El delirio de Turing

 

Javier Agreda


 

A una Bolivia convulsionada por protestas populares –ocasionadas por la venta de los recursos naturales a empresas extranjeras- nos remite la novela El delirio de Turing (Alfaguara, 2003) la nueva entrega del narrador Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967). Un thriller tecnológico en la línea de las dos novelas anteriores de este escritor –Sueños digitales (2000) y La materia del deseo (2001)- que cobra sorprendente actualidad a la luz de los recientes sucesos en el país altiplánico.

 

Esa crisis política ficticia (pero basada en la “Guerra del agua” del año 2000, durante el gobierno de Banzer) es narrada  a partir de un grupo de criptógrafos de la “Cámara Negra”, organismo estatal encargado de descifrar mensajes en clave de la oposición. Miguel Sáenz, el más respetado de esos especialistas (conocido por el apelativo de Turing) se entera de que ha sido utilizado por sus jefes, Ramírez-Graham y el agonizante Albert, para encarcelar y condenar a inocentes. Paralelamente, Flavia la hija de Sáenz y experta en computación, colabora con Ramírez-Graham buscando al misterioso Kandinsky, un hacker que dirige las protestas y disturbios a través de internet. A los mencionados se suman otros dos protagonistas: Ruth, la esposa de Miguel, y el juez Cardona, una especie de ángel vengador.

 

Las historias de estos siete personajes se alterna en los 45 capítulos de esta novela tan bien estructurada que, a pesar de esos saltos, se mantiene siempre como una lectura interesante. Ese es uno de los varios aspectos en los que se aprecian los progresos del autor, el dominio que ha alcanzado en el manejo de las técnicas narrativas. Hay además constantes cambios del punto de vista, datos escondidos, flashbacks y anticipaciones, y una amplia variedad de recursos que aseguran la continuidad y fluidez de la trama. A ello se suma un mayor trabajo con el lenguaje, aunque a veces se llegue a algunos excesos retóricos (adjetivos e imágenes demasiado artificiosas), y la laboriosa  documentación sobre la historia de la criptografía o las más modernas técnicas de hackeo.

 

Pero el esmero puesto en la trama y documentación ha hecho que el autor descuide otros elementos igual de importantes como los personajes mismos, planos y cuyos cambios de comportamiento (el repentino enamoramiento de Flavia o el activismo político de Kandinsky) responden más a necesidades argumentales que a una evolución justificada y coherente. Algo similar sucede con la extensión de los capítulos (los hechos más importantes son contados con excesiva premura) o el material producto de la “investigación”, que el autor –sin haberlo digerido del todo- se esfuerza por incluir en la narración, dando lugar a una serie de errores y también a la creación de un personaje como Albert, supuesta personificación del espíritu y la historia de la criptografía.

 

El personaje, extrañamente alegórico, muestra también lo ambicioso de esta novela en la que Paz Soldán ha querido reunir una cierta problemática social (el rechazo a la globalización neoliberal en los países tercermundistas, lo accidentado de la historia política boliviana reciente) con aquellos temas y elementos que ya se han vuelto recurrentes en su obra: el impacto de las nuevas tecnologías (internet, medios audiovisuales, video-juegos) en nuestra vida cotidiana, el interés por los acertijos y juegos de palabras (presente ya en “Dochera”, uno de sus primeros cuentos), y la propia ciudad de Río Fugitivo, versión ficcionalizada de su Cochabamba natal. No todos estos componentes se han logrado integrar bien a la narración, y la novela no perdería nada si se eliminaran dos o tres de sus siete protagonistas.

 

A pesar de los reparos, El delirio de Turing es una buena novela, una especie de resumen y conclusión de todo un ciclo novelesco que tuvo su mejor expresión en Sueños digitales. Un libro que confirma a Paz Soldán como uno de los autores latinoamericanos más valiosos dentro de su generación.

 

Encontrado en: http://es.geocities.com/agreda5/Literatura/pazsoldan.html