En América y Europa se conmemora el centenario de su nacimiento
El tiempo infinito de Jorge Luis Borges

Aunque nunca recibió el Premio Nobel y fue criticado por sus actuaciones públicas, la obra borgeana aparece como un fantástico cofre cuya riqueza aún está por descubrirse.

Andrés Gómez


 
(Foto: Fue un genio literario, una enciclopedia ambulante, pero se sintió desdichado casi hasta el final de su vida, afirma uno de sus biógrafos.)
  Otros centenarios
Como nunca, 1999 es un gran centenario. En la literatura, el cine y la música. Junto a Borges, el narrador ruso-norteamericano Vladimir Nabokov (Lolita), el estadounidense Ernest Hemingway (El Viejo y el Mar), el guatemalteco Miguel Angel Asturias (Hombres de Maíz) y el poeta chino Lao Chen, nacieron al filo del siglo pasado. Las artes musicales conmemoran el natalicio del pianista de jazz Duke Ellington y del surgimiento del tango, en los barrios populares de Buenos Aires. El magistral director de cine Alfred Hitchcock (Vértigo, Sicosis) y el legendario actor Humphrey Bogart (Casablanca) también habrían apagado cien velas.

 

Borges creía que los hombres están hechos de tiempo y que era una ambición vivir fuera de él. Dudaba de la eternidad. Este año, cuando alcanzaría el centenario de su nacimiento, parece seguir prolongándose a través de las estaciones. Porque si nunca obtuvo la inmortalidad del Premio Nobel, el mundo recuerda al autor muerto en Suiza en 1986 a través de múltiples homenajes.

La filmación de la película Estela Canto, un Amor de Borges (en rodaje),la reedición de su obra completa en Nueva York, París y Madrid, y una Feria del Libro de Buenos Aires, que comienza el jueves, completamente dedicada a él, son la partida de las conmemoraciones.

En Venecia y Roma están proyectados seminarios y exposiciones sobre su vida y obra. Una de las muestras más particulares se ha montado en el centro Borges de la capital trasandina, que aborda los años "tiernos" del escritor (1899-1920): fotos de infancia y adolescencia, sus primeros manuscritos y hasta los informes de sus notas.

El 24 de agosto del último año del siglo XIX nació Jorge Luis, en Buenos Aires, en el corazón de una familia acomodada que rápidamente le enseñó a manejarse en el inglés y francés. Sus padres lo llamaban Georgie, y vieron cómo a los siete años este chiquillo se fascinaba con la mitología griega y escribía un manual en inglés. Precoz, traduce El Príncipe Feliz,de Wilde, y escribe en castellano un texto inspirado en el Quijote.

Su padre queda ciego (mal que hereda) y la familia parte a Ginebra en 1914. Hasta 1918, Borges hace su bachillerato, escribe poemas en francés y publica tres reseñas de libros en un periódico ginebrino. Luego parte a España, donde se vincula con el ultraísmo y ve sus primeros poemas impresos en una revista.

De regreso en Argentina dos años después, el joven Borges descubre esa capital con sus arrabales y esquinas. Escribe el poemario Fervor de Buenos Aires, donde declara: "Esta ciudad que yo creí mi pasado/ es mi porvenir, mi presente". Y lo comienza a ser desde la "fundación mítica" que él hace de ella. Porque el Buenos Aires que narrará, con sus bandidos, casas bajas y tangos, no existió más que en los laberintos de su universo.

 

MASCARAS Y ENIGMAS

Alejado del ultraísmo, instaura un estilo propio atravesado por una mirada metafísica del mundo, que va abriéndose desde las barriadas junto al río hacia historias fantásticas, donde se pregunta por el tiempo, el infinito, Dios, y donde igual caben los tigres, los mitos medievales, los cuchillos y espejos. Concibe un par de volúmenes de cuentos notables,como Ficciones (1944) y El Aleph (1949), y unas especies de enciclopedias maravillosas, como La Historia Universal de la Infamia (1935) y el Libro de los Seres Imaginarios (1968). Y junto a su amigo Adolfo Bioy Casares realiza la primera Antología de la Literatura Fantástica, en 1940, y un par de libros policiales con el seudónimo de Bustos Domecq.

Continúa cultivando la poesía (Cuaderno San Martín, 1929; El Otro, El Mismo, 1969; El Oro de los Tigres, 1972), lee como afeibrado y destaca también como erudito ensayista.

Su literatura crea un espacio enigmático, marcado por la geometría, la perfección del detalle, la economía y el rigor lingüístico, pero dominado por las sombras y por los juegos temporales, además de una serie de recursos de enciclopedia: citas a libros exóticos o inexistentes, autores imaginarios y todo un formalismo filológico lúdico que le da a su literatura un significado vastísimo y de alcances universales.

Inventó el mito sobre sí mismo, desdoblándose, narrando historias que ha recibido de oídas y que se las comunica a Borges, que fue convirtiéndose cada vez más en otro personaje, en un ser literario y fantasmagórico.

Quizás siguiendo esa misma especularidad, quiso eludir el rol moral del escritor y realizó acciones "ingeniosas" que lo marcaron como un ignorante en materias políticas y sociales, como el desprecio que alguna vez expresó por la democracia y por la raza negra, su simpatía por los militares y ciertas condecoraciones que minaron su imagen. A nadie le fue indiferente la aceptación del grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Chile cuando ésta estaba intervenida por la dictadura, y menos su entrevista con Pinochet en 1976.

Tal vez esos "absurdos" le costaron el Nobel. En todo caso, acentuaron la paradoja de los dos Borges, del gran literato y lúcido ensayista y sus insólitas actuaciones en la vida concreta.

En sus últimos diez años, ya completamente ciego, "se ilumina", como dice Volodia Teitelboim en su biografía sobre el escritor, y hace los "mea culpas más conmovedores", asumiendo que él es Borges y que se había equivocado.

"Sus máscaras y disfraces le permitieron disimular sus congojas,soledades y tristezas", según su biógrafo Horacio Salas. Animal de biblioteca, Borges el solitario -que se casó finalmente con María Kodama- partió a morir a Ginebra, lamentándose de una falta imperdonable: "He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer: no fui feliz".

Su obra, sin embargo, es considerada uno de los episodios más afortunados de la literatura en castellano y desde García Márquez a Carlos Fuentes ven en ella un fascinante acertijo aún por descubrir.

Encontrado en: http://www.tercera.cl/diario/1999/04/11/11.46.3A.CULT.BORGES.html