Daniel Martínez



Nací en Allen, Río Negro el 12 de julio de 1963, y actualmente vivo en Bahía Blanca donde tengo una librería que atiendo con un par de amigos a la que le hemos puesto Katrú que es una bella costumbre mapuche. Vendemos libros de literatura nuevos y usados así que como podrás imaginar estamos en el paraíso. Cursé algunos años de filosofía y me encanta la poesía. Creo, como Kundera, en la memoria poética, que cada tanto me lleva a escribir. Me han publicado algunos poemas en revistas literarias locales y en algunas revistas literarias de internet y esto me ha permitido conocer nuevos amigos y conectarme con gente que de otra manera hubiera sido imposible. Creo que mis poemas hablan mejor de mí que lo que te podría escribir en estas pobres líneas.

 

 

 

KATRU

 

Supongamos el caso que me regalaras hoy un presente;

pasado un año yo también te daré un presente igualmente bueno;

entonces nos diremos Katrú  el uno al otro.

 

Para siempre se llamarán Katrú el uno al otro

cuando se han hecho el regalo mutuamente las dos personas.

 

                                                            Costumbre mapuche

 
 
JARDÍN DE GENTE  
 

La felicidad

 son esas cuatro palabras

que Julián

tira al mundo

para que empiecen a volar

 

 

 

 

 

Mi vieja va a cumplir setenta

entre tejo

      nietos

y las tortas fritas

que  tanto le gustan a Nelson

 

mi viejo descansa

hace una eternidad

                  bajo la tierra

 

tenia razón

   Heráclito

nunca nos mojamos

dos veces en el mismo río

 

                        sobre todo

a esta altura de la vida

en que las cosas

         suceden

 a la velocidad de un hijo

 

 

 

 

 

Yo trabajaba a una cuadra

de tu casa

y andaba haciendo repartos

en una camioneta roja

 

vos tenías ocho años

          (diez menos)

seguramente te habré cruzado

mil veces en la esquina

con tu pelo trenza

y tu mirada azul

juntando recuerdos

a la hora de la merienda

 

hoy dormimos en la misma cama

y nos amamos

y todo parece

ese final cursi de las películas viejas

mientras nuestro hijo

camina por la misma vereda

juntando otros recuerdos

a la hora de la merienda

 

 

 

 

 

Casi todos

los días paso por la esquina

de Moreno

donde Cobián

escribió “la casita de mis viejos”

 

mi hermano

haciendo de las suyas

vuela en el ruedo

los acordes de pichuco

 y sus quejas de bandoneón

 

apenas dos destellos

de esa luz

que se gestó

en otro tiempo y otro lugar

             

       dos gotas

de la magia de Buenos Aires

sobre esta ciudad

     sin arrabal

 

 

 

 

 

INTENTO

      (a mi viejo)

 

Un día se fue

y dejó una ausencia

grande como el mundo

larga como un siglo

 

se fue y lo seguí

pero mi camino

iba por otra vereda

 

y le dije que lo quería

lo de siempre

lo de nunca

       lo que pude

esperando que al menos

en la otra vereda se escuchen

              los ausentes

 

 

 

 

 

Diez años sin fumar

la nicotina escribe

de nuevo sobre los pulmones

ladran libros desordenados

música de insomnio

 

pienso que pensarás

bajo la ducha

a minutos nomás

de los juegos del deseo

mientras un hijo duerme

en la otra pieza

y el otro

es parte del agua

   de tu vientre

 

 

 

 

 

La canción sigue siendo la misma

cantaban los zeppelín

en el trasnoche del Rossini

 

yo hacia mis primeras armas

en el amor

y aprendía estoicismo práctico

             frente al Penna

en la garita de la 514

4 grados bajo cero pm

 

ella tenía ojos claros

y jurábamos encontrarnos

en el futuro

fecha  y hora

un día  pasara lo que pasase

 

 

hoy probablemente tendrá hijos

o algún divorcio a cuenta

de la cara que se merece

 

al Rossini ya lo reciclaron

 

y yo apenas me acuerdo de la fecha de mi cumpleaños

 

 

 

 

 

Me encanta volver

a mi pueblo

de tanto en tanto

 

ir a la chacra a ver a la Brígida

criando hijos de hijos

y haciendo milagros a la hora de la comida

             y sentarme con

el tío más sabio del planeta

a enturbiarnos los ojos

         de tintos y nostalgias

 

allí el tiempo

es un manzano

a la orilla de una acequia

y el olor de la tierra

         tiene el aroma de la infancia

             tiene nombres

que hablan del otro lado de la lluvia

             nombres

que vuelven desde el costado feliz de la vida

                   tibios nombres

que me enseñaron a amar

 

 

 

 

 

Las golondrinas de plaza de Mayo

volaban en el viejo Winco

     de la casa de Sergio

 

afuera terminaba

         una guerra absurda

y madres giraban

sobre nombres ausentes

       su cuota de justicia

 

tuvimos suerte

los que como yo

veníamos de lugares

donde nunca pasa nada

 

la historia la escriben

los que ganan

     cantaba Nebbia

en la otra historia

nosotros

 crecimos con el miedo

        en los ojos y las  alas

y tuvimos

que aprender

a respirar un poco de fe

      para poder vivir

 

sobre los libros de la buena memoria

      llevamos escrito

 como el anillo del capitán Beto

 

     un signo

            del alma

 

 

 

 

 

El club de los corazones solitarios

de la calle Irigoyen 978 2do A

cerró sus puertas

cuando me mudé  de barrio

      y de mujer

 

el tren nocturno daba las 11 pm

y volvíamos de la ciudad

a sacudirnos la soledad

      en un tinto dudoso

 

en el aire

    jazz del mejor

    humo

y compartir

 historias de desencuentros

 

el Martín se fue a vivir con Mariel

Darío estudia contrabajo

       en el conservatorio

a Mario lo escucho en la cortina de la radio

y el Hujes eligió el mar

               allá en el sur

 

de esa época

la costumbre de la puerta abierta

             y un plato de mas

por si alguien cae con un sueño

a la hora de la ternura

             y el abrazo

 

 

 

 

 

Ayer nomás

Sanyu cantaba canciones de Silvio

      vos robabas boinas

      a libros de Neruda

y el Martín y yo moríamos

en un mano a mano de ginebra

en algún viernes  de guitarreadas en el club

 

             la ciudad

era una rayuela de Cortázar

que empezaba en el parque de Mayo

y terminaba

en los mates de madre en casa de las Varela

 

aprendíamos

que la vida es una moneda

      de buenos amigos

     de tibios momentos

donde cargar las pilas de los sueños

y escondernos de los ojos de la soledad

     

hoy cumplís años

el nuevo siglo

se llevó la Nelly

      nos regaló hijos

 

      lo de siempre

una de sueños y otra de sal

 

en el mismo estereo gastado

     fito que empuja

      y dale alegría

                              alegría a mi corazón

 

 

 

 

 

Esa mujer

apareció una tarde

de ojos anclados en la lluvia

se descalzó el abrigo

el otoño, la mirada

 camino hacia mí como a la muerte

            o la esperanza

dijo cosas

que siempre guardaré

en los muelles de la memoria

 

vino a enseñarme

la magnitud de un beso

la eternidad

 que hay en el salto de arriesgar en el otro

 

esa mujer

llevaba un puerto

atravesado en la nostalgia

una herida de sal mordiéndole la infancia

y cuando dijo amor

      de sus ojos

     llovió todo el mar

 

 

 

 

 

DEBES CREER EN LA PRIMAVERA

 

Suena Bill Evans en el piano

como en los viejos tiempos

de la calle Chile

 

algún poema

roba besos

      escribe

duerme sobre las notas de la nostalgia

 

urge una guitarra

        una mujer

se desviste  a la sombra de un libro

 

veinte  años no es nada

 

hoy crecer

es ser feliz de otra manera

 

tócala de nuevo Bill...

 

 

 

 

 

Estarás descansando

detrás de la pequeña iglesia

allá en tu Galicia

 

recuerdo cuando

me contaste que por esa ventana

se fue mi abuelo

para nunca regresar

 

tenías ochenta largos

Los ojos llenos de recuerdos

y el mismo oficio que tu hermano ausente:

                 una vida dedicada a parir la tierra

y esperar la lluvia

        los hijos

       los sueños

y el plato caliente para abrigar el cansancio

 

te di un abrazo

con toda la memoria de la sangre

            me regalaste

un puñado de monedas para el viaje

y me dijiste

     hasta siempre

temblando un cigarrillo

 

     debe ser duro

decir adiós dos veces

 

 

 

 

 

CARMELA

 

Yo aprendo por vos

de plantas y flores

busco donde hacen

el mejor pan casero

y hago un minuto de silencio

en las telenovelas

 

         mientras estás a tres metros de tierra

de  todo lo que amabas

un  ángel con tu rostro