La muerte del más grande poeta paraguayo actual
"La poesía no es un propósito, sino una pasión". E.A.
(Especial de Paralelo 21).- A las 2 de la madrugada del 18 de mayo murió Elvio Romero, el poeta más depurado de las letras paraguayas. Fue la madrugada más gélida para un creador como Elvio, que por más de 60 años no descansó en su apasionada vida poética.
Había nacido en el pueblo rural de Yegros, en 1926. Publicó 12 libros de poesía contemporánea, uno de ensayo (El poeta y sus encrucijadas) donde figuran memorias personales de sus relaciones con algunos de las glorias literarias del siglo, como Alberti, Neruda, Hernández, entre otros.
Y una biografía novelada del poeta español Miguel Hernández (Miguel Hernández, destino y poesía).
Uno de sus libros más celebrados se llama "Días Roturados", texto fundador de Elvio como autor público. Fue consagrado por Rafael Alberti con una carta-Prólogo donde acoge la entrada del joven paraguayo al escabroso mundo de la poesía en la segunda Postguerra.
Falleció en una clínica de Buenos Aires, a los pocos días de una operación al corazón, de la que había salido airoso. Romero se desempeñaba como Agregado Cultural en la Embajada del Paraguay en la capital argentina, desde 1995.
Él y el eximio novelista Roa Bastos, fueron los más representativos personajes literarios de eso que podríamos llamar, con cierto riesgo, "la cultura paraguaya del exilio", especie de región espiritual donde se gestó lo mejor de la creación de una de las más castigadas naciones latinoamericanas.
Buenos Aires, como nicho cultural sobre el Río de La Plata, vio florecer lo más granado de la narrativa, la poesía, la música y el periodismo guaraní.
Como Viena y Varsovia para los judíos orientales del siglo XIX, Monterrey para los españoles expulsados por Franco, Bruselas para los revolucionarios franceses del XVIII, o la Francia que acogió la intelectualidad rusa y alemana antes de la Iª Guerra Mundial.
El poeta de la Guerra del Chaco
Víctima del imperialismo inglés y norteamericano en forma sucesiva, nunca le perdonaron haber sido la primera Nación burguesa sólida del continente, pionera en educación popular, industrialización y desarrollo independiente.
Poco se recuerda que antes de que México fuera seccionada por primera vez en 1948, la Armada de los Estados Unidos casi ocupa por la fuerza Paraguay en 1947. Décadas más tarde, fue destruida en dos guerras armadas específicamente para destruirla.
De ese castigo imperialista a la indócil Paraguay del siglo XIX resultó el despojo de país que vio nacer a Elvio Romero en 1926. No por casualidad, su poesía es la gran metáfora nacional de la destrucción de su país, el más grandioso dibujo poético de la Guerra del Chaco y sus miserias. Esa tragedia paraguaya, de la que Elvio Romero fue una expresión biográfica finamente pulida, lo confirmó él mismo, exiliándose en 1947, en medio de la guerra civil que condujo a la larga noche de muerte de la dictadura de Alfredo Stroessner.
Yo tuve la posibilidad agraciada de compartir con él dos conversaciones radiofónicas. Era gran amigo del especialista en folklore Ovidio Octaviano.
Con Ovidio y el poeta y conductor radiofónico Cari Macena, realizábamos un programa de radio en 2002 y 2003 en Buenos Aires.
Dos veces llevamos a Elvio a conversar de su poesía, de la historia paraguaya que contiene su poesía y de su paso por este mundo. Su voz suave y firme, sus amplios conocimientos de historia y su presencia afable nos permitieron construir dos momentos inolvidables frente al micrófono.
Me sorprendió, por ejemplo, su recuerdo de Luis Franco, uno de los más grandes y olvidados poetas argentinos. Reproduzco sus palabras, que nunca olvidé porque las anoté en un papelito: "Claro, quién no recuerda al poeta Luis Franco, su poesía dulce y profunda, cuando nos llegó a Asunción en sus libros a finales de los años 30. Flauta de Caña, Pan, Constelación, fueron poemarios fundacionales de nuestra generación".
Ese era Elvio Romero, un hombre, un poeta, cuya memoria rebelde se llenó de inspiraciones universales que América latina recordará, como él supo recordar a grandes poetas rebeldes desterrados de las editoriales.
Por Modesto Emilio Guerrero desde Buenos Aires Especial de Paralelo 21
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