Fervor de Borges
Roberto Herrscher
Jorge Luis Borges es el escritor hispano-americano reconocido entre los grandes del siglo, a la par de Kafka, Joyce o Faulkner. El centenario de su nacimiento, el próximo martes 24, ocasiona múltiples homenajes en todo el mundo. Este número especial dedicado a él inaugura la semana Borges y nosotros en Costa Rica.
En estos días, Buenos Aires está pintada de Borges. Los adoquines amanecen fatigados de laboriosos adjetivos borgeanos, y en los zaguanes resuenan sus versos. En este crudo y áspero invierno austral de 1999, parece haberse revertido ese comienzo del célebre soneto de Borges: "Y la ciudad ahora es como un plano / de mis humillaciones y fracasos." Hoy Buenos Aires es un plano de su triunfo definitivo, como si su cara famosísima, endulzada por la vejez, la ceguera y la sabiduría, se superpusiera al mapa de la ciudad que amó con minuciosa devoción.
Pasado mañana Buenos Aires celebra el centenario de su nacimiento con centenares de conferencias, decenas de libros, miles de artículos periodísticos, obras de teatro y shows de tango en su honor; los canales de televisión desempolvan imágenes de archivo, y todo el que sostuvo más de una charla con él se apresura a sacar su libro de "Conversaciones con Borges". Los estudiantes de secundaria hacen vídeos sobre su obra, y un grupo de niños de primaria, que nacieron después de su muerte, están confeccionando laberintos borgeanos en la clase de actividades prácticas.
La pregunta es: ¿Por qué? ¿Por qué nos sigue apasionando un hombre que vivió entre libros, a la sombra de su madre, que trabajó casi toda su vida en la humedad de una biblioteca, que fue políticamente a contravía de su tiempo y que, máxima tragedia para quien moraba en el reino de las letras, se quedó ciego cuando aún le faltaban treinta años y tantas lecturas? ¿Por qué no podemos dejar de leer a un autor fastidiosamente erudito, que escribió sobre oscuros filósofos alemanes, aventureros con inquietudes metafísicas y temas tan "difíciles" como la naturaleza del tiempo o tan "antiguos" como el honor y el coraje? ¿Y por qué este hombre está hoy mucho más actual que los modernos de su tiempo, los que lo acusaron de anticuado hace 50 años?
Una respuesta escandalosamente corta apuntaría, por un lado, a las ideas que dejó clavadas en nuestra mente para siempre, y por otro, al dominio absoluto del idioma, la forma en que volvió más feliz, más puro, más preciso, más evocador el castellano (y, me atrevería a decir, todos los idiomas en que fue traducido). En Borges, estilo y obsesiones son uno; lo que escribió y la forma en que lo hizo están indisolublemente unidos. Ya era considerado un clásico, el más importante escritor latinoamericano del siglo, mucho antes de su muerte en 1986. Su obra es inmortal.
El hombre
En su ensayo Borges o el vidente, Marguerite Yourcenar comienza por ubicarlo en la categoría de mito: "En la leyenda de todos los pueblos podemos encontrar esa imagen llamada arquetípica: el poeta ciego." Es una línea que la autora hace pasar por Valmiki de la India, legendario autor del Ramayana, y por Homero de Grecia, prototipo de los rapsodas griegos que compusieron La Ilíada. El mito del sabio de la tribu que culmina en Borges.
¿Quién fue Borges? Un poeta y autor de cuentos cortos y ensayos, traductor, profesor de literatura inglesa, estudioso de las lenguas germánicas antiguas. Las biografías se detienen en algunos episodios de su vida: su familia, proveniente de militares argentinos caídos en famosas batallas, sus ancestros ingleses y portugueses y una posible gota de sangre judía. Su educación con una institutriz, en inglés; un bachillerato en Ginebra, en francés. Su paso en la adolescencia por España, donde comienza a publicar en revistas culturales.
De vuelta en Buenos Aires a los 21 años, se enamora de la ciudad y sus personajes míticos, los cuchilleros de ásperos suburbios. Fervor de Buenos Aires, su primer libro. Vive con su madre hasta que ella muere, a los 99 años. Se enamora de Estela Canto. No es correspondido. No será la única vez. Según su gran amigo y colaborador Adolfo Bioy Casares, es "enamoradizo". A lo largo de una producción poética que no cesa, Borges vuelca en versos cuidadosamente apasionados los idilios que no vive.
Ficciones, El Aleph, Otras inquisiciones, El hacedor, obras fundamentales de la literatura del siglo XX. Trabaja en varias bibliotecas; abomina del peronismo; aquí su sentimiento es correspondido. El régimen lo nombra inspector de aves. Se queda ciego y sigue escribiendo y dirigiendo la Biblioteca Nacional en Buenos Aires. Sufre un casamiento desastroso a instancias de su madre. En el final de su vida, conoce a María Kodama, se enamora, viaja con ella por el mundo, se casan. En 1986, Borges muere en Ginebra.
"Su reconocimiento universal ha sido tardío pero abrumador", dice el filósofo Fernando Savater. Y agrega: "El aficionado a Borges - este último es por sí todo un tipo de literatura - no elige en la obra de Borges: elige a Borges y eso basta."
La obra
Acercarse a la obra de Borges es sencillo. Basta con leerlo. Sus cuentos, ensayos y poemas son cortos, son magistrales, no les sobra una palabra (algo tan infrecuente en nuestro idioma) y apelan a la vez a la mente y al corazón.
¿De qué escribió Borges? En el prólogo de una "antología personal" de su obra anota que en las páginas del libro el lector encontrará "mis temas habituales: la perplejidad metafísica, los muertos que perduran en mí, la germanística, el lenguaje, la patria, la paradójica suerte de los poetas".
En su mundo de libros, Borges se erige como compatriota y contemporáneo de Edgar Allan Poe, Robert Louis Stevenson, Franz Kafka, el Dante, Cervantes o el poeta de Buenos Aires de principios de siglo, Evaristo Carriego. La obra de estos autores es el jardín donde Borges planta sus símbolos distintivos: el laberinto, el tigre, el espejo, Dios creador a la imagen del novelista, el tiempo circular y maleable, las piezas del ajedrez.
En esta compañía, Borges es universal y es profundamente argentino. Lanza la literatura americana a discutir de los temas eternos de la muerte, el amor obsesivo, el valor y la cobardía, sin sentirse nunca un autor de los márgenes. Incluso los críticos europeos dicen que no hay ningún escritor tan europeo como él: los hay ingleses, alemanes, franceses, españoles, cada uno fruto y víctima de la tradición nacional donde surgió. Solo Borges puede tomar como propia toda la tradición literaria y filosófica europea. Porque viene de afuera y porque para él los países son provincias de la literatura.
Dice el ensayista Eduardo Tijeras: "la verdadera fascinación de Borges, aquella por la que resulta un escritor insustituible, consiste en haber conseguido escenificar, dramatizar, cotidianizar, sensualizar y personalizar ... y fundir en una acción argumental creíble, determinadas nociones ya discriminadas por la filosofía y la metafísica a través del crudo y árido ensayo, el tratado o la exégesis." Una literatura de la filosofía. Borges nos habla de nuestra identidad, de nuestro destino sobre la tierra y de nuestras más profundas angustias en fábulas pulidas y rimas luminosas.
Borges es un "seductor inigualable que llega a dotar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, de un algo impalpable, aéreo, transparente", según el aforista y pensador rumano E.M. Cioran. "Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos." Cioran ve a Borges como un "sedentario sin patria espiritual, un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado".
El lector
Ser lector de Borges no es poca cosa. él mismo se consideraba, en su estudiada modestia, mucho mejor lector que escritor. En realidad, veía las dos actividades como la misma: con los grandes libros cada uno es Pierre Menard, que pasa la vida escribiendo el Quijote sin cambiar palabra alguna del original. "Todo gran libro proyecta sobre cada lector otras luces y otras sombras", sentencia Marguerite Yourcenar. Borges era un lector omnívoro y muy discriminador al mismo tiempo. Cuenta la leyenda que cuando se divorció de su primera esposa, salió a la noche de Buenos Aires llevándose solo la Enciclopedia Británica, que era su verdadera compañera, libro de libros e inagotable fuente de maravillas.
En sus obras exige lectores que se avengan a jugar una partida de ajedrez con el texto. El semiólogo devenido novelista Umberto Eco, cuya teoría de que ningún texto está completo sin la participación del lector es tributaria de las historias fantásticas de Borges, lo homenajea de una manera curiosa: lo convierte en personaje de su exitosa novela policial El Nombre de la Rosa. El escritor ciego, que dedicó su vida a crear un mundo donde el mundo fuera un pálido remedo de la escritura, es en el libro el monje erudito Jorge de Burgos, viejo y ciego, atrincherado en su isla de libros en un convento medieval, capaz de matar para defender una visión de la literatura.
Borges, por supuesto, no era capaz de matar una mosca. Aunque, claro, la única mosca que le hubiera importado es la que zumba dentro de la página del cuento. Pero no es extraño que Borges, que construyó una literatura sin personajes, haya terminado como personaje de otros. él lo quiso así.
Pese a que los cuentos de Borges están poblados de individuos exóticos y fascinantes, no es una literatura de personajes. Lo que le interesa son los temas que esos personajes encarnan como arquetipos. Sus obran conservan solo dos grandes personajes: la literatura y Borges, que no es su persona sino su personaje. Todos los nombres que pueblan los relatos y hasta las milongas que cantan las hazañas de malevos orilleros (Nicanor Paredes, Jacinto Chiclana) no son más que sombras, excusas, ropajes ligeros cuya carne, sangre y piel es la literatura.
El personaje
Una desgracia se ha abatido sobre Borges, se lamenta Cioran. No es la de "no haber sido feliz", como confesara el poeta poco después de la muerte de su madre. Es la desgracia de ser conocido. "Merecería algo mejor. Merecería haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como es el matiz."
Pero Cioran termina rindiéndose ante la aprobación general que suscita Borges. Todavía guarda esperanzas de que "pueda convertirse en símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas y, si existe una utopía a la que yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al 'último delicado'."
En Culturas híbridas, el estudioso de las identidades culturales de nuestro tiempo, Néstor García Canclini, encara y compara las relaciones de Borges y Octavio Paz ante la masificación del mundo dominado por la televisión. "En sus últimos años, Borges fue más que una obra que se lee, una biografía que se divulga", dice García Canclini. "Sus paradójicas declaraciones políticas, la relación con su madre, su casamiento con María Kodama y las noticias referidas a su muerte mostraron hasta la exasperación una tendencia de la cultura masiva al tratar con el arte culto: sustituir la obra por anécdotas, inducir un goce que consiste menos en la fruición de los textos que en el consumo de la imagen pública."
En las ferias del libro de sus últimos años, las incesantes colas no esperan a leer a Borges: quieren verlo, tocarlo, y que el anciano invidente les trace un garabato en la primera página. "He firmado tantos ejemplares de mis libros", se quejaba jocosamente, "que el día que me muera va a tener gran valor uno que no lleve mi firma". Borges no cortejó al gran público, pero cuando se convirtió en personaje mediático, supo sacarle partido y crear todo un género de la entrevista periodística. "¿Cree usted en Dios?", le preguntaba a uno de tantos reporteros desamparados. Y ante la respuesta afirmativa: "Lo felicito. Hace bien." A otro: "¿En cuántos dioses cree usted?" "En uno," murmuraba la víctima. "Pero hombre, qué modesto."
Esta celebridad no deseada puede transformar a Borges en un número de circo o traer nuevos lectores al conocimiento de su obra. Esperemos que este centenario sea propicio para que nos perdamos en sus laberintos.
Everness
Solo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
Y cifra en Su profética memoria
Las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está. Los miles de reflejos
Que entre los dos crepúsculos del día
Tu rostro fue dejando en los espejos
Y los que irá dejando todavía.
Y todo es una parte del diverso
Cristal de esa memoria, el universo;
No tienen fin sus arduos corredores
Y las puertas se cierran a tu paso;
Solo del otro lado del ocaso
Verás los Arquetipos y Esplendores.
Jorge L. Borges
1899: Nacimiento de Borges, en Buenos Aires, en una modesta casa de sus abuelos paternos.
1901: Los padres de Borges se instalan en Palermo, el barrio pobre de la ciudad donde viven numerosos inmigrantes italianos. Nacimiento de su hermana Nora.
1902-1913: Aprende a leer en inglés y luego en español. Descubre la lectura gracias a la biblioteca del padre. A los seis años afirma que quiere ser escritor, redacta un manual de mitología clásica y un primer cuento a la manera de Cervantes. Mientras su padre lo inicia en la filosofía, publica en un periódico de Buenos Aires una traducción en español del Príncipe feliz, de Oscar Wilde.
1914-1918: Su padre, casi ciego, se pensiona. Cuando se declara la guerra, la familia parte a Europa: París, norte de Italia, Ginebra. Obtiene el bachillerato. Aprende francés y alemán. Descubre a Flaubert, Maupassant, Voltaire, Carlyle, Chesterton, Schopenhauer, Meyring, Heine. Abramowicz le enseña a Rimbaud y a Schwob.
1919: La familia Borges se instala provisionalmente en España. Primeros artículos sobre Azorín y Baroja. Participa en el movimiento ultraísta. Colabora en varias revistas. Publica su primer poema Himno al mar.
1921: Regresa a Buenos Aires. Escribe la mayoría de los poemas de Fervor de Buenos Aires. Lanza la revista mural Prisma. Con Macedonio Fernández funda al año siguiente la revista Proa.
1923-1924: Segundo viaje a Europa. Antes de partir, Borges publica 300 ejemplares de Fervor de Buenos Aires.
1925: Inquisiciones, primera recopilación de ensayos. Encuentro con Victoria Ocampo.
1926: La luna de enfrente, recopilación de poemas. El tamaño de mi esperanza, segunda recopilación de ensayos de la cual Borges impedirá la reedición.
1928: La lengua de los argentinos, recopilación de ensayos donde se estudia notablemente el lunfardo, argot de Buenos Aires.
1929: Cuaderno de San Martín. Esperará a 1942 para publicar de nuevo poesía.
1930: Evaristo Carriego. Encuentra a Adolfo Bioy Casares, entonces de 17 años.
1931-1932: Victoria Ocampo funda la revista Sur. Borges entra al comité de redacción. Discusiones (1932), primera recopilación de ensayos de los que no renegó el autor.
1933-1936: Nombrado responsable del suplemento del periódico Crítica. Historia universal de la infamia (1936). Mantiene una crónica de literatura extranjera en El Hogar, y traduce Una habitación propia, de Virginia Woolf.
1937-1939: Antología de la literatura argentina, con Pedro Enríquez. Febrero de 1938: muere su padre. Borges trabaja en la biblioteca municipal Miguel Cané. Sufre un grave accidente y escribe durante su convalescencia Pierre Menard, autor del Quijote.
1940-1941: Silvina Ocampo se casa con Bioy Casares, con quien Borges publica una Antología de la literatura fantástica. El jardín de los senderos que se bifurcan, relatos. Traduce Un bárbaro en Asia, de Michaux, y Las palmeras salvajes, de Faulkner.
1942-1943: Creación, con Bioy Casares, del novelista imaginario Bustos Domecq; publican Seis problemas para Don Isidro Parodi. Junta su obra poética escrita entre 1932 y 1943, en Poemas. Traduce La metamorfosis, de Kafka. Con Bioy Casares, Antología de los mejores cuentos policiacos.
1944-1945: Ficciones, cuentos. Publica, con Silvina Bullrich, El compadrito, antología de textos sobre los malevos.
1946-1947: Perón en el poder. Borges pierde su puesto de bibliotecario y es nombrado Inspector de aves y conejos en el mercado público de la calle Córdoba. Dirige la revista Anales de Buenos Aires. Con Bioy Casares, bajo el seudónimo de Bustos Domecq, publica Dos fantasías memorables, y bajo el de B. Suárez Lynch, Un modelo para la muerte. Nueva refutación del tiempo (1947), ensayo fuera de circulación.
1949-1951: El Aleph, cuentos. Es electo, al año siguiente, presidente de la sociedad argentina de escritores, hostil a Perón. Antiguas literaturas germánicas (1951), con Delia Ingenieros.
1952-1954: Nuevas inquisiciones, ensayos. El Martín Fierro (1953), con Margarita Guerrero. Con Bettina Edelberg, La imagen perdida, libreto de un baile que quedó inédito. Ediciones Emecé emprende la publicación de sus obras completas.
1955: La hermana Eloísa, cuentos, con Luisa Mercedes Lévinson. Caída de Perón. Lo nombran Director de la Biblioteca Nacional y miembro de la Academia Argentina de las Letras.
1956-1958: Profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Premio Nacional de Literatura. No puede leer ni escribir más. Su madre es su secretaria y lectora. Manual de zoología fantástica, con Margarita Guerrero. Vuelve a publicar poesía en revistas.
1960: Se queda ciego. El autor.
1961-1962: Premio Formentor, compartido con Beckett. Primer viaje a Estados Unidos con su madre.Da numerosas conferencias que se rehúsa registrar. Antología personal, selección de cuentos y ensayos. Nombrado Comendador de las Artes y las Letras en Francia.
1963-1964: Viaje por Europa: Madrid, París, Ginebra, Londres, Oxford, Cambridge. Serie de conferencias registradas solo a título privado.
1965: Ensayo sobre las antiguas literaturas germánicas, con María Esther Vázquez.
1967: Introducción a la literatura norteamericana, con Esther Zemborain de Torres. Crónicas de Bustos Domecq, con Bioy Casares. El otro, el mismo. Escribe letras de milongas.
21 de setiembre: se casa con una amiga de infancia, Elsa Astete Millian. Segunda estancia en Estados Unidos.
1969: Elogio de la sombra, versos y prosas. Conferencias en Tel-Aviv y Jerusalén.
1970-1972: El informe de Brodie, cuentos. Divorcio en octubre. Doctor honoris causa de la Universidad de Columbia, luego en Oxford (1971). Al año siguiente: El oro de los tigres, poemas. Doctor honoris causa por la Universidad de Michigan.
1973: El partido peronista vuelve al poder. Borges renuncia a su cargo de director de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Recibe el premio Alfonso Reyes en México.
1974: Publicación de El congreso, Obras completas (ed. Emecé). Doctor honoris causa de la Universidad de Chile.
1975: Marzo: El libro de arena, cuentos. Agosto: La rosa profunda, poemas. 8 de julio: muerte de su madre. Octubre: El libro de los prefacios.
1976: Viaje a México. La moneda de hierro, poemas. Qué es el budismo, con Alicia Jurado.
1977-1978: Estancia en Europa: París, Ginebra, Venecia, Roma, Milán. Historia de la noche, poemas dedicados a María Kodama. Rosa y azul, dos cuentos. Serie de conferencias en el Coliseo de Buenos Aires, que publicará en 1980 bajo el título Siete noches. Abril 78: recibe en la Sorbona el título de doctor honoris causa.
1979: Publicación de las Obras completas en colaboración (Emecé). Toma posición contra la dictadura en Argentina. La revista argentina Cabildo (derecha nacionalista) afirma que Borges es un personaje creado por tres escritores (L. Marechal, A. Bioy Casares, M. Mujica Lainez) y encarnado por un actor italiano de segunda.
1980-1982: En Madrid: Premio Cervantes, compartido con Gerardo Diego. En París: Premio Cino del Duca. La cifra (1981), poemas dedicados a María Kodama. Al año siguiente: viajes a Estados Unidos, Ginebra y Alemania. Nueve ensayos dantescos .
1983: Nombrado comendador de la Legión de Honor en Francia.
1984: Viajes a Grecia, Sicilia, Estados Unidos, España, Portugal, Marruecos.
1985: Viajes a Italia, luego a Estados Unidos. Fines de diciembre: va a Ginebra, con María Kodama, y se instala en el hotel de L'Arbalete. Los conjurados, poemas.
1986: Fines de enero: hospitalización. 22 abril: se casa con María Kodama; 11 junio: se traslada a un apartamento del viejo Ginebra y muere tres días después, cuidado por María Kodama y Héctor Bianciotti, quien escribirá: "Murió mientras dormía. Una muerte muy dulce, algo de magia hasta el fin."
Encontrado en: http://www.nacion.com/ancora/1999/agosto/22/ancora1.html