Víctima de un infarto, murió en la capital de Perú el poeta César Calvo, uno de los más destacados representantes de la llamada "Generación del Sesenta", y quien sufriera una larga enfermedad a causa de un grave problema auditivo.
Hace cerca de un año, su compatriota, el periodista Guillermo Thorndike, inició una campaña mediática con la finalidad de trasladar a Calvo a España, para que fuera operado. A causa de su enfermedad, el poeta percibía permanentemente insoportables sonidos agudos. La iniciativa fue respaldada por las firmas de importantes autores de todo el mundo, entre los que se contó con el argentino Ernesto Sábato, el mexicano Carlos Fuentes, el portugués José Saramago y el colombiano Gabriel García Márquez; sin embargo, tal esfuerzo no derivó en éxito.
Calvo, ganador del premio Poeta Joven de Perú (1960), nació en la selva peruana en 1940 y publicó, entre otros poemarios, Poemas bajo tierra, Las tres mitades de Ino Moxo y Poemas y canciones, obra, ésta última, que mereció una mención honrosa en el premio Casa de las Américas, en 1997.
Pese a su terrible mal, terminó hace apenas unas semanas, ayudado por la poeta y animadora cultural Cecilia Bustamante, su último libro, El sexo y los otros dioses. Inclusive, en febrero pudo presentar el guión de un espectáculo ritual sobre los mitos y leyendas del infierno verde.
La Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, sirvió de escenario para velar sus restos. Desde allí fueron llevados a un cementerio privado de la capital peruana, en un acto en el que participaron familiares, admiradores e intelectuales de ese país.
(En Letralia Tierra de Letras, edición nº 94, 21 de agosto de 2000)
HOY HEMOS ALMORZADO DE MEMORIA
Hoy
hemos almorzado de memoria.
De nuevo
de memoria.
Contando alguna tarde de provincia,
mi madre se ha quedado dormida en una alondra.
En una alondra antigua y silenciosa.
¿Quién
va a venir ahora, con la voz de esa alondra,
a hablarnos de la dicha y de las rosas?
Con la luz de esa sombra ¿quién va a venir mañana
a hablarnos del perfume radiante de la dicha,
dichoso
de las rosas?
Ya
nadie vendrá ahora.
Nos hemos devorado la voz de las alondras.
Ya
nadie vendrá nunca.
Contando alguna tarde de provincia,
hoy nos hemos comido para siempre las rosas.
Poemas bajo tierra, Lima 1960.
Dan las campanas tu recuerdo en punto.
Afuera se pasean las dos de la mañana.
Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
Desde el fondo de todo
lo que tengo,
me faltas.
Dan tu recuero en punto las campanas.
Y afuera se pasean,
de una
en una,
las dos
de la mañana.
Poemas bajo tierra, Lima 1960.
NOCTURNO DE VERMONT
ME HAN CONTADO también que
allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.
¿Es cierto que allá en
Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?
¿Y es cierto que allá en
Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?
O tal vez, desde Vermont
enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.
Ni el galope del mar; atrás
quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.
Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.
(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)
Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.
A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un silencio de jazz sobre la hierba.)
Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?
¿Es cierto que allá en
Vermont los geranios
otoñan las tristezas?
¿Es cierto que allá en
Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?
AUSENCIAS Y
RETARDOS
Ediciones de La Rama Florida. Lima, 1963.