Hoja por hoja
Un tal Bolaño, Roberto
Martes 15 de julio de 2003

Alejandro Zambra



En 1996 llegó a las estanterías locales “La literatura nazi en América”, provocador y excéntrico volumen que en la forma de un diccionario de biografías proponía una versión inusitada y orgullosamente arbitraria de la historia latinoamericana. Sobre el autor -un tal Bolaño, Roberto- comenzó a circular la mínima leyenda de un chileno que muy joven se fue a vivir a México y luego a España, país en el que, después de apurar varios inviernos al tres y al cuatro, comenzaba a ser reconocido. Durante los años siguientes el tal Bolaño fue publicando una seguidilla de libros estrictamente célebres: “Estrella distante” y los bellos cuentos de “Llamadas telefónicas”, en su momento, prepararon el terreno para el estallido mayor de “Los detectives salvajes”, novela esencial que ni el más despistado de los críticos -lo que ya es decir- podría ni podrá desconocer como una obra imprescindible de la literatura hispanoamericana.

El medio local, en tanto, acogió con ánimo dispar a este ilustre desconocido, sobre todo después de que el escritor diera rienda suelta a su apetito polémico, destrozando la institucionalidad literaria chilena con opiniones que, por desgracia, venían muy a cuento. Desde luego, a nadie le gusta que a última hora le revuelvan el gallinero, sobre todo si, por entonces, la así -o asá- llamada nueva narrativa chilena buscaba, afanosamente, al sucesor de José Donoso. Apareció, en cambio, un narrador que en ningún caso podía ser comparado con Donoso, pues superaba con creces al autor de novelas de veras importantes (“Casa de campo”) o arriesgadas (“El obsceno pájaro de la noche”), pero al fin y al cabo pequeñas ante la insultante velocidad y el aliento épico de la prosa de Bolaño.

La asombrosa libertad formal de su obra narrativa demuestra, paradójicamente, que Bolaño proviene, más bien, de la poesía: al igual que Nicanor Parra, llegó con su “Montaña rusa” a jugar el juego solitario de la disidencia y, tal como Enrique Lihn, supo trascender el aspaviento vanguardista para construir una literatura crítica de sí misma pero no por eso culposa o estática. En sus novelas, cuentos y poemas circula un humor discernible, una ironía cómplice y desesperanzada, un rumor elegíaco que, sin embargo, abre nuevas y variadas órbitas para la prosa y la poesía latinoamericanas.

La muerte o la desaparición -tal vez esta palabra sea, por ahora, más oportuna- de Roberto Bolaño es una noticia espantosa. Quedan, por cierto, sus libros, que generaciones de lectores y de escritores leerán y releerán, en busca de ese rumor vacío, necesario y valiente de la gran literatura.

Encontrado en: http://www.lun.com/Cultura/detalle_noticia.asp?cuerpo=701&seccion=813&subseccion=901&idnoticia=C378170685416667