Elvio Romero. De cara al corazón

Tus paseos


 

Hoy bajas por la carretera

y yo te escucho cómo cantas;

vuelan pájaros de tus hombros,

vuelan gramillas de tus faldas;

en las colinas de tus senos

se aventan las oscuras gramas,

y se ve en el trasluz del horizonte

que se disipa ya la madrugada.

 

Tú sales a mirar la noche,

a trajinar por las llanadas,

desprendes el cabello al aire

y la humedad se te rezaga

bajo los pies, entre las piedras,

elemental y sofocada,

y yo te aguardo porque sé que traes

los ojos limpios de esperar el alba.

 

Necesitas la noche. Sube

su penumbra por tus espaldas,

tomas olor a los tomillos,

desnuda entre las hierbas agrias,

verdes se quedan tus hoyuelos,

florecen verdes tus pestañas,

y vuelves como un árbol caminante,

como raíz nutrida y fecundada.

 

Por las colinas de tus senos

se aventan las oscuras gramas.

Tú necesitas de la noche,

de los montes y las bajadas.

Pones la mano entre la tierra,

quedas de pronto ensimismada,

y luego vegetal, verde y sereno,

tu rostro se ilumina en la mañana.