La Nación, Miércoles 6 de Noviembre de 2002

El poder de la lectura
LA MAQUINA DE MATAR LECTORES
Por César Franco y Carlos Luis-(Simurg)-286 páginas-($ 20)
 

En un reportaje realizado en 1984, el escritor Ricardo Piglia sostenía que "la novela policial es la gran forma ficcional de la crítica literaria". El alter ego del crítico es un detective que trata de descifrar un enigma, aunque no haya enigma, "un aventurero que se mueve entre los textos buscando un secreto que a veces no existe". Años más tarde, en 1992, daba forma a esa premisa con la publicación de su novela La ciudad ausente , en la cual una máquina inventada por Macedonio Fernández generaba historias clandestinas que se inmiscuían, misteriosamente, en el orden de lo real. Piglia consolidaba un particular uso del género policial a través del reemplazo de los cuerpos del delito por las ficciones emanadas de una máquina, y forzaba a su detective a ejercer todas las argucias del lector sagaz, no ya para resolver un crimen, sino para comprender, quiméricamente, las formas de actuar del artificio literario.

.
La máquina de matar lectores , la novela escrita en colaboración por César Franco y Carlos Luis, es claramente heredera de esta doble pasión por el policial y por el artificio. La literatura ingresa en la trama gozando de un lugar privilegiado en el estatuto de lo real, y los misterios en torno a un crimen cometido en la Biblioteca Nacional conviven y se entrelazan con los misterios que encierran los textos literarios. La filiación con Piglia no sólo es evidente en el seguimiento y la brillante reinvención de sus premisas, sino que está explicitada en numerosos guiños cargados de humor: "Ricardo" es aquel personaje que despierta celos y admiración en dos investigadores protagonistas de la novela, uno de ellos de apellido Renzi, famoso pseudónimo del escritor argentino.
.
No obstante, si algo separa a la novela de su admirado antecesor es la superación de un riesgo que muchos críticos (con razón o sin ella) han señalado a propósito de La ciudad ausente : la novela de tesis en detrimento de la ficción. Si bien en La máquina de matar lectores abundan las referencias a la literatura y todas las historias giran en torno a agentes del mundo literario (escritores, investigadores, editores, etcétera), la ficción no es subsidiaria de un móvil argumentativo o metaliterario. La literatura o, más precisamente, la acción de leer y operar sobre la literatura, ingresa al fascinante juego de misterios de la trama sin ganar un lugar de autorreflexión desmedida.
.
En el nivel formal, la novela privilegia la narración fragmentaria, intercalando, en el trascurso de seis meses, las historias de tres investigadores y un escritor que se relacionan, de una u otra manera, con el crimen de un lector en la Biblioteca Nacional. El inspector Bazán, miembro de la policía, se obstina en probar que el lector ha sido asesinado de un golpe en la cabeza con el voluminoso ejemplar de Los sorias de Laiseca. Emprende por tanto un recorrido por el mundillo intelectual argentino en busca del poseedor del ejemplar asesino. Por su parte, el inspector privado Garófalo es contratado para rastrear unos cuentos inéditos robados y termina ingresando, sin saberlo, a la silenciosa guerra entre la Asociación de Escritores Inéditos y una editorial pequeña obstinada en lanzar libros electrónicos. Finalmente, la figura más atractiva de la novela, el "investigador literario" Reynoso, amigo de Renzi, llega a Buenos Aires en busca de una escritora de literatura erótica, escritora que no es más que una ninfómana escapada de la novela Aventuras de un novelista atonal , del también admirado Laiseca.
.
En el personaje de Reynoso se representa con mayor nitidez la hibridación entre la investigación policial y la investigación literaria, dado que su gran capacidad de lectura es la que lo traslada de su condición de crítico académico a su condición de rastreador de misterios literarios. Entre los casos resueltos por este investigador, consignados en sus apuntes, consta la resolución del sufrimiento de Gregorio Samsa, el personaje de La metamorfosis de Kakfa, mediante un tiro de gracia, así como la constatación de que ya nadie queda en esa Casa tomada imaginada por Cortázar en la década del 50. Reynoso deja constancia de estas tareas como si se tratara de una investigación privada pedida por encargo, pero lo cierto es que, a fin de cuentas, como sostuvo Laiseca en la presentación de este libro, asistimos a una verdadera reescritura de estos textos, en la cual Reynoso termina siendo un "Lector Tomado, aunque esta vez en el buen sentido".
.
Como en La ciudad ausente, Franco y Luis siguen una máxima macedoneana para pensar su máquina. La novela abre con un epígrafe de Macedonio "Lo que yo quiero es ganarlo al lector de personaje" y lo cierto es que la lucha entre Reynoso y la máquina que intenta asesinarlo dentro de un cuento se debatirá en el doble uso de esa máxima: ingresar en la ficción acríticamente y morir, o leer reinventando el texto. El triunfo de Reynoso no es más que la celebración del poder de la lectura, un poder recreado de manera lúcida y ocurrente por los autores.
.
Soledad Quereilhac