Elvio Romero. El viejo fuego (1977)

Nosotros no mentiremos


 

Nosotros no mentiremos,

no habremos de renunciar al oro falso

como quienes apelan de pronto a una impostura;

no diremos que las lluvias traen paz y las 

                                       inundaciones beneficio,

que pueden las cordilleras bajar a las llanuras,

o que en días aciagos el fervor se mantiene

como un metal de permanente brillo.

 

No, nosotros no mentiremos;

no elegiremos al hijo un sitio fatuo,

no instaremos a su alma a la mansedumbre

ni al inútil orgullo que desvía la luz de la justicia.

 

No iremos a compartir la mesa

de los mercaderes, no armaremos las trampas

que ellos preparan a los pájaros desorientados en

                                                                invierno,

no deformaremos tampoco nuestra

historia de amor y de penurias

y la ofrecemos tal cual sea en su copa de fiebre y

                                                            de tormento;

y si tuviésemos que edificar en la ilusión

y en el tul del ensueño, nuestro abrazo perenne

será veraz, desgarrador y puro,

de modo tal que puedan acercarse a este sitio los

                                               claros y los simples.

No, no diremos siquiera

que no envejeceremos, no subiremos a las nubes

                                    ni bajaremos de las nubes,

y sólo así, con el cáliz en alto, ayudaremos a vivir

con nuestra sola verdad clara, con el idéntico

gesto con que ayudamos a atravesar la calle a los

                                                                mendigos,

y seremos los primeros y los últimos,

igual a todos los mortales masticando su yerba.

 

No, nosotros no mentiremos.