La visita de "César" Luis Borges

El poeta y escritor argentino vino a Chile a cócteles, almuerzos, recepciones, comidas, entrevistas. "Supe que había dialogado con estudiantes e 'intelectuales' de Valparaíso, que de nuevo en Santiago, que el 'Coloquio', que las autoridades... Envuelto en borgianos de última hora. Sus obras completas se agotaron en Santiago" relató el escritor Enrique Lafourcade.

 


Borges

Qué Pasa, 23 de septiembre de 1976.

El viernes 17 de septiembre, de madrugada, lo llamo por teléfono. -"Venga a tomar desayuno conmigo", me pide-. En la terraza, a orillas de la piscina del Hotel Sheraton, hablamos. Borges me pregunta si hay escritores en Chile. Tal vez comenzaba ya a olfatear las falanges de profesores, funcionarios y autoridades de varia suerte que le iban a rodear durante sus días chilenos.

Me encuentro con uno de estos entusiastas funcionarios de la Universidad de Chile, entidad responsable de la invitación del argentino. Le represento el malestar de los escritores. -Hay siete u ocho escritores en Chile. ¿Por qué no se les ha invitado? Replica: -Tú sabes... pensamos en ti, pero tu nombre despierta resistencia en ciertos medios... bueno... digamos que si te interesa asistir al "Coloquio de intelectuales" yo te puedo conseguir, así a lo amigo, una invitación... Pasa a mi oficina a buscarla. Declino el honor. Emerge otro funcionario de cara melancólica y barbita caprina. Es el que mueve todos los hilos oficiales. Tiene, al parecer, gran prestigio, entre otras cosas, debido a que jamás abre la boca. Un tercer burócrata, o profesor. Este último se lleva a Borges del brazo no sin antes mirarme con seriedad y decirme: -"Yo también soy escritor".

Pero en esa hora y media que estuve con Jorge Luis algo pudimos hablar. Concertamos una reunión para el lunes en la noche, a comer, en mi casa, y con tres o cuatro escritores amigos. Mientras tanto el programa de festejos y homenajes ya estaba en marcha. Vamos a la conferencia de prensa en uno de los salones del hotel. Jamás escritor latinoamericano tuvo tal acogida. La plana mayor de El Mercurio, de La Tercera, todos los canales de televisión, todas las radios, reporteros surtidos. Preguntas y respuestas. Muchas, previsibles. Borges había inquirido por su amiga María Luisa Bombal, que cómo podría ubicarla. Quedo de tenerla el lunes, sea como sea. Cuando ya la conferencia de prensa concluye, luego de hora y media de asedios, aparece María Luisa con un ramo de flores, a saludar a su querido "Georgie".

El hecho concreto es que la Universidad de Chile no invitó a los escritores. Tal vez eran innecesarios. En mi específico caso, y como no se podía entrar a los diversos actos sin tarjetas mágicas, me abstuve de aparecer.

Lo que vino puso a prueba las capacidades del invitado. Cócteles, almuerzos, recepciones, comidas, entrevistas. Supe que había dialogado con estudiantes e "intelectuales" de Valparaíso, que de nuevo en Santiago, que el "Coloquio", que las autoridades... Envuelto en "borgianos" de última hora. Sus "Obras completas" se agotaron en Santiago. El lunes 20 fui a la sede de la Academia de la Lengua. Borges en gloria y majestad, de condecoración a pergamino, doctor honoris causa, miembro correspondiente. Los micrófonos se los incrustaban en la boca, en los ojos. El, con paciencia y señorío, respondía a todo, hasta a la pregunta boba (abundaron).

Otro almuerzo. Otras discusiones borgianas en la Universidad de Chile con variados profesores. Le esperaba esa noche. En el último minuto, hacia las 8.30 P.M., un diplomático se lo llevó a su casa para un cóctel.

El otro Borges

Decidí invitar muy poca gente: María Luisa Bombal, Nicanor Parra, entre otros. "Le gustan los langostinos" -me explicó la secretaria de Jorge Luis, María. A conseguir langostinos. Pollo al horno, con champiñones y crema de acelga. Agua mineral. Hacia las diez y media de la noche aparece. Se le ve entero a pesar de tantas solemnidades. Tímido, de manos delgadas y cerosas, manos de alabastro, translúcidas. Sus ojos acuosos (mira el punto Omega desde atrás de una catarata) se fijan en el aire. Ríe a veces. Nicanor Parra (que suele no ceder su sitio fácilmente a nadie) calla. María Luisa Bombal hace memorias. Conoce a "Georgie" desde 1938. Tiene una hermana que vive en Buenos Aires. Y una prima, Susana Bombal. -De la cual tú, Georgie, estuviste enamorado... ¡Confiésalo! Borges calla y ríe. Nuevos intentos de la Bombal por llevarlo a otros tiempos. El gran memorialista se niega a escarbar en la historia de su corazón. -¡Estás tan serio, Georgie! ¡Antes eras mucho más chacotero! ¿Qué te pasa?

-¡Y, bueno!... los años, la ceguera...

Se habla de Néstor Ibarra, ex cuñado de Borges (era hermano de Elsa Astete). Borges recuerda cuando nos conocimos en Santa Mónica, hace largos catorce años. Dio una charla en la Universidad de California y después nos fuimos a mi casa, él, su madre doña Leonor, y otros amigos. Nicanor Parra interviene:

-¿Se acuerda usted que en Nueva York cambiamos corbatas?

Borges se ilumina. Ríe.

-¡Cómo no! Fui yo mismo el que propuse el trueque... Pero esta corbata que ando trayendo sí que no la puedo cambiar.

(Es hermosa, de seda azul oscura, con lores de lis blancas).

-¿No se ha sentido manipulado políticamente? ¿De dónde cree usted que brota este súbito entusiasmo?

-Yo no soy político. Tal vez yo sea un anarquista...

Nicanor Parra dice que él es un anarquista y que no entiende cómo Borges pueda serlo también.

María Luisa Bombal insiste en hacer recuerdos de los años locos y en que Borges está triste. Borges pide agua. Practica todo el tiempo la desmesurada cortesía. Se le ve cómodo, relajado. A poco andar discutimos sobre si Baudelaire es o no buen poeta. Según él, es malísimo. Hablamos sobre poesía inglesa. La Bombal dice que hablar de literatura es una soberana lata. Postre, café. La noche corre. María me dice que ya es tiempo de poner fin a la visita. -¿Pero, por qué? ¡Yo estoy muy bien! -asegura Borges. (Discutimos ahora sobre si coronel Lawrence es mejor escritor que D.H.). muy próximos al toque de queda, corremos al hotel. Borges insiste: Bauldelaire es malísimo... mire este verso "los muebles antiguos / pulidos por los años / decorarán nuestra pieza.." bueno, en francés es mejor" -le replico. -No lo creo: "decorarais notre chambre..." ¡Muy flojo!

Le llevo del brazo. Asistido por su fiel María desaparece por la puerta del ascensor. Le veo afirmado en su bastón con la semisonrisa y los ojos en lo alto, elevándose. Baudelaire de nuevo: ¿qué buscan, alma mía... etc?

Enrique Lafourcade.