La negritud, la blanquitud y la transparencia
en la búsqueda de una identidad nacional:
reflexiones a propósito de
La casa de la laguna de Rosario Ferré
Trayendo como único bagaje un apolillado pergamino y el peso de los olores de los jamones curados de Valdeverdeja, pequeño pueblo campesino español, Buenaventura Mendizábal, el primero de la dinastía, desembarca en Puerto Rico, y recibe la brisa marina, el sonido de los cocoteros acariciados por el viento, el festivo ondular de los nativos con "caderas bailando como calderos" (328) y una bandera norteamericana, el día en que, en medio de una fanfarria, se consolidaba la dominación norteamericana sobre la Isla. Sitúael comienzo de la acción Rosario Ferré el 4 de julio, licencia poética, para con fuegos artificiales describir un triste mes de mayo de 1917 cuando el presidente Woodrow Wilson promulga la ley Jones que concedía la ciudadanía americana a los puertorriqueños que no la rechazaran expresamente en el término de seis meses, primera posibilidad de elección acordada a los naturales de Puerto Rico, naturales que se alistaron masivamente en el ejército norteamericano provocando el siguiente agudo comentario de Buenaventura:
Razones tendrán para irse. Sospecho que aquí ha habido una hambruna
más gorda que en Valdeverdeja. (31)
Urgando en la historia Rosario Ferré hace surgir el primero de la dinastía de lo más profundo de España, al igual que los conquistadores llegaran de los pueblos perdidos a conquistar e imponer su cultura a los pueblos indígenas de América Latina. Urgando en el presente le coloca en las manos una bandera norteamericana, y en pocas líneas jugando con jamones y hotdogs plantea la incesante búsqueda de identidad, de lo nacional, en Puerto Rico. Remite así Ferré a la lucha de la época entre los comerciantes españoles y nacionales, reflejo de la lucha económica entre España y los Estados Unidos por la dominación de mercados. Y los insulsos hot dogs no pudieron competir con las paellas, las ensaimadas, las mallorcas, y la batalla por el mercado se ahogaba en las salsas al igual que eran ahogados en el agua hirviendo los cangrejos que iban a poblar la mesa y el amor en el reino de Petra.
Revela la novela de qué manera no es en el enfrentamiento con los ya silenciosos cañones de la Guerra Hispanoamericana sino en el combate cultural en el que se debaten los personajes de la tercera generación que ya no siguen los cánones de la generación del 98 ni los cánones arquitecturales del gran maestro Pavel, en realidad, copias de las obras de Frank Lloyd Wright; sino en la formación en las universidades norteamericanas, en las discusiones culturales en el foro constituido por el Ateneo Puertoriqueño, en las ceremonias rituales de Petra Avilés en el pozo del sótano de la casa de la laguna, en esa agua origen de la vida y de la fortuna de Buenaventura Mendizábal.
Las discusiones literarias en el jardín de la casa de la laguna reflejan las discusiones del Ateneo fundado en 1876 a fin de encontrar un foro en el cual se pudiera discutir libremente el quehacer cultural del país y pese a ser creado a imagen y semejanza de los ateneos peninsulares, debido a la situación peculiar de Puerto Rico, la no existencia de universidades ni de espacios de discusión, le llevó a tomar una dimensión mucho más amplia que sus predecesores peninsulares como gestor del pensamiento liberal. En las discusiones los asuntos literarios y filosóficos prevalecieron sobre los científicos, enfrentamiento que corresponde a aquel entre las dos culturas dominantes: la hispánica y la de los primeros profesionales formados en las universidades norteamericanas, enfrentamiento que se agudizará después del 98.
Toma la novela el aspecto de confrontación a través de un manuscrito escondido que pasa la historia de mano en mano, la confrontación de la historia a través de la visión de la historia de Isabel y Quintín; Quintín quien traía en su bagaje de novio la violencia de sus antepasados, del primero, aquel que bajó impregnado del olor de los jamones ahumados para instalarse en el pozo de la laguna, de los antepasados del primero, aquellos que atravesaron las aguas para cumplir con la leyenda por lo
que una no se
casa con el novio nada más, sino con los padres, los abuelos,
los bisabuelos y toda la maldita madeja genética que lo antecede. (15)
Jugando con la mezcla de la sangre y los deseos Rosario Ferré hace morir al primero de la dinastía, en los brazos de Petra Avilés, negra sacerdotisa dueña de las aguas, diosa de los pantanos, bisabuela de la mezcla de las sangres que darán nacimiento a la nueva línea. Revela la novela, en la búsqueda de viejos pergaminos, la madeja entretejida de matrimonios peninsulares e insulares para develar el entrejuego social que si a veces mantuvo distanciados e inquietos a los padres, no se proyectó en los hijos.
Sembrando la duda para enseñarnos a releer la historia Rosario Ferré insinúa cómo la extraña desaparición del guardián del pozo, pozo fuente y vida, permite el asentamiento y la fortuna de Buenaventura, pozo fuente y muerte. Simboliza Ferré en esta muerte cinco siglos de conquista española: la muerte de Atahualpa, el desmembramiento hacia las cuatro esquinas del Imperio de Tupac-Amaru en la plaza pública de Cuzco, la muerte de Lautaro, de Galvarino, de Moctezuma, de Agüeybaná, muertes que permiten la buena ventura de los conquistadores, la construcción de lo español sobre ruina y muerte, al igual que sobre el templo de Tehualtepec se erigiera un templo a la virgen y sobre el pozo, el templo coronado por una terraza de mosaicos dorados de la casa de la laguna, templo que llevaba en su vientre la semilla de la destrucción, templo que alimenta su vientre con los esclavos venidos de Africa y en el cual el elemento indígena desaparece, y el blanco busca blancas raíces y el negro busca negras raíces, y simboliza Ferré, por lo que en esta historia tu agüela sí sabemos dónde está; y simboliza Ferré al ponernos frente a frente al tema tabú del racismo en la sociedad puertorriqueña.
Emplea Ferré la intertextualidad, como la define Kristeva, transponiendo un sistema de signos a otro: lo histórico a lo social al confrontar, transponer, la historia real, la masacre de Ponce ordenada por el gobernador Winship, al conflicto familiar, a la división de la familia y a las diferentes posiciones al interior de una misma familia con respecto al devenir de Puerto Rico; pero también entrega las claves que permitirán al lector interpretar su novela: desde el comienzo sitúa al lector indicándole a través del título que entrará a la historia de una familia y que la casa de la laguna es un núcleo que da origen a esta historia, es la casa de la infancia, aquella que trae recuerdos al lector y le permite buscarse, interpretarse, encontrarse, en su pasado; es el pasado puesto en perspectiva.
Le permite ese pasado buscarse, y resume Ferré ese pasado en la casa, ese microcosmos social. De adulta es la casa de la laguna, en la infancia, a los diez años, es la casa de la calle Aurora en Ponce. En su seno aprende a apasionarse por la política, a simpatizar con los independentistas por amor a Abby, la abuela. Aprende a dudar, como dudara Abby, al ojear el catálogo de Sears, el mismo a través del cual compraría 15 años más tarde la ropa de invierno antes de salir a estudiar a Vassar College. Sears, esa ventana de bienes que no tenía tiendas en Puerto Rico y que como nos dice la protagonista "era un estado mental, era como encargar las cosas al cielo". (p.195) Y al ver dudar a Abby entre las razones morales que definían su independentismo y las fotos del cielo que la llamaban a ser estadista, el ejemplo se rompió y dudó la protagonista, dudó hasta que, y ello no está en la novela, en un artículo publicado en el New York Times, pone fin a la duda y se define la protagonista por boca de la autora.
Jugando con las fronteras sociales ubica la casa de la laguna en uno de los dos bordes de la Avenida Ponce de Léon, sí el mismo, el primer gobernador de Puerto Rico, el mismo que muriera atravesado de certera lanza en su inútil búsqueda de la fuente de la juventud eterna en los pantanos de Florida y cuyo nombre señorea en la avenida que divide dos mundos que se confrontan: de un lado los salvajes manglares de los que sólo se adivina el comienzo y del otro, las hermosas casas de Alamares, uno de los suburbios más elegantes del Viejo San Juan.
A un lado el mar, las hermosas casas, el paraíso, y en el medio la casa de la laguna, y allá en el fondo los manglares, los manglares que avanzan. Y el manglar apesta, la descomposición de las aguas lo pudre todo, pero al mismo tiempo permite el nacimiento de la vida y de lejos se ve como algo insalubre, algo que hiede pero para aquellos que viven en los extramuros de la sociedad es amparo de libertad y fuente de vida y sus crustáceos alimentan al esclavo y al soldado fugitivo, y sus cangrejos alimentan a la familia de Petra y el ron cañita vuelve loco al primero de la estirpe española y libera sus jugos que se mezclan con los de los descendientes de Petra.
A través de los manglares llegó Petra Avilés, Petra salida de Guayama, Petra salida de la sangre de Ndongo Kumnundú, nacido en Angola, Petra la heredera del último grito de Bernabé, cacique cautivo que organizó el primer levantamiento negro entre otras cosas por lo que le prohibieron hablar en su lengua, el bantú, y nada hay más doloroso para un hombre que el que le prohiban hablar en su lengua puesto que
la lengua de una persona era algo más profundo que la religión o el orgullo
tribal. Era una raíz que penetraba muy adentro del cuerpo y nadie sabía en
realidad dónde terminaba, (75)
si termina en Petra, si termina en la hija de Carmelina, si se prolonga más allá del último decreto que intentó cambiarla por el inglés, si termina en las cunas arrinconadas en los barrios pobres en lejanas y frías tierras o si se prolonga macuquera, lenguilarga, buscabulla, boquidura sobreviviendo, alimentándose, resistiendo, renaciendo.
Es una característica de la literatura femenina la búsqueda de la identidad y Rosario Ferré no es ajena a esta búsqueda; es una característica de la literatura puertorriqueña la búsqueda de una identidad nacional y Ferré no es ajena a esta búsqueda, y como en todo/toda puertorriqueño/a desde la casa de la infancia las corrientes se encuentran, las corrientes se afrontan, y los antepasados se definen definiendo la descendencia:
Nací aquí, señor.
Soy puertorriqueño de pura cepa. Mis padres emigraron
a la Isla de las provincias vascas poco antes de yo nacer. Me llamo Arístides
Arrigoitia. (103)
Arístides, puertorriqueño de pura cepa quien sin embargo, cegado por la tentación de llegar a coronel de la policía se hizo sordo a los comentarios de su suegro: "Estarás azuzando hermano contra hermano". (142) y aceptó la orden de abrir fuego contra los cadetes nacionalistas. Y en aquella época estaba prohibido enseñar la historia de Puerto Rico, historia que las monjas de la Milagrosa milagrosamente borraran al afirmar que a decir verdad Puerto Rico no tenía historia, que la Isla había comenzado a existir políticamente cuando las tropas norteamericanas desembarcaron por Guánica. Y de todas formas, así hubieran enseñado la historia no hay que olvidar que la historia se escribe de acuerdo a los intereses del que la ordena, es así que la orden de fuego fue impartida por el abuelo de Quintín, yo soy puertorriqueño de pura cepa, y no, como lo fuera en realidad, por el gobernador norteamericano.
Define Ferré las fuentes de su escritura, y la culminación del proceso creativo en manos del lector a través de la confrontación entre Quintín e Isabel, en la confrontación a través de la lectura del manuscrito de Isabel y las notas que Quintín añadía, sabiendo que es la calidad de la escritura la que otorgará el triunfo o la derrota a la obra:
Cada pliego es
una carta dirigida al lector; su significado no estará
completo hasta que alguien lo lea, (331) [se
define Isabel]. Es cierto que
la literatura fluye como la vida misma -reconoció Quintín al comenzar
a comer-. La historia, por el contrario, es algo muy distinto, Es también
un arte, pero tiene que ver con la verdad. Un novelista puede escribir
mentiras, pero un historiador nunca puede. Por eso estoy convencido
de que la historia es mucho más importante que la literatura.
Separación entre un mundo surgido de la imaginación y un mundo sin evolución, un mundo estático, sin cambios, un mundo surgido de la historia en el cual no puede existir comunicación alguna entre los personajes y el lector. Existencia de una fuente inamovible, supuestamente verídica, unidireccional que explica el presente, a través de la aceptación de la fuente histórica, como algo no cuestionable, no interpretable.
No estoy de acuerdo contigo en lo absoluto, replicó Isabel.
La historia no
tiene que ver más con la verdad que la literatura.
El historiador como el novelista observa el mundo a través de sus
propios lentes y cuenta lo que le da la gana. Pero es sólo una
parte de la verdad. (133)
La confrontación se da en la interpretación de la historia a través de una mujer en busca de su identidad, de una mujer debatiéndose en medio de la violencia en una sociedad patriarcal, por lo que una se casa con el novio, el abuelo, el bisabuelo y toda la maldita madeja genética, la que expresa Rosario Ferré en masculino para rebelarse contra esa sociedad macho-dominante que reprime/censura cualquier intento, cualquier inclinación de la mujer a redefinir su posición en la sociedad. A través de un personaje femenino, el suyo, repetido en la historia, Rosario Ferré busca su identidad al mismo tiempo que intenta explicarse las raíces de las cuales viene esa sociedad en la cual se desarrolla su historia, por lo que al casarse con una sociedad, una se casa con cuanta corriente la ha formado, con cuanta tendencia la ha poseído o intentado poseer, con aquellas terribles fuerzas que la han atravesado, con cuanta tormenta cultural la ha influido para dar nacimiento a la más bastarda de las asociaciones y en el fondo, allá en el fondo, en medio de los manglares, dar nacimiento al sentimiento nacional, al intentar afirmarse en medio de una sociedad abusada, subyugada. Y Ferré quiere ser, al igual que Puerto Rico quiere ser, puesto que como dice Neruda sucede que a veces uno se cansa de ser hombre, y yo diría que a veces una se cansa de ser ornitorrinco.
Sitúa Ferré parte de la acción de La casa de la laguna en los años 1933 al 36, años en que se vivía una situación de extrema tensión en Puerto Rico la que se manifestó en diversos enfrentamientos entre nacionalistas y la policía. En Río Piedras una refriega dejó un saldo de 5 muertos. Pedro Albizu Campos, líder del Partido Nacionalista, quien tras la derrota electoral de 1932, convencido de que la vía electoral no conducía a ningún lado radicalizó las posiciones de su partido y responsabilizó de las muertes al jefe de la policía Francis Riggs, quien será ultimado en 1936 por Elías Beauchamp e Hiram Rosado. Ambos jóvenes nacionalistas fueron últimados más tarde en un cuartel de la policía. Es para vengar la muerte de Riggs que el gobernador Whinship, convencido de que venía un levantamiento general, dio la orden de reprimir la manifestación llamada por el Partido Nacionalista el Domingo de Ramos de 1937 en Ponce para conmemorar la abolición de la esclavitud en Puerto Rico. La Masacre de Ponce que describe Rosario Ferré deja un saldo de 21 muertos.
Esta situación política originada en la búsqueda de identidad atraviesa la literatura puertorriqueña y se definen los escritores contradiciendo a veces la primera definición, aquella que diera Rosario Ferré en El cuento envenenado cuando pone en boca de Rosa, la protagonista femenina del cuento, una interpretación del manuscrito de su marido, Lorenzo, el protagonista masculino, un hacendado venido a menos, y salta a la vista la coincidencia entre esta situación y el enfrentamiento a través de los comentarios de Quintín sobre el manuscrito de Isabel en La casa de la Laguna, salvo que el autor en el segundo caso es mujer. Técnica polifónica que utiliza comúnmente Ferré para enfrentar posiciones y por boca de Rosa dice en El cuento envenenado:
se pasaba las
noches garabateando página tras página, desvariando
en voz alta sobre nuestra identidad dizque perdida trágicamente a
partir de 1898, cuando la verdad fue que nuestros habitantes recibieron
a los marines con los brazos abiertos. Es verdad que, como escribió
Lorenzo en su libro, durante casi cien años hemos vivido al borde de la
guerra civil, pero los únicos que quieren la independencia en esta isla
son los ricos y los ilusos; los hacendados arruinados que todavía siguen
soñando con el pasado glorioso como si se tratara de un paraíso perdido,
los políticos amargados y sedientos de poder, y los escritorcitos de mierda
como el autor de este cuento. (67)
La historia de las relaciones entre Puerto Rico y Estados Unidos lleva en su seno la contradicción, la lucha por un estatus, contradicción que se manifiesta en el idioma. "La lengua era siempre la traba grande". (162) Así en La casa de la laguna, oculto en el vientre llega el inglés en la abuela de Quintín, Madelaine, hija de un italiano retirado que en busca de salud viaja a la Isla, Madelaine quien se negara a hablar español y quien en su casa se comunicaba en inglés y en la calle por señas y en las fiestas, por deferencia a ella los naturales comenzaban hablando inglés hasta que se hacía imposible traducir un "estaba más jalao que un timbre e guagua" (108) y el idioma la cercaba y el idioma la aislaba y el idioma invadía los salones recuperando el terreno perdido en Guánica, porque aunque "gracias al inglés, los puertorriqueños ingresaron al mundo moderno", (162) el español era la única manera de afirmarse para no dejar de ser.
Y se definen los antepasados definiendo, y Quintín salió estadista, estadista silencioso frente a Petra que al saberlo tronaba ¿Eres un guerrero valiente como tu padre o un cobarde?, y Quintín guardaba silencio y Quintín estaba intranquilo puesto que había engendrado. Había engendrado a Manuel, a Manuel, el elegido, con la autora del manuscrito y a Willie, el rechazado, con Carmelina, la nieta de Petra.
Manuel el independentista, Manuel el machetero, Manuel maravilla, Manuel el biznieto del coronel Arístides Arrogoitia, por lo que los antepasados se definen y definen y se encuentran enfrentados a su descendencia y terminarán devorados por el recuerdo y los cangrejos, y por última vez levantarán su mano sobre la mujer y la historia desfilará frente a los ojos de la autora del manuscrito destruyendo a Quintín al introducir la barca guiada de fémina mano bajo la terraza. Y al hacer reventar su cabeza, una explota toda la maldita historia de violencia que lo precede. Y así como el primer patriarca murió en brazos de Petra, su hijo morirá entre las raíces enrevesadas de los manglares devorado por los cangrejos que lentamente comenzaron a moverse en su dirección mientras su descendiente vigilaba que la casa ardiera hasta sus raíces para al fin, quizás, encontrar sus raíces mientras la casa de la laguna se derrumbaba en el pozo. Manuel, el descendiente primogénito, quien permanecerá sentado atado a las baldosas de oro mientras las llamas se escapaban por las ventanas modernistas, mientras la autora del manuscrito escapaba en un bote navegando sobre el agua vida, sobre el agua purificadora, llevando en el fondo la mezcla de la sangre, la mezcla de la familia de Petra y la familia de los Mendizábal, llevando los juguetes de Elegguá, llevando el manuscrito, alejándose del manglar con su tesoro por lo que la historia al igual que el manglar, huele.
Y al alejarse la autora del manuscrito navegando sobre las aguas volvió a mi memoria la declaración de Coral, mulata de ojos verdes y piel canela, hembra dinamita quien le explicó a Manuel, puesto que es la hembra la que indica el camino en
La casa de la
laguna, que uno tenía que creer en algo, si no la vida
no tenía sentido. ...y [que]
el ideal más puro que uno podía tener era
la independencia de la Isla. La estadidad era una barbaridad. Quería
decir que el inglés sería nuestra única lengua oficial , y si hablábamos
en inglés, tendríamos también que sentir y pensar en inglés. (362)
Y pensando en otras escritoras latinoamericanas yo diría que lo importante es descifrar en qué idioma se sueña. Y Esmeralda Santiago soñó en español para escribir Cuando era puertorriqueña, así como Cristina García dice Soñar en cubano. Y al cerrar La casa de laguna me preguntaba en qué sueño yo, en qué se sueña en Cataño y en Loíza Aldea, en qué se sueña en Brooklyn o en la Marqueta, en qué se sueña en Mango Street, en qué soñaron las mariposas de Julia Alvarez, en qué soñarán mis hijos, en qué se soñará en la casa que Manuel construya sobre las cenizas de la casa de la laguna, y qué olores poblarán el sueño por lo que de todos es sabido, el manglar huele.
Libros citados
Ferré, Rosario. La casa de la laguna. New York: Vintage Español, 1997.
_____. "El cuento envenenado." 17 Narradoras Latinoamericanas. Bogotá: Edición coordinada por Ediciones Huracán, 1996, 55-72.
Trabajos consultados
Caws, Mary Ann, Green, Mary Jean, Hirsch Marianne, and Scharfman Ronnie, eds. Ecritures des Femmes. New Haven: Yale University Press, 1996.
Ferré, Rosario. "Puerto Rico, U.S.A.." New York Times.19 March 1998, A 21.
Picó, Fernando. Historia general de Puerto Rico. San Juan: Ediciones Huracán, 1998.
Encontrado en: http://bluehawk.monmouth.edu/~pgacarti/Rosario_Ferre_montclair98.htm