Contrapunto Boricua: Respuesta a Ana Lydia Vega y Liliana Cotto

Por: José E. Cruz

Los artículos de Ana Lydia Vega y Liliana Cotto en respuesta al reciente artículo de Rosario Ferré, "Puerto Rico, USA," publicado en la edición del New York Times del 19 de Marzo de 1998, se destacan por el tono mesurado y tolerante con que critican la posición adoptada por la escritora puertorriqueña. En el contexto de una sociedad que no se distingue por su liberalismo y una tradición discursiva en la cual la estadidad para Puerto Rico se ha caracterizado como traición a la patria, la actitud y el tono de Vega y Cotto deben celebrarse. 

Ahora bien, toda vez que la crítica al artículo se justifica a base de la "discutible calidad de los argumentos" esgrimidos por Ferré, cabe preguntar si las respuestas de Vega y Cotto corrigen, clarifican, y/o resuelven las "inexactitudes en los datos y las interpretaciones" presentados en el artículo. Desgraciadamente, la respuesta a esa pregunta es NO. Esto es así pues, en vez de corregir datos Vega y Cotto introducen nuevos datos; en vez de clarificar conceptos lo que hacen es expresar opiniones discrepantes, y en vez de resolver el problema de la interpretación juxtaponen interpretaciones alternas que son tan parciales como las de Ferré. En buena medida, Vega y Cotto son tan culpables del cargo de tergiversación como Ferré. 

El Problema de los Datos 

Lo que los científicos sociales pueden demostrar a base de datos es siempre cuestionable. Sólo en el mundo del positivismo es posible hablar de datos incontrovertibles o datos que hablan por sí solos. En el resto del universo científico-social los datos son, en el mejor de los casos, aproximaciones crudas e imperfectas a la realidad, y en el peor de los casos, productos viles de la manipulación y el engaño. En medio de estos dos polos se ubican aquellos que respetan la autoridad de los datos al mismo tiempo que reconocen que, como dice un refrán popular en los círculos académicos, "facts are like sacks, to make them stand you have to put something in them;" y ese "algo" suele ser el esquema de valores del científico social, su marco teórico, sus preferencias políticas y/o sus prejuicios sociales. 

Por ejemplo, Ferré menciona que los puertorriqueños han contribuído más de $500,000 a campañas políticas en Estados Unidos. Ella añade que el ingreso per capita en Puerto Rico es de $8,500. ¿Cúan precisos son estos datos? ¿Cúal es su significado? Vega y Cotto no cuestionan la certeza de la primera cantidad. Pero Vega asume, sin ofrecer razones, que los contribuyentes son una minoría rica o de clase alta. En ello puede que tenga razón pero también cabe la posibilidad de que dichas contribuciones sean la suma de miles de contribuciones pequeñas. Tal vez se trata de contribuciones hechas a través de los partidos políticos y hasta podría ser el caso que tales fondos han sido provistos por las corporaciones Americanas que operan en Puerto Rico, en cuyo caso tanto Vega como Ferré estarían equivocadas. 

En cuanto a la figura relativa al ingreso, Cotto nos dice que según el libro Island Paradox, escrito por Francisco Rivera-Batiz y Carlos Santiago el ingreso per cápita disponible en 1990 fue $5,215. Pero esto no necesariamente corrige el dato ofrecido por Ferré pues el análisis de Rivera-Batiz y Santiago revela diferencias marcadas en el ingreso per cápita de los puertorriqueños dependiendo del tipo de familia, la edad de las personas, y la identidad étnica y racial. Según Ferré el ingreso per cápita en Puerto Rico revela diferencias con la mayoría de los países de America Latina; según Cotto esa estadística refleja la subordinación económica de Puerto Rico con respecto a Estados Unidos. Ambas tienen razón y ello demuestra mi punto de que los datos no son incontrovertibles por ser datos y de que por sí solos no nos dicen nada. 

¿Híbridos, Puros, o Todo lo Contrario?  

El concepto de hibridez aplicado a los puertorriqueños es provocativo. De hecho, resulta irónico que aquellos que han rechazado la visión hispanófila de la nacionalidad puertorriqueña apoyando en vez un concepto pluralista y de amalgama, ahora rechazen la idea porque incorpora el ingrediente norteamericano. ¿A cuenta de qué la vision tri-partita (taíno-español-africano) de la nacionalidad es legítima y la visión dual (Hispano-Americano) que Ferré articula no lo es? Si la objección de Vega y Cotto se refiere a los términos usados por Ferré--Hispano en vez de puertorriqueño--santo y bueno. Pero, ¿por qué brincar de ahí a la condena de la categoría en sí? Al hacer eso, en vez de clarificar el concepto mediante el recurso a la definición y la distinción, lo que hacen es confundir el debate al plantear que la hibridez es imposible, indeseable, y que no existe. 

Un hecho interesante en este asunto es que el concepto de hibridez ha sido utilizado para categorizar a la propia cultura norteamericana. Así lo proclama, por ejemplo, el escritor e intelectual norteamericano Ralph Ellison en un famoso ensayo titulado "What America Would be Like Without Blacks." Nos dice Ellison: "most American whites are culturally part Negro American without even realizing it....if there is such a thing as a Yale accent, there is a Negro wail in it--doubtless introduced there by Old Yalie John C. Calhoun, who probably got it from his mammy." Del mismo modo, los puertoriqueños que "parquean" el carro y celebran "San Givin" y aquellos que crecimos cantando "pollito chicken, gallina hen," somos Americanos aunque lo neguemos. O como dice la canción de José Nogueras, interpretada por Ismael Miranda y Willie Colón, somos Americano-Latinos; o como dice Tato Laviera, el poeta puertorriqueño de Nuebayol, somos "Am e Rican." 

De suerte que, si ser híbrido significa tener más de un alma y más de una cabeza, como propone Vega, los puertorriqueños tenemos como mínimo cinco almas y cinco cabezas; nuestra esquizofrenia no es dual sino múltiple. Pero mi punto es que la visión de Vega es más una opinión discrepante que una clarificación conceptual pues la hibridez no es lo mismo que la ambivalencia. Un híbrido es un ser integral, no un ser deforme y monstruoso, cuya génesis es heterogénea. O visto de otro modo, el concepto implica unidad en un contexto de diversidad, es decir, un conjunto de tipos diferentes que resultan en un género similar.  

El hecho de que la mayoría de los puertorriqueños se clasifiquen como tal no es evidencia de que la hibridez no existe, como alega Cotto, pues la clasificación oculta la variedad de contenidos que caracterizan el ser puertorriqueño. Vale la pena preguntar, ¿qué tenemos en común, digamos, José Nogueras, Tato Laviera, y yo? Yo nací en Puerto Rico y soy un intelectual desterrado; Laviera es original de Nuebayol y es poeta; Nogueras es un músico y cantautor internacional. Lo que nos une es nuestra autoidentificación como puertorriqueños, a pesar de que los tres vivimos la puertorriqueñidad de modos diferentes. En ese sentido, Cotto debería ser consistente y reconocer que la multi-dimensionalidad de la identidad puertorriqueña se expresa tanto existencial y culturalmente como en términos de clase. 

El Problema de la Interpretación 

En vez de proferir ataques ad hominen Vega y Cotto deberían haber examinado los argumentos de Ferré con más cuidado. Al criticar los símbolos seleccionados por Ferré en vez de desacreditar el argumento de Ferré lo que hacen es tratar de desacreditarla a ella como persona, al mismo tiempo que exhiben una capacidad interpretativa limitada. Como yo no me puedo meter en la cabeza de Ferré no puedo establecer su intención al seleccionar a Chita Rivera y a John Wayne como arquetipos de la identidad puertorriqueña y norteamericana respectivamente. No obstante, dado el tipo de artículo, el medio de difusión en que se publicó, y su audiencia immediata la selección me pareció harto sensata. El uso de Rivera y Wayne como arquetipos cumplió--a mi entender--la función esencial de ilustrar el punto relativo a la identidad dual de manera clara e inconfundible. Entre la audiencia del New York Times, ¿quien no conoce a Chita Rivera y a John Wayne? Más aún, ¿para quien no quedaría clara la distinción entre lo latino y lo norteamericano en el contexto de estas dos figuras estereotípicas? A mi la ilustración me pareció magistral. 

Vega se queja pues según ella Rivera representa la "vedette sandunguera" y Wayne el "vaquero machote mataindios." Cotto añade que Wayne es un símbolo imperialista y por lo tanto ella hubiera usado figuras más progresistas. Magnífico. Pero el problema aquí no es el criterio de selección de los símbolos sino el significado de éstos. 

Primero, el simbolismo de Rivera y Wayne es más amplio que lo que Vega y Cotto sugieren. ¿Por qué circumscribir la proyección de Rivera a la dimensión representada en West Side Story? Pero aún en ese caso, ¿cuales son las cualidades del personaje que ella representa que lo hacen moralmente inadecuado o reprehensible? ¿Acaso no es posible ver a Rivera desde otro ángulo--como una talentosa artista puertorriqueña que logra proyectarse exitosamente en la escena teatral y cinematográfica norteamericana? ¿Por qué reducir la imagen de Rivera entre el público norteamericano a sólo una de sus representaciones? Hacer esto es confundir al actor con sus personajes--cosa que a veces sucede pero que no necesariamente es algo malo. Similarmente, la figura de John Wayne no puede reducirse a sus aspectos nativistas, xenofóbicos y reaccionarios. ¿Por qué no ver sus representaciones como símbolo de cualidades cívicas y morales importantes? Si su figura resuena en la imaginación del pueblo es porque aún en sus roles más nefastos--como por ejemplo en la película sobre la guerra de Vietnam, The Green Berets--Wayne encarna valores y cualidades importantes: heroismo, honestidad, capacidad de sacrificio, empatía, astucia, y liderato. 

Segundo, Vega ve el significado de los símbolos no como una juxtaposición o un dualismo sino como una transición mecánica--de lo puertorriqueño a lo norteamericano. Esa interpretación sugiere un marco teórico maniqueo en el cual entre lo blanco y lo negro no existen puntos intermedios. Vega descarta la posibilidad de la coexistencia de identidades distintas y de la transformación positiva de la identidad. En este discurso interpretativo somos Yanquis o Puertorriqueños y el dilema es Patria o Muerte. Cotto coincide al plantear la selección de símbolos en términos de la claudicación de la identidad puertorriqueña. O sea: si no puedo ser Lolita Lebrón pues seré Toni Morrison, Susan Sarandon o Madonna (Madonna??). Vega sugiere que en la transición ocurre un cambio de sexo; en otras palabras, Ferré no sólo niega su identidad nacional sino que tambien niega su identidad sexual--se trata de una mujer cuyo autorechazo, cuya mentalidad colonizada, es total. 

Esta interpretación es no sólo ahistórica sino también incoherente y perversa. ¿Es acaso la identidad puertorriqueña una entidad pura? La respuesta histórica a esa pregunta es clara. La incoherencia estriba en abrazar un marco teórico maniqueo al mismo tiempo que se acepta la existencia de varios tipos de identidad en el modelo americano--después de todo, Morrison, Sarandon, y Madonna representan tres modos radicalmente distintos del ser americano. La perversidad se expresa en dos sentidos. De una parte, Vega promueve el rechazo a la posición de Ferre a base de instigar el prejuicio sexual. De otra parte, sugiere que Ferré es una marioneta intelectual, cuyo pensamiento puede que sea fruto de "una mano alevosa." ¿De qué otra forma puede explicarse una abdicación tan abjecta sino a base de una falta de autoestima monumental o un lavado de cerebro sistemático y tenebroso? 

Tercero, un aspecto que Vega y Cotto no consideran al ofrecer su interpretación de las representaciones de Ferré es la naturaleza del discurso en cuestión. Ferré escribe su artículo "as a Puerto Rican writer." ¿Qué significa eso? Por ser escritora de ficción no resulta del todo extraño que ella articule la idea de la identidad como un fenómeno dual, de partes inseparables y aún así conflictivas, cuya dialectica transforma y reproduce a la misma vez. Esta es la dínamica que tiende a prevalecer en la buena literatura. En este sentido, que los símbolos hayan sido Chita Rivera y John Wayne es un tanto irrelevante--ella podría haber usado a Miriam Colón y a Humphrey Bogart y el resultado habría sido el mismo. Lo importante aquí es la amalgama de lo boricua y lo americano más allá de las fronteras insulares, amalgama que rearticula los términos del conflicto al incluir a la diáspora, los transforma mediante la coexistencia de dos aspectos disímiles--el ser latino y el ser americano--y lo reproduce mediante la reafirmacion del ser puertorriqueño: la realidad, nos dice Ferré, es que "we can no longer be disappeared." 

Otro aspecto que Vega y Cotto no toman en cuenta al evaluar el artículo de Ferré es la distinción entre el discurso sociológico y el discurso político. En el discurso sociológico la totalidad social es un conjunto de categorías desiguales y no necesariamente afines. En el discurso político la totalidad social es una representación imaginaria en la cual la clase dominante, el sector o la coalición mayoritaria, o el consenso predominante se proyectan como la clase, el sector, o el sentir universal. 

Cuando Ferré se refiere a Puerto Rico y los puertorriqueños ella usa los recursos del discurso político para defender su postura. Vega y Cotto tienen razón al cuestionar la veracidad de la representación de Puerto Rico como parte del primer mundo, como un país que ya no es "poor, undernourished or anemic." Pero de la misma manera que esta es una representación parcial, así también lo es la representación que Cotto ofrece en la cual una parte--lo socio-económico--define al todo. Cuando Cotto habla de "nosotros" ella privilegia el nivel de la pobreza como criterio definitorio y parece justificar la transmutación de lo parcial en lo total a base de su proporcionalidad. 

Si esto es así, ¿debemos entonces llegar a la conclusión de que, como el 59% de los puertorriqueños viven bajo el nivel de la pobreza, ese es el sector que verdaderamente constituye la nación? Obviamente esa sería una versión limitada de lo que caracteriza a Puerto Rico y a los puertorriqueños, pero a esos extremos puede llegar el discurso sociológico cuando combate el fuego con más fuego; cuando en vez de modificar la parcialidad del discurso político lo sustituye con una parcialidad igualmente arbitraria. Cotto no llega a esos extremos pero aún así, el énfasis heterológico de su argumento introduce una tensión entre la reificación del atomismo y la universalisación de lo que es meramente mayoritario. 

¿Puerto Rico, U.S.A? 

En 1979 los economistas Elías Gutiérrez, Víctor Sánchez, y Pier Caldari declararon que "Puerto Rico funciona ya, para todo propósito práctico, como un estado de los Estados Unidos...La economía del país opera cada vez más como la de un centro urbano del este de Norteamérica. Los movimientos de capital, la migración de personas, el control federal de los proyectos llevados a cabo al nivel de los municipios de Puerto Rico y, especialmente, la estructura financiera del país, se añaden a otras características físicas--extensión territorial, configuración urbana--para hacernos pensar en Puerto Rico City, U.S.A." 

Casi 20 años más tarde los autores de Island Paradox, los mismos ante quienes Cotto se ampara para acusar a Ferré de despistada, declararon: "Despite the influence of its intimate ties with the United States, the glue that binds the Puerto Rican nation remains strong. This is true not only on the island but also throughout the diaspora in the mainland United States. That over 2.7 million individuals living in the United States, whether born in Puerto Rico or not, identify themselves as Puerto Rican is a significant statement of cultural affirmation." 

A los cien años de la ocupación de Puerto Rico por los Estados Unidos, hemos terminado puertorriqueñizando lo Americano. Esa ha sido la manera en que se ha manifestado el híbrido puertorriqueño y el resultado es similar al descrito por Ellison en su ensayo cuando escribe que "whatever else the true American is, he is also somehow black.En nuestro caso, "whatever else we think we are, we are also somehow American". 
 

José E. Cruz, es Profesor de Ciencias Políticas en el "State University of New York-Albany"

Encontrado en: http://www.geocities.com/CapitolHill/8628/ferre2.html