El humo que me intenta

 

 

Tú mismo no podrías saber que la mención de tu nombre,

el paso de tu imagen en cualquier recuerdo ajeno

me desnuda y me vulnera, me tira en mí misma

con este impudor total que ningún espejo, ningún acto amoroso,

ninguna reflexión despiadada puede dar con tanto encono.

 

Julio Cortázar

“62 Modelo para armar”

 

 

 

 

A los poetas

los entierra en la arena

y crecen con los cangrejos

                       hay muchos

 

Ella llora

él, nada dice

ella confiesa: Nácar

él tampoco es culpable,

los poetas

habían muerto

          hace muchos años

 

Él no supo decirle

si reencarnaron,

quiere morir

           Nácar

                Dice él

Ella voltea y se cubre.

 

 

 

 

 

La voz

Desarropó el cuerpo

 

-padéceme- dijo

 

mondar tu entorno

en estas líneas imprecisas

 

los puntos separan

miedo

 

debiste cambiarlo todo

y comprender las visiones

 

en tu ronda patética

débilmente

              simulada.

 

 

 

 

 

Entonces yo te digo que descanses

que me dejes limpia por unos minutos

ocurren cosas así

 

ser un poco

aunque sea hoy

 

pareces una laguna

 

pieza triste

 

ronda inquieto una pregunta

yo

igual que todas las estatuas

me niego

 

inasibilidad pedestre

 

la solas pegan contra las rocas

por fin descansas

mientras tu cuerpo

 

flota

(limpia por unos minutos)

 

cosas así.

 

 

 

 

 

El día áspero

           sin ojos

casi todo mudo

idea inflexible de profetas

que pronunciaron sílabas a ratos

                                           eran eunucos

 

-no llores-

mejor tu desnudez

hambre sutil

 

y el anillo gira y gira

mientras yo

              me dejo.

 

 

 

 

 

Ya no podrías

venir a retratarme

con este rostro sin fecha

 

me reiría

de tu paisaje ambiguo

cuando amanezca en los recuerdos

 

no vuelvas

me encontrarás cansada

de tus colores secos

en este espacio débil

         que confunde

 

quemaré pronto

tus cuadros

               complacida

porque con ellos

estabas

                  disgregándome.

 

 

 

 

 

Los dientes

decidieron al oscuridad

a esa hora

ya debería estar muy lejos

 

recordó

que había permanecido

mucho tiempo fuera

 

confiado en sus apuntes

se olvidó

quedando abstracto.

 

 

 

 

 

 

Los vuelos a deshora

que nunca quiebra

 

su impasible mudez

(en la ciudad un hueco)

 

permite recostarse

en un disfraz metafísico

para herir suavemente

dejándonos pedestres.

 

 

 

 

 

Extraviada

recurrí a una forma de versos

y extrañas manías

 

domaba

mis fieras fecundas

otorgué

mil tronos a los dioses

 

¿escaparía acaso de estas alucinaciones?

 

después los ángeles

llegaron a visitarme

 

yo los injuriaba

les rompía sus alas

lastimosamente blancas

 

-nunca pedí que bajaran

que vinieran a salvarme-

 

recuerdo muy poco ahora

sólo que los vi agonizando

advirtiendo que la tierra

nunca antes

había quedado tan santa.

 

 

 

 

 

No sé mi descripción

la percepción embotada

los recuerdos son escaleras

 

nunca más

sólo humo

dedos guardados en una gaveta

 

a veces entran

para desordenar

 

-ayer soñé con un río-

y estabas ciego

                     en la orilla.

 

 

 

 

 

Solía armarte religiosamente

te quedabas ahí

                      intacto

 

esperando de nuevo el ventarrón

para que yo

                  viniese a recogerte

 

te hacías el tierno

el mendigo

hasta que todo esto

empezó a cansarme

 

ahora

me miras rabioso

destrozado por el piso

mientras la brisa

 

se lleva tus pedazos.   

 

 

 

 

 

Apuro tu muerte

abriendo los espacios        

recuesto relojes

en tus columnas

 

no sé porqué

          pero déjame

 

puedo besarte a veces

haciéndote creer

para que no abundes

 

-si pudiera destrozarte-

       sería un alivio

 

Apenas

un sonido inefable

                  de garganta.

 

 

 

 

 

Acuérdate

que nunca vimos

nada en esa vía astral

 

que nosotros

escupimos porquerías

a sus cuerpos celestes

 

no nos importó

que esos secretos

tenían que quedarse  guardados

 

los violamos

 

habíamos olvidado

que teníamos un nombre

y en las galaxias

nos quedamos más oscuros

 

ahora estás muerto

crucificado en una estrella

llorando en las noche

porque sabes

             que te escucho.

 

 

 

 

 

Densa forma que renace

sale plácida

cuando amanece

en los cuadros

en las autopistas selladas

 

acaso ni pienso

y te escribo limpio

 

presiento los días

pero anochece pronto

 

tengo pesadillas planas

 

poder romperse

suavemente

en la sombra.

 

 

 

 

Queda seca

imitando a las estatuas

desprendiéndose enferma

 

me habla de proporciones

soplándose las manos

 

se va perdiendo

entre palabras gastadas

 

sus fláccidos senos

acentúan el marasmo

 

en un acto invisible

se le resiste

 

y deja todo desordenado

en su aridez

 

porque la memoria

se desploma

para quitarle

               todo.

 

 

 

 

 

Atenta

queriéndote entre los ruidos

regreso en las tardes

 

la casa sin luz

te esconde burlonamente

ando a tientas

y  nada reconozco

 

ni siquiera te huelo

 

todo se vuelve blando

inacabado

sé que estas ahí

 

ya ni sabría encontrarte

entre tanta cosa pasada

perdida por estos muebles

en tu laberinto

hábilmente preparado

 

ahora

 

frente  a tanta soledad

cambiaré las salidas

para que tampoco

puedas escaparte.

 

 

 

 

 

No entiendo

cuando te desnudas

en las ventanas

mostrando huesos y venas

-imagen agria-

 

sólo puedes mitades

descubro

que hay menos

 

ya no presto atención

a nada

 

¿en qué estrofa iba?

 

 

 

 

 

Pide a ratos

una fórmula

 

quizás lo único que queda

pudiera sobornarse

 

entierran a los muertos

en sus respectivas urnas

                                rasgadas

                                   pálidas

 

ennoblecer tu rango

disfrazando las respuestas

 

retardar los irreductible

 

saber

para taparse los ojos

y para colmo

los oráculos muertos

 

tu paso

      y ya no

 

cierta sutilidad

al romper las leyes

metafísicas.

 

 

 

 

 

Bajo la mano

tengo el sonido

que nos rompe

 

 

ciegos

destapamos

mortales asuntos

 

corriendo

atolondrados

creyendo que así

lo hacen los Dioses.

 

 

 

 

 

Sería inútil

inventar un ruego

que despierte a tus santos

 

-sueles coserte en las paredes-

 

¿y qué podría decirte?

aquí nadie llora

me reduzco a verbo espeso

 

no podrías descontar

                  ni un gesto

de estas terribles mañas

 

el deceso irremediable

                       manso

procazmente aceptado

te mostrará, el humo

                    que me intenta

 

mientras tanto

si te eligen

si pronuncian tu nombre:

apresúrate

nadando en la niebla.

 

 

 

 

 

Anudaron mi espina dorsal

me viene al pensamiento Fridda

 

Lamento ahora de pie

 

Fridda, Fridda

               cuerpo corsé

                          miedo

de soñarme un cuerpo de venado

 

Fridda, marido gordo.