¿Por qué hiciste eso, Agapito?
ENVIADO ESPECIAL
SAN JUAN DE PUERTO RICO.- En Puerto Rico todavía recuerdan con una amplia sonrisa aquel enérgico discurso del gobernador Luis Muños Marín en 1963 ante la Asociación de Maestros.
Irritado ante la proliferación de «nombres en inglés en un pueblo cuyo idioma vernáculo es el español», Marín arremetió contra la influencia del idioma extranjero con un ejemplo que se convirtió en cita histórica. «En un pueblo de la isla vi un establecimiento rotulado Agapito's Bar ¿Por qué hiciste eso, Agapito? ¡Si por aquella calle de aquel pueblito no pasa un cliente cuyo idioma sea el inglés ni una vez al año!», clamó el dirigente.
La prédica contra Agapito es quizá el símbolo más singular de la disputa entre el español y el inglés que ha atenazado a Puerto Rico desde 1898 y que ahora se ha reactivado ante la controvertida decisión de escribir en el idioma nativo de Estados Unidos de la novelista más popular de la isla, Rosario Ferré.
Miembro de una de las familias más influyentes de Puerto Rico, Rosario Ferré siempre fue considerada como una intelectual proclive a la independencia de la isla.
Sin embargo, en 1995 Ferré decidió publicar en inglés La casa de la laguna y al socaire del fulgurante éxito que registró la novela -fue nominada al National Book Award, el galardón más importante de las letras de EEUU, y vendió más de 80.000 ejemplares- experimentó una reconversión ideológica que azuzó una encendida polémica en la isla.
COMO JOHN WAYNE.- Para encrespar todavía más los ánimos, la autora publicó el pasado mes de marzo en el diario The New York Times una columna donde aseguraba que su fervor estadounidense era tan sólo comparable al de John Wayne. Aunque ahora se retracta de aquel símil -«fue una metedura de pata tremenda», reconoce-, lo cierto es que Ferré no esconde ya su convicción anexionista.
«Es cierto que en la década de los 70 era partidaria de la independencia, pero los tiempos cambian. Mantener una visión nacionalista contraria a los gringos es mirar al pasado. Si hay que elegir entre la independencia y la anexión, yo votaría por la anexión», aclaró Ferré en entrevista con EL MUNDO.
Según la escritora, el recurso a publicar La casa de la laguna y su siguiente obra, Vecindarios excéntricos, primero en inglés -porque después reescribió los dos textos en español- responde simplemente a una cuestión «práctica». «El inglés ha permitido que mis novelas circulen fuera de los limitados círculos de la isla. Eso no lo entendieron los intelectuales locales, que forman una capilla intransigente. Yo sigo redactando en español, pero me parece absurdo encasillarse», añade.
En el fondo, la polémica en torno a Ferré tan sólo demuestra las connotaciones políticas que siempre ha tenido en la isla la rivalidad entre las dos lenguas.
Una reyerta que se ha agravado tras la decisión del Gobierno de Pedro Rosselló de revertir en 1993 la ley auspiciada por su antecesor (Rafael Hernández Colón), que otorga al español el carácter de única lengua oficial de Puerto Rico. Esta última medida le valió a Puerto Rico el Premio Príncipe de Asturias «por su defensa del idioma y la cultura española».
ASEDIO Sólo un 24% de los isleños domina el inglés, pese a los reiterados esfuerzos de EEUU por conseguirle un hueco en Puerto Rico. Los norteamericanos llegaron incluso a imponer manu militari la enseñanza en inglés en las escuelas públicas entre 1902 y 1948.
«Se importaron maestros angloparlantes. Se expulsó de las universidades a quienes se negaron a enseñar en inglés y se asedió a los intelectuales», afirma el historiador Carmelo Delgado, presidente de la organización Español primero. «Ahora estamos volviendo a esa época con un fin anexionista», añade.
Delgado se refiere al llamado programa de Ciudadanos Bilingües que introdujo el Gobierno de Rosselló el año pasado y que intensifica el aprendizaje del inglés en las escuelas públicas. La medida suscitó una enérgica protesta de los sindicatos del profesorado. Los maestros no sólo esgrimen el supuesto esfuerzo americanizador que -dicen- esconde esa norma, sino que aducen que de los 40.000 profesionales de la educación que existen en la isla sólo 4.000 son bilingües, lo que impide aplicar el citado plan.
«Los profesores están bajo la influencia del sentimentalismo político y no entienden que el inglés es una herramienta, no una ideología», replica Yolanda Ramos, directora de Servicios Académicos.
En el colegio Luis Muñoz Rivera de El Dorado, la profesora Janet Ferrer solicita a los niños que se tapen los ojos. La petición -hecha en inglés- sólo es entendida por un chavalín de los 10 presentes en el aula. Todos, sin embargo, visten una camiseta que reza English as a Magic Carpet (el inglés como una alfombra mágica). El centro Muñoz Rivera fue el primer recinto escolar en la isla que se acogió al proyecto de educación bilingüe auspiciado por Rosselló.
Para Rosario Ferré la invasión del inglés
no contamina al español de la isla. «Nos permite ver la realidad de dos
maneras diferentes. Los puertorriqueños somos como seres anfibios, respiramos
en el agua y en la tierra», sentencia.
El idioma como arma arrojadiza
Conscientes de la sensibilidad de los puertorriqueños en el diferendo idiomático, el inglés ha llegado a convertirse en una arma arrojadiza en la inagotable pelea sobre el futuro político de la isla que se mantiene en el Parlamento de EEUU.
La primera iniciativa de ley norteamericana dirigida a permitir un referéndum en Puerto Rico para aclarar su estatuto se hundió en la Cámara de Representantes en 1991 cuando los republicanos la dinamitaron con la llamada cláusula English only, que pretendía imponer ese idioma como la lengua oficial de la isla si se aprobaba la anexión.
La derecha estadounidense -que teme que un hipotético estado puertorriqueño sume sus votos al Partido Demócrata- intentó repetir la misma táctica en marzo de este año, pero la llamada Propuesta Young fue aprobada por el Congreso sin dicha disposición.
Sin embargo, el proyecto de Don Young contempla que los colegios isleños intensifiquen sus clases en inglés hasta que los niños mayores de 10 años sean bilingües.
En octubre de 1997, Clinton se sumó a la refriega y defendió la necesidad de perpetuar el español como lengua oficial junto al inglés si la isla decide en el futuro integrarse en EEUU. Según una encuesta publicada en mayo de 1997, incluso si el Parlamento de EEUU impusiera su lengua como único idioma en Puerto Rico, el 66% de los caribeños seguiría usando el español
Encontrado en: http://www.el-mundo.es/1998/07/31/internacional/31N0080.html