Comentario del libro de Rosario Ferré: “A la sombra de tu nombre”

9 de marzo de 2001

por Maruja Candal

Todos los seres humanos deberíamos hacer un ejercicio de manera consciente: aprender a mirar, a leer, a sentir, a escuchar.  El sólo acto del ejercicio de aprendizaje es en sí mismo, una nueva manera de vivir, partiendo de la premisa de la necesidad de conocer, o de un modo de aceitar la capacidad para el asombro.  Como diría Chaplin:  “todos somos aprendices, la vida es muy corta y no da, para más.”

Con el libro de Rosario Ferré “A la sombra de tu nombre” aprendí mucho. Como por ejemplo:

Este libro, a propósito de que ayer celebramos el “Día internacional de la mujer trabajadora”, sentencia interesantes planteamientos que nacen de la visión y opresión de la mujer de los sesenta:

Yo añadiría a esto un nuevo enfoque del año 2001:  evitar la palabra sacrificio y convertirla en “prerrogativa”; así, asumiendo el poder que este rol nos da, porque libremente lo escogimos, podemos revertir en poder lo que una vez se nos impuso como sacrificio.

        “La ira movió a innumerables mujeres a escribir.”

Confieso que el libro de Rosario Ferré le ha dado una nueva definición a mi vida a través de la descripción del paisaje ponceño.  Antes, creía yo, que el carimbo de las antiguas alumnas del Sagrado Corazón:  “el deber ante todo, el deber siempre” era la causa de mi carácter espartano; ahora, puedo afirmar junto a Rosario que:  “El paisaje de la niñez establece hábitos y maneras que luego se nos hace difícil cambiar.  Es como una madre cuyo rostro nos educa amorosamente.” 

De la tierra árida de Ponce, de su calor, Rosario extrae las ganas de vencer al mundo y desde el peñón de Caja de Muertos podemos atisbar los recuerdos de la niña capaz de llegar a la cima de sí misma:  “...una terquedad espartana, un no darle importancia a los barrancos, ni a las picaduras de los majes, a la quemadura de las ortigas, ni a los pinchazos de los cactus, a un no dejarse derrotar por el miedo hasta alcanzar la meta deseada.”

Abundando en ese paisaje de Ponce nos dice:  “no hay ruina cataclísmica que acabe con el complejo de superioridad de los ponceños, ni la debacle de la Commonwealth Oil Co., la Union Carbide o de la PPG...” y añade:  “Jamás tiran la toalla, casi nunca se suicidan, rara vez se entregan.”  Yo añadiría ...que para el orgullo ponceño siempre habrá un puerto de trasbordo que alimente un futuro glorioso.

Rosario Ferré, cuyo nombre de pila no concuerda en significado con su irreverencia ante los asuntos religiosos, nos habla de su obsesión por el mundo afrocaribeño al que pertenece el lenguaje del sexo, la sensualidad, la música que lo acompaña y que es la antítesis del silencio de la muerte.

También nos habla de la literatura como esa antítesis de la muerte y la expresión de la vida, la  memoria y los fantasmas.  Nos dice:  “la literatura nos permite dejar testimonio de las complejidades humanas; es el lente que une al pasado y el presente, lo grande y lo pequeño, lo visible y lo invisible.”  Nos dice también:  “Escribir es un oficio que ha menudo se ejerce en la frontera de la razón.”  “Escribir un cuento, una novela, o un poema no es un oficio para los débiles de corazón, tampoco es un oficio para aquellas personas que no se atreven a enfrentarse a su propias locuras...”

Afirma además:  “Los juicios críticos son más valiosos cuando son constructivos, no destructivos.”  En este ánimo, le pediría algunas fe de erratas:

Comparto muchísimas cosas con Rosario Ferré; su admiración por Elizam Escobar a quien nos cita en su libro:  “El arte es una lucha a muerte, contra la muerte, contra el olvido.”  “...es la actividad sagrada de la libertad.”

Comparto su admiración por Borges y por Enrique Laguerre.  Y en ánimo de ese compartir quiero decirle que yo también tuve mi anécdota pero no con Borges sino con Laguerre.  Mi bochorno.

 Los ensayos de crítica literaria son enriquecedores.  Memorable es, la explicación del mural de Ríos Rey.  Me encanta su señalamiento sobre la “Fiesta del Chivo” de Vargas Llosa.

 Para cerrar esta intervención quisiera citar a la autora que nos ocupa:  “La literatura es un diálogo con los fantasmas –de los que nos han precedido y los que vendrán después”.  Gracias, Rosario, por enseñarnos tus fantasmas, tus diálogos con el pasado, tus vericuetos del alma ponceña, tu visión del mundo afro-caribeño, tu irreverencia, tu rebeldía, y por expresar en palabras la maroma de estar viva y escribiendo, de ser libre.

Encontrado en: http://www.ateneodeponce.org/comenta02.htm