Al Borde de la estación

 

 

A Ednodio Quintero

Es verdad

que te estoy esperando

 

a nadie

le interesan estas sombras

 

cada momento

voy junto a tu cama

hacia ese apartamento

repleto de caballos

 

queda abierto el libro

ya no hay historia

sólo niebla caliente

el espejo girando

         y mis labios dentro.

 

 

 

 

                                    A Giovanni Quessep

En esta región

existe la arena

y del fondo marino

emergen cuerpos de conchas solitarias

 

al anochecer

se escucha su respiración bañando a la luna

 

la región es mía

el mar me devuelve bendecida por las algas

su aroma brota de mi cuerpo

cuando te espero dormida

               bajo los caracoles.

 

 

 

 

De este nácar

no saldrán perlas

 

como animal marino

que soy

comulgo en el agua

 

son muchos los ríos que desembocan aquí

y quizás me pierda

 

yo

probablemente llueva

 

te tocara mi agua

el recuerdo a mordiscos

 

eso

si no te cumbres.

 

 

 

Si yo te hablaba del pez

era sólo una forma

que apenas podríamos detener

 un brillo que se desliza

por toda memoria

y no otro

 

algo pequeño que se nombrara

con dos o tres palabras

 

la aleta rompiendo el agua

 

ese ojo único

 sin parpadeo

 

quise decir

                 sólo eso.

 

 

Las niñas dormidas en los estanques de Basho

en los que camino como un ungido por encima de las  aguas

 

a los peces se les tiene que imaginar

lo dorado

       un Goldfish o una moneda distraída

 

los dedos caen

            son gotas blanquísimas

y una luz va deslizándose hasta el agua

 

el suspiro de algún sueño

                  arropa a la más joven

 

ellas sustituyen la ausencia de los lotos

se las puede tocar y oler como si lo fueran

 

los estanques de Basho sueñan a las niñas

están solos esperándolas

 

si uno se desconcentra

            desaparecen

 

y la luna

      es así siempre

lo que ha de esperarse de un estanque japonés

aparecerá en la quietud del agua

      moviéndose

como una sombra blanca.

  

 

El Sur también era mío

bajaba tranquilamente

y escuchaba las voces

mezclándose en una canción

 

era lindo y tristísimo

completamente ajeno

de lo que yo venía

 

el Sur

me repito dentro de la tarde

 

cada hoja tiembla ante la débil brisa

 

voltear no significa nada

          en estos momentos

querida hermana

 

paso la mano

por la baranda medio oxidada

y me da grima

mientras el frío crece junto con la noche

 

es imposible leer ene este estado

tal vez

caminar un poco

seguir bajando hasta la Patagonia

donde todo es soledad

el fin de mundo

            

 

olvidar un poco

y alivianarse

 

si sigo caminando

¿daré la vuelta al mundo?

 

y después qué

 

tendría que bajar de nuevo

pasar por un país

   y luego otro

 

soñar con Buenos Aires

podría ser un círculo

que recorrería hasta el cansancio

 

un poco de miedo

sudan las manos

por momentos

cierro los ojos

logro verme en el balcón

sin cantos ni nada

solo la brisa

que bate el vestido mansamente

y vuelvo al Sur

       al Sur

          al Sur.

 

 

 

Llegan las lluvias

un miedo

se detiene en este invierno del trópico

 

la humedad gira en torno a nosotros

los días con sus noches tempranas

 

la noche empapada

que apenas nos deja

 

va abriéndose un camino

nos esperamos en él

 

una voz ronca lo avisa

 

desciende

 

hacia dónde

 

desde aquel lugar

se invoca lo lejano

el sueño delgado

y las pequeñas letras

que hemos escrito en tantas cartas

 

esta noche que se cierra

y ese empeño

en que la geografía

no sea más que un tiempo

para escribir

 

hay cansancio en esta lluvia de noviembre

un frío que se detiene

justo ahí

donde nosotros.

 

 

AUTOPISTA MARACAY-CARACAS

 

El agua de la estación

una bruma por el paso de los autos

 

la montaña apenas se ve

la delgadez y la constancia de las gotas

 

por allí

se encuentran todos los pasadizos

túneles de hierba

 

este

es el invierno.

 

  

 

A Juan Calzadilla

 La ranura que debemos dejar

            a lo que no imaginamos

 

vierto todo ello en esta habitación

donde el ventilador va despeinándome

de cuando en cuando

 

cierta forma de arrullo al girar

ante tanto pensamiento que salta

 

los treinta grados de marzo

                        en Maracay

y allí

casi tan cerca

 

todo me avisa que vendrá

 

entonces yo

frente  a frente ante el encuentro

que ocurre aquí

                 dentro

                      en la espera.

 

 

Es la hora

en las que las hojas caen

en un balanceo triste

 

me miro

en el agua que pasa

 

los labios

una serpentina

que brinda hasta el cansancio

 

Narciso viene a mí

me reconoce una vez más

 

mi rostro

con los ojos

 

una mujer habita en la ciudad

a veces

me confundo con su nombre

 

Sofía, Sofía

 

saber es una línea

que trazo en el juego

 

las catedrales

dijeron de los cuadros

         y de las canciones

 

las palabras inscritas en un monumento

                           Víctor Hugo

 

la campana suena

estoy dentro

 

tan tan tan

 

las catedrales son púrpuras

 

mis ojos duermen

y ven correr

caballos hermosos y salvajes

 

sólo en el cine los he podido ver

el cabello grita

se bate

 

en el agua

se balancea el cuerpo

 

Claudia Cardinale

en las pantallas de cine

 

Marcello:

Claudia sei bellisima

 

la Fontana

el abrigo alrededor

la sonrisa

para que él la abrigue

 

Marcello mi cintura te espera

 

las mujeres horribles en la noche

acarician lo oscuro

 

Julieta

puedo ser tú

nunca conocí tus manos

 

las de él

 

los espíritus rondan la memoria

 

girar para reconocerte

 

verle en la pantalla

 

Claudia

 

anochece

y no estoy contigo

 

ven pronto

busca en lo verde

en lo cálido del mar

 

las ostras se abren y se cierran

el Sur es un color que se entrega

 

Reverón

el aire limpio y alucinado nos pertenece

 

Miranda

permanece por siempre

en un sólo momento

 

mi país se abre como el mar

                   como las ostras

 

búscame en el negro

acaricia el nombre

permanece

 

la luna en un brillo tímido

 

el vestido

puede caerse

 

la canción suena

y estoy ahí

un lupanar donde todas estamos

 

Miranda

tu hermosa frente se desdibuja y te perfila.

 

 

 

Tendremos que esperar que esta sombra de noviembre se diluya

el aire se hace espeso en el paisaje blanco del caribe

a qué otro rumbo partir

el agua simple de la noche tocando la levedad de la mano

y está todo ahí, surcando la niebla transparente de la luz

el azul casi perenne al que estamos divinamente condenados

 

si hay una brisa que me empuja

es esta que viene del océano

me hace girar como niña y recoger caracoles que nunca más veré

 

todo está allí, quieto en lo blanco

lo que recuerde será intervenido por un carro de heladeros

que atraviesa la calle con un tango

por un camino sinuoso lleno de árboles y nieblas por donde se llega al mar

 

qué más iremos a encontrar

ese callejón donde nos fuimos perdiendo

agua salada repicando en los talones

 

mas ya no hay sino este paso

un minuto apenas donde encontramos decirnos

 

 

Todo calla afuera raramente

el calor del domingo

revuelve los objetos y nos adormece

 

las vueltas que doy en mi dormitorio

¿a dónde me llevan?

 

la cama como centro del diminuto mundo

donde se escribe este poema

 

¿cómo nombrar esta distancia

sin que aparezca este gesto?

 

hemos de detenernos aquí

cercanos al mediodía

 

quisiera encontrarte en otra parte

en Ciudad de México por ejemplo

con todos sus millones de habitantes

 

abrirme paso entre unos y otros

y llegar a una fuente

 

 

el ruido nos hará invisibles

en esa ciudad...

 

seremos humo también

un remolino pequeño

que levanta la ventisca

 

deberíamos volver a los puentes

 

a las ciudades atravesadas por el agua

 

hay un momento donde ya no hay giro

el vértigo d ela espiral

que nos asoma

 

había querido acortar las distancias

 

 

y eran papeles

palabras empapadas de tinta azul

y brisa.

 

 

TRÍPTICO DE PARÍS

 

ADIVINACIÓN DE PARÍS

 

Todo pasaría

como dicen esas metáforas usadas

 

bastaba con esperar

uno

o cientos de días

para que la memoria aflojara la mordida

 

la ciudad estaba allí

 

sólo debía nombrársela

o dibujarla en un papelito:

los faroles tras la niebla

el río helado pasando debajo de los puentes.

 

 

He aquí Montparnase

Sacre Coeur erigiéndose

entre las calesitas

                        que giran

 

las tiendas sucias y desordenadas

llevándote a empujones

 

y será el invierno

esta estación

 

en el metro

una japonesa

-delicadísima-

llora sin un gesto

 

los labios

definitivamente rojos

se mojan entre los anuncios

de esa otra estación

                        la que llega

 

el metro atiborrado de postales

 

si nos hubiéramos perdido

desde hace rato

quedaría más que sombra

 

unos pocos grados

con qué nombrar al frío.

 

 

Abrimos este fondo

largo cansancio

de añorar esos puentes

iluminados en la noche

 

ahora sé de las ciudades

que se desean como a los amantes

 

estas latitudes que no logran vencer

luz alguna

 

hubiéramos llegado a octubre.