RAGE AGAINST THE MACHINE

por DIEGO TRELLES

Y que la máquina lo absorbe todo, oprime a la gente desde México hasta China, en la tierra del imperialista, escondida en el poder como anguila venenosa. Y que desarrolla políticas que mantendrán al pobre siempre como pobre, y al rico bendecido, bebiendo lujuria en copitas de cristal mientras engaña al obrero, ofreciéndole apariencias. Nos habla el chicano. El dinero ciega, las ideologías mueren, la información les pertenece y la gente empieza a creer que es la «máquina» la única forma de sobrevivir. «El capitalismo lo compra todo» diría mi profesor resignado con una sonrisa melancólica. Dime tú, ¿cuál es la fuerza? ¿quién detiene a los gobiernos que aún nos venden el «sueño americano» como forma de vida?. «Jódanse no haré lo que ustedes dicen» exclama el chicano radicado en una tierra que no le pertenece, tiene una banda que habla de revolución y se declara anti todo lo que vaya en contra de la comunidad. El tiene dudas, como yo. Lee a Tucker, a Foner, a Malcolm X. Aprende a cagarse en el Tío Sam mientras sostiene en las manos el libro para «Cocinar Anarquía» de Powell. El piensa en Bob Marley y se siente tan sedicioso como el Che Guevara. Vivió en suburbios, aprendió de su padre, el artista callejero que crea murales de protesta. Habla de Leonard Peltier y la comunidad india, Mumia Abu-Jamal, los Black Panthers, del comandante Marcos, que ahora está en boga (los «Zapatistas Forever» ¿no?), el comité de apoyo a la revolución en el Perú, Sendero Luminoso (¿qué?) y la liga Anti-Nazi alrededor del mundo. Luchar por luchar parece una consigna inquebrantable. Los cuatro subversivos de la música innovan una propuesta que fue cocinándose  al interior de muchos movimientos marginales. Se mezcla el rap violento de los «gangueros» en los suburbios, el hardcore «agringado» y radical que practican los drogadictos de California, el hip-hop -sucio o melódico- herencia de negros, y un rock tímido, casi desintegrado, completamente antagónico al pop amanerado que busca oídos masivos y cabezas huecas. Ellos dicen NO, llaman a la gente a levantarse, «conoce a tu enemigo» es la palabra que se transformará en bala si se instala en el cerebro, la revolución existe si intentas imaginarla. Te doy una receta: pregunta en las calles por la «fuerza contra la máquina», intenta conseguir una referencia, lee las líricas del chicano ese que alucina con Marx y muestra las pelotas en público por su causa. Luego pregúntale a ese «profesor» que te enseña en las mañanas si la revolución existe. Si te dice no... no le creas.

Qué difícil resulta hablar de música cuando la influencia política de un grupo se hace más que manifiesta en todos los movimientos que realiza. Pero esa es la verdad, Rage Against the Machine es una banda que vende revolución en cajitas de 20 dólares que dicen Blockbuster o Circuit City. Qué paradoja ¿no? «Ultimamente mucha gente nos critica por dormir con el enemigo, no estoy de acuerdo. Yo creo que es una situación de mutua explotación. El tipo de información que la gente puede encontrar «usando» a Sony es mucho más importante que eso que ellos llaman un acuerdo» dice Zack de la Rocha, vocalista y compositor, mientras asegura tener el control total de todo lo que la banda hace. «Si venden, que hagan su berrinche nomás» podría tranquilamente pensar un alto ejecutivo de la Epic. Sin embargo, Zack recuerda con nostalgia aquella etapa en que con su primera banda, Inside Out, y bajo la cobertura de un sello indie, vivían felices vendiendo sus casetes demo en las puertitas de los conciertos -no sé a quién me hace recordar- y surfeando en las mañanas, lejos de compromisos y negocios, bien relajados.

¿Cómo estalla todo? Quizás en noviembre del 92 cuando ingresa al mercado un álbum que muestra en la portada la foto de un chino que está quemándose. Su nombre, Thich Quang Duc, un monje budista que se incendia en Saigon, Vietnam, el 11 de junio de 1963, en protesta por las medidas aplicadas por Ngo Dinh Diem, un cabecilla americano de Vietnam que había creado una campaña anti-budista en el sur del país. La foto había ganado el premio Pulitzer de ese año y en el disco traía unas pequeñas letras a máquina en la parte superior que decían: Rage Against the Machine.

El impacto fue en aumento cuando salió en rotación el video de la canción «Freedom», las imágenes iban alternando violentamente entre escenas de la banda en concierto y la historia de Leonard Peltier, líder del Movimiento Indio Americano (AIM), quien purga prisión en Kansas por los sucesos acontecidos en Pine Ridge en 1970, cuando agentes del FBI intervinieron un edificio donde Peltier y miembros del AIM estaban reunidos. Un tiroteo intenso dejó dos agentes muertos. La causa: la posesión de las tierras indias. Peltier fue arrestado, pero no se declaró culpable. Nunca reveló quién hizo los disparos y nunca se supo quién comenzó el tiroteo. El video es constantemente invadido por leyendas que insinúan una conspiración por parte del estado americano. «No se ha hecho justicia», es el último párrafo a gran escala que aparece, mientras Zack descarga las tripas en el escenario y la audiencia estalla en convulsiones colectivas.

¿Qué carajo estaba pasando? Había aparecido una nueva fuerza que operaba con violencia, convirtiendo el escenario en un infierno multicolor de matices sonoros, creando una amalgama insospechada de hardcore, rock-rap y punk inspirado, con tendencias políticas y sobre todo con un rollo más acelerado que el típico «no voy a la escuela» o «la sociedad apesta» de las bandas punk de común denominador. Se encontró el por qué y el cómo, escarbando en la conciencia con golpes certeros y una posición distante. Se atacó desde adentro, como Zack lo afirma, explotándose mutuamente y obteniendo el beneficio de convivir con el enemigo mientras ambos sacan lo que buscan. La pregunta, sin embargo, cae por inercia: ¿quién realmente es el que patea el culo del otro? ¿quién finalmente controla las manijas de la enorme máquina, que arrastra la fuerza de un discurso, que ilusamente pretende destruirla?

Fuerza por Fuerza

Fue en 1991 que la banda se formó en Los Angeles, su primera presentación fue en la fiesta de unos amigos en Orange. Zack, líder de la banda, nació en Long Beach, California en 1970. Descendiente de chicanos, su padre Beto fue un artista que fundó Los Four, un grupo que creaba murales de protesta que fueron cruciales par el desarrollo del movimiento chicano. Su madre era antropóloga. Ambos se divorciaron cuando Zack tenía un año, así que el niño pasó su infancia entre los suburbios de Orange y el barrio de Lincoln al este de Los Angeles, con los chicanos. «Me siento en algún lugar entre esos dos mundos. Existe una dualidad porque constantemente estoy andando entre ambas experiencias culturales», refiere mientras recuerda que en 1983 su padre tuvo un colapso nervioso que terminó instalándolo en una especie de manicomio. Destruyó todo su trabajo y estuvo constantemente abusando mentalmente del joven Zack. El piensa que es con la música que intenta expresar el mismo sentido que su padre le dio a sus pinturas. Pertenece a un centro comunitario cerca de su casa, escribe y lee poesía en eventos organizados por la causa. Ayuda a su padre, ahora devoto religioso.

Tom Morello, guitarrista alucinante inspirado en Jimmy Page, nació en 1964 en New York y creció en los suburbios de Chicago. Así como de la Rocha, experimentó desde pequeño la política, en teoría y práctica. Su padre fue miembro de la guerrilla Mau Mau que luchó por la independencia de Kenya contra Gran Bretaña y conoció a la madre de Tom cuando ella enseñaba en una base militar americana que se estableció en Kenya. En 1986 Tom se graduó de Harvard con honores en ciencias políticas. Antes de Rage estuvo en una banda llamada Lock Up que grabó un álbum para Geffen.

Tim Bob o Timmy C. conoce a Zack desde la escuela y fue éste quien lo impulsó a tocar el bajo. Su influencia política no es acentuada, por lo que asegura que está en la banda sólo por la música. Piensa que Rage es algo sobre todo educativo, que la política y la música no deberían estar dentro del mismo cuarto: «Comencé a tocar bajo porque quería ser músico, no político. Cada vez que me hacen una entrevista me preguntan sobre política, y eso es muy difícil para mí porque no sé qué tan político pueda ser lo que digo, ya que hay un par de chicos dentro de mi banda que son taaan políticos».

De la misma filosofía parece el baterista, Brad Wilk. «Todos en esta banda tienen su propia forma de ver las cosas. Yo pienso que soy algo cínico... no soy de los rockeros que andan en las esquinas oscuras diciendo «esto apesta», es decir, yo sé que apesta, pero tú sabes, eso es normal».

En el primer año de existencia Rage abrió conciertos para muchas bandas importantes como el rapero Ice-T, los Public Enemy y Pearl Jam (Brad Wilk tocó para la banda de Eddie Vedder en una gira por Europa). Además, grabaron sus primeros demos con Atlantic Records y firmaron hacia 1992 con Epic Records. Paralelamente acompañaron a los Porno for Pyros en una gira, e hicieron lo propio con Suicidal Tendencies por Europa. La banda había conseguido un amplio público y su incendiario álbum debut subía precipitadamente en las listas. ¿Qué habían logrado estos muchachos? Mucho, en poco tiempo. Canalizaron una nueva tendencia, un giro importante donde el sonido evolucionaba como mezcla y que incluía muchas de las interesantes propuestas que paralelamente se iban desarrollando. El odio se transformó en grito y el grito en música. La protesta que emana de canciones tan duras como «Fistful of Steel» (Algo en el silencio me enferma... Soy un hijo bastardo / con visiones del movimiento / vocales que no son para calmar / sino encender y ponerlas a volar / con mi conciencia en militancia) o en «Wake Up» (Te daré una dosis / que nunca irá a acabarse / por la fuerza que crece dentro mío / con el puño en el aire / en la tierra de la hipocresía) patean en las sienes el sueño falso de los más encarnados ideales americanos. Todo esto dentro de una fiereza sónica que no deja treguas, ni admite complacencias. Que apela en repercusiones emotivas, a escarbar por dentro de la conciencia colectiva de miles de jóvenes americanos, potencialmente políticos y sobre todo inconformes. La música es disonante, agresiva, estridente hasta la saturación y plagada de innumerables efectos alucinantes, creados con maestría por Morello, sin incorporar sampleos, ni sintetizadores, ni teclados.

Canciones como «Bombtrack» (que comienza con la batería alcanzando niveles altísimos de ruido), «Know your Enemy» con una entrada increíblemente rara, con la guitarra limpia, que pareciera obra de un Village People bien dopado (música disco a mil por hora) y esa famosa frase que Zack repite gritando, ya sin música (Todos los cuales son sueños americanos) que seguramente flageló por detrás la conciencia del conservador americano. Difícil olvidar «Bullet in the Head» que es una especie de manifiesto anti-violencia contra las pandillas y cuyo video fue censurado por la Comisión Federal de Comunicaciones por las crudas imágenes que traía; «Killing in the Name» (Jódanse, no haré lo que ustedes dicen) o «Settle for Nothing» la única canción apolítica del disco que habla de la relación que Zack tuvo con su padre.

Punto aparte, comillas y guiones para «Freedom», canción símbolo, obligatoria para mentes atrofiadas. Increíble la forma ilimitada en que combinan los sonidos, en un ir y venir de lentos compases hacia tonadas incontrolables y demenciales, de susurros calamitosos hasta vómitos frenéticos, desde un rap acompasado, juguetón, hacia el hardcore beligerante que envuelve los sentidos dentro de un especie de insanía musical. La lírica, que es un llamado a la libertad de Peltier y la acción de los indios, se combina intermitentemente con metáforas sobre lo que el padre de Zack pintaba en los murales (Hermano, acaso olvidaste tu nombre / acaso lo perdiste en la pared / jugando tic-tac-toe / hey, revisa las diagonales / Tres millones (de hermanos) se han ido / Vamos / Tú sabes que están contando desde atrás hasta el cero).

Luego de este sensacional disco, sin un antecedente claro en cuanto a música (quizás la premisa más cercana se encuentre en la colaboración de hace unos años entre Anthrax y Public Enemy, o en grupos como Minor Threat -los cuales ejercen una influencia bárbara en Rage- o Downset), la banda de Zack parece no entrar en «jueguitos» de colegial rebelde y lanza una ofensiva radical que incluye medios audiovisuales y no está exenta de sonados escándalos. Había que comenzar a poner la teoría en práctica, y eso fue justamente lo que hicieron.

Hacia 1993, Rage Against the Machine es invitado a participar del tour Lollapalooza. Cuando ese año el tour paró en Filadelfia, los Rage no encontraron una forma más original de protestar que pararse en el medio del escenario totalmente calatos con unas letras pintadas en sus torsos con las iniciales PMRC, la boca tapada con cinta adhesiva y las guitarras tocando el piso mientras las cogían con las manos hacia atrás. Estuvieron ahí parados durante 14 largos minutos, protestando con los huevos al aire. Dos días después dieron un concierto gratuito en compensación por no haber tocado sus canciones ese día. La PMRC es un grupo que promueve la censura a la música, a través de stickers y marcas de clasificación para los álbums. Mediante este estúpido criterio medieval, no sólo fueron censurados los Rage, sino incluso muchas bandas que ese año participaban del tour. Definitivamente las cosas iban tomando cuerpo, un primer aviso que sin embargo no tuvo respuesta, no muy evidente al menos.

Curiosamente, tres días después del tour el padre de Timmy C. fue asesinado, un amigo suyo se suicida y Brent Kantor (amigo íntimo de la banda) también fue encontrado muerto. Timmy C. es arrestado en Nueva Orleans al querer intervenir en defensa de un ciudadano negro que estaba siendo hostigado por la policía. Se le imputaron cargos de intoxicación pública, aunque él asegura no haber estado borracho y que el nivel de alcohol en su sangre nunca fue medido. «Lo único que la experiencia hizo por mí fue el darme cuenta que nunca voy a poder soportar a la policía... Voy a decirle a cualquier policía que vea que lo odio y que deseo que esté muerto, sólo por el simple hecho de que es un policía». La banda hizo público su repudio cuando en un  concierto la madre de Morello (que acompañó a la banda a Lollapalooza) subió indignada al escenario y por el micrófono gritó a la audiencia: «Que se joda la policía de New Orleans».

El ambiente se estaba poniendo denso, así que deciden recluirse un tiempo, mientras se dedican a cooperar en las bandas sonoras de películas como Higher Learning («Year of the Boomerang»), The Crow («Darkness») y Natural Born Killers («Bombtrack» y «Take the Power Back»). Además participan en el compilatorio Tonnage que lanza la Sony con su versión en vivo de «Freedom». No aparecen más. Pequeños formatos en 45 o compactos en versión EP que contenían versiones diferentes de «Bombtrack» (con la cara del Che Guevara en la portada), «Bullet in the Head» (la imagen es la de un general apuntándole en la cabeza a un niño vietnamita -versiones oficiales afirman que es un policía del Sur de Vietnam, y el niño un pequeño terrorista del Vietcong) y «Take the Power Back» eran solicitados por miles de fans en todo el mundo.

Dos conciertos importantes se realizan a comienzos del 95, el primero en defensa de Peltier y que logró juntar una nada despreciable cantidad de dinero, para continuar con su defensa. El segundo, protestando por la agresión que sufrió Mumia Abu-Jamal, un líder negro presidente de la asociación de periodistas negros, feroz crítico de la policía racista de Filadelfia y miembro del grupo Black Panthers (ciudadanos negros muy ilustrados que defendían sus derechos amparándose en la ley). En 1981, Mumia conducía por la carretera cuando vio que un policía estaba golpeando salvajemente a un negro. La calle estaba llena de gente y él corrió en ayuda de su hermano. Dos disparos sonaron. A un costado, tirado en el suelo, estaba Mumia con un tiro en el cuerpo, su hermano sangraba por la frente y el policía yacía muerto. Al momento de su arresto Mumia fue hostigado duramente para que confesara el crimen del policía. El siempre negó haberlo matado y una cantidad enorme de testigos aseguraron que no fue él quien hizo los disparos, sino otro hombre que se encontraba en la escena. Los acusadores alegaron su historial en los Black Panthers y sus escritos políticos para condenarlo a la pena de muerte. Mumia fue sentado en la silla eléctrica por lo que representaban sus convicciones políticas. «Fuck the Police» fue el slogan del concierto benéfico que dieron en Washington DC.

Hubo un incidente a mediados del 95 que separó a la banda por un corto tiempo. Sucedió que la segunda entrega del grupo ya estaba por salir. Los Rage ya habían grabado una veintena de canciones, cuando problemas relacionados con la dirección que la banda estaba siguiendo, mandaron a la mierda tanto a las canciones como al grupo. Ellos niegan esta versión. Es inevitable para un movimiento, que en los momentos críticos las piezas principales comiencen a flaquear. Es discutida la actitud que critica el entorno cuando por dentro las cosas se están pudriendo. Quizás esa sea la razón que estima Zack para negarlo todo: «Nunca rompimos... tenemos diferentes ideas para evaluar las cosas, para entender como es que Rage se hace potencialmente político. Estas cosas siempre traen problemas». Hablaba de una especie de división al interior de la banda: por un lado Timmy C. y Brad Wilk con su declarado escepticismo, por el otro de la Rocha y Morello, incansables batalladores en cuanto a cuestiones políticas se refiere. ¿Le conviene a la disquera este tipo de enfrentamientos? Ni cagando... resulta improductivo.

Evil Empire es quizás la respuesta más certera para esta especie de falacia. Los muchachos están de vuelta derramándose en odio, más poderosos que nunca aunque aún tambaleándose en la inercia entre el ser o el no ser, dentro de un mismo disfraz y bajo el mismo discurso. Los cuatro individuos abren de nuevo el espacio en que las preguntas se multiplican sin respuesta, en que los cimientos de una sociedad engañada parecen ser de adobe, y nos vemos envueltos dentro de una traición perpetua, como el rezago de una raza subyugada. El chicano protesta por algo que quizás nunca le entiendan, lo contradictorio del asunto es que todos parecen seguirlo.

El Imperio Maligno

¿Y por qué «Evil Empire»? «Es un título que pienso es un poco retórico. Hacia el final de la guerra fría, la administración Reagan estaba constantemente tratando de imponerle miedo al público americano al referirse a la Unión Soviética como el «Imperio Maligno». Fuimos capaces de comprender, más allá de lo que nos metieran en la cabeza, que Estados Unidos ha sido el responsable de muchas atrocidades del siglo 21", responde Zack, refiriéndose al segundo disco que Rage sacó a comienzos del 96. Fueron tres largos años que muchos anduvimos esperando este álbum, y podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que no fueron en vano. Es el Evil Empire la evolución lógica de un sonido novedoso que muchas bandas ahora explotan con desigual desempeño (entre las más destacables: 311, Korn y Deftones). Significa equilibrio, explorar los extremos más radicales de corrientes que se mueven sobre, y para, el ruido. Encontrar el límite, la frontera, el tope indiscriminado, donde las diferentes propuestas se confunden en un «todo» sónico intenso, y la estridencia se vuelve compleja, molesta, estimulante. El punk y el hip-hop funden elementos de una manera novedosamente extraña, en detrimento, quizás, de la pesadez del trash-core que exhibieron en cortes como «Freedom» o «Bombtrack», en su álbum debut. Sin embargo, la complejidad aumenta. Si te pareció que «Killing in the Name» era una canción fuerte, tienes que escuchar «Vietnow» o «Revolver» que hacen que la Rollins Band suene como The Cure.

Desde el primer single, «Bulls on Parade», lanzado con un video muy didáctico que muestra cómo la autoridad reprime diversas manifestaciones con violencia indiscriminada (Armas / no hay comida / no hay hogares / no hay zapatos / No hay necesidad / sólo completa la guerra del animal caníbal) uno puede darse cuenta que las cosas no han cambiado en lo absoluto. El discurso provocador, enérgico, contestatario se mantiene e incluso aumenta su intensidad. «People of the Sun» da cuenta de aquel apoyo incondicional, casi fanático que Zack de la Rocha ha ofrecido al comandante Marcos y su Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en México. «No debe haber otro Vietnam en México» es la frase que se repite al final del video como centella luminosa. Parece que Zack no ha visto el gran merchandising que esto de los zapatistas trae consigo: el comandante Marcos en las pantallas de MTV con su mejor sonrisa presentando «Semana Rock», mientras desde el lugar de los hechos, todos los artistas latinos se unen a su causa sujetando en la solapa, uno de esos «pins» rosaditos que dicen: «Revolución Corazón». Por favor, ¡quién carajo va a creerles eso! Me hace recordar aquella sutil denuncia que hacían algunos grupos frente a la táctica «acomodada» de los chicos de Manu Chao (Mano Negra) cuando visitaban algún país. Este es precisamente el error en que lastimosamente cae todo el discurso de Zack y compañía, transformándose en algo poco menos que imperceptible.

Bien dicen que el «bien intencionado» cae cuando sus anhelos son evidenciados sin sustento. ¿Cómo comprender que un grupo tan preocupado por la comunidad, por los derechos y libertades de las personas haga apología de Sendero Luminoso, tenga un comité de apoyo a la revolución en el Perú y pinte en sus instrumentos o se tatúe en los brazos el símbolo del PCP? ¿Quién los engañó? ¿Un libro, un testimonio, un fragmento? ¿Y las miles de personas inocentes que la ideología subversiva «sacrificó» por sus ideales de revolución? ¿Les hicieron el cuento del «gringo» estúpido que financia violencia irracional mientras se cree Mao Tse Tung? Frente a esto, ¿qué podemos pensar? Que el discurso se desdibuja, cuando quiere abarcar tanto sin siquiera ocuparse de lo más esencial: el sustento, la información, la historia de un pueblo. Luchar por luchar no es la consigna, porque puede surgir algo inesperado que nos haga ocultar la cara tras las rodillas... el ridículo.

Y aunque quizás estas líneas desalienten a más de uno, la verdad es que Rage es sólo una excelente banda «bien intencionada». No queda más que decir acerca de sus convicciones políticas, que desde ya me parecen respetables mientras  no intenten hurgar en platos ajenos sin siquiera saber en qué terreno están hundiéndose. Evil Empire es una muestra grande de las posibilidades que aún tienen por explotar, basta escuchar «Revolver» (Hey revolver / ¿acaso las madres / no hacen buenos padres?), «Vietnow» (Prende la radio / jódelo / Apágalo / el temor es tu único Dios) o «Tire Me» (Quisiera ser Jackie Onassis / quisiera poder usar un par de lentes oscuros / quisiera ser Jackie oh, oh, oh / por favor no te mueras / que nosotros morimos) para saber que estamos ante una de las grandes bandas paradigma del nuevo sonido de los 90 ¿Por qué todo el mundo dice que en esta década no hay nada original? ¿que sólo los ingleses innovan? No lo creo.

Sólo falta mencionar que en abril Rage armó un gran escándalo en los estudios de la NBC en el programa Saturday Night Live, cuando fueron impedidos de tocar la canción «Bullet in the Head», porque entre otras cosas «tenía líricas objetables» que debían suprimirse en vivo. Además entre el público del estudio se encontraba el billonario Steve Forbes, un ex-candidato republicano a la presidencia acompañado de su familia, el cual no deseaba ser «ofendido». El grupo sólo pudo tocar «Bulls on Parade» porque cuando se aprestaban a tocar «Bullet in the Head» fueron sacados del aire. Dentro del show se armó tal escándalo (porque el público estaba a favor de Rage) que sólo pudo calmarse cuando funcionarios de la cadena obligaron a Rage a abandonar el canal, para nunca volver. ¿Qué ocurría? ¿Por qué la represión para un grupo «invitado» a tocar en el programa? En todo caso, ¿para qué los invitaron? Quisiera ensayar una respuesta: como el álbum de Rage se encontraba como No. 1 durante varias semanas, el programa no podía darse el lujo de perderse a ese público potencial que estaba «jalando» Rage Against the Machine. El pacto entre compañías se hace evidente, los sponsors exigen que salga al aire lo que el público demanda (¿Marketing, verdad?) y Rage no debía perder la oportunidad de cagarse en la NBC, Steve Forbes y en todos los representantes de la «clase privilegiada» que seguían el programa. ¿Cómo se llama eso? Simple y llanamente: USO. ¿Quién le patea el culo a quién?... ustedes opinen.

Ahora lo recuerdo, me llegan a la mente las palabras de mi profesor cuando hablaba del movimiento «hippie» y de cómo se fue yendo a la mierda: «El capitalismo lo compra todo», dijo desilusionado, como yo no quisiera estarlo ahora. ¿El odio es un regalo, Zack?... Yo creo que sí.

Encontrado en: http://www.geocities.com/revistacaleta/rage.htm