Los huéspedes secretos 

Manuel del Cabral

Buenos Aires: Editora Carlos Lohle, 1950


Huésped mayor en tres iniciaciones

 

INICIO PRIMERO

¿Tendrán los ciegos, oh infinito,

más niebla que los ojos que te miran?

He procurado contemplarte con la tranquilidad

que me es dable como humano.

Luego he querido hablar,

pero he comprendido que el sonido no es puro;

sólo cuando yo estoy junto a los niños

a nombrarte me atrevo, oh infinito.

A veces me es difícil convencerme

de que estoy hecho del material de tus distancias.

Pero si no viviera entre las sombras,

¿con qué estuvieran hechas mis preguntas?

Si no existiera la muerte de una madre o de una niña,

¿cómo podría pensar en ti,

en tu impasible silencio de grandeza?

¡Oh infinito, cómo puedo ser hombre

si tú desde lo alto me enseñaste a ser niño!

 

INICIO SEGUNDO

Si en el temblor de un yerba con rocío

puede mi instinto alimentarse de tu espacio,

¿con qué ojos puedo mirarte?

¿Con qué frente puedo concentrar tu inefable estatura?

Una ventana abierta poblada de tus altos secretos

me recoge, a ratos, con una quietud, con una serenidad

que sólo comprende tu silencio de estrellas.

Suelo, entonces, conversar conmigo mismo,

y acurrucado en mi propio pensamiento

encuentro que es un crimen que me llame Manuel,

encuentro que es un crimen el tamaño del hombre,

encuentro que es un crimen su tamaño de carne.

Y sólo tú, oh infinito,

recoges mis preguntas, te ocupas de esta hormiga,

te ocupas de limpiarle su mirada y la frente,

te ocupas de quitarle su cantidad de tierra.

Porque tú, sólo tú, inevitable infinito,

eres humilde en esta brizna de yerba húmeda temblando.

¡Enséñame a decírselo a los hombres!

 

INICIO TERCERO

Hoy he recobrado todas mis fuerzas, me he preparado

para poder contemplar tu plural presencia.

El hombre, es verdad que piensa,

pero es difícil, dentro de su brevedad,

que pueda comprender lo total de tu anchura,

la dignidad de tus nieblas,

la cualidad de tus abismos;

ni siquiera presiente

la grandeza de los pequeños seres que lo rodean

y que tienen su secreto tan justo,

tan virgen como el de los astros.

Pero el hombre puede derribar desde su frente

a las bestias que viven en su sangre desde su origen;

y entonces, oh infinito,

a pesar de tu extensión, a pesar de tu altura,

a pesar de tu distancia sagrada,

la pobre criatura del hombre, podrá, sin gran esfuerzo,

comprender que todo aquí es vorágine,

pura vorágine;

y podrá, también, comprender que lo soltó un hondero;

que somos una piedra —quizá la de David—,

una piedra que hace siglos anda en busca de su blanco,

pero una piedra, ¡ay!, que no encuentra al gigante,

porque inefablemente rueda dentro de él.

¡Oh infinito, sólo mi nacimiento puede dolerme igual

que tu presencia Virgen ante el hombre!

 

HUÉSPED PRIMERO

Los ríos todavía no robaban paisajes,

aún andaban tibios por las venas de Dios,

y todos los caminos comenzaban apenas

a dibujarse en las arrugas de su frente;

la espuma de los peces meditaba, ya inédita,

en los bucles del amo;

el huracán era aquello que sólo

fugaba en una débil visita de fragancia

cada vez que movía su labio el gran anciano.

Fue así como saliste para que la mañana

no asustara a las bestias primeras de la tierra.

 

HUÉSPED SÚBITO

Ahora estás aquí.

¿Pero puedes estar?

Tú dices que te llamas... Pero no, no te llamas...

Desde que tengas nombre comienzo a no respirarte,

a confirmar que no existes,

y es probable que desde entonces no te nombre,

porque cualquier detalle, una línea, una curva,

es material de fuga,

porque cada palabra es un poco de forma,

un poco de tu muerte.

Tu puro ser se muere de presente.

Se muere hacia el contorno.

Se muere hacia la vida.

 

HUÉSPED CAÍDO

Después de aquel aliento de sagrada neblina,

después de aquel gran soplo;

se veían los duendes fabricando las cosas.

Luego,

comenzaron los gritos a tener su tamaño.

Pero el pensamiento todavía

era un pájaro virgen que buscaba

dónde ser habitante de la tierra;

y se posó en aquello...

en el árbol que huye de la tierra hacia ella,

en el más hondo e inquieto de los árboles:

en el árbol ardiendo de la sangre.

Después... —¡oh cáscara del viento!—,

ven a oír este ruido, este fruto sonoro,

esta palabra líquida que corre como un látigo

pegándose a sí mismo, rabioso de su encierro.

Ven,

ven a oír este insomnio en su oficio más puro,

este temblor que canta.

Ven.

Oye la sangre,

que la sangre piensa.

 

HUÉSPED YA ENTERO

Y ahora...

Mientras oigo un gris rumor de flautas antiguas,

los hombres hablan apresurados de comercio;

yo no sé de dónde estoy llegando,

pero me encuentro anormal entre los hombres con espadas

ellos se rodean y viven de eso que sirve para la salud animal;

ellos mueven la lengua con cierto juicio de hormiga,

son metódicos, conocen cuántas veces

es que debe solamente moverse su lujoso sentimiento.

Pero, y tú, pequeña ironía que te llamas hombre,

¿sabes lo que es pensar para siempre

porque no tenemos otra cosa frente a las estrellas?

 

HUÉSPED SOLO

Todo lo encuentro, pero no en su sitio.

Veo allí unos objetos que me hacen recordar mi penoso camino;

los toco, los siento como pegados a mis preguntas,

son los de siempre,

pero al contacto de mis manos toman otra estatura;

tienen la edad que tienen mis cosas físicas

pero si de repente le cae a la yerba rocío,

pero si de súbito cae un poco del día en la fresca herida,

los pequeños objetos toman de pronto edades increíbles:

ellos mismos se toman el derecho a la voz,

se levantan como un día con anchura de madre.

Porque también es madre la tiniebla

de donde sale un poco la historia de la sangre.

 

HUÉSPED DE FONDO

Luego llega su rostro de mañana que huye.

Pero huye. No llega. Dibuja sus temblores.

Se queda del tamaño de la esencia. Se queda

donde debió quedarse la primera Primavera,

donde debió quedarse

aquel retozo limpio del agua con el día.

Los niños de aquel patio que juegan, no lo saben,

pero ya me enseñaron a hacer blanda la tarde;

tú vienes mientras tanto con tu rostro de agua,

tú tomas como el agua cualquier forma del hueco;

la lluvia me comprende, por eso viene a veces

a escribirme tu nombre con hilachas de fuga.

Si tal vez hablo un poco de mi manía, y cuento

que aquella simple gota que se cayó del párpado

tomó estatura grave, pues mirar se podía,

dentro de su caliente cristal que meditaba,

los gusanos pulidos de tus dedos de hembra,

tus moluscos que aún viven en el agua salada

de una gota que tiene de caída en la tierra

la edad del primer diente...

Pero,

si tal vez no hablo nada de mi manía, duerme,

que así estarás más cerca,

porque cuando me callo, es cuando estoy cantando,

Y cuando estoy cantando cometo siempre el crimen

de inventarles a los hombres las cosas que me duelen;

cometo siempre el crimen

de decir algo nuevo diciendo cosas viejas...

¡ Sólo el dolor inventa!

 

HUÉSPED EN TRANCE

Todo aquí tiene sitio. Pero las cosas cuando yo las toco,

¿se parecen a ellas?

Yo vengo ahora mismo de un móvil pero fijo

territorio sin fecha. Puede el árbol nombrarme,

darme estatura el viento. Puedo decir también

que todas las cosas me esperaban.

Mi trato es el del río con el del día que lo besa.

Un pájaro que vuela comprende mi llegada.

El barquero

que espera los viajeros para llenarles los ojos

de otra ribera, sabe perfectamente

por qué he venido desde remotas tinieblas

a esperar a los hombres.

Quizá junto a los ojos que se van hacia adentro

para mirar las cosas de los ciegos, quizá junto al latido

del material que tiembla,y habla sólo temblando;

quizá junto a la herida que se llena de hormigas

como si con la muerte fabricaran la vida;

quizá junto al soldado que se va por el agua

que no tiene regreso y abrió la puñalada, quizá junto al soldado

que en vez de ver su herida se pone a ver la noche con estrellas,

como si por las altas rendijas de los astros

ve que hay algo más grande que está herido, y sonríe.

La muerte, su muerte, levanta la mañana.

 

HUÉSPED DE LA SALIVA

Madre saliva, beso derretido.

Mi jugo pensativo de la fruta sagrada.

Agua de los idiomas, sudor de la palabra.

En ti que hay la estatura primera de la vida

y te mueve un molusco de blandura temible.

Espuma transitoria pero siempre presente,

allí donde es fecundo el ocio de la lengua,

en el preciso instante cuando yo te pregunto

si está en tu paraíso resbaloso la tierra.

Te gastan las comadres en pequeños detalles,

tú que a veces te pones en tu más alto oficio,

allí donde el ilustre caer de tu llovizna

es polvo sacudido del libro de los labios.

Mas yo te vi de pronto salir como una piedra

y caer en lo puro de la cara humillada.

Madre saliva: un día, escupieron la cara

de Dios, y, desde entonces, la tierra no está quieta.

Desde entonces hay alguien que mueve las entrañas

del viento y de las aguas;

porque hace tiempo, oh tierra, que el mar sube saliva;

¡la de todos los náufragos que escupieron a Dios!

 

EGO DE HUÉSPED

Entonces...

¿Quién es que aquí me dice: —mira esta niebla, ven

a recordar tu forma primitiva? ¿No sientes

que andan peces antiguos por tus venas recientes?

¿ Quién el útero virgen del pensamiento preña?

Algo que vaga, crea, si es un ocio que sueña...

Ven a mirar tu origen que es casi amorfo, ven.

No ves que hay un solemne misterioso vaivén:

una onda que viene de no terrestres puntos

y alimenta con hondo e inefable alimento

los más sutiles filtros que hay en el pensamiento.

Barro y alma ¿qué han hecho? ¿Quién los ha puesto juntos

en este espacio ardiendo que va en el cuerpo mío?

¿Hay acaso un sentido no propio que trabaja

desde un remoto aliento tercamente en mis cosas?

¿Si he sido yo otras veces, si tal vez soy el río

que desde alguna oculta montaña siempre baja,

puedo yo estar tranquilo de este andar que no es mío?

Aire puro, a ti solo puedo decirte algo;

si vengo de las nieblas, ¿quién me ha puesto de galgo

en esta caza oscura donde una voz escucho,

una voz que me empuja, una voz que me manda

a recoger, aún viva, la codiciada presa...?

Pero, aire puro, dime: ¿por qué con ella lucho,

y entre mis dientes sangra sólo luz que se agranda,

como si entre mi boca mordiera la belleza?

¿Dime, aire puro, dime, qué voz es la que escucho

que ya no me detengo y es con la luz que lucho?

¿Es que ya entre la sangre que va en el cuerpo mío

lo más distante tiembla con mi nombre,

igual que aquella altura que tiembla bajo el río?

 

EL HUÉSPED DE PIEDRA

Recordando el tatuaje ritual de los marinos

los náufragos de ojos redondos como el miedo,

firman con arañazos en mis carnes su nombre.

Pero un náufrago terco

de mar equivocado por mi sangre,

arañazos me hace tan secretos

que me llena de hondas escrituras de clave.

Huésped mío,

¿qué buscas?

¿qué quieres,

que a fuerza de ser mudo me golpeas

como un odio sin puertas?

¿Qué más quieres?

¿No oíste?

¿No me oyes?

¿Son tan hondos tus ruidos?

¿Qué cincel hace tiempo le da golpes azules

a esta piedra triste tirada aquí...

mi cráneo?

Ahora tú, tú sola.

¡Oh muerte que me pones ya tan joven!

 

EL HUÉSPED DE LOS PÁJAROS

Yo sé bien que se hiere cuando silba.

Comprendo que la tarde la va haciendo su canto.

Me sé bien de memoria que su garganta pone

más azul en los charcos que pisan los boyeros; y pone

unas tierras extrañas en las bárbaras guitarras

de los pinos.

Comprendo que en el cutis del mar escribe cartas

que sólo leen durmiendo los marinos;

comprendo que su pico

empuja a la mañana como el río sus rizos, la lleva

con el calor de un viento hasta los hombres. Comprendo

que sólo cuando él mueve las palabras, las cosas

van cayendo en la tierra con la novedosa inutilidad

que tiene siempre el árbol para dejar caer

sus profundos frutos, inevitables de ser un poco Dios.

Sin embargo, si no lo viera, si no lo tocara,

me sería difícil comprender su presencia.

No siempre

baja a tierra, pero siempre

bebe en el ojo suelto de un rocío.

 

HUÉSPED DEL AROMA

Toco el rocío y toco la mañana,

la mañana hacia el mundo de mi tacto.

Pero ahora, ¿quién anda? ¿Nace el aire en mi cuerpo?

¿Por qué tan insistente

esto que no me toca, pero que a ratos

respiro,

lo siento,

me tiembla?

De súbito me pongo a mirar cosas.

Y va pasando todo, pasa hasta lo fijo:

menos lo que respiro... Va perenne hacia adentro

Yo comprendo mi edad y mi tamaño,

pero hay un cuento que nació en el tacto,

hay un planeta que el olfato inventa,

un inefable clima que no cesa

de rodear mi varonil reposo,

de rodearme de calores de mito.

Así veo

que ya mi silla piensa,

que allí donde me siento y que no hay nadie,

debo pedir permiso y debo

comadrear con el pájaro enterado.

Sin embargo,

hablo con las tijeras que cortan los jardines

para saber si hieren a mi huésped.

Porque aquel que me rodea

duerme en la rosa familiar su siesta.

 

EL HUÉSPED BOBO

Desnudo como el susto,

él bebe cuando el río se hace a fuerza de luna,

y entonces, más ágil

que la neblina húmeda de cielo de su perro,

regresa de la yerba con un paso tan fresco

que parece el primer fruto de la tierra.

Después, casi en familia, va tirando palabras

en un solo rincón, ya parecidas

a la humildad sonora de la escoba.

Y luego se acurruca con la nada

deshabitado como un beso zángano.

Alguien lo ve,

lo siente

lo respira.

Su carne sabe a tierra. Por eso

se le suben a veces por su cuerpo,

no equivocadas, las chicharras,

y entonces su cuerpo canta,

canta

En tanto entre sus párpados

nada el día en agua boba.

Alguien lo ve,

lo siente

lo respira.

Después..

Una mano lo toca. Pero la mano

regresa parecida a una raíz.

 

HUÉSPED NO QUIERO

¿Lo comprenden los hombres?

¿Lo comprenden las cosas?

La mariposa en llamas,

la terca que se muere

sólo de claridad,

de claridad secreta.

¿Se llama así la fiebre?

¿Busca su nombre todo lo que tiembla?

Pero aquello que late,

sin agua,

sin viento,

sin lumbre,

sin tierra,

¿lo comprenden los hombres?

¿Lo comprenden las cosas?

¿Qué hace aquí este huésped?

¿Qué hace aquí en la carne,

este temblor tan limpio,

tan exacto,

tan plural y con cara de mi origen?

Todo está como el agua,

como la ola:

¡sólo el temblor me inventa a cada instante!

 

UN HUÉSPED DEL MAR

Sus huesos de madrépora le crujen por la noche,

por eso cuando sueña

habla solo y conoce cierto idioma sin raza.

Yo no soy de su sitio,

pero conozco los rincones de su palabra;

él a veces nos deja, y, a pasos no comunes,

entra en el mar como hostia en la boca,

con un temblor de sagrado movimiento.

Luego sale contento, con ese goce

que traen los niños cuando vienen de las olas.

Después... cuenta cosas...

su extremada alegría es tal vez el alborozo de las olas

que se repite en su cuerpo,

y esto me hace creer que me trae la verdad entre sus manos;

así sus carnes húmedas de clima

tienen esa frescura de la madera nueva de los barcos;

y su voz llega oportuna,

igual que un salvavidas que cayera de súbito en mi sangre.

II

Siento, luego, que hierve mi silencio,

y de pronto comprendo que corre por mi cuerpo

una ola de abejas subterráneas.

¿Sé dormir desde entonces? Comprendo

que ser un poco dueño del sonido

es ya tener el duende de los ríos,

es ya saber que hay pájaros sin verlos,

es ya saber que hay

un misterioso sacrificio aéreo,

una labor puntual de ruiseñores,

un coro ciego de profunda escuela,

una batuta de los astros, una...

tan simple y tan solemne como el viento

que mece el cuerpo de los ahorcados.

III

Entonces compruebo que todo el viento

me cabe entre las manos;

mi habitación de súbito toma anchura más noble,

anchura donde puedo colocar mis desvelos, mi puro insomnio,

mi cuidado instrumento de belleza.

Y allí respiro,

y allí me encuentro;

allí sé para qué sirve mi inutilidad,

mi falta de memoria para la cosa útil,

mi orgullo ante los números,

mi egregio descuido.

Sólo comprendo que en aquel instante

mi habitación está llena de crecimientos,

llena de fiebre de pájaros,

calurosa de temblor,

conmovedora de ternura libre,

cruzada de caminos que sólo comprende

aquel que me ha hecho navegables las venas

para llegar a él... ebrio hacia adentro...

ebrio de él, borracho de su tuétano.

Pero tranquilo igual que su raíz de océano.

 

HUÉSPED DE LA LLAGA

En este pueblo de servicial mirada y precio limpio

conservo mi medida de objeto y de costumbre,

pero a veces me toco

casi lamiendo el cuerpo con mi mano, porque, temblando,

no me encuentro en mi cuerpo a ciertas horas.

No. No me encuentro en mi cuerpo... Yo no puedo

levantarme tranquilo como aquel boticario,

el viejito que a ratos prepara su receta, su ungüento, y luego

se duerme con los duendes que vienen de los dedos

del guitarrero, los duendes que de pronto

se le suben por sus barbas comerciales.

No. No puedo levantarme tranquilo. Me pesan demasiado

los diosecillos que vienen sin permiso del jardín

y comienzan a empujarme la sangre hacia remotas

y extensas regiones sin límites,

allá donde se pierde la estatura del hombre

y comienza la justa, la perenne, la casi puro origen.

Ah, pero yo vivo en este pueblo. Vivo de carne y hueso,

vivo de inevitable, no vivo de " quizás" en este pueblo!

Cojo un papel y escribo:

Manso Pedro, comprendo,

no es que quieras fortuna,

es que se ve más limpia

desde un Packard la luna.

Sí. Yo vivo en este pueblo. Yo he dormido

en grandes ciudades, he respirado

su colección de muertes que a cada instante viven

en el remiendo honrado

de un pantalón bien puesto en la palabra familia.

Sí. Yo he vivido donde la muerte vive,

allí, donde la gran ciudad se pone del tamaño

de la mesa sin mantel,

y cabe en una miga de trigo, y cabe

en el profundo agujero de una sonrisa amarga, y cabe

en los niños que esperan tribunales.

Sí. La muerte vive allí... Pero la tierra crece

en la materia virgen de una falda que a ratos

cae enredada entre los linotipos, notarios, abogados.

Y luego el guitarrero con la aldea en las venas,

el guitarrero

que lento pone antiguo el aire joven. El guitarrero

que inesperado dice:

Cuando el río tiene piedras

canta más y está más alto...

por entre dientes de jueces

pasa mi sangre cantando.

No. No puedo levantarme tranquilo.

Ya es difícil que amarren este olfato de perro,

este perro no de lujo de mi sangre.

No. No puedo. Yo vivo en este pueblo.

Yo vivo de carne y hueso en este pueblo.

Yo vivo allí también... La tierra vive allí.

¡La tierra! ¿La ves?

Alguien que viene de las nieblas de los patios

escupe estas palabras:

El juez, mientras descansa,

limpia sus anteojos.

¿Y para qué los limpia,

si el sucio está en el ojo?

No. No puedo levantarme tranquilo.No puedo.

Yo vivo en este pueblo... Yo vivo aquí sin sobra,

sin sobra, ¿me comprendes?

Yo vivo aquí... Aquí.

Por el ojo de buey de la llaga del boyero

un hedor de varón sale hacia el alba.

Un hedor de varón.., y un ojo ciego andando,

andando bajo el luto de una greña de moscas.

En tanto, como al margen de su llaga, el boyero

se detiene a mirar

el primer verde de la primavera.

Y luego se sonríe. Y habla con la mañana.

Y luego...

No. No puedo levantarme tranquilo.

Creció la llaga y ya todo lo puebla.

Toco mi voz, y toco ya la llaga.

Me toca el aire y toco ya la llaga.

Toco mis muebles, mi baúl, mi frente,

todo lo toco y toco ya la llaga.

No. No puedo.

Me cabe la palabra en este ojo:

me cabe el ruido de remotos filos,

caben mis pantalones, mi canario,

mi paciencia, mi odio, mi neblina,

mi comunión primera y voz abuela,

la catedral de mis ingenuidades,

mi primer novia y mi dolor primero,

mi claridad de río y de respeto,

mi silencio rural y mi revólver,

mi soledad de pan cuando no hay hambre,

mi voz de aceite cuando busco faldas;

todo,

todo mi pueblo cabe en este ojo.

Por este inevitable y solitario

ojo de buey, sonoro de mosquitos,

por. esta llaga —mi mejor ventana—

no veo el cielo, pero sí más cosas,

que por todas las puertas de la tierra.

No. No puedo.

No puedo levantarme tranquilo.

Lo tengo allí sentado con su mirada terca,

lo tengo aquí en el aire constantemente viéndome,

junto a mi lujo, junto a mi apetito,

junto a mi percha, junto a mi manía

junto a mi voz,

junto al hueso profundo de mi frente.

No. No puedo. Me mira demasiado

este perro sin sueño:

el ojo de la llaga del boyero.

 

HUÉSPED DESENTERRADO

Toda la noche

la cotorra del brujo picoteando el silencio.

Toda la noche

estuvieron los hombres bregando con trozos de tinieblas.

Toda la noche

el farol casi humano, con su poco de día,

matando la mirada dulce-azul del cocuyo.

Y nada.

El sepultado ni siquiera hedía.

Todo aire de muerto lo mataban las flores.

¿Es que se hundió como si fuera en agua?

Ayer, precisamente, se le vio en la bodega,

luchando entre penumbra con unos diosecillos

que saltaban sin tregua

desde el tonel del vino hasta la copa,

y corrían,

corrían,

como un grupo caliente de cosquillas

por su cuerpo varón y su neblina.

Toda la noche

estuvieron los hombres cucuteando,

registrando la tierra.

Sin embargo, mi perro está ladrando,

hoy a las siete de la mañana

mi perro está ladrando,

ladra junto a una mano que parece de náufrago fijo.

¡Creció el cadáver

igual que un árbol para dar su fruto-

 

HUÉSPED EQUIVOCADO

Esta es la noche...

Después... pormenores... detalles...

Hay en aquella niebla un sueño escrito.

Un odio entre paredes que se busca a sí mismo.

Una llaga maestra que da clases de vida.

Un sacrificio anónimo en el árbol.

Un siempre luto espeso que se usa en la sangre.

Un "voy a esperar".

Un grupo de conciencias que fabrican la nada.

Una mujer preñada que espera que comprendan

que una gota de semen puede ser presidente.

Y más allá en un oro que hierve de trajines

un grupo de comadres hormigas parecidas

a las conversaciones de los números,

Mientras unas palomas sin memoria

le salen de las venas al guitarrero herido.

Esta es la noche,

la que parece tierra,

la que puede llevarse bajo el pecho,

la que puede agarrarse entre los dedos,

como plomo,

como fruto,

como espada.

Esta es la noche,

la que también se pone del tamaño del hombre,

la que cabe en sus preguntas,

la que cabe en su mito de hueso,

la que le crea su fantasma sólido,

su religiosa,

su profunda presencia.

Esta es la noche,

sólo ésta es la noche.

En tanto unas palomas sin memoria

siguen saliendo de la sangre herida.

Siguen saliendo.

 

HUÉSPED AÚN

Unas hormigas pensativas suben ladrillos;

otras, pican la frente como buscando el instinto;

otras,

andan por entre alambres desenredando palabras,

haciendo elástica la voz de la gran urbe,

como gnomos que desde su misterio

arreglan y limpian los nervios del planeta.

Ya ves,

voy diciendo estas cosas,

para que el canario comprenda

que se encuentra en una fecha peligrosa.

Sin embargo,

por entre el sacrificio de los trenes,

por entre maletas llenas de corduras,

por entre familiares baratijas y falsas mariposas

de boletos ya sin mano,

este antiguo...

este empolvado y tembloroso pasajero,

se asoma a la ventana, mira el paisaje

y entonces atraviesa tranquilo los túneles,

las lluvias,

las ciudades;

él no me dice nada, pero yo sé que está tranquilo

después de haber tomado su medicina de paisaje,

su jarabe de río,

su ventana-país.

¡Qué bien!

Todavía no es tarde

para este terco,

para este dulce viajero de ventana.

 

POEMA

Poema.

Poema mío.

¡Qué anciano estás,

ya naciendo!

 

CÓMO

¡Cómo pesa en la mano

lo que es de aire en la rosa,

lo que es más ella que cuando

tiene forma!

 

NO CAMINES

No camines conmigo,

no camines.

¿Pero quién eres

que me odias tanto?

¿Quién?

No ves que soy tu voz.

 

CARNE MÍA

Carne mía.

Barro mío.

¿Qué quieres?

No ves que estoy cantando

desde antes de tu forma.

 

ALGO

Algo volaba,

y de súbito,

cayó en mí,

más que en mi mano...

¿Y es verdad que esto se llama

aquí pájaro?

 

REVOLOTEABA

Revoloteaba el canario

entre los dos, pero a ratos

temblaba para cogerlo,

porque en verdad no sabía

si era en el pecho que estaba

la música o en el pájaro.

 

LA CARGA

¿Habré yo viajado tanto

que me pesa tanto el cuerpo?

Miro mi cuerpo y me veo

una rosa sobre el pecho.

 

SOLO

De pronto toda la tarde

la llena un brazo mendigo.

Me voy acercando al brazo,

y no hay nadie,

y no hay nadie.

No encuentro nada.

No hay nada.

Sólo yo, desnudo y vivo,

sin nada, existiendo solo.

 

SED DE AGUA

Aquí me encuentro, me dije,

y empecé a sacar arena.

Luego vi el agua en el fondo,

y en ella el cielo y mi cara.

Después...

Me bebí el azul, pensando

que mi sed

no era de agua.

 

FRACASO

Toda

la noche

vomitó

mis

píldoras.

No pudo

suicidarse

mi revólver.

 

TRES VOCES PARA UN MOTIVO

1

Viejo jardín, si eres un lujo, ¿por qué sirves para enterrar

los muertos? ¿Es que no llegan, ¡oh rosa!, si no van con tu

inutilidad?

¡Cómo tendrás que trabajar, entonces, para llevar en tu

ataúd de pétalos la esencia de los hombres!

II

Y tú, oh rosa, tú que sólo fuiste hecha para que el

hombre comprendiera que tu existir inútil es la perfección

de la utilidad más alta.

¡Oh mi quieta sin sobra, mi maravillosa, mi útil hara-

gana!

III

Pero... ¿Y tu forma? Todavía hay tijeras sólo para tu

garganta. ¿Todavía? Oh rosa, solapas todavía en esta fecha

con un poco de ti.

¡Con un poco de duende en el ojal!

 

ALGUIEN

Alguien me dice...

Me cuenta...

Pero es el viento.

No es alguien...

Alguien me hiere...

Me sangra...

Es la mañana.

No es alguien.

 

HUÉSPED DE UN ANTES

Tú me dices: "ya estoy".

¿Pero no estabas? ¿No eras

callado más completo?

Yo te había ya hecho

a fuerza de silencio.

Todo lo que te dieron...

fue sólo ese "después"

¡Tan hecho que tú estabas

a fuerza de no hallarte!

 

CONCRECIÓN

Línea.

Curva.

Sonido.

Lo que el Universo mide.

Esto.

Sí.

Sólo.

Todo.

Es tan bello, que es triste.

 

EL HUÉSPED SONORO

Aquí te pongo, pero hay algo huyendo;

algo que huye y eres,

cuando tu presencia sólo es aquello,

lo que te rodea, no tu suma.

Aquí te escribo, pero siempre hay algo,

algo tuyo de fuga,

algo tuyo que vuela, que no existe

dentro de ti,

y te hace existir a fuerza de su ausencia.

No, palabra, no te escribo.

Quiero poner primero lo que va contigo;

lo que te mueve, lo que crece en tu cuerpo,

y aún está en el aire,

y eres tú, sólo aquello, para siempre.

 

AGUA VIVA

Reunida luz en frío,

concentración del tiempo

en transparencia honda,

precisa, como el centro.

¿Se ha fijado aquí el ritmo?

¿ Qué altura de armonía

hace amoroso oficio

en esta quietud viva?

¡Oh total ir buscándose

siempre hacia lo sereno,

hacia lo que aparenta

no estar quieto!

 

ROSTRO SOLO

¿Sabe el jardín su forma?

¿Conoce su presencia

lo bello que está ardiendo

en torno a la materia.

¡Qué puro esfuerzo pule

en la quietud sin tregua

del brillo misterioso

de la piedra!

Allí busca mi frente

lo perdido en las cosas,

en la pura presencia

que hace ausente la forma.

 

CARA ENTRE LLAMAS

Concéntrico equilibrio

que siempre va hacia adentro.

¿Cuánto habrá que quemarse,

quemar lo que transita,

no lo justo, lo casi

pelado de ser puro;

lo casi inadvertido

de ser lo que acumula

compactas claridades,

el aire enloquecido

de rojo clima hinchado?

¿Podrá quemar la llama

tanto fuego que piensa?

 

HUÉSPED EN POLVO

Esto que lo rodea,

esto que en la distancia tiene su primitiva,

su inevitable fuerza;

esto que ya te sale de tu cuerpo;

esto que no te sale de tu cuerpo,

esto que sale ha tiempo de planetas antiguos;

esto que viene sin horario, furioso y desatado,

esto que viene siempre

levantado de clima de animal y de ángel,

y a veces,

de lágrimas de viaje,

y a ratos,

de caprichos, de algo

que siendo lo accesorio se levanta y de súbito

te resume distancias,

como si de repente se escuchara en su gota

conversación de siglos.

Pero a veces,

tú lo dejas caer como una piedra,

como una piedra simple,

esto que casi siempre no se cae como cosa

de física inocente...

Esto que tiene a veces palabras en latín,

olor de incienso alto,

esto que cabe a veces en un anillo serio.

Se te van desprendiendo:

los ojos,

los brazos,

la sonrisa,

la voz, tu cifra líquida.

¿Con qué entonces

vas a preñar tu aire de preguntas?

Tal vez con esta gota que está anciana de pura,

con esta gota blanca que se te cae tan vieja

como el mar que era gente en el primer sudor.

 

POESÍA

No conozco mejor definición de la

poesía que este poema de Cabral

Paul Eluard

Agua tan pura que casi

no se ve en el vaso agua.

Del otro lado está el mundo.

De este lado, casi nada...

Un agua pura, tan limpia

que da trabajo mirarla.

 

AGUA

La del río, ¡qué blanda!

Pero qué dura es ésta:

¡La que cae de los párpados

es un agua que piensa!

 

VOZ

Me puse a cavar la tierra,

porque oí mi voz al fondo.

Y el hoyo cruzó la tierra.

Y allá...

Más allá...

la voz lejana se oía.

Seguí cavando. Cavando.

Es sólo una voz el fondo.

 

UNA SED

El animal venía de muy lejos

quizá no fatigado del desierto...

En la mitad de la plaza

había una agua harapienta, la caída

de un cielo roto, ya sucio,

era el único ojo de la tierra

que nunca dormía.

El animal llegó sediento hasta la orilla

de aquel ojo profundo y solitario,

se vio en el fondo la cara

y no quiso beber,

volvió asustado al desierto,

volvió temblando.

¿De qué era la sed?

 

LA MUERTE DE LA NADA

La materia es luz petrificada. La

lentitud es forma. Lo veloz, esencia.

Los Vedas.

 

Y VENDRÁN

Y vendrán de la nada, como ayer, otros hombres,

y la noche vendrá desde sus manos,

y tomará la nada formas crueles,

y la materia repitiendo límites,

y números

y odios

en un beso.

Mas como vino en el primer temblor,

profundidad

se despertó

y ahora

no se puede

dormir.

 

NO ES TIEMPO LO QUE HABLO

No es tiempo lo que hablo;

yo no puedo explicar este relámpago.

Un segundo está virgen.

Es pura eternidad esto tan limpio...

Dejadme, pues, que afirme

que lo que no ha pasado

ya sucedió...

Ya lo tocamos...

Dejadme, pues, que afirme

que la luz es la sombra

de aquel instante

en que nos despojamos con aquello...

Y quedamos temblando,

allá dentro, sin nadie,

con el ser solo puro

sosteniendo las cosas sin que lo sepan ellas.

 

ONIRICOMA

En ese punto

donde no sabemos si el pan es lo que sueña

o el cuchillo es un poco de ternura extraviada.

En ese punto de estrella fija

en que no podemos confirmar si el amor es un caballo

que ha salido del pecho

o es el horizonte que ha entrado en una llaga

por donde salen pájaros cuya fosforescencia

volveremos a ver en los cadáveres

que regresan con todas las raíces.

Sin embargo,

estamos trabajando con secretos

sencillos como vacas cuando miran un tren,

estamos trabajando con la rosa

en donde duermen monstruos y están todas las fuerzas.

 

ANUNCIACIÓN

Pero el océano y el viento

volverán a su diálogo más viejo,

mientras esperan

que llegue el primer hombre, porque el otro

nunca ha sido el primero...

Sin embargo,

yo también con mi canto duraré tantos siglos...

Pues sucede que el viento y el océano

ha tiempo que mi canto lo aprendieron

para cuando regresen

los hombres que no pueden volver sino cantando.

 

VELANDO A LA MUERTE

Todo lo que vemos

es lo invisible.

Pitágoras.

 

LOS HOMBRES NO SABEN MORIRSE

Los hombres no saben morirse...

Unos mueren no queriendo la muerte;

otros

la encuentran en un beso, pero sin estatura...

otros

saben que cuando cantan no le verán la cara.

Los hombres

no se mueren completos, no saben irse enteros...

Unos

reparten en el viaje sus retazos de muerte;

otros

dejan el odio para cuando vuelvan...

Otros

se van tocando el cuerpo

para saber si salen de la trampa...

Los hombres no saben morirse...

Unos

van dejando su yo sin comprenderlo;

van dejando basura para escoba esotérica;

otros

se vuelven hacia adentro ante el vacio...

Pero todos,

con el cadáver de su tiempo al hombro,

todos,

todos son el Uno,

el Uno

que sólo por amor vuelve a la tierra.

 

LOS MUERTOS

Los muertos entregan sus huesos a la tierra

pero jamás su libertad.

El aire que les negaron los amos de la materia,

ahora les sobra.

El espacio sospechoso que les dieron a sus zapatos,

ahora les sobra.

El ataúd con que midieron su cadáver,

ahora les sobra.

La gota de mar que el abogado dejó caer de su frente,

ahora les sobra.

Es que nada terrestre tiene la dimensión,

la profundidad hacia arriba de aquellos

que cerraron sus párpados como puertas futuras.

 

NO SON COMO LAS MOSCAS

No son como las moscas impertinentemente libres,

no,

los muertos, perfectamente honestos,

trajinan, trabajan en su asunto...

revolotean,

se posan como temibles insectos, pero son

inevitablemente limpios,

extraordinariamente útiles, conscientes,

van y vienen de las estrellas,

son los absolutos,

los vagabundos sagrados,

los únicos que llevan las velas de luz fría

en el entierro caliente

del cadáver errante del universo.

Los únicos...

Los únicos testigos de la muerte del tiempo.

 

LOS MUERTOS NO ENVEJECEN

Los amos de la tierra

envían comerciantes a la luna.

Mientras tanto, en la puerta de una casa

leo este aviso:

Ama a tu enemigo y estarás de regreso.

No hay cohete que vaya más distante

que una limosna.

Y dentro de la casa, ya dormido,

como un mueble de lujo de este siglo,

un viejecito enclenque

y a su lado lo mismo que al lado de un abismo,

un perro con preguntas en los ojos,

le relame la frente de sudores lejanos

igual que a sus sandalias llenas de polvo cósmico.

Los muertos no envejecen.

 

ALLÍ LOS ESPERAN

Los hombres

no saben repartir su eternidad,

los poderosos

siempre creen que la muerte es su fortuna

y amontonan el tiempo detenido en la espada.

Pero la tierra los espera,

allí les tiene juntos

todos,

todos los huesos que amueblaron el mundo,

allí les tiene intacta

el hambre que no pudo llegar a sus palacios,

allí les tiene limpia

el agua de limosna que le dieron al llanto,

allí les tiene tibio

el beso que une a veces dos abismos...

 

RESCATE DEL ORIGEN

Lo creado por el espíritu es

más viviente que la materia

Baudelaire.

 

TEMÁTICA DEL UNO

Fijo de arder quemando calendarios;

repentina unidad, plural sin tregua;

nos devora creándonos, amándonos,

quitándonos la nada a temblor puro.

Es que nadie, nadie,

espacio de mis huéspedes secretos,

nadie podrá ofrecerte

tanto calor antiguo,

tanto origen despierto;

despertarte, es eso lo que quiero,

despertar

la cantidad de muertes diferentes

que acumula de pronto una caricia.

No estoy hablando

de aquella piel que se construye a besos,

estoy hablando

de la profunda

atmósfera de bodas que dormida

tiembla plural pero regresa al Uno.

 

SEÑAL DEL INICIADO

Inquilino remoto de mi casa terrestre,

ya era yo antes

que aquel minuto adánico, profético,

en que sangrara la primera herida...

la primera de amor... suma de pueblo.

Hablo de ayer porque también soy hoy,

llena mi hoy la infancia de la tierra;

hay un huésped en mí que está despierto

desde que yo no era...

es un huésped:

más antiguo

que la piedra,

que el aire,

que las aguas,

que el fuego.

Porque todo...

todo vino después...

Sólo él...

siempre esencia,

pensamiento.

Todo en el Uno...

él vibrando,

y haciendo todo al vibrar.

Por eso soy tan viejo cuando pienso.

Yo no existo naciendo.

Yo creciendo no existo.

Soy anterior al tiempo.

Soy antes que la Nada.

Soy mi huésped.

Yo soy.

 

UN CABALLO GALOPA

Un caballo galopa,

que nadie lo espere, que nadie lo persiga.

Su cola es tan antigua

que antes de que la hiciera temible en las fogatas,

le inventaba ya al náufrago en los mástiles

peligrosas banderas invisibles,

con su respiración huracanada.

Un caballo galopa.

Que nadie lo vigile.

Que hace ya muchos siglos que trotó por la tierra

y se quedó en las venas del hombre

galopando.

Y va por dentro, pero no encerrado...

Lo sentimos,

lo vemos...

va corriendo sin tregua.

No podemos tocarle.

Porque galopa alto...

y mucho antes

que el tiempo,

mucho antes

que el hombre y la palabra...

Un caballo galopa,

a lo lejos su cola, ya infinita,

se prolonga

en cada nebulosa

haciendo caracoles siderales,

caracoles que tienen

un rumor interior, un inefable

rumor de terco océano,

tan vasto,

tan visible,

tan secreto

que sólo los cadáveres lo escuchan.

 

LA MAREA SIN TREGUA

Alegre de huracanes peinadores del bosque,

desnudaba su grito vistiéndolo de alas,

sus veinte años

pegaban besos como botones de avaro...

Pero de súbito

dejó la piel igual que la culebra;

se incorporó como un árbol,

no se vieron sus pies:

eran raíces.

Y antes de que sus redes abrazaran

el océano,

sus ojos ya venían de regreso

abarcando distancias

y trayendo

pájaros nunca vistos,

y orígenes redondos como el génesis,

sin salida también

como la O inventada por la muerte.

Porque él sabe,

lo comprende,

lo comprendió desde que no existía,

que en nuestra sangre hay algo de aquel juego,

algo de aquel impulso,

de aquel ritmo que huye y que se acerca,

que viene y va, quizá como las venas,

que está grave

jugando al aro con los universos.

 

LA CARGA

Mi cuerpo estaba allí.., nadie lo usaba.

Yo lo puse a sufrir... le metí un hombre.

Pero este equino triste de materia

si tiene hambre me relincha versos,

si sueña, me patea el horizonte;

lo pongo a discutir y suelta bosques,

sólo a mí se parece cuando besa...

No sé qué hacer con este cuerpo mío,

alguien me lo alquiló, yo no sé cuándo...

Me lo dieron desnudo, limpio, manso,

era inocente cuando me lo puse,

pero a ratos,

la razón me lo ensucia y lo adorable...

Yo quiero devolverlo como me lo entregaron;

sin embargo,

yo sé que es tiempo lo que a mí me dieron.

 

SUMA DE LA NADA

Viejo cuerpo, ya sé que me soportas...

¿Pero dónde tú escondes mi nombre verdadero?

Porque yo sé que hay dos aquí en mi carne,

y hay uno de los dos que no descansa, que no duerme,

porque también

está buscando al otro que en ti tiembla.

Te estoy hablando ahora de, aquel que cuando canta

está usando la muerte para vivir de ella.

Barromanuel: cordura de mi hambre,

carnívora frontera, disfrazada de mí,

yo que a veces te gasto en las alcobas.

que quepo en tus secretas calorías,

allí donde de súbito tu sexo

llora de eternidad dándote forma,

yo sé también que aquello te da el límite

de un beso triste como la moneda

en que cabe la historia arrodillada.

Mas a pesar de que además no mudas

en caricias de juez duermen espadas,

allí,

como diamante aún sucio de virgen,

en el Uno profundo de tu barro

donde duermen despiertos los Pitágoras,

allí donde tú escondes

la soledad plural de tu estatura,

hay un oculto costurero uniéndonos, que a veces

abre ojales de gritos abotonando espacios.

Ya ves, analfabeto barro mío,

no se cansa el reptil que en nuestra sangre nada,

el simio que de súbito nos creció en un detalle,

y toda,

toda la zoología, toda,

de golpe se nos cae y, de rodillas

como una novia que quisiera besos,

nos mima,

nos adula,

se nos pega,

pero cae,

se nos cae ante el Uno para siempre.

Carne de mis notarios, ya sé que se me van

con tu tamaño de ataúd mis ojos.

Ellos se van, pero verán más cosas...

Te quedas ya, pero contigo andan.

Hoy comienza tu ayer.

Hoy fuiste siempre.

Tú con tiempo y sin él.

Mi nada sólida.

 

A UN RECIÉN NACIDO

Naciste arrugado, triste, sucio, casi desperdicio;

ya no me cabe duda,

antes de llegar al mundo

te pusiste a pensar y envejeciste.

Después, con tu mañana al hombro,

era ya inevitable

tu doloroso viaje de raíces.

Sin embargo, tu equipaje de carne y huesos

no es __y tú lo sabes__ lo más pesado;

tú has llegado a la tierra

con algo de tornillo esperado, con algo

de ventana hacia adentro,

todos los hombres

buscan su cara en tu llanto,

buscan su luz en tu noche.

Anciano de un minuto,

dame tu experiencia, dame las exactitudes

de tus veloces duendes genitales, dame

tu imperdonable viaje,

tu mirada capaz de lavar un delito.

Habla conmigo;

que yo aún no he hablado con el hombre.

 

DOS ANTITIEMPOS SIAMESES

I

La eternidad del origen

justifica lo efímero.

II

Ya lo ves, sanguijuela,

te estás poniendo eterna con mi sangre.

 

NO SABEN SER ETERNOS

Estos viejos mendigos de su propio bolsillo,

con su fortuna llena de difuntos,

no conocen

su más oculto huésped...

Lo vigilan sin tregua cuando nunca fue tiempo;

lo guardan en el fondo de una llaga contenta;

lo tienen siempre náufrago en gotitas de párpado;

lo disfrazan de pobre para buscar al hombre;

le juegan en un dado su eternidad de juez.

Estos no vigilados, lujosos pordioseros,

no saben desnudarse con la mano ocupada,

se sacan de su smoking peligrosa la selva,

pero todos los ruidos de este siglo

se juntan

en sus viejos testículos donde mueren fortunas.

 

LA LÁGRIMA

Este ojo profundo, solitario,

aparentemente suelto...,

viene viajando por entre carne y huesos,

lo esperan

párpados y pestañas, su ventana física,

pero es posible

que esta gota secreta con todo el mar a cuestas,

no salga nunca...

Muchas veces estas raíces

se quedan enterradas como fieras que aguardan.

Sin embargo,

sabemos que la lágrima está hecha

con un poco de agua y sal nocturna,

pero fuera del cuerpo no la fabrica el hombre;

los alquimistas y los arzobispos

fracasan como niños, no pueden

ni siquiera sudar la equivocada

lágrima de la frente...

Pues

todavía no saben

en qué sitio del cuerpo nace el llanto.

 

LO QUE GUARDARON

Ellos van dejando poco a poco

lo que nunca quisieron entregar,

lo que guardaron,

más que en el sitio avaro,

en aquello que el tiempo no se atreve...

Ellos no lo sabían,

pero fueron dejando como la culebra

la piel de su palabra,

y ahora

se mueren hacia adentro,

hacia su abismo,

de donde a veces sale una sonrisa

lo mismo

que el cadáver de un náufrago relámpago

 

FETO

Difunto arrepentido

que abandonas de pronto tu sepulcro y tu cuna,

si en tu pequeña historia de encerrado

está la edad del mundo que se paró en dos patas;

tú que naciste anciano

y te llenas de pronto de futuro,

tú que llegaste envuelto como un secreto náufrago,

tú,

contrabando de bodas que humillaron a besos

tú que sucio naciste con tu cuerpo enredado,

tú que llegaste

con tus patas sin uso pero llenas de viajes,

tú,

desterrado del lápiz feroz de los notarios,

tú,

buzo anfibio que traes agua virgen profunda,

tú,

semilla de planeta carnicero,

viejo feto, sonámbulo del vientre,

todavía te usa la sonrisa enfermera;

la sonrisa es aún

la almohada con que duermen el monstruo de tu ángel,

es la almohada

donde aún se acomoda tu fracaso de puente,

tu teléfono roto

para el diálogo urgente del alma y la materia.

 

ESPEJO

Ensuciaban el aire profundo del espejo

las cosas familiares de mi cuerpo;

pensamientos mohosos de mi cuchillo inédito;

mi poco de esqueleto cuando río,

arrugas de mi ropa que suben a mi cara;

buzos en una gota de mis párpados.

Luego,

me fui quitando cáscaras,

y el espejo a ponerse ya más limpio.

Al fin quedé desnudo,

y fui al cristal para mirarme puro,

pero no pude verme...

Entonces, di la vuelta,

quise ver las espaldas del espejo,

y me encontré conmigo.

Quise vestirme pero fue imposible,

no podía vestir la transparencia.

 

CRECIMIENTO HACIA DENTRO

El vuelo, no el ala. La sed, no los ríos.

El alma,

no la forma,

no lo físico,

no el cuerpo.

Oh, materia que fuiste siempre secundaria.

Tu pobre presencia,

tu espacio limitado,

tu ley acostumbrada,

tu mañoso,

tu terco

respirar a reloj, están gritando:

fue primero la esencia, no lo manifestado.

Fue primero lo libre, no lo reprimido.

Entonces,

para qué insistir en lo medido,

en lo que a cada paso

nos dice que lo accesorio

es lo que por ser lo incierto

da vueltas falsas

en torno a lo seguro, a lo único...

al Uno permanente,

pero sin tocarle,

sin relacionarse con la Eternidad.

 

BONZO

Todos los animales le tienen miedo al fuego.

Sin embargo,

debe haber algo,

algo que se da el lujo

de ser materia,

tiempo,

movimiento,

para que el fuego diga: yo me llamo...

Es que el fuego

no ha existido nunca...

El fuego existe ahora.

Viejo bonzo,

ayer te sepultamos autocarbonizado,

y hoy me encuentro contigo deshollinando el día.

 

EN LA CASA DE OCTAVIO EL ESCULTOR

He salido sin tiempo de la casa de Octavio:

sucia de eternidad me hallé su ropa;

sus dedos modelaban, pero no,

no modelaban;

su mano

estrangulaba el tiempo de la arcilla;

sus dedos intuitivos, regordetes,

horrorosamente bellos

sin que lo sepa el ruido me decían:

que debemos dormir para escuchar la piedra;

que no nos asustemos,

que no son monedas falsas

estas gotas que Octavio va sacando calientes

del ojo de la estatua.

Sus dedos me confirman

que la voz no está en la boca,

que hay que inventar de nuevo

lo que no se ha callado,

porque la tierra es niña todavía

y los dedos de Octavio más antiguos

comienzan a formarla,

a ponerle su nombre verdadero;

todo comienza a ser cuando se arremolina

en el viento constante que circula

en las puntas de sus dedos;

siempre viajeros puros, casi vírgenes

por entre los ladrones

que repentinamente se arrodillan de miedo

mientras Octavio silba

porque crecen sus manos,

porque sus manos cantan bajo la tempestad,

la feroz escultora:

la que pule y modela con viento el Universo.

 

PANTERAS

Afuera, como perros con su hueso,

cien panteras lamían su esperanza esperándonos.

Encerrados estábamos tres hombres;

nos tocamos los tres el apellido,

nos pesamos el odio en cada ojo,

nos tocamos también los pantalones,

para saber si allí estaban tres hombres,

para saber si estaba

entre cuatro paredes

la muchedumbre de tres hombres tristes,

mojándonos a veces el futuro

con un agua de instinto corporal.

De pronto, una de las panteras

entró para mirarme, nosotros

también la contemplamos, su hermosura

era la del abismo iluminado,

pero volvió a salir, no tenía hambre...

Nos paramos de súbito para ver los felinos,

ellos iban ya lejos, no pudimos ya verlos.

Nosotros

comenzamos entonces a mirarnos,

a registrarnos con el olfato, con los ojos;

nos fuimos al espejo para ver nuestras caras,

y en el espejo vimos tres panteras

en vez de nuestros rostros.

Yo me puse a escribir para calmarme.

 

TELÉFONO

Río inmóvil, secretamente rápido,

por tu alambre también llegan abismos...

Vena que te desangras agrupando distancias,

amor precipitado en monosílabos

como un río de flautas destrozadas.

Por tu plural y organizada oreja,

huyen como relojes asustados

sexos municipales que extravían

escaleras que suben sin sus huesos...

puertas que nunca tienen domicilio,

todo el mapa en un beso equivocado.

También por el cadáver de tu río

van y vienen zapatos invisibles,

dormitorios profundos como un viaje de nichos,

boda obligada a cotizar su semen,

mientras tanto

salen de las almohadas golondrinas,

trenes que olvidan novias orinando,

y tú indefenso, como los difuntos

soportando discursos con herencias,

Soportando

escupido, insultado, deshonrado

asesino y honesto, inocente y cómplice,

tú,

que fatigado estiras tus alambres,

tus chismosas,

tus infinitas piernas

de fantasma encerrado que gobierna horizontes.

 

HABLO DEL YO

No. Todavía no.

Pero cuando tengas todo

sin deudas mentales ni físicas,

cuando tengas la higiene necesaria

para que puedas pensar en aquello

que no es todavía tu problema..

desde ese momento (aunque ahora

no lo comprendas)

tú notarás que ya no me necesitas

y entonces me iré.

Pero ya, sin ayer ni mañana,

tú estarás más cerca de mí

que cuando yo estaba contigo.

 

EXISTE

Hablo sólo del tiempo,

del límite,

la forma.

Pero enterrad los ojos.

Existe sólo aquello que nunca hemos mirado.

 

SABOR DE SOMBRA

Quise desenterrar mis lentos sueños,

quise hacerlos manuables como el hambre y el trigo,

quise tal vez que un poco se ensuciaran,

mas, también,

que hicieran lo posible por quedarse desnudos

sin que el reloj lo sepa.

Esto quizá me hubiese dado un poco

del aire servicial que hace la historia

de las banderas,

el mismo,

el aire que hace a veces que no muera un caballo,

el aire,

el que respira a veces por un ojo el astrónomo.

Pero alguien...

Alguien toma la noche como pañuelo oscuro

para secar la nada que concentra

profundidades de humedades mías.

 

LA CANCIÓN DEL UNO

Temo ver las hormigas

porque cuando las miro

se ponen de mi tamaño.

El Universo

baja hasta mis ojos

porque quiere

vivir más...

Comprendo.

Hasta que todo

lo que me rodea

no llegue a mí,

aún no es...

 

¿QUIÉN?

Alguien me dice:

—Tú estás al revés—.

Precisamente,

he virado los naipes

porque todos tienen el rostro mío.

Pero ahora... Pero siempre.

¿Quién me puso de trampa

en el juego más alto,

en el perpetuo?

 

MI TRANSITORIA AMANTE: LA NADA

El sexo de mi padre me escupió sin permiso,

por su ilustre saliva resbalo todavía...

Pero antes...

antes que el viaje inmóvil de mi feto

concentrara horizontes en el vientre,

dormí contigo oculto, concubina del tiempo,

nada precipitada de líquidas delicias,

cuando aún no sabía que el océano era

una gota animal que se caía

mucho más que de un párpado, de un odio,

pero como una boca que está llena de besos

y en uno

los da todos...,

he juntado silencios en un sitio del pecho

y los solté en tu cuerpo, como los pescadores

cuando pescan carnívoros relámpagos

para de nuevo echarlos a las profundidades.

Sin embargo,

yo siempre,

yo mismo,

parecido a los dedos buscadores de piojos,

te busco como algo que hace tiempo molesta

Pero ahora...

Mientras te husmea el número que piensa,

mientras de noche inquietas al instinto,

yo te cuento los años en mi carne;

tu profunda estatura va en mi metro de huesos,

tu silencio en mi cuerpo tiene un ruido de hambres,

tu espacio no se mide si tu espacio es mi grito,

y quien toque mi frente tocará lejanías,

tocará tu distancia...

Pero,

sabemos que, además,

cuando el cuchillo busca caminos en la carne

como si persiguiera conversar con tu origen,

hay también un después que en tu hueso es un antes...

En tu hueso que es mío,

cuando a mi cráneo con amor le digo

Sitio de mis abismos, ¿dónde tienes

lo que abarca profundas lejanías

¿Dónde está lo que encierras si está libre?

¿Para qué entonces tú, si él es espacio?

Tus paredes están llenas de tiempo.

Puedo medir tu piedra y tu existencia.

Comprendo que también a cada instante

te doy un poco de lo que sucede

en un rincón cualquiera de mi cuerpo.

Comprendo

que mi novia está en ti cuando yo estoy sin ella.

Comprendo

que de repente aquello que te llena

de monedas de astros tu alcancía,

también se va por el calor de un seno

y se queda de reo entre dos besos

o se adelgaza como una mano fina

que acaricia las cosas que yo tocar no puedo.

Lo comprendo...

Sé bien que piedra tú no eres a veces,

que tú a ratos

tienes mucho de mí...

mucho de aquello...

Basta con que tú seas mi distancia,

si tú estás en el pan que no me dieron

y en el beso caníbal

que nos da la mirada cuando ama.

Pero cráneo,

tú que eres

hoy la piedra mayor del esqueleto,

la más alta del bípedo arquitecto,

la más civilizada de las piedras...

la más honda de nuestra arquitectura...,

eres también

la más vieja de todas las cavernas...

Sí, hermano,

tú fuiste la primera,

la primera guarida... ¿me comprendes?...

Sin embargo,

no hace mucho tiempo...

hoy,

ahora...

sale de tu caverna el pensamiento

como hace muchos siglos que salía...

El hombre lo vistió de caballero,

le puso togas y le dio palabras...

Pero es inútil, sí, lujo lo manso.

Tu más viejo inquilino, cuando sale,

sale de tu caverna con más dientes...

Es el mismo, ¿lo ves?, tu primer huésped

que sale como ayer de tu guarida

armado de cariño y luz felina.

 

SITIO DEL SUEÑO

¿Hacia qué levantados designios nos lleva el gran viento,

el gran viento de astros gobernados por ritmos ocultos,

por los ritmos eternos que también en la sangre conducen

los temblores del hombre, con sus dudas, sus duelos, sus sueños?

¿Con qué amago de lumbre terrestre no reposa el destino

en las múltiples formas de cosas y bestias que luchan

con un soplo inviolable, el instinto? Y es aquello

lo que pone en la sangre universos, lo que está todavía

resumiendo infinito en las venas. ¿Y en qué lengua recoge

lo que viene de lejos y tiembla, lo que tiene un idioma

y hace sílaba al pulso? Voy a ponerme ahora a decir cosas

que son siempre del niño. ¿Pero es que todavía no soñamos?

¿No está aquí la distancia?¿ No ve el hombre un tumulto de alas?

¿No ve los grandes pájaros que de pronto aproximan edades?

Y veremos los días gigantes en un poco de llanto.

¿Será con ese puro diamante que se cae de los párpados

que podrán las espadas lavar su filo? Oigo ahora

un huracán social, un empujón de auroras bajo el luto.

Y hablan del mar las venas, y oigo el mar de mañana, lo traen

del tamaño de un grito; tiene ahora estatura la fiera...

Pero- es niña la fecha, y algo duerme en el hombre; no duerme,

se despierta asustado, porque el aire ya es hombre...

Venid a ver ahora lo que hace el aire, el hombre;

los átomos que caen traen el sueño vestido de vacío.

Mirad allí un insigne montón de huesos rotos. Yo busco

los caminos del mundo. Pero todos los caminos del mundo

duermen bajo el inmóvil tumulto de esqueletos. Duermen,

pero no para siempre... Esperarán mañana, porque hay sangres

que no se van del cuerpo, porque hay sangres que sólo

pertenecen al mundo. Mirad de pie ese ocaso, que ahora

las grandes barbas del Tiempo se salpican de venas;

tiemblan como banderas que van hacia la Historia.

Y una cosa está allí, que a la puerta del sueño reposa,

y su plural silencio, que tendrá para el hombre sus signos,

porque de allí los pueblos con el árbol de claves de oráculos

hablar podrán de cosas que hablan sólo la bestia del aire

y la lengua del fuego que repite prehistorias oscuras;

porque aún a los hombres los están ensayando los dioses;

porque aún al instinto le preparan su sueño despierto.

Se aproximan los días que rigen los secretos eternos.

¿Es que aún nos esperan? El agua que hasta ahora es una infancia,

y el trigo que hasta ahora es un poco del día en la mano,

y el aire que hasta ayer fue franciscano; y el sol que todavía

dora el tiempo en la piel, la piel que se nos cae en la palabra.

Alguien mañana nos juntará en un grito. Pero mañana...

¿Qué nombre tendrá el trigo? Y qué sabor, si siempre

lo ha de abonar el polvo de los cráneos anónimos? Mañana,

¿qué nombre tendrá el río si viene de los párpados? Pero hoy...

¿qué nombre tiene el día, si su terrible luz viene del átomo?

Mas es joven la sombra, y es anciano el aliento que trae

latidos que preñan de cosmos las cosas pequeñas...

Allí donde las piedras resumen palabras distantes;

allí donde las piedras resumen espacios y ritmos;

porque allí, solo y siempre, hallaremos al genio sin forma

sacando continentes de las nieblas que fueron principios...

Venid aquí a mirarlo los que no conocieron su esencia,

los que llegaron tarde, y asustáronse a fuerza de lámparas.

Venid aquí a sentirlo, su semilla revienta futuros.

¿Pero con qué soñamos, con qué nos crecieron las cosas?

¿Está allí lo primero.., lo que ha tiempo tembló para hacernos?

Venid aquí a mirarlo. Llega por todas partes. Lo trae

con su duende de piedra la Esfinge. No duermas,

esqueleto del Tiempo, que naciones encarnan sus fósiles,

que hay un rumor de huesos que levantan pesados derechos.

A la puerta del pulso crecen ya anunciaciones que esperan

la palabra exprimida en la horca. Pero está aquí el olvido...

en la ruina que vence al pasado? ¿Con qué feto de sueño

se quedaron los ojos? ¿No está allí el sacrificio temblando

en el sacro resumen del día que lustra la lágrima?

Porque aún está haciendo su alba la vejez de la ola.

¿Por quién, sino por ella, por la noche? ¿Pero está solo el hombre?

¿No estará en su partida? Tercos golpes oscuros lo asombran,

y de pronto, en un punto, en la herida, junta todos los siglos;

mas tal vez, por la herida, sale, en vez de la muerte, la aurora.

Venid aquí a mirarla, donde el reloj es tonto todavía...

Aquí el tiempo no puede marcar la despedida... no puede

luchar con estas cosas... porque hablamos de aquello...

del gran viento que viene sin fecha.. .Así sólo mañana,

nos hallarán lo mismo si hablamos de estos niños, porque siempre

apedreamos al Tiempo con la piedra profunda de la Esfinge.

 

EL ESCULTOR CIEGO

Pese a que no la ve, pone a ver la materia;

la trata como a un secreto inevitable;

sabe donde está el vacío

esperando la vida;

no vacilan sus manos de ciego;

no tantean sino tientan.

van precisas al sitio informe,

y lo llenan,

lo conforman,

lo crean

No sé si está durmiendo,

no sé si está despierto,

pero de sus huesos

salen pájaros blancos

como vuelos lavados por su noche.

 

AMNESIA

Por no tener memoria es que soy original.

Por no tener memoria es que soy creador

anterior a la forma y a los números.

Todo recuerdo es límite,

tiempo,

defunción.

Mi cuerpo es un ayer,

mi yo: mi siempre.

El olvido es mi soy, mi sí perpetuo.

Existo cuando no recuerdo.

La luz me piensa pero ella es tiempo,

ella no sacrifica su esplendor de forma.

Yo existo cuando no pienso.

Cada vez que recuerdo soy cadáver.

 

LOS HUÉSPEDES SOCIALES

Como nunca he creído que el Huésped que llevamos

por dentro es un extranjero, para nuestra vida exterior,

cuando logramos despertarlo confirmamos que lo hemos

ofendido gratuitamente al dejarlo dormido en nosotros

mismos. Pero al mismo tiempo nos agradece el ser

despertado, porque paradójicamente es nuestra liberación

individual. ¿Es esto lo que también en la masa procuran

despertar Los huéspedes sociales? Ellos están íntimamente

ligados a ese proceso porque —directa o indirectamente—

su culminacion es la Unidad Universal.

Pero como la metafísica —por otra parte— es mucho

más vieja que el hombre, llegamos entonces a esta inevitable

pregunta de Whitman: Si el cuerpo no es el alma, ¿qué

es el alma? Lo que equivale a preguntarnos: Si el Ser no

es la sociedad, ¿que es el Ser?

 

RULETA

Señores profesores, ahora mismo,

psicoanalicen muebles, máquinas, porotos,

porque mañana es tarde...

La Iglesia va camino de ser pobre,

la sotana no quiere comer ya

con la mano derecha,

Cristo era zurdo... la derecha engorda...

y el templo está en el cuerpo que está a dieta.

Yo vengo del velorio donde orinan los ojos

y donde la inocencia contagia a los difuntos.

Voy a encender un fósforo

porque hay odios que nunca los encuentro de día.

Voy a poner mi espalda frente a mí

porque ella es la memoria de mi sombra indefensa.

Tiene el hombre dos patas pero mata con cuatro,

odia con cuatro, come con cuatro, con cuatro fornica,

pero no se parece al animal...

La memoria del animal es la memoria del espejo.

El animal es inocente como una espada.

La espada es el animal de los metales.

El árbol crece cuando yo lo miro,

es animal cuando me llega en mueble,

se animaliza cuando ya es la cama.

Pierde prestigio el animal si piensa.

Pierde el conejo el ángel

de su diente sepulto en zanahoria.

Pierde el caballo su montón de niños,

su relincho capaz de curar curas.

Pierde el burro

los soldados herbívoros que duermen en sus dientes.

Mientras tanto los dedos de los monos

hablan con piojos que parecen novios,

el idioma del chivo está en su cuero:

en el pellejo del tambor chismea,

pero no es el chivo

el único difunto que molesta,

pululan como moscas y se posan

en la mesita de tres patas tantos

que el zacateca de los cementerios viene

disfrazado a buscar sus inquilinos.

Y allí están todos, pero no están gratis,

son invisibles, pero allí están sucios.

Notarios con olfato de cuadrúpedo

ponen el ojo en la nariz atea

porque hay gusanos en el cielo y saben

que hasta el cadáverde la rosa hiede.

En resumen: que el poeta

es el más limpio de los animales

Un guerrillero inédito, dormido en el estómago,

sale de pronto como el sarampión,

irrumpe entre bigotes académicos,

mete el fusil hasta la prehistoria,

pincha el pecho del Rey, y mientras se desinfla,

le dice a un carpintero:

— ¿Cuánto tiempo te lleva hacer mi cruz?

—El que tiene tu cuerpo.

—¿Y su precio?

—Dame el aire del Rey.

—Pero el Rey ya no existe.

—No te pido el reinado, pido el aire.

Hay fantasmas que duran más que el cuerpo,

aviadores que vienen de más lejos que el cuerpo,

dos mil años quizá para un fantasma

es demasiado... pero Cristo aguanta.

Mientras exista

una fe remendada con trapitos de infancia,

una locomotora escondida en la rosa,

una escoba mental, bruja en el cáncer,

un guerrillero de sonrisa a plazo,

un terremoto con un lápiz triste,

un automóvil que se me arrodilla,

un bonzo que entre llamas da clases de alegría

y asusta a la materia mendiga de este siglo.

Mientras existan los fantasmas sólidos,

un sirviente del sueño es un Señor... Pero...

este lujo es difícil, nadie quiere un Señor...

no le sirve al político ni al amo de la tierra,

ni siquiera al psicólogo de oníricos maricas.

Pero precisamente,

éste es el día que por limpio estalla,

el poema no escrito que está lleno de espacios,

lo no condicionado, venenoso de puro.

Se siente ya el olor de lo que viene

en el clima no sólo del que lava silencios,

hay difuntos con sueldos y con votos

y hasta sentados entre camaradas.

Yo, todavía,

con permiso de hoy, me pongo triste.

Y no invento mi yo, yo no puedo inventar

lo que es más viejo que mi esqueleto,

esta piedra en pedazos que cada vez que cruje

humilla mi pequeña eternidad de carne.

 

III

Anécdota la mano cuando tiembla.

Abismo con horario cuando piensa.

Piedra es amor cuando se mira el hombre.

Reloj el ojo que acaricia... pero...

Amor no es tiempo, lo deshace a besos.

Amor es un mendigo peligroso,

pide forma de luz.., llega con ella,

y ella viene en la ola, tiembla y huye;

cuando se va de una sonrisa al odio,

cuando tiembla en el miedo de la infancia,

cuando aparece deshaciendo entuertos,

cuando pregunta qué es el mar y es ella,

ella que llega y no sabemos cuándo

se va y se queda y se destruye a besos,

cuando no quiere suceder y tiembla,

cuando la duda la atosiga y tiembla.

cuando la juzga la razón y tiembla,

cuando la sangre la aprovecha y tiembla,

sólo no tiembla cuando viene sola,

es unidad y sucesión a un tiempo,

su soledad es revolucionaria,

huye de ella para ser... y siendo...

La luz se aburre donde el ojo es burro.

Donde el vacío tiene cosas raras,

por ejemplo: guardianes. Estos insectos

son anteriores a la mariposa,

llegaron a la tierra por descuido de alguien,

y ahora no sabemos cómo echarlos,

si se van, no comemos, si se quedan,

tampoco. Analfabetos como el río

que le quita la mugre a Don Hidalgo

y a Sancho su entidad popular de sicote,

no nos dejan tranquilos por dejarnos tranquilos,

pero el aire se ha puesto pantalones.

Ya se acabó llegar a los velorios

dejando en casa la mitad de uno;

ya se acabó dejar de ser

para quedar muy bien con el que sufre,

ese pésimo pésame ridículo

que se nos cae ahora como fruto podrido,

ese astuto inocente,

ese pésame lleno de alegría,

tan capaz de matar al mismo deudo,

ahora lo tenemos cibernéticamente de juguete,

cuando nos aburrimos

se lo ponemos de levita al niño.

Ya se acabó el vinagre con saliva de abeja,

a desmontar la ópera llega el jabón a tiempo.

Eso ya de planchar una sonrisa

para que suba un presidente inútil

se está estudiando en los laboratorios,

porque es un virus terco, pero amable;

se mete como el semen en la pata de la patria

y no la deja andar,

se la come a saliva aduladora;

lo sabe el guerrillero que trabaja en un hoyo

enterrando trapitos de este siglo.

 

IV

El agua de los ojos no se vende

pero el lacayo lava con ella los palacios.

Se puede en sociedad hablar del agua simple

pero en verso se niegan mis riñones.

Estos extraños alquimistas míos

quieren guitarra líquida, río no negociable.

Mis riñones,

ya enfurecidos como hippies, gritan: no queremos

la salud del caballo, gonococos insignes

dejaron bibliotecas en nuestra cañería.

Nosotros,

somos gente decente: no lloramos.

Sin embargo, tenemos en el cuerpo párpados atrasados,

los ponen sólo alegres los difuntos,

van al velorio como a los banquetes.

Es verdad

que hicimos orinar a Víctor Hugo

en un momento en que poblaba al mundo,

lo tuvimos en cuenta pero no arrepentidos;

con mierda ilustre hizo Quevedo a España,

la hizo popular como una estrella

que se cae en un charco:

letrinizó con trino, trago y tropo,

la salvó de morir de higienicida.

Pero allí estan aún arrodillando espadas

todavía lujosas pordioseras:

estoy hablando de las catedrales.

Sin embargo,

es demasiado ser ateo en verso.

Un minuto de cerdo sin mi asombro

es mucho para Adán, somos vecinos.

Cápsulas grandulonas van a Marte

cuando hace ratos que los niños fueron.

¿Por qué no usa mi sonrisa el odio?

Con ella puede fabricar cohetes

y quedarse tranquilo hasta que vuelva

la duda a perturbar y a construir

monumentos con ciegos albañiles

como Platón y Sócrates, al menos

puede la rosa denunciar sin celda

a tantos vagabundos con estatuas

y a ese mito de la matemática

que tanto daño ha hecho a la azucena.

Pero insisten...

Niños de teta de la vía láctea

con barbas como estrellas harapientas,

vienen y van en la rudimentaria

filosofía fofa de la hamaca.

En cambio, la calandria la mañana,

igual que una moneda sin espía,

nos la tira en el cuerpo, pero al hombre

la luz le pesa mucho en los bolsillos.

No la quiere... pero la usa...

Es pequeño el detalle. Sin embargo,

es como el de la avispa cuando visita a Einstein,

ella juega con él... pero lo pica

y agujeros le hace al infinito.

 

V

Hablo y sueña la piedra, piensa el árbol.

Las estatuas discuten cuando sufro.

El reptil se me sube, pero encuentra

en mi sonrisa un sanatorio gratis.

Esto también me pasa con las cosas

que me rodean en mi domicilio:

una silla, una almohada, una camisa;

a veces me preguntan cuánto cuesto;

quizá yo mismo

me repartí en la noche;

quizá yo mismo

lo que dejé en el tren o el automóvil,

regresó a cierta hora y les dio vida

a los objetos que de secundarios

pasaron a Manuel...

casi me llamo cuando se me acercan.

Trato de oler y de buscarme a ratos.

Trato a la noche

que me quita mi nombre a cada instante.

Era soberbio, pero está tan triste

la mañana en el filo de la espada.

Pasa un avión, es la caverna suelta.

Los virus de mi prójimo me llegan abogados...

Yo no respondo a la barbarie escrita.

Pájaros tan sencillos se ven por mi ventana

que no me atrevo a despertar lo sucio.

Temo tomar un tiempo

que no le pertenece al verso mío.

Por cosas metafísicas pregunto,

me responde el radar de los insectos,

no la sotana zurda... Sí la otra...

millonaria burócrata del cielo.

Así las cosas,

como yo soy testigo y testamento,

me pongo, por las dudas,

mi chaleco de fuerza y sigo hablando.

Debo ser generoso

con la escoba que ensucia cuando limpia...

Debo ser generoso

con el señor que en la letrina escribe

cosas más sucias que las que defeca.

Mas no le doy disculpas al smoking

lo condecora un tropezón conmigo;

debe saber que en el espejo dejo

un cadáver de mí que no se pudre.

Comprendo, sin embargo,

que ya me quedan pocas glondrinas

allí donde la astucia es pordiosera,

allí donde un hambriento diputado del aire

me tiene

agotados los pájaros de Bécquer.

Pero el niño que mira las estrellas del pozo

está viendo allá abajo las espaldas del cielo.

La gota de rocío no perdona

los equinos que hicieron que relinche mi frente,

ni tampoco

el avión que me mata los paisajes,

pero perdona si en el viaje viene

Jesucristo de píldora antiprole.

 

VI

Testigo de mi tiempo sobre un gajo de yerba

el ojo de rocío le da al hombre distancias.

—Trátame así, le dije.

Pero el ruido no quiso.

—Mira que voy a hablar de un testimonio.

Pero el ruido no quiso.

Siempre es difícil explicar lo simple.

Me puse entonces otra vez de trampa,

es un traje no mío, no me gusta,

no es mi tú, ni mi hoy, ni mi haber sido,

y esto no lo perdona mi estatura de triste;

me perdona los órganos sexuales,

me perdona la mano que me usa dormida,

me perdona que tenga la noche entre las piernas,

me perdona

sentarme en una duda que es un feto de abismo,

me perdona

hasta que ponga a ratos un poco de Manuel

en donde un raro

mellizo de mi yo me tolera la carne.

Sin embargo, comprendo

que perder un fantasma no es lo mismo

que perder tontos útiles...

Lo saben

los intestinos de Van Gogh:

tripas como vacías catedrales;

lo sabe

el pellejo que a besos me pusieron,

el que comienza

como enemigo a dibujarme mapas,

caminos traidores

que lentamente ponen esotérico a falo.

Ahora bien,

más de 60 años de huésped en la tierra

son 60 suicidios bien comidos,

sin embargo,

alimentar trocitos de muerte es masturbarse,

medio siglo cuidando ratones metafísicos

metidos en el cráneo como en una alacena,

voy sacando Manueles, retazos de mi asombro,

testigos en pedazos, espías sin salario;

allí en un beso se quedó una M,

en una duda se me fue la A,

las otras letras como huesos fieles de mi esqueleto,

no quieren repartirme, son Manuel hasta en contra,

y por alcobas y por trampas mansas

me buscan en trocitos como en espejo roto.

Hace ya mucho tiempo que soy una valija

sin estación pero con etiqueta;

respiro como un número,

mi emoción es un número,

soy un número ebrio.

Sin embargo, hay más muertos que vivos,

y esto ya es importante.

Los amos de la tierra que obligan a los números,

comienzan a dudar si están quietos sus muertos...

 

LEY

Víbora consentida y con sentidos,

ya sé que no conocen la ternura

de una mano indefensa y condenada

tu vejez de alquimista imperdonable,

tu razón peligrosamente limpia,

ni tu truco decentemente tóxico,

pero, ¿desde cuándo

caricia judicial, colmillo inmune?

¿Desde cuándo tienes horario disponible

para lavar cuchillos y enterrar inocentes?

¿Desde cuándo

condecoras ladrones con el pan del hambriento?

¿Desde cuándo

tienes guardado en libros el aire de los gritos?

¿Desde cuándo

te nacieron ovarios dentro de los palacios?

Virgen preñada,

desde que tú te acuestas con reyes y tiranos

hay prostitutas hasta en los birretes.

Desde que tú quisiste ser más perra que gente

hace tiempo que el pueblo no ve la primavera,

hace tiempo que el río

viene del mar y tú le inventas párpados...

Hace tiempo

que el átomo creció sin tribunales.

Hace horas

que el hombre va a la luna con el sudor del pobre.

Hace tiempo

la máquina es un poco de abogado insociable;

y hasta todos los días

hacen crecer el trigo por decreto...

Sin embargo, vieja tramposa,

¿quién te dio vela en este entierro?

¿Desde cuándo tienes horario disponible

para enterrar un verso?

 

UN RECADO PARA EL CHE

Los mendigos de América

saben que tu mirada mata microbios.

Los indios que no saben que tu piel tiene precio

te tocan y se llenan de distancias.

Sin embargo,

todas las ratas de América

todavía

se alimentan de tu cadáver,

devoran todavía

todo lo que al notario se le ocurrió que eras tú...

Pero aún

los roedores no están satisfechos,

quieren seguir comiéndote otras cosas...

Ellos saben que el muerto les costó plata sucia...

Pero buscan al Che por todas partes.

Te buscan en el niño que se muere de hambre.

Te buscan en el asno que se escapa con Cristo.

En la letrina donde evacuas leyes..

En el lavabo donde nunca hay jueces.

En el sepulcro vivo de una llaga por donde

sale huyendo la muerte de la vida.

Te buscan en el tábano que entre los pantalones

despierta a cada instante al millonario,

al que no te perdona que en tu sonrisa tengas

preparado un poquito de polvo raticida.

En cambio, los estudiantes,

en su oficio feroz de lavanderos,

son tan puros,

que se roban tu saliva

para lavar con ella cosas raras, por ejemplo:

testículos.

Mas, como tú bien lo sabes,

estamos llenos de velocidades,

y no sé si en el año treinta mil

te necesitaremos como ahora.

Pero por las dudas,

tú sigues con la escoba de tus barbas barriendo,

tú sabes que hay ladrones sin horario,

gusanos que en el queso hacen su nicho,

ruiseñores con sueldo que defecan el canto,

y una pesada atmósfera de ojos

que atraviesan paredes y amenazan el censo.

Sin embargo, son tercos, te buscan, insisten,

te buscan

hasta en la pantalla donde te prohibieron

para que no compliques el rostro de esta América

donde la geografía

se cuida como el cutis femenino,

y en donde

una pequeña protuberancia

perturba a las hormigas y queman pantalones.

Ya ves, inevitable Che,

por algo fracasaste

como carpintero de tu ataúd.

 

AMÉRICA ROTA

Pronto ponte a coser tu geografía

no la que por el río se te va para siempre.

Comienza a usar tus ojos que son vírgenes.

Te quedan sólo ahora tres minutos de historia.

Empieza ya a juntar tus pedacitos,

lo que te van dejando en el saqueo...

tus andrajos geográficos, tu cédula,

se llevan todo, menos tu cadáver.

Comienza ya a juntar lo que te queda,

tu vinagre intocable y desatado,

cicatrices que aún corren como ríos,

fronteras como venas que van hacia una espada,

como el mapa de un cráneo que bajara de pronto

hasta tu mano donde el hombre empieza.

Deja ya de dormir bajo los árboles,

poderosos no quieren que despiertes,

vigilan tu inocencia de poderes atómicos,

la cuidan como cuidan su huesito los perros,

o como los guardianes, a su barril de pólvora.

Pero los que negocian con tu hambre

te están enseñando a unirte.

Al sirviente gigante que ha crecido a tu lado

el crecimiento le quitó cordura,

cada vez que se mueve te aprieta el horizonte.

Cada instante que pasa sin unirte

es un poco de tierra que le echas

a tu cadáver vivo, a tu zombí...

Indefensos y hambrientos

tus inditos te esperan a la puerta del rancho,

pero resulta que no llegas

porque estás discutiendo en el palacio

pequeños intereses personales

con un nacionalismo de mendigo sin ojos.

Mientras tanto,

está bien que tú pongas los panes en el grito,

y que llenes un vaso con agua de tus ojos,

para luego,

a la salud de todos tus ladrones,

sin pedirles permiso te lo bebas.

Ellos dirán: "es puro masoquismo",

pero lo que te tragas es pura dinamita.

 

REO

Su sonrisa la buscan porque es bomba de tiempo.

Delincuente por hablar desnudo,

no por estar sin ropa.

Delincuente por no querer ser rico,

persiguen su palabra como el auto de un ebrio.

Sospechoso por sus cabellos largos,

el carcelero

le teme a su dulzura.

Peligroso por vago...

camina sobre el agua por no lavar el cuerpo...

Peligroso por llegar

en el tiempo preciso

cuando empieza la máquina a ser gente...

y la cosa a tener un apellido...

y el objeto

a ser más importante que su amo.

Peligroso por manso, temible por abstemio;

no consume...

Pero donde hay un robo del tamaño de un pan,

allí está su ternura delincuente.

He aquí el acusado y condenado:

quiso unir animales racionales,

echó del templo a los mercaderes,

un ciclón de monedas asesinas

cayó sobre su enclenque anatomía;

mas, ni los de su casa

(un nubarrón de sotanas),

pudieron con el mendigo...

Al contrario,

se adelantó 2000 años

al hippie y al socialista.

Y ahora mismo, lo tienen en la cárcel,

pero los que lo encierran

aclaran:

tiene ya 20 siglos, y todavía

no sabemos qué hacer con este joven...

 

¿CUÁNTO LE CUESTA EL CIELO A UN CAMPESINO?

¿Cuánto le cuesta el cielo a un campesino?

Diez velas para que llueva.

Otras diez para que escampe.

Un año de abstinencia sexual con cielicida.

Sólo un huevo en las tripas protestantes los lunes.

Diez pesos para ungüentos a las llagas

de sus rodillas:

que son las cenicientas de todas sus promesas.

Un caballo y un pollo para la sotana

y también la sobrina

por las dudas...

Mientras tanto,

empezaron los perros a ladrar a la radio.

Algo se está pudriendo.

Algo de pesticida tiene ya este ladrido.

 

EL ENTERRADO

Comenzó el escritor su obra maestra.

Un niño vecino se está cayendo de hambre.

El escritor trabaja sin descanso su obra.

Ahora está más grave el niño hambriento.

Empezó el escritor a podar su gran obra.

El niño está en coma.

El escritor resume, sintetiza su obra.

El niño está agonizando.

Ya sólo hay una línea en el papel.

El niño ha muerto.

El escritor sólo ha dejado el título.

Enterraron al niño.

El escritor

está de nuevo ante su página en blanco.

 

PAN Y CIELO

Cuando el primer ladrón dijo:

me están robando,

comenzó la civilización.

Pero la cultura le alargó los brazos,

tanto,

que el animal volvió a sus cuatro patas.

No importa que con ellas pise ahora la luna,

O le tome la fiebre a las estrellas,

O nos ponga en los ojos todos los horizontes.

No importa.

No importa.

Que un frac en cuatro patas va pisando los astros.

Que el monstruo no digiere los espacios que come.

No importa.

No importa.

Entre el pan y el mendigo hay más espacio

que entre el cielo y la tierra.

 

ZAPATO

No me llamo Manuel con los zapatos puestos.

Tú me enseñaste a andar como la gente.

Pero ya no voy lejos.

Por favor, tonto útil, sepulcro de kilómetros,

yo no te quiero cuando estoy de viaje.

Mis pies son tuyos, yo te los regalo,

te doy también el cuerpo, te doy toda

mi zoología para que la aguantes,

yo no soy presidente, sólo escribo durmiendo.

Por favor, tonto útil, amigo de mis callos,

déjame sin zapato este poema.

 

GOLONDRINA

Moneda cotizada por el cielo,

dale un poco de Bécquer a este siglo.

Dale un poco de aquello... No importa que el notario

escriba que ya es viernes si es domingo en el verso.

Ya no tendrá un horario que inquiete sus zapatos.

Ya sabrá por qué un beso le atrasa sus relojes.

Ya sabrá por qué a veces le ensancha sus ventanas

tu fugitivo cielo, tu luto de relámpago.

Pero basta, basta ya de metáforas. A su sitio los tropos.

La escoba no ha perdido su manía...

Y ahora...

Ven acá, golondrina.

Tú sabes que Pascal iba en burro a la escuela,

¿para qué va la Biblia en cohete a la luna?

¿O es que como el muerto que se va de este mundo

con sólo su espirita combustible,

con él mismo se va también el vivo?

Quizá lo sepa Armstrong que viajó con el libro.

Pero tú, ya lo sabes, golondrina.

Para ti, todavía,

son niñitos de teta los cohetes.

Tú vienes de más lejos. Tu luto es planetario.

Mientras tanto los chinos, panteras atrasadas,

estos Bécquer del Asia se comen tu excremento.

 

CRUCIFIJO

Jura el juez ante ti, ¡tú moribundo!,

el mismo juez que condenó tu hechizo...

Así es la cruz, infierno y paraíso.

Unos besan tus pies, otros tu mundo...

Pueblos juntó tu beso vagabundo,

odios juntó la ley cuando te quiso...

Mas hoy, también, en mineral, sumiso,

te saca amor de tu marfil profundo.

Ya no estás en la cruz, y allí estás fijo.

Sotana vive aún del moribundo...

Sale sangre social del Crucifijo.

Tú que te vas porque ya soy tú mismo,

mendigo que fortunas costó al mundo,

te llevas pobres, pero no su abismo...

 

EL ÚLTIMO HUÉSPED

Aquel hombre que,

más que por tus zapatos y tu pan,

murió por tu aire,

murió para que puedas hablar,

para que puedas moverte tranquilo,

para que no leas noticias escondido,

para que no escondas detrás de un cuando

tu nombre ni tus calzones,

para que tus manos prohibidas

puedan tocar la vida,

para que tu silencio

condecorado de remiendos,

no se duerma en tu catre donde tienes

arropado tu odio sin sueldo.