Paraguay en México
Elvio romero

Anécdotas del paso de intelectuales compatriotas por tierras aztecas.

La sala abarrotada de gente. Iba a presentarse un libro de cuentos de un autor paraguayo: La rebelión de los escarabajos, de Efraín Enriquez Gamón. Me sorprendió la curiosidad de los asistentes, de un público que desconocía la existencia del Paraguay, acerca de todo lo atinente a su cultura. Me cupo a mí explayarme más que sobre lo que presentaba: el libro. Hablé largamente sobre nuestra historia, de modo que se supiera algo de nuestra patria.

Es lo que corresponde hacer ante un auditorio que se desconoce.

Les recordé que a comienzos de siglo un joven publicista, abogado investigador, el doctor Cecilio Báez, visitó México siguiendo el rastro del coronel Crisóstomo Centurión, ex compañero suyo en el aula de Filosofía, que condujera don Ildefonso Bermejo, durante la época de Don Carlos. Crisóstomo Centurión, repito, fue a Santiago de Cuba atraído por una hermosa morena cubana que conoció después de la guerra en Brasil.

El coronel era un hombre ilustrado, educado en Londres y que sabía tanto el castellano como el inglés y el francés. Se vinculó con los intelectuales mexicanos de la época y les habló del drama paraguayo. Era la primera vez que un escritor nacional habló del martirio de su patria inmolada, causando onda impresión en su auditorio.

Había estado junto al Mariscal y lo acompañó hasta el final de la campaña de Amambay. Fundó Cabichuí con Natalicio Talavera, su compañero de aulas en la juventud. Cecilio Báez sintió tan viva simpatía por quien en Santiago de Cuba redactó su Memoria atestiguando lo ocurrido en el suelo guaraní.

Y bien, Cecilio Báez pronunció en la capital azteca tres conferencias sobre el mismo tema, aunque desde un punto de vista contrario, pues, como se sabe, hacía vibrar su antilopismo. Su elocuencia era eficaz y conmovió a los asistentes. Un hombre frágil, sentado en primera fila, observaba atentamente al expositor. Era el poeta Juan de Dios Pesa, autor de Reír llorando, celebrado en toda América. Esa misma noche, motivado por las palabras de Báez, escribió su célebre Canto al Paraguay, que corrió de boca en boca.

En este siglo tuvimos un representante ilustre residiendo en México y dirigiendo "Guaranias", una editorial que se tornó célebre por la seriedad de su catálogo. Y conocido su nombre en América por su vasta obra de creación. Estudioso, fue opacado por el fuego de las pasiones políticas que en nuestro medio obnubilan la crítica imparcial, aunque fuese una celebridad en el extranjero. Su nombre era Natalicio González. Aún hoy se sienten en aquel país las huellas de su paso. No quiero en esta breve nota juzgar su obra. Su sombra seguirá pesando en las nuevas generaciones que se internen en los meandros de nuestra cultura. En México su nombre se asocia al Paraguay, y ésa es la gloria ganada por este hombre extraño cuanto esquivo, devorado por la calumnia y por su propia intransigencia.

(Publicado en Última Hora. Correo Semanal. 20.10.2001)