Edmundo Paz Soldán
LA MATERIA DEL DESEO
Editorial Alfaguara
313 páginas


SANTIAGO, marzo 27.- La mejor falacia literaria de la década pasada fue el término McOndo, que la dupla Fuguet/Gómez patentó con cierta sorna punk y que los puristas leyeron como un gesto de parricidio contra García Márquez y cía. Lo interesante es que McOndo era más que un movimiento, una marca, un logo que daba cuenta de una intuición que después de leer las obras de Bolaño, Bayly, Fresán y el mismo Fuguet, se ha vuelto cierta: la globalización ha cambiado para siempre el imaginario latinoamericano y las escrituras que se hacen cargo de él.

Posmoderno, posthumano y postcolonial Edmundo Paz Soldán (1967, boliviano, autor de Sueños Digitales y -con Fuguet- la antología Se Habla Español, fanático de la sci/fi y profesor de literatura en Cornell) expone a la perfección con su obra qué diablos significa ahora McOndo. En La Materia del Deseo, su última novela, presenta la escritura de un paisaje multicultural donde la alta tecnología convive con la suburbia, mientras la memoria ciudadana se debate ante el auge de las mass media. El argumento no puede ser más decidor. Pedro, un profesor de estudios culturales regresa a su Bolivia natal para escapar de su relación con una alumna. Pedro es hijo de un guerrillero muerto, que además es novelista y figura de culto medial. El tipo desea escribir sobre su padre, pero todo se le complica: revisa las memorias de un jefe narco, colabora con páginas web, asiste a clubes electrónicos y debate con su tío -que fabrica inventos inútiles y crucigramas- las relaciones entre sus historias íntimas y la del país, un espacio de modernidad saturada. Hay explosiones, palm pilots, milagreros y terrorismo. Está un ex dictador que quiere lavar su pasado. Hay códigos encriptados y, por supuesto, una novela dentro de la novela.

Berkeley, la obra del padre guerrillero, es una especie de Pedro Páramo medial: una obra que cita alternativamente a Dick, Stephenson y Pynchon, y que resulta el ejemplo de desconsuelo que anima el libro completo con sus claves contradictorias, que conducen a la desmantelación de la verdad paterna. Y de ahí a un parricidio inevitable. McOndiano. Con esto, La Materia del Deseo se puede leer de muchas formas, todas interesantes: una versión tecno de la novela del dictador, un juego literario tipo Nabokov, una obra cyberpunk sin hackers, una versión posmo de Historia de Mayta, de Vargas Llosa, y un relato de educación sentimental sin demasiados modales.

De todos ellos, es la última alternativa la que sobrevive y conmueve. Paz Soldán pone como contrapunto a su ejercicio de política-ficción la larga lista de desencuentros de Pedro y Ashley, su estudiante. Ahí el deseo se vuelve el reverso de la historia. Fugaz. Lacerante. Inabordable, ya que la posesión final del otro, como la de la verdad, es imposible. Su materia es transitoria y su escritura, como la novela, un laberinto de pistas que se contradicen, cuyas únicas metas son la confusión y la nada.

Fuente: Copesa

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