Entrevista a María Kodama

Granada, Palacio de la Madraza, 29 de noviembre de 1999. Son las 11,10 de la mañana, dentro de veinte minutos tendrá lugar el acto inaugural del Encuentro Internacional “Borges: Cien años”. La gente se va colocando en la Sala de Caballeros Veinticuatro. María Kodama está en la secretaría de este edificio de Extensión Universitaria, muchos periodistas la fotografían y le hacen alguna preguntilla suelta. Los dejo, no tardan más de cinco minutos, y luego me acerco a ella y le pido permiso para hacerle una entrevista un poquito más larga, ella consiente, sosegada, amable, elegante, su voz es muy dulce, con un suave acento argentino, ella me atiende y responde a todo. Miro de reojillo a mi libreta pero las preguntas salen distintas a cómo las formulé, no obstante voy notando la presencia de Borges en las contestaciones de esta señora que compartió parte de su vida con el genial escritor argentino y eso me tranquiliza y me entusiasma. Noto de pronto que hay una gran sencillez en el trasfondo de esta obra de la literatura universal y que María Kodama sabe trasmitir con su mirada y sus gestos esa esencia.

- ¿Cómo fue su vida junto a Jorge Luis Borges, antes de que a Borges le saliera el zahir, imagen de la muerte?
- Una vida maravillosa. Yo lo conocí hace mucho tiempo, empecé a estudiar con él a los 16 años. Así que fue una larga vida, muy matizada, compleja, pasando por distintos tipos de relación, ¿no es cierto?. Cuando lo conocí tenía 16 años y no estaba enamorada de él o estaba enamorada y no lo sabía. Y bueno, finalmente, la vida fue tejiendo una historia maravillosa.

- Tuvo que esperar mucho para poder estar compartiendo la vida con él...
 -No, no, no, no. Fue una cosa muy bonita y muy compleja.

- Luego después, “ese zahir”, como decía Borges en sus obras identificándolo con la muerte o el sueño, lo cambió todo, a usted y a él...
- Pero pasaron muchos años hasta que el murió.

- Debido a su ceguera usted sería los ojos de él, ¿qué le pedía que le leyera?
- El me pedía que le leyera lo que el quería, o lo que necesitaba para sus conferencias o necesitaba como datos para cuentos o poemas. Y después me dictaba su obra; o sea que los años 60 me dictó su obra la conozco a fondo por eso.

- ¿Cómo era su convivencia día a día con Jorge Luis Borges, ese Borges...del laberinto, de los espejos...?
- No era ni de los espejos, ni de los laberintos; si erudito, pero de una manera muy agradable, cómoda y para nada rígida. Tenía una manera lúdica de conectarse con la vida, con un enorme sentido del humor, irónico y divertidísimo.

- ¿Qué momento recuerda, así más especial...?
- Bueno, es que a lo largo de toda una vida, son infinitos la cantidad de recuerdos que tengo.

- ¿Estuvo aquí en Granada con él?
- Si, en un viaje que hicimos por España, estuve aquí en Granada y recuerdo que él estaba un poco enamorado de Granada, y entonces me decía que íbamos a ver este monumento y el otro, me describía la Alhambra, porque él la había visto a principios de siglo cuando veía todavía y fue muy impresionante para mi porque está esa inscripción que dice “No hay en la vida nada, como la pena de ser ciego en Granada”, yo quedé así como muy impresionada porque en aquel momento en que yo estaba leyendo eso, Borges me tomó del brazo y me dijo “María, recién me doy cuenta de que yo no voy a ver nada”, y para mi fue una cosa así muy terrible. Y él sintió que yo, realmente podría resolverle el defecto de esa vista de Granada, y me dijo “pero no importa porque ahora la voy a volver a ver a través de sus ojos y como usted esta viendo, que no de árabe pero si de oriental tiene, me la va a enseñar de otro modo”. Aquel fue desde ese momento un viaje maravilloso. Lo disfrutamos muchísimo, fue muy, muy lindo. Pudimos ir también a escuchar flamenco hasta la madrugada a las cuevas del Sacromonte.

- ¿Se sintió alguna vez personaje de su obra?
- No, no yo no me sentí, (se sonríe). Nunca pensé en eso (dijo pausadamente y añadió sin poder contener cierta nostalgia), yo disfrutaba, para mi era como el aire que respiro, uno no está pensado ahora aspiro, ahora espiro, lo mismo era para mi el estar con él. Como una segunda piel.

- Usted que conoce su vida, su obra a fondo. ¿Queda mucho de Jorge Luis Borges por publicar, de libros, de cartas personales...?.
- De cartas hay todavía por publicar unas cuantas. Tampoco ha salido a la luz el guión de un film que él escribió cuando estaba muy enfermo para Venecia. Ni se conocen algunos de sus prólogos. En concreto, el año pasado, salió un volumen de los textos recobrados que es todo lo que la fundación pudo juntar de material inédito en el sentido editorial, es decir aquello que no fue publicado como libro sino en diarios y revistas. Ya empezó el editor en Buenos Aires el año pasado a publicar eso, el primer volumen, luego este año me pidió permiso para contar la cronología y sacar con motivo del centenario de Borges un libro especial de homenaje a Borges que se llama “Borges en Sur”, que hace referencia a las colaboraciones de Borges en la mítica revista “Sur”.

- ¿Cómo se está viviendo en Argentina su Centenario?
- Bien (se ríe). Yo no estoy casi por allí. Estuve para el cumpleaños de Borges, para festejar sus cien años; bueno, la exposición, en ese momento, se inauguró en Buenos Aires, en el Museo de Bellas Artes con mucho éxito, por parte del público, fue mucha gente. Además, yo hice una fiesta pero para amigos festejando los cien años de Borges, como a Borges no le gustaba el “Happy Birthay”, a media noche en cuanto apareció la torta con 100 velitas, estaba en una reunión con muchísima gente, la música en vez de ser el Happy Birthay, era el The Wall de Pin Floyd. (Kodama tras contar esta anécdota vuelve a sonreir y a contagiarme con su risa sincera).

- Así que, Borges seguirá hoy y mañana, viviendo en su obra, teniendo nuevos lectores, seguidores e intelectuales que lo admiren y se apasionen por sus libros...
- Ahora justamente tengo que ir a la China, porque van a publicar allí su obra completa traducida al chino.


       María Kodama, “esa argentinita oriental, de pelo en brechas de nieve”, con delicadez y discreción comenzó su intervención recordando como Granada era un lugar muy querido por Jorge Luis Borges y agradeciendo a todos este homenaje. Pronto a través de su discurso María Kodama se adentró en la filosofía, en la literatura. Tomando como eje la milenaria imagen de Heráclito, hizo reflexionar a todos los presentes de lo que el tiempo hace del hombre. Y nos sumergió en el borgiano tema de “el otro”. Del inevitable destino que nos obliga a ser quien somos. Conectó la imagen del río de Heráclito, con el sentido de la literatura, así este río se convierte en la suma de lectores en la constante creación frente a la obra del escritor aparentemente inmóvil, pero que cambia al reflejarse en la conciencia de cada lector. Borges supo de esa duplicidad “He de quedar en Borges no en mi”. Kodama dejaba a su voz tenue, de musicales 'ches' sonoras e hispánicas 'ces' seseantes, guiarse parafraseando aquellas frases borgianas “Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo, todo es del olvido y del otro, no se de quien de los dos es esta página”.

       Fue pues, su charla un discurrir atrapando y liberando el tiempo, y desvelando que allí donde el pasado y el presente se confunden: es en ese momento donde se produce una experiencia mítica, el éxtasis. La sabiduría borgiana flotaba en el ambiente de la sala rojiza. Kodama nos dejó a todos atónitos, interrogativos pues sentimos en sus palabras como es imposible traspasar los límites de nuestra temporalidad, como la identidad se fragua a través del tiempo. Y de toda esta metafísica, descendió finalmente al tono coloquial defendió a Borges, defendió su obra y justificó con conocimiento de causa que un texto que se le atribuía y podría ser plagio no era ni mucho menos del escritor argentino. Terminó advirtiendo de que Jorge Luis era una persona divertidísima, dispuesta a todo tipo de aventuras, de viajes, de experiencias aún en los últimos años de su vida.

Claudia I. Sánchez

Encontrado en: http://latregua.iespana.es/latregua/Polimnia.htm