¿Quién defiende a nuestros héroes de espíritu?
Elvio Romero
Hemos afirmado, alguna vez, que los héroes del espíritu son tan indispensables para la nación como los héroes de la espada. Creemos que en estos momentos son más necesarios aún, y además que son más perdurables. Los que ostentan presillas han tenido benevolencia de los entronizados en el poder. Los otros, los materialmente pobres, pero ricos en el alma, estuvieron siempre al borde del olvido, y allí permanecerían si no fuera porque algún memorioso les tendió el cable para salir de sus aguas oscuras.
Quién glorifica el nombre de aquel civil que se ocupó de fabricar el papel y lo empleó en la imprenta de los periódicos de trinchera ? Quién era aquel que guardaba celosamente las anotaciones de nuestro Mariscal ? Quién fue el autor del himno que cantaban nuestros soldados en la hora de los percances ?
Apenas salía el Paraguay del abismo en que yacía, cuando los sobrevivientes salieron arremangados a levantar, piedra sobre piedra, el edificio destruido.
Tan olvidadizos seríamos, que apenas recordamos la brillante carrera política de Saturio Ríos, por ejemplo, ilustrador de Cabichuí, educado en París, que murió loco en San Lorenzo del Campo Grande, con las cuerdas del alma deshechas de tanto trajinar sobre calamidades ?
Quién ayudó a ese muchacho genial de los años trágicos, cuando lo atacaron los demonios de la melancolía, de la depresión y de la demencia ? Saturio Ríos vivió olvidado, abandonado por la mano de Dios, como se decía antaño. Creo que hoy una escuela lleva su nombre. Algo es algo, un fragmento de memoria recuperada.
Y quién recuerda a Natalicio Talavera (1839-1867), quien falleció en Pasó Pucú, bajo los atentos cuidados de Madama Lynch, víctima del cólera, brillante poeta, cronista excepcional de nuestra Guerra Grande, traductor de Lamartine. Lo conoce la juventud hoy o está también olvidado ? Talavera fue un ejemplo de cantor combatiente, con la bandera de la patria en el corazón. Sin embargo, ni los críticos ni el público lector lo tienen en cuenta. No hay un solo análisis de su obra, variada y notable, obra de un verdadero fundador.
Redundancia sería enumerar a los preteridos de nuestra historia cultural. A Barrios Mangoré le han dado le han dado más fama otros países que nosotros mismos. A mí me ha tocado convivir con grandes creadores de nuestra música, y puedo asegurar que por boca de ellos nada supe del gran Barrios. No lo mencionaban. Barrios estaba fuera de su memoria.
Y sin embargo, nuestro país está lleno de esas presencias luminosas, de esos notables músicos y letristas anónimos que gestaron, en la miseria y en los pueblos perdidos, la epopeya de nuestra música, víctimas todos ellos de la amnesia crónica de nuestros gobernantes. En los últimos años esa amnesia ha aumentado, ha sido algo atroz. A nuestros políticos, !ay de ellos!, no se los ve aparecer en los actos culturales, entreverados como están en sus disputas y conciliábulos. Algunos de ellos, la mayoría, no pisaron jamás una sala de teatro, y de sus vociferaciones se ha borrado la palabra cultura.
Me dirán que arrojo arena en el vacío. Puede ser. Creo, sin embargo, que de vez en cuando hay que tocar el tema, para que no crean que pasa desapercibida esa actitud anacrónica de hombres aferrados al oscurantismo inútil, sin sospechar que están condenados por el porvenir,
Publicado en el diario ÚLTIMA HORA (El Correo Semanal), 22-23 de julio de 2000 (Asunción, Paraguay).
Encontrado en: http://www.musicaparaguaya.org.py/profundo7.htm