29 Feria internacional del libro en Buenos Aires: Exposición de Blas Mattamoro

Encuentro Nacional “La Argentina en el espejo de sus libros”. Tema: La realidad y los mitos.

Ficciones de Jorge Luis Borges.

Corresponsal: Clara Mengolini (claramengo@arnet.com.ar)


Mario Goloboff, coordinador de la mesa, presentó a Blas Mattamoro, uno de los invitados más especiales de este año. Blas Mattamoro reside actualmente en Madrid y es director de la revista “Cuadernos hispanoamericanos”. En esta ocasión, exhibió un inteligente y original análisis sobre Ficciones, de Jorge Luis Borges.

 

“ En primer lugar hay una pregunta que nos debemos plantear, ¿por qué se llama “Ficciones”? (...) Para Borges la realidad no es verbal, no se deja decir. Tiene una cantidad de elementos que la palabra no puede dar cuenta. Las palabras tampoco pueden dar cuenta de sí mismas, porque siempre tienen que ser explicadas por otras palabras y así hasta el infinito. De modo que cuando decimos algo estamos eligiendo alguno de los elementos que consideramos representables, esa elección es moral y le estamos dando forma y esa conformación es estética.

Borges no finge que está contando algo, sino que finge que finge. Finge que va a contar un cuento policial por ejemplo, y termina en “El jardín de senderos que se bifurcan” o en “La muerte y la brújula”. El finge que nos va a contar la biografía de un escritor que no existió nunca y examina sus obras. Está fingiendo que está fingiendo y está fingiendo que está escribiendo. Para resolver formalmente todo esto - que es una elección moral de tercer grado - hay que acudir a una retórica. Borges va a encontrar esta retórica en el barroco español que es a su vez lo que le sirve a él para traducir sus lecturas del barroco inglés, que le sirven a él para enterarse a través de las traducciones inglesas de los clásicos griegos y de la Biblia, qué era la Ilíada.

En Ficciones está todo el catálogo de obsesiones borgeanas. De modo tal que si quisiéramos decir dónde está el Borges canónico, podríamos afirmar que está en Ficciones. Voy a demostrar por qué.

Recuerdan ustedes que “Pierre Menard, autor del Quijote”, es la historia de un señor que intenta escribir el Quijote en 1930. Copia todas las palabras y los signos de puntuación de la primera edición del Quijote de 1605 y le sale un libro distinto, porque la clave de lectura de 1930 no es la misma de 1605. La lectura es producida a lo largo de la historia en distintas circunstancias, en este sentido la literatura es histórica.
            Aparentemente en “El milagro secreto” pasa lo contrario (...). En un caso la literatura es historia, en el otro caso es intemporal. Estas dos postulaciones parecen inconciliables, sin embargo se pueden sintetizar diciendo que la creación o la intención es intemporal, que va a existir en el tiempo, que el tiempo no la va a afectar, que juega a pertenecer al momento congelado de la eternidad, pero que la recepción de ese producto sí ocurre en la historia. La historia interviene y modifica. Hay entonces, un elemento de determinación y otro elemento de indeterminación en la literatura.

Otro tema borgeano es el pasado. El pasado para Borges es un cuento. Recordemos “Tlon, Uqbar, Orbis Tertius”. La enciclopedia británica es falsificada por una serie de escritores que consiguen persuadir a los lectores que ese planeta inventado existe en la realidad. Lo mismo en “Tema del traidor y del héroe”. Un traidor en la guerra civil de Irlanda, en el momento en que descubren que ha traicionado a los suyos, pide que lo maten pero que lo hagan morir como un héroe para que la gente crea que fue un héroe. La gente cree que es un héroe y finalmente el cuento que escribe su sobrino se expone como la verdad de la historia.

El pasado no es un objeto que exista y que podamos estudiar, es un cuento que inventamos de acuerdo a las necesidades del presente, por lo tanto es imaginario e inestable.

El lenguaje, preocupación borgeana, es el motivo de varias de estas ficciones. En “La biblioteca de Babel”, por ejemplo, no se sabe cuántos libros hay, porque contiene todos los libros. Es una biblioteca infinita, como lo es la textualidad. Esta biblioteca infinita tiene una hoja central que se va abriendo constantemente, es una hoja central que carece de centro. Así como no hay una lengua de las lenguas, no hay un código de los códigos, no hay un significado final de ningún sistema de palabras. En “El jardín de los senderos que se bifurcan”, a medida que avanzamos estamos cada vez más lejos de lo que podría ser la meta. El camino es una parodia de camino, una tela de araña laberíntica y es de algún modo lo que pasa con el lenguaje cuando las palabras intentan buscar los significados de otras palabras.

Vamos ahora a “Funes, el memorioso”. Trata acerca de un hombre con una exagerada memoria que no puede olvidar nada de lo que ha percibido. Cuando Borges intenta describir cómo es ese proceso, se encuentra con que no hay palabras como para enumerar todo aquello que el ser humano es capaz de no olvidar. El funcionamiento del lenguaje exige el olvido, el límite y por otro lado, está señalando que el lenguaje es más pobre que la realidad. El lenguaje es un instrumento pobre y por lo tanto, siempre hay un déficit entre las palabras y las cosas.

Y por fin dos elementos de los cuales Borges permanentemente se escabulle y por eso mismo, porque se escabulle, es fácil seguirle la pista. Uno es el elemento corporal y es lo que podríamos insinuar como erotismo borgeano. Los cuerpos en Borges, a diferencia de Arlt, son escasos y aparecen pudorosamente imaginados. Sin embargo, hay una corporalidad en su literatura y en el caso de Ficciones de una manera categórica, es la corporalidad masculina. Ficciones es un libro donde no hay mujeres. En la literatura de Borges no hay casi encuentros corporales, salvo uno, el duelo. Es un encuentro entre dos cuerpos masculinos. En Ficciones aparecen en “El sur” y “El fin”. 

            Los duelos de Borges se caracterizan siempre porque son encuentros singulares que repiten la guerra homérica. Es un duelo entre dos varones que no se conocen, que se desafían sin argumento concreto. No hay venganza, ni codicia, ni disputas amorosas, ni enfrentamientos políticos. Es la dura y ciega religión del coraje. Es un sacrificio, cuyo resultado es un resultado erótico, en el cual el que muere le transmite su identidad al vencedor. El vencido cede su alma.

Otro tema obsesivo es la religión. Borges es un hombre religioso en el sentido que le preocupan los temas de los creyentes, pero sin serlo. Por eso la continua especulación acerca de las preocupaciones religiosas no de una determinada religión, sino de todas las religiones. Tiene un acercamiento ilustrado y escéptico. Es un agnóstico que está muy preocupado por las posibles huellas de la divinidad en el mundo real. El dios de Borges es un dios que no existe, que no es y que no está. Pero hay un Dios en forma de búsqueda, de búsqueda infinita. Alguien busca a alguien y alguien a su vez es buscado y en esa búsqueda infinita está la divinidad infinita.

            Borges es una constelación de espacios cerrados, centrales, simétricos, infinitos y conjeturables y por último, es un espacio de soluciones barrocas. El lenguaje para Borges es lo mismo que para los barrocos, de movida, metáfora y de llegada, semántica. La infinidad de la palabra es el único lugar de la verdad borgeana.”