Entrevista con Edmundo Paz Soldán“Hay que hacer caso a las obsesiones”
Barcelona tenía en sus calles un frío invernal muy europeo. Tan diferente a nuestro invierno quizás más benigno, y más cálido (si esa es la palabra) al invierno de 20 cm. de nieve de la Ithaca de Edmundo. Era pues una fría Barcelona donde dos cochabambinos lejos de casa se reunieron en el bar de un hotel a conversar de la última novela de uno de ellos, de literatura y, cómo no, de la Bolivia que ambos sentían un poco lejana y quizás ajena y propia.
Malbicho.com, mayo-junio 2003
¿Por qué la creación de Río Fugitivo y el regreso en cada novela a esta ciudad?
Al comienzo cuando escribí Río Fugitivo, la novela, era sólo un paisaje literario aunque existía en Cochabamba. Me di cuenta que me leían con mucho apego al referente real, entonces para librarme de esa lectura tan pegada a lo real, me dije que, a partir de la siguiente novela, iba a escribir en mi propia versión de Cochabamba: Río Fugitivo. Es Cochabamba pero ya tergiversada por los años. Porque después de todo vuelvo allí cada año, y ya han pasado 15 años desde que estoy fuera. Se me ha ido creando un espacio imaginario en el que participa la nostalgia y también la reinvención literaria. Pienso que un buen proyecto literario es construir un espacio autónomo que tenga deudas y que se relacione con la realidad pero, a la larga, pueda desprenderse y tener vida propia. La idea es que con cada novela que va saliendo, el parentesco con el referente real vaya matizándose. Esta novela originalmente yo quería escribirla ambientada en Estados Unidos, puesto que vivo más de 10 años allí y no he escrito nada ambientado en Estados Unidos. Entonces me preguntaba qué hago aquí, qué significa ser latinoamericano en Estados Unidos. Pero de pronto apareció un viaje y me alejé de la gravedad de la novela y el núcleo se trasladó a Bolivia. Dicen que la patria del escritor es la infancia y la adolescencia, y ésa es mi patria; creo que hay que hacer caso a las obsesiones.
¿En tus viajes adónde sientes que regresas, a Ithaca (la ciudad dónde vive en Estados Unidos) o a Cochabamba?
Lo interesante cuando vives mucho tiempo fuera de tu ciudad natal es que entras en esta oscilación permanente en que estás en Estados Unidos, añorando el regreso a Bolivia y vas a Bolivia y después de un mes comienzas a extrañar cosas de Estados Unidos que no pensabas que extrañarías. Entonces, en esa oscilación permanente entre dos ciudades, hay un paisaje del imaginario que se mantiene, que curiosamente es Río Fugitivo. Puedo estar en Bolivia o en Estados Unidos, pero en el fondo estoy en Río Fugitivo. El delirio de During (su última novela) también está ambientada allí.El personaje de La materia del deseo no es novelista, pero está metido en el mundo de la literatura. ¿Tú qué te consideras, escritor, profesor...?
Yo me considero sobre todo narrador, más que escritor, novelista o cuentista. Yo quisiera volver a escribir cuentos. Antes escribía muchos cuentos y últimamente la novela, como género, me ha ido devorando. Pero en el fondo de esto hay una búsqueda de una cosa básica que es la de intentar narrar una historia a través de la palabra, a través de un género. Recuerdo que cuando estudiaba Ciencias Políticas, la crítica que me hacían los profesores era que mis ensayos eran muy narrativos. Yo no podía escribir un artículo sobre el golpe de estado de Pinochet sin contar la historia, sin poner los personajes. Ellos querían que privilegie la parte de las “ciencias” en Ciencias Políticas, como una especie de teoría del conflicto, y yo no podía. En el fondo, hay ese deseo más primitivo de intentar narrar una historia.
A ratos La materia del deseo parece estar dirigida a personas que hablan inglés y castellano. ¿Es algo hecho a sabiendas?
Hay secciones que transcurren en Estados Unidos, en el mundo académico norteamericano, y yo quería dar la textura de cómo se habla el español en esos ambientes, en los que uno empieza a hablar en inglés y acaba en castellano. Por eso no hay ni siquiera cursivas, porque no son palabras extrañas en el idioma sino que se las incorpora con mucha naturalidad. Y lo que para mí sí era un problema técnico era cómo dar esa textura de su relación con el inglés y el español, pero considerando que hay alguien que no entienda el inglés. Toda la información importante en el libro para el desarrollo de la trama y personajes está en español y te puedes saltar las partes en inglés.
El tema de la tecnología, que está muy presente sobre todo en tus tres últimas novelas, ¿hasta qué punto está mezclado en tu literatura?
A mí, como tema general, me interesa el impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana: cómo la tecnología cambia la subjetividad del individuo y cambia la misma sociedad. Eso, como tema, me parece interesante explorar.
A lo otro, siempre tengo un aforismo de Nietzsche, que empezó a escribir en máquina de escribir, allí por 1870. Hay un cambio en su escritura: entonces empezó a escribir aforismos. Es el primer filósofo que utiliza una máquina de escribir, ya que esas máquinas fueron creadas para que escribieran los ciegos. No había idea de que la máquina de escribir tuviera esta gran aplicación comercial. Y Nietzsche dice: “nuestras máquinas de trabajo están trabajando en nuestros pensamientos”. No es lo mismo la escritura antes de la maquina de escribir que después; no es lo mismo la escritura antes de los ordenadores que después.
¿Qué tan metido estás en la tecnología?
No estoy muy metido. Por ejemplo no tengo móvil. Tengo uno de esos palmpilots. Mi mujer se ríe porque dice que es una agenda glorificada. Al principio tenía jueguitos, leía el periódico, pero después me aburrí. Ahora sólo lo uso para anotar teléfonos. Quizás al no usar el móvil de manera natural todos los días me llama la atención cuando veo gente que está todo el día con el móvil. Y me pregunto cómo funciona, cómo les cambia el relacionamiento con el mundo.En tu libro, especialmente en las primeras páginas, hay una gran cantidad de referencias a tus propios libros; además, son temas que te van siguiendo. Los crucigramas, los montajes digitales, las traiciones, las habitaciones de motel. ¿Qué tanto se pueden volver estos temas como los tigres y laberintos de Borges?
En el tema del crucigrama, por ejemplo, hay un interés muy explícito de convertirlo en un símbolo. Un símbolo con el que pueda jugar y que te pueda dar para muchas cosas. Si en algún cuento lo he trabajado como un símbolo de la construcción lingüística, como en “Dochera”, ahora en esta novela el crucigrama puede significar, por un lado, que el personaje del Tío David sigue repitiendo traumáticamente estos eventos de los 70. Por otro lado, el crucigrama también para mí es un símbolo en que, como hoy, con tanta avalancha de información, de pronto todo lo que es importante en la historia, tanto lo trascendente como lo intrascendente, se reduce a trivia. Y el crucigrama se convierte en una especie de grilla democratizadora en la que entra tanto: Líder Boliviano asesinado por los paramilitares como cantante pop norteamericana. Entonces, el desafío es justamente buscarle nuevas aristas a una obsesión, porque tienes obviamente ciertas obsesiones y muchas de éstas afloran inconscientemente.
Y para acabar, la pregunta más importante: ¿Quién es la pelirroja de la portada de tu novela?
Esa respuesta me la guardo para mí.Encontrado en: http://malbicho.com/tendencias.html