RAGE
AGAINST THE MACHINE
por
DIEGO TRELLES
Y
que la máquina lo absorbe todo, oprime a la gente desde México hasta China, en
la tierra del imperialista, escondida en el poder como anguila venenosa. Y que
desarrolla políticas que mantendrán al pobre siempre como pobre, y al rico
bendecido, bebiendo lujuria en copitas de cristal mientras engaña al obrero,
ofreciéndole apariencias. Nos habla el chicano. El dinero ciega, las ideologías
mueren, la información les pertenece y la gente empieza a creer que es la «máquina»
la única forma de sobrevivir. «El capitalismo lo compra todo» diría mi
profesor resignado con una sonrisa melancólica. Dime tú, ¿cuál es la fuerza?
¿quién detiene a los gobiernos que aún nos venden el «sueño americano»
como forma de vida?. «Jódanse no haré lo que ustedes dicen» exclama el
chicano radicado en una tierra que no le pertenece, tiene una banda que habla de
revolución y se declara anti todo lo que vaya en contra de la comunidad. El
tiene dudas, como yo. Lee a Tucker, a Foner, a Malcolm X. Aprende a cagarse en
el Tío Sam mientras sostiene en las manos el libro para «Cocinar Anarquía»
de Powell. El piensa en Bob Marley y se siente tan sedicioso como el Che
Guevara. Vivió en suburbios, aprendió de su padre, el artista callejero que
crea murales de protesta. Habla de Leonard Peltier y la comunidad india, Mumia
Abu-Jamal, los Black Panthers, del comandante Marcos, que ahora está en boga
(los «Zapatistas Forever» ¿no?), el comité de apoyo a la revolución en el
Perú, Sendero Luminoso (¿qué?) y la liga Anti-Nazi alrededor del mundo.
Luchar por luchar parece una consigna inquebrantable. Los cuatro subversivos de
la música innovan una propuesta que fue cocinándose
al interior de muchos movimientos marginales. Se mezcla el rap violento
de los «gangueros» en los suburbios, el hardcore «agringado» y radical que
practican los drogadictos de California, el hip-hop -sucio o melódico- herencia
de negros, y un rock tímido, casi desintegrado, completamente antagónico al
pop amanerado que busca oídos masivos y cabezas huecas. Ellos dicen NO, llaman
a la gente a levantarse, «conoce a tu enemigo» es la palabra que se
transformará en bala si se instala en el cerebro, la revolución existe si
intentas imaginarla. Te doy una receta: pregunta en las calles por la «fuerza
contra la máquina», intenta conseguir una referencia, lee las líricas del
chicano ese que alucina con Marx y muestra las pelotas en público por su causa.
Luego pregúntale a ese «profesor» que te enseña en las mañanas si la
revolución existe. Si te dice no... no le creas.
Qué
difícil resulta hablar de música cuando la influencia política de un grupo se
hace más que manifiesta en todos los movimientos que realiza. Pero esa es la
verdad, Rage Against the Machine es una banda que vende revolución en cajitas
de 20 dólares que dicen Blockbuster o Circuit City. Qué paradoja ¿no? «Ultimamente
mucha gente nos critica por dormir con el enemigo, no estoy de acuerdo. Yo creo
que es una situación de mutua explotación. El tipo de información que la
gente puede encontrar «usando» a Sony es mucho más importante que eso que
ellos llaman un acuerdo» dice Zack de la Rocha, vocalista y compositor,
mientras asegura tener el control total de todo lo que la banda hace. «Si
venden, que hagan su berrinche nomás» podría tranquilamente pensar un alto
ejecutivo de la Epic. Sin embargo, Zack recuerda con nostalgia aquella etapa en
que con su primera banda, Inside Out, y bajo la cobertura de un sello indie, vivían
felices vendiendo sus casetes demo en las puertitas de los conciertos -no sé a
quién me hace recordar- y surfeando en las mañanas, lejos de compromisos y
negocios, bien relajados.
¿Cómo
estalla todo? Quizás en noviembre del 92 cuando ingresa al mercado un álbum
que muestra en la portada la foto de un chino que está quemándose. Su nombre,
Thich Quang Duc, un monje budista que se incendia en Saigon, Vietnam, el 11 de
junio de 1963, en protesta por las medidas aplicadas por Ngo Dinh Diem, un
cabecilla americano de Vietnam que había creado una campaña anti-budista en el
sur del país. La foto había ganado el premio Pulitzer de ese año y en el
disco traía unas pequeñas letras a máquina en la parte superior que decían:
Rage Against the Machine.
El
impacto fue en aumento cuando salió en rotación el video de la canción «Freedom»,
las imágenes iban alternando violentamente entre escenas de la banda en
concierto y la historia de Leonard Peltier, líder del Movimiento Indio
Americano (AIM), quien purga prisión en Kansas por los sucesos acontecidos en
Pine Ridge en 1970, cuando agentes del FBI intervinieron un edificio donde
Peltier y miembros del AIM estaban reunidos. Un tiroteo intenso dejó dos
agentes muertos. La causa: la posesión de las tierras indias. Peltier fue
arrestado, pero no se declaró culpable. Nunca reveló quién hizo los disparos
y nunca se supo quién comenzó el tiroteo. El video es constantemente invadido
por leyendas que insinúan una conspiración por parte del estado americano. «No
se ha hecho justicia», es el último párrafo a gran escala que aparece,
mientras Zack descarga las tripas en el escenario y la audiencia estalla en
convulsiones colectivas.
¿Qué
carajo estaba pasando? Había aparecido una nueva fuerza que operaba con
violencia, convirtiendo el escenario en un infierno multicolor de matices
sonoros, creando una amalgama insospechada de hardcore, rock-rap y punk
inspirado, con tendencias políticas y sobre todo con un rollo más acelerado
que el típico «no voy a la escuela» o «la sociedad apesta» de las bandas
punk de común denominador. Se encontró el por qué y el cómo, escarbando en
la conciencia con golpes certeros y una posición distante. Se atacó desde
adentro, como Zack lo afirma, explotándose mutuamente y obteniendo el beneficio
de convivir con el enemigo mientras ambos sacan lo que buscan. La pregunta, sin
embargo, cae por inercia: ¿quién realmente es el que patea el culo del otro?
¿quién finalmente controla las manijas de la enorme máquina, que arrastra la
fuerza de un discurso, que ilusamente pretende destruirla?
Fuerza
por Fuerza
Fue
en 1991 que la banda se formó en Los Angeles, su primera presentación fue en
la fiesta de unos amigos en Orange. Zack, líder de la banda, nació en Long
Beach, California en 1970. Descendiente de chicanos, su padre Beto fue un
artista que fundó Los Four, un grupo que creaba murales de protesta que fueron
cruciales par el desarrollo del movimiento chicano. Su madre era antropóloga.
Ambos se divorciaron cuando Zack tenía un año, así que el niño pasó su
infancia entre los suburbios de Orange y el barrio de Lincoln al este de Los
Angeles, con los chicanos. «Me siento en algún lugar entre esos dos mundos.
Existe una dualidad porque constantemente estoy andando entre ambas experiencias
culturales», refiere mientras recuerda que en 1983 su padre tuvo un colapso
nervioso que terminó instalándolo en una especie de manicomio. Destruyó todo
su trabajo y estuvo constantemente abusando mentalmente del joven Zack. El
piensa que es con la música que intenta expresar el mismo sentido que su padre
le dio a sus pinturas. Pertenece a un centro comunitario cerca de su casa,
escribe y lee poesía en eventos organizados por la causa. Ayuda a su padre,
ahora devoto religioso.
Tom
Morello, guitarrista alucinante inspirado en Jimmy Page, nació en 1964 en New
York y creció en los suburbios de Chicago. Así como de la Rocha, experimentó
desde pequeño la política, en teoría y práctica. Su padre fue miembro de la
guerrilla Mau Mau que luchó por la independencia de Kenya contra Gran Bretaña
y conoció a la madre de Tom cuando ella enseñaba en una base militar americana
que se estableció en Kenya. En 1986 Tom se graduó de Harvard con honores en
ciencias políticas. Antes de Rage estuvo en una banda llamada Lock Up que grabó
un álbum para Geffen.
Tim
Bob o Timmy C. conoce a Zack desde la escuela y fue éste quien lo impulsó a
tocar el bajo. Su influencia política no es acentuada, por lo que asegura que
está en la banda sólo por la música. Piensa que Rage es algo sobre todo
educativo, que la política y la música no deberían estar dentro del mismo
cuarto: «Comencé a tocar bajo porque quería ser músico, no político. Cada
vez que me hacen una entrevista me preguntan sobre política, y eso es muy difícil
para mí porque no sé qué tan político pueda ser lo que digo, ya que hay un
par de chicos dentro de mi banda que son taaan políticos».
De
la misma filosofía parece el baterista, Brad Wilk. «Todos en esta banda tienen
su propia forma de ver las cosas. Yo pienso que soy algo cínico... no soy de
los rockeros que andan en las esquinas oscuras diciendo «esto apesta», es
decir, yo sé que apesta, pero tú sabes, eso es normal».
En
el primer año de existencia Rage abrió conciertos para muchas bandas
importantes como el rapero Ice-T, los Public Enemy y Pearl Jam (Brad Wilk tocó
para la banda de Eddie Vedder en una gira por Europa). Además, grabaron sus
primeros demos con Atlantic Records y firmaron hacia 1992 con Epic Records.
Paralelamente acompañaron a los Porno for Pyros en una gira, e hicieron lo
propio con Suicidal Tendencies por Europa. La banda había conseguido un amplio
público y su incendiario álbum debut subía precipitadamente en las listas. ¿Qué
habían logrado estos muchachos? Mucho, en poco tiempo. Canalizaron una nueva
tendencia, un giro importante donde el sonido evolucionaba como mezcla y que
incluía muchas de las interesantes propuestas que paralelamente se iban
desarrollando. El odio se transformó en grito y el grito en música. La
protesta que emana de canciones tan duras como «Fistful of Steel» (Algo en el
silencio me enferma... Soy un hijo bastardo / con visiones del movimiento /
vocales que no son para calmar / sino encender y ponerlas a volar / con mi
conciencia en militancia) o en «Wake Up» (Te daré una dosis / que nunca irá
a acabarse / por la fuerza que crece dentro mío / con el puño en el aire / en
la tierra de la hipocresía) patean en las sienes el sueño falso de los más
encarnados ideales americanos. Todo esto dentro de una fiereza sónica que no
deja treguas, ni admite complacencias. Que apela en repercusiones emotivas, a
escarbar por dentro de la conciencia colectiva de miles de jóvenes americanos,
potencialmente políticos y sobre todo inconformes. La música es disonante,
agresiva, estridente hasta la saturación y plagada de innumerables efectos
alucinantes, creados con maestría por Morello, sin incorporar sampleos, ni
sintetizadores, ni teclados.
Canciones
como «Bombtrack» (que comienza con la batería alcanzando niveles altísimos
de ruido), «Know your Enemy» con una entrada increíblemente rara, con la
guitarra limpia, que pareciera obra de un Village People bien dopado (música
disco a mil por hora) y esa famosa frase que Zack repite gritando, ya sin música
(Todos los cuales son sueños americanos) que seguramente flageló por detrás
la conciencia del conservador americano. Difícil olvidar «Bullet in the Head»
que es una especie de manifiesto anti-violencia contra las pandillas y cuyo
video fue censurado por la Comisión Federal de Comunicaciones por las crudas imágenes
que traía; «Killing in the Name» (Jódanse, no haré lo que ustedes dicen) o
«Settle for Nothing» la única canción apolítica del disco que habla de la
relación que Zack tuvo con su padre.
Punto
aparte, comillas y guiones para «Freedom», canción símbolo, obligatoria para
mentes atrofiadas. Increíble la forma ilimitada en que combinan los sonidos, en
un ir y venir de lentos compases hacia tonadas incontrolables y demenciales, de
susurros calamitosos hasta vómitos frenéticos, desde un rap acompasado, juguetón,
hacia el hardcore beligerante que envuelve los sentidos dentro de un especie de
insanía musical. La lírica, que es un llamado a la libertad de Peltier y la
acción de los indios, se combina intermitentemente con metáforas sobre lo que
el padre de Zack pintaba en los murales (Hermano, acaso olvidaste tu nombre /
acaso lo perdiste en la pared / jugando tic-tac-toe / hey, revisa las diagonales
/ Tres millones (de hermanos) se han ido / Vamos / Tú sabes que están contando
desde atrás hasta el cero).
Luego
de este sensacional disco, sin un antecedente claro en cuanto a música (quizás
la premisa más cercana se encuentre en la colaboración de hace unos años
entre Anthrax y Public Enemy, o en grupos como Minor Threat -los cuales ejercen
una influencia bárbara en Rage- o Downset), la banda de Zack parece no entrar
en «jueguitos» de colegial rebelde y lanza una ofensiva radical que incluye
medios audiovisuales y no está exenta de sonados escándalos. Había que
comenzar a poner la teoría en práctica, y eso fue justamente lo que hicieron.
Hacia
1993, Rage Against the Machine es invitado a participar del tour Lollapalooza.
Cuando ese año el tour paró en Filadelfia, los Rage no encontraron una forma más
original de protestar que pararse en el medio del escenario totalmente calatos
con unas letras pintadas en sus torsos con las iniciales PMRC, la boca tapada
con cinta adhesiva y las guitarras tocando el piso mientras las cogían con las
manos hacia atrás. Estuvieron ahí parados durante 14 largos minutos,
protestando con los huevos al aire. Dos días después dieron un concierto
gratuito en compensación por no haber tocado sus canciones ese día. La PMRC es
un grupo que promueve la censura a la música, a través de stickers y marcas de
clasificación para los álbums. Mediante este estúpido criterio medieval, no sólo
fueron censurados los Rage, sino incluso muchas bandas que ese año participaban
del tour. Definitivamente las cosas iban tomando cuerpo, un primer aviso que sin
embargo no tuvo respuesta, no muy evidente al menos.
Curiosamente,
tres días después del tour el padre de Timmy C. fue asesinado, un amigo suyo
se suicida y Brent Kantor (amigo íntimo de la banda) también fue encontrado
muerto. Timmy C. es arrestado en Nueva Orleans al querer intervenir en defensa
de un ciudadano negro que estaba siendo hostigado por la policía. Se le
imputaron cargos de intoxicación pública, aunque él asegura no haber estado
borracho y que el nivel de alcohol en su sangre nunca fue medido. «Lo único
que la experiencia hizo por mí fue el darme cuenta que nunca voy a poder
soportar a la policía... Voy a decirle a cualquier policía que vea que lo odio
y que deseo que esté muerto, sólo por el simple hecho de que es un policía».
La banda hizo público su repudio cuando en un
concierto la madre de Morello (que acompañó a la banda a Lollapalooza)
subió indignada al escenario y por el micrófono gritó a la audiencia: «Que
se joda la policía de New Orleans».
El
ambiente se estaba poniendo denso, así que deciden recluirse un tiempo,
mientras se dedican a cooperar en las bandas sonoras de películas como Higher
Learning («Year of the Boomerang»), The Crow («Darkness») y Natural
Born Killers («Bombtrack» y «Take the Power Back»). Además participan
en el compilatorio Tonnage que lanza la Sony con su versión en vivo de
«Freedom». No aparecen más. Pequeños formatos en 45 o compactos en versión
EP que contenían versiones diferentes de «Bombtrack» (con la cara del Che
Guevara en la portada), «Bullet in the Head» (la imagen es la de un general
apuntándole en la cabeza a un niño vietnamita -versiones oficiales afirman que
es un policía del Sur de Vietnam, y el niño un pequeño terrorista del
Vietcong) y «Take the Power Back» eran solicitados por miles de fans en todo
el mundo.
Dos
conciertos importantes se realizan a comienzos del 95, el primero en defensa de
Peltier y que logró juntar una nada despreciable cantidad de dinero, para
continuar con su defensa. El segundo, protestando por la agresión que sufrió
Mumia Abu-Jamal, un líder negro presidente de la asociación de periodistas
negros, feroz crítico de la policía racista de Filadelfia y miembro del grupo
Black Panthers (ciudadanos negros muy ilustrados que defendían sus derechos
amparándose en la ley). En 1981, Mumia conducía por la carretera cuando vio
que un policía estaba golpeando salvajemente a un negro. La calle estaba llena
de gente y él corrió en ayuda de su hermano. Dos disparos sonaron. A un
costado, tirado en el suelo, estaba Mumia con un tiro en el cuerpo, su hermano
sangraba por la frente y el policía yacía muerto. Al momento de su arresto
Mumia fue hostigado duramente para que confesara el crimen del policía. El
siempre negó haberlo matado y una cantidad enorme de testigos aseguraron que no
fue él quien hizo los disparos, sino otro hombre que se encontraba en la
escena. Los acusadores alegaron su historial en los Black Panthers y sus
escritos políticos para condenarlo a la pena de muerte. Mumia fue sentado en la
silla eléctrica por lo que representaban sus convicciones políticas. «Fuck
the Police» fue el slogan del concierto benéfico que dieron en Washington DC.
Hubo
un incidente a mediados del 95 que separó a la banda por un corto tiempo.
Sucedió que la segunda entrega del grupo ya estaba por salir. Los Rage ya habían
grabado una veintena de canciones, cuando problemas relacionados con la dirección
que la banda estaba siguiendo, mandaron a la mierda tanto a las canciones como
al grupo. Ellos niegan esta versión. Es inevitable para un movimiento, que en
los momentos críticos las piezas principales comiencen a flaquear. Es discutida
la actitud que critica el entorno cuando por dentro las cosas se están
pudriendo. Quizás esa sea la razón que estima Zack para negarlo todo: «Nunca
rompimos... tenemos diferentes ideas para evaluar las cosas, para entender como
es que Rage se hace potencialmente político. Estas cosas siempre traen
problemas». Hablaba de una especie de división al interior de la banda: por un
lado Timmy C. y Brad Wilk con su declarado escepticismo, por el otro de la Rocha
y Morello, incansables batalladores en cuanto a cuestiones políticas se
refiere. ¿Le conviene a la disquera este tipo de enfrentamientos? Ni cagando...
resulta improductivo.
Evil
Empire es
quizás la respuesta más certera para esta especie de falacia. Los muchachos
están de vuelta derramándose en odio, más poderosos que nunca aunque aún
tambaleándose en la inercia entre el ser o el no ser, dentro de un mismo
disfraz y bajo el mismo discurso. Los cuatro individuos abren de nuevo el
espacio en que las preguntas se multiplican sin respuesta, en que los cimientos
de una sociedad engañada parecen ser de adobe, y nos vemos envueltos dentro de
una traición perpetua, como el rezago de una raza subyugada. El chicano
protesta por algo que quizás nunca le entiendan, lo contradictorio del asunto
es que todos parecen seguirlo.
El
Imperio Maligno
¿Y
por qué «Evil Empire»? «Es un título que pienso es un poco retórico. Hacia
el final de la guerra fría, la administración Reagan estaba constantemente
tratando de imponerle miedo al público americano al referirse a la Unión Soviética
como el «Imperio Maligno». Fuimos capaces de comprender, más allá de lo que
nos metieran en la cabeza, que Estados Unidos ha sido el responsable de muchas
atrocidades del siglo 21", responde Zack, refiriéndose al segundo disco
que Rage sacó a comienzos del 96. Fueron tres largos años que muchos anduvimos
esperando este álbum, y podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que no
fueron en vano. Es el Evil Empire la evolución lógica de un sonido
novedoso que muchas bandas ahora explotan con desigual desempeño (entre las más
destacables: 311, Korn y Deftones). Significa equilibrio, explorar los extremos
más radicales de corrientes que se mueven sobre, y para, el ruido. Encontrar el
límite, la frontera, el tope indiscriminado, donde las diferentes propuestas se
confunden en un «todo» sónico intenso, y la estridencia se vuelve compleja,
molesta, estimulante. El punk y el hip-hop funden elementos de una manera
novedosamente extraña, en detrimento, quizás, de la pesadez del trash-core que
exhibieron en cortes como «Freedom» o «Bombtrack», en su álbum debut. Sin
embargo, la complejidad aumenta. Si te pareció que «Killing in the Name» era
una canción fuerte, tienes que escuchar «Vietnow» o «Revolver» que hacen
que la Rollins Band suene como The Cure.
Desde
el primer single, «Bulls on Parade», lanzado con un video muy didáctico que
muestra cómo la autoridad reprime diversas manifestaciones con violencia
indiscriminada (Armas / no hay comida / no hay hogares / no hay zapatos / No hay
necesidad / sólo completa la guerra del animal caníbal) uno puede darse cuenta
que las cosas no han cambiado en lo absoluto. El discurso provocador, enérgico,
contestatario se mantiene e incluso aumenta su intensidad. «People of the Sun»
da cuenta de aquel apoyo incondicional, casi fanático que Zack de la Rocha ha
ofrecido al comandante Marcos y su Ejército Zapatista de Liberación Nacional,
en México. «No debe haber otro Vietnam en México» es la frase que se repite
al final del video como centella luminosa. Parece que Zack no ha visto el gran
merchandising que esto de los zapatistas trae consigo: el comandante Marcos en
las pantallas de MTV con su mejor sonrisa presentando «Semana Rock», mientras
desde el lugar de los hechos, todos los artistas latinos se unen a su causa
sujetando en la solapa, uno de esos «pins» rosaditos que dicen: «Revolución
Corazón». Por favor, ¡quién carajo va a creerles eso! Me hace recordar
aquella sutil denuncia que hacían algunos grupos frente a la táctica «acomodada»
de los chicos de Manu Chao (Mano Negra) cuando visitaban algún país. Este es
precisamente el error en que lastimosamente cae todo el discurso de Zack y compañía,
transformándose en algo poco menos que imperceptible.
Bien
dicen que el «bien intencionado» cae cuando sus anhelos son evidenciados sin
sustento. ¿Cómo comprender que un grupo tan preocupado por la comunidad, por
los derechos y libertades de las personas haga apología de Sendero Luminoso,
tenga un comité de apoyo a la revolución en el Perú y pinte en sus
instrumentos o se tatúe en los brazos el símbolo del PCP? ¿Quién los engañó?
¿Un libro, un testimonio, un fragmento? ¿Y las miles de personas inocentes que
la ideología subversiva «sacrificó» por sus ideales de revolución? ¿Les
hicieron el cuento del «gringo» estúpido que financia violencia irracional
mientras se cree Mao Tse Tung? Frente a esto, ¿qué podemos pensar? Que el
discurso se desdibuja, cuando quiere abarcar tanto sin siquiera ocuparse de lo más
esencial: el sustento, la información, la historia de un pueblo. Luchar por
luchar no es la consigna, porque puede surgir algo inesperado que nos haga
ocultar la cara tras las rodillas... el ridículo.
Y
aunque quizás estas líneas desalienten a más de uno, la verdad es que Rage es
sólo una excelente banda «bien intencionada». No queda más que decir acerca
de sus convicciones políticas, que desde ya me parecen respetables mientras
no intenten hurgar en platos ajenos sin siquiera saber en qué terreno
están hundiéndose. Evil Empire es una muestra grande de las
posibilidades que aún tienen por explotar, basta escuchar «Revolver» (Hey
revolver / ¿acaso las madres / no hacen buenos padres?), «Vietnow» (Prende la
radio / jódelo / Apágalo / el temor es tu único Dios) o «Tire Me» (Quisiera
ser Jackie Onassis / quisiera poder usar un par de lentes oscuros / quisiera ser
Jackie oh, oh, oh / por favor no te mueras / que nosotros morimos) para saber
que estamos ante una de las grandes bandas paradigma del nuevo sonido de los 90
¿Por qué todo el mundo dice que en esta década no hay nada original? ¿que sólo
los ingleses innovan? No lo creo.
Sólo
falta mencionar que en abril Rage armó un gran escándalo en los estudios de la
NBC en el programa Saturday Night Live, cuando fueron impedidos de tocar la
canción «Bullet in the Head», porque entre otras cosas «tenía líricas
objetables» que debían suprimirse en vivo. Además entre el público del
estudio se encontraba el billonario Steve Forbes, un ex-candidato republicano a
la presidencia acompañado de su familia, el cual no deseaba ser «ofendido».
El grupo sólo pudo tocar «Bulls on Parade» porque cuando se aprestaban a
tocar «Bullet in the Head» fueron sacados del aire. Dentro del show se armó
tal escándalo (porque el público estaba a favor de Rage) que sólo pudo
calmarse cuando funcionarios de la cadena obligaron a Rage a abandonar el canal,
para nunca volver. ¿Qué ocurría? ¿Por qué la represión para un grupo «invitado»
a tocar en el programa? En todo caso, ¿para qué los invitaron? Quisiera
ensayar una respuesta: como el álbum de Rage se encontraba como No. 1 durante
varias semanas, el programa no podía darse el lujo de perderse a ese público
potencial que estaba «jalando» Rage Against the Machine. El pacto entre compañías
se hace evidente, los sponsors exigen que salga al aire lo que el público
demanda (¿Marketing, verdad?) y Rage no debía perder la oportunidad de cagarse
en la NBC, Steve Forbes y en todos los representantes de la «clase privilegiada»
que seguían el programa. ¿Cómo se llama eso? Simple y llanamente: USO. ¿Quién
le patea el culo a quién?... ustedes opinen.
Ahora
lo recuerdo, me llegan a la mente las palabras de mi profesor cuando hablaba del
movimiento «hippie» y de cómo se fue yendo a la mierda: «El capitalismo lo
compra todo», dijo desilusionado, como yo no quisiera estarlo ahora. ¿El odio
es un regalo, Zack?... Yo creo que sí.
Encontrado en: http://www.geocities.com/revistacaleta/rage.htm