a partir de «Wakefield», un cuento de Natanhiel Hawthorne datado en 1837 e incluido en el libro «Historias dos veces contadas», «La mujer de Wakefield» narra la peripecia de Elizabeth, una esposa que ve cómo su marido, Charles Wakefield, abandona el hogar para llevar una existencia furtiva a pocas esquinas. A lo largo de veinte años, la protagonista realizará el aprendizaje de la vida en soledad y se aventurará más allá de los limites domésticos, mientras anota sus impresiones y vivencias en un Diario.

 - Hawthorne le dio la idea...

 -«Walcefield» es un cuento breve que tiene como punto de partida una noticia ficticia aparecida en un periódico. La historia original se liquida en el primer párrafo y el narrador expone diversas conjeturas que expilquen el proceder de Charles Wakefield. Para Hawthorne, lo importante es el marido y se olvidade la mujer.

 -Pero usted profundiza en la figura de la mujer, mientras que el marido se nos muestra esquivo y silencioso...

 -Los dos personajes están absolutamente separados y viven escenas diferentes. El marido deja su casa para encerrarse en otra casa. En palabras de Hawthorne, pasa a ser un «paria del universo» que cede a todo el espacio de la narración a la mujer abandonada. Elizabeth sale en su búsqueda y va descubriendo, gradualmente, su barrio, la ciudad de Londres, los suburbios y las regiones industriales como Nottingham.

 

 TRASFONDO «DICKENSIANO»

   - «La mujer de Waikefléld» tiene como trasfondo histórico la resistencia del movimiento luddita ante el maquinismo... ¿No es un punto de contact con «Agua», el choque de dos visiones del mundo?

  - Hay coincidencia, pero la crítica de los «ludditas» es positiva y distinta a la de los oscurantistas de «Agua». El debate en torno a la Revolución Industrial amplia la historia de «La mujer de Wakefleld», en el sentido «dickensiano» de reflejar el Londres de principios de siglo y la irrupción de las muchedumbres. Por otro lado, la historia del marido que abandona a lamujer y se va a vivir unas esquinas más allá sólo era posible en una gran ciudad.

   El narrador interpela constantemente al lector..

  -He querido ser un narrador visible. Desde los tiempos de Flaubert se ha pretendido que el narrador fuera invisible. Pero existen lazos entre la literatura del XIX y la actual: el narrador se hace visible y se revelan los juegos de la intertertualidad. Esa autoreferencia que se relaciona con la narrativa posmoderna ya la encontrábamos en el Quijote.

 -Su novela finaliza con una reflexión sobre el acto de escribir y leer...

 -Toda lectura es un acto de escritura creativa y toda novela reescribe, aunque uno no se lo proponga, otra historia: puede ser un mito, una película... Estoy de acuerdo con Valéry en que lo que diferencia las obras no son los temas sino su tratamiento.

 - Y después de «La mujer de Wakefield».

 -Tengo un libro de relatos prácticamente terminado. Son breves, unos pocos párrafos: instantes, fotografías como poemas que se cruzan en camino y los vas recopilando...