| Nace Rosario Ferré en
Ponce, Puerto Rico, en 1938, hija de doña Lorenza Ramírez de
Arrellano y el industrialista Luis A. Ferré Aguayo. Recibió su
licenciatura en inglés y francés de Manhattanville College, una
universidad privada del estado de Nueva York. Luego ganó su maestría
en literatura latinoamericana por la Universidad de Puerto Rico,
recinto Río Piedras, y finalmente defendió su tesis doctoral
entitulada "La filiación romántica de los cuentos de Julio Cortázar"
en la Universidad de Maryland, recinto College Park. Ferré madura en
el seno de una familia privilegiada aunque no rica; ella y su hermano
estudiaron en escuelas privadas y sus padres mandaron a los dos a
universidades estadounidenses para que sus hijos aprendieran a hablar
inglés como nativos. Al terminar su licenciatura, Ferré se casó con
su primer esposo, el comerciante Benigno Trigo González, pero se
divorciaron después de más de una década de matrimonio; es madre de
tres hijos de esta unión: Rosario Lorenza, Benigno y Luis Alfredo.
Durante la época que estudiaba en el Departamento de Estudios Hispánicos
de la Universidad de Puerto Rico, conoció al segundo esposo, el
eminente profesor de literatura latinoamericana y autor mexicano José
Aguilar Mora. El segundo casamiento también terminó en divorcio
después de sólo unos años. En esta época Ferré estudiaba en la
Universidad de Maryland y vivía en la capital estadounidense. Es allí
donde encontró su autoidentidad, como crítica literaria, como
cuentista y como mujer, y conoció al tercer marido, el premiado
arquitecto puertorriqueño Agustín Costa Quintano. Ferré volvió a
vivir en la isla con Costa Quintano donde reside hoy día y participa
activamente en varias actividades artísticas, profesionales y
sociales.
En 1970 Rosario Ferré escribió su
primer cuento y desde aquel año ha llegado a ser una de las
escritoras puertorriqueñas más prolíficas y la más importante
dentro del campo literario latinoamericano de finales del siglo XX.
Crea en varios géneros literarios —el cuento, la novela, la poesía
y el ensayo— y siempre escribe de su Puerto Rico amado. Es
puertorriqueña desde el fondo de su corazón y de su alma.
Mientras estudiaba la maestría en la
Universidad de Puerto Rico, en 1972, se reunió con varios compañeros
universitarios para fundar una revista literaria estudiantil, Zona
Carga y Descarga. Zona sirvió como vehículo de difusión
para los jóvenes estudiantes como Ferré y sus amigos, que querían
publicar pero que sin previo reconocimiento, no se les incluía en las
revistas literarias puertorriqueñas. Además de publicar a autores
nuevos, Zona llegó a ser un órgano público para predicar
reforma social y política independentista. Con Zona los
editores y redactores iban a corregir todo lo malo de la generación
previa. La política editorial de la revista era heterográfica y en
cada número sus lectores encontraban varios mensajes sociales y políticos.
Los redactores mismos buscaron lo que llamaban una presentación anárquica
y para crear este espacio de apariencia caótica, emplearon la forma
artística del collage para presentar la obra desde dentro. Es
la primera manifestación del posmodernismo puertorriqueño saliendo
de la generación de los 70.
Las ideas anticonformistas de Ferré
sobre la sociedad y política puertorriqueñas son los temas de su
primera colección de cuentos Papeles de Pandora, publicada en
1976, y a la que añade el cuento "La casa invisible" en la
edición de 1979. Ferré creó todos los cuentos publicados en Papeles
de Pandora para llenar el espacio blanco de Zona Carga y
Descarga. Tantos lectores han comprado esta colección que hoy día
está en su tercera edición. En 1977, Ferré publicó su primer libro
de cuentos infantiles, El medio pollito, y en 1981 dos más, Los
cuentos de Juan Bobo y La mona que le pisaron la cola. Por
fin Ferré juntó todos los cuentos para niños en un tomo, publicado
en 1989, llamado Sonatinas. Enfoca Ferré los mismos temas en
sus cuentos infantiles que en sus cuentos para adultos: problemas de
reformas sociales y políticas.
Al principio dijo Ferré que sólo
podía crear prosa corta en forma de cuentos pero pronto experimentó
con la narrativa más larga y sale su Maldito amor (1987, 1990,
1992). Varios críticos se refieren a Maldito amor como novela;
otros como cuento largo; Ferré lo llama novela corta. Sin embargo ha
llegado a ser con su Papeles de Pandora una de las obras más
populares y conocidas de Ferré. En 1993 apareció La batalla de
las vírgenes, una novela-estudio religioso interesantísimo del
culto católico puertorriqueño, una obra malamente recibida por los
críticos literarios puertorriqueños, pero una obra intrínsicamente
importante a la totalidad de la obra ferreana. Después de más de
veinte años publicando literatura en lengua española y sin ganar un
real, Ferré encontró éxito ecónomico cuando la casa editorial
neoyorquina Farrar Strauss y Giroux publicó su primera novela en inglés
— The House on the Lagoon [La casa de la laguna]
(1995) — y a la vez la nominaron para el premio literario
prestigioso estadounidense del Libro Nacional. Nuevas ediciones de las
traducciones Sweet Diamond Dust [Maldito amor] y The
Youngest Doll [Papeles de Pandora] siguieron House on
the Lagoon, y la última novela ferreana en inglés, Eccentric
Neighborhoods [Vecindarios excéntricos] (1998) revisita
unos cuentos autobiográficos de Ferré que publicó en el periódico
El nuevo día, de San Juan, Puerto Rico, al principio de los años
90.
Ferré escribe también crítica
literaria para revistas y periódicos puertorriqueños y de vez en
cuando para publicaciones estadounidenses. En 1981 publicó su primera
colección de ensayos literarios llamada Sitio a Eros, un libro
que fomenta los mismos temas políticos y sociales que su narrativa
temprana. El ensayo más conocido de la colección de Sitio a Eros
se titula "La cocina de la escritura"; en él Ferré
presenta el paralelismo entre el acto de escribir —de crear la
palabra en la página blanca— con el acto de guisar, de crear la
receta en el plato vacío. Dice Ferré que hay que tener buenos
ingredientes (buenas palabras), mezclarlos bien (colocarlas en el
mejor orden para su sentido predilecto), y meterlos en un fuego bien
caliente (interponer pasión entre las palabras) para que salga buen
guiso (buena literatura). Otras colecciones de ensayos ferreanos son El
coloquio de las perras (1990, 1992), una parodia de la novela
ejemplar cervantina; Las dos Venecias (1990); y El árbol y
la sombra (1989,1992). Además publicó su tesis de maestría como
El acomodador: Una lectura fantástica de Felisberto Hernández (1986),
y su tesis doctoral como Cortázar, el romántico en su
observatorio (1990).
Rosario Ferré verdaderamente
promulga una crítica literaria posmodernista para el siglo XXI.
Abraza los conceptos de pluralidad, unidad fragmentada, equilibrio
entre el pasado y el presente, humanismo, intertextualidad y ambigüedad
en su propia obra literaria; su pericia con el doble irónico es una
nota distintiva de su obra. Pero, lo más importante es el hecho de
que conoce de primera mano la marginalidad de la literatura feminista
porque desde 1970, cuando empieza a publicar su obra literaria, Ferré
siente el rechazo y el desprecio de los críticos puertorriqueños,
primeramente masculinos, que desvaloran su narrativa. La llaman
anarquista, pornográfica y traidora a su clase social por lo que
publicaba en su revista Zona y por su primer libro Papeles
de Pandora. Ferré sufre su propia existencia ignominiosa durante
los primeros años marginada por los miembros del selectivo club
literario de Puerto Rico. Empieza a luchar, como hacían las
escritoras francesas, inglesas y estadounidenses, para obtener
reconocimiento del valor de su obra creativa independiente del sexo de
su creadora. Ferré es estudiante del movimiento feminista y sigue las
advertencias de sus modelos como Virginia Woolf y Simone de Beauvoir
en cuanto asume las filosofías europeas en la suya. Ferré mira hacia
el pasado para buscar el modelo del futuro.
En 1980 publica su ensayo más
citado, "La cocina de la escritura", y en él describe su
propio proceso de escribir paralelo a la sabiduría de ser buena
cocinera. En este ensayo habla de la importancia de la temática del
texto y explica su filosofía de la diferencia entre la escritura
femenina y masculina. Siguiendo la teoría de Julia Kristeva propone
que la única diferencia entre la literatura femenina y masculina es
el tema que desarrolla. Dice Ferré que la escritura viene de la
experiencia, y la experiencia diaria femenina en aquel tiempo, al
principio de los 80, era muy distinta de la experiencia masculina.
Contradice Ferré las teorías de Hélène Cixous y Luce Irigaray que
abogan lenguajes distintos: femenino y masculino. Ferré cree que el
diccionario no distingue entre palabras masculinas y femeninas. El
creador de la escritura escoge las palabras según la temática que
presenta y prueba su teoría en la subversión del lenguaje logocéntrico
de la Sagrada Biblia. Emplea la intertextualidad de Kristeva y la
parodia del lenguaje bíblico para sostener su punto de vista sobre el
empleo del lenguaje en la literatura, dos fenómenos posmodernos. El
resultado de la tesis ferreana está en la última oración irónica
del ensayo: "el secreto de la escritura, como el de la buena
cocina, no tiene absolutamente nada que ver con el sexo, sino con la
sabiduría con que se combinan los ingredientes" (Sitio
33).
Ahora estamos al final de la década
de los 90; han pasado unos treinta años desde que el movimiento
feminista empezara su marcha contra los cánones literarios
patriarcales y el olvido de las escritoras femeninas. En el mundo
literario tenemos autores y autoras que son reconocidos, pero el
camino femenino hacia el reconocimiento literario no ha sido sin obstáculos.
Las escritoras han tenido que luchar contra el crítico masculino para
tener la oportunidad de ser oída, de ser leída y de viajar de la
margen hacia el centro del mundo literario. ¡Ojalá que conozcamos
hoy en día a escritoras nuevas contemporáneas que rellenan los
papeles blancos con sus propios pensamientos femeninos! ¡Ojalá que
sigamos descubriendo a escritoras antiguamente olvidadas que nos han
dejado un legado rico femenino en el mundo literario! Aunque todavía
falta mucho por descubrir y reconocer de la literatura femenina, Ferré
piensa que ha llegado ya el momento de cambio en el mundo de la crítica
feminista y la crítica literaria en general en Latinoamérica. Cree
que debemos reexaminar y redefinir la crítica feminista y propone sus
ideas en el ensayo "El coloquio de las perras", del libro
del mismo título. Desde que Ferré empezó a escribir en 1970, ha
querido fomentar la participación de mujeres en el campo literario y
siendo escritora, ella misma conoce las dificultades que las
escritoras encuentran en el terreno de las casas editoriales, de la crítica
literaria, y del gusto del público en general. Cada una representa un
obstáculo y todo está exacerbado en Puerto Rico —todavía más en
Latinoamérica— donde el papel social tradicional de la mujer es más
rígidamente definido que en otras sociedades del Occidente. Puerto
Rico es parte de los Estados Unidos, y aunque las mujeres han logrado
llegar a un nivel más alto dentro de la sociedad, su cultura latina
sigue dominando las relaciones entre las mujeres y los hombres. Las
puertorriqueñas tienen libertad política pero no tienen tanta
libertad social y cultural. A través de su revista literaria, Zona
Carga y Descarga, a través de sus ensayos como encontramos en las
colecciones Sitio a Eros, El árbol y su sombra y El
coloquio de las perras, Ferré declara su propia teoría en relación
a la literatura puertorriqueña y también a la literatura masculina y
femenina en general. Habla con una voz autorizada y resonante en el
campo de la crítica literaria feminista, mientras que lucha no
solamente por mejorar el tratamiento que las escritoras reciben a
manos de los críticos literarios masculinos sino también combate
contra la segregación de la crítica literaria en territorios
opuestos de crítica masculina y femenina. Quiere deshacer el
separatismo creado por el ginocentrismo y el androcentrismo y buscar
una utopía en la crítica literaria.
En una entrevista publicada por
Miguel Angel Zapata, Ferré explica el desarrollo de su propia filosofía
de la literatura: ella se llama a sí misma "cuentista" en
vez de "escritora" porque dice que cuentista tiene solamente
una forma para hombres y mujeres mientras que escritora claramente
refiere a una mujer. Ferré cree que existe un tratamiento desigual
entre escritores y escritoras en el mundo literario en Puerto Rico y
en Latinoamérica, y no quiere ser llamada con un referente específicamente
femenino (Zapata 133-134). En otra entrevista publicada por Linda
Gould Levine y Gloria Waldman, Ferré dice que cree que "tiene
que haber una identificación absoluta entre la experiencia del
personaje y la del escritor para que esto le sirva como punto de
partida para luego poder escribir un cuento, una novela" (Gould
Levine 192). Para una mujer esta experiencia delínea los temas
empleados en su fabulación. "Somos nosotras las que gestamos los
niños y los damos a luz, las que tenemos que cuidarlos y ocuparnos de
su supervivencia" (Heinrich 99). Como es el papel natural de la
mujer, sus experiencias personales vienen de adentro.
Ferré no está de acuerdo con otros
críticos literarios (hombres o mujeres) en lo tocante a las
diferencias entre la escritura femenina y la escritura masculina. Gran
parte de estos críticos creen que no hay similitudes entre las dos
escrituras, que la literatura masculina y la literatura femenina
pertenecen a distintos campos, y que deben ser analizados de distintas
maneras. Ferré estudió las teorías de Cixous y de Irigary que han
tenido influencia sobre sus ideas, pero Ferré muestra influencia
significativa de Julia Kristeva en el sentido de que ni Kristeva ni
Ferré cree en un lenguaje distinto y separado de los escritores
masculinos. Dijo Ferré en 1982:
"... no existe un estilo
femenino, diferente al de los hombres, porque la literatura, como
lenguaje y como forma, no tiene sexo. ...[L]a literatura femenina
difiere de la literatura masculina en cuanto a los temas que la
obseden. ...[L]a literatura femenina es mucho más subversiva que
la literatura de los hombres, porque a menudo se atreve a bucear
en zonas prohibidas, vecinas a lo irracional, a la locura, al amor
o a la muerte; zonas que en nuestra sociedad racional, productiva
y utilitaria resulta peligroso reconocer que existen" (Heinrich
98-99).
También cree Ferré que toda
escritura es autobiográfica. En una conferencia a la Universidad de
George Mason, Fairfax, Virginia, EEUU, en la primavera de 1990, dijo
que aunque la escritura de primera persona es para ella muy difícil,
desarrolla sus personajes conscientemente o subconscientemente según
sus propios rasgos personales o según los rasgos de otra persona que
conoce. La escritura debe venir de la experiencia del autor; así el
acto de escribir siempre es autobiográfico porque las ideas vienen de
las experiencias. Los personajes, los acontecimientos o los espacios
no tienen que ser obviamente autobiográficos, pero las imágenes
vienen de algún sitio dentro de la mente del autor.
Desde 1980, Ferré publica varias
colecciones de ensayos sobre la literatura en general y específicamente
sobre la literatura feminista. Sus ideas vienen de varios autores que
ha leído en su vida, autores como Virginia Woolf, Hélène Cixous,
Julia Kristeva, Betty Friedan, y Sor Juana Inés de la Cruz. De los
ensayos de Ferré nace su propia teoría de la crítica literaria, una
mezcla de sus propias ideas y las sugerencias de otras feministas; su
teoría incluye los puntos siguientes:
- La literatura feminista representa
una búsqueda de identidad dentro de los límites del mundo androcéntrico
y patriarcal en el cual los hombres las doman y las subyugan como
peones en una sociedad feudal. Esta búsqueda puede ser personal e
individual o puede ser colectiva; todo depende del enfoque de la
autora.
- La literatura feminista es una
mezcla verista de autobiografía e imaginación en la cual la ironía
es el método empleado para disipar la ira sentida por las mujeres
que viven en un mundo patriarcal. La escritura femenina debe
parecerle a su lector auténtica y real.
- Los temas de la literatura
feminista se basan en la experiencia de la escritora. Estas
experiencias de la familia propenden a crear temas que vienen de
adentro, de las emociones y del psique de la escritora. El tema
representa la única diferencia entre la escritura femenina o
feminista y la masculina.
- La manera en que las escritoras
emplean el lenguaje no es distinta a la de los escritores. La
palabra es el ladrillo principal de la construcción de la
literatura, y hay solamente un diccionario y solamente un
formulario de reglas gramaticales y lingüísticas para todos los
escritores. Las palabras escogidas por los escritores pueden ser
distintas, pero esta diferencia entre palabras existe también
entre una escritora y otra tan fácilmente como una escritora y un
escritor.
- La estructura y el estilo no
cambian de un autor a otro a causa de su sexo; cambian a causa del
enfoque que cada escritor trae al texto que crea. Pueden variar
entre un texto y otro dentro del cuerpo de obra del mismo autor.
- Los críticos literarios no deben
analizar la literatura feminista o femenina de una manera distinta
a la de los hombres. Toda literatura debe ser analizada a base de
unas medidas generales y objetivas para poder determinar su
belleza estética y su valor intrínseco; el sexo del autor no
tiene nada que ver con el valor de la obra (Hintz 34-35).
La teoría ferreana de la crítica
literaria propone una crítica ciega al sexo, pero sensitiva a la
calidad literaria. Representa una revolución en la crítica literaria
latinoamericana tradicionalmente basada en el canon patriarcal.
Demargina la literatura femenina sin marginar a su opuesta literatura
masculina; las trata igual desde el centro del universo literario.
Teniendo en cuenta que a Ferré no le gusta escribir ensayos técnicos,
destinados sólo para especialistas, por ello suele crear sus ensayos
con un hilo narrativo, así "El coloquio de las perras", un
cuento didáctico que ensaya el tema de la crítica literaria e
incorpora los puntos de su propia teoría.
Este ensayo es una parodia de la
novela ejemplar de Miguel de Cervantes El coloquio de los perros.
Cervantes emplea la narrativa mimética para crear un diálogo entre
sus dos protagonistas caninos Cipión y Berganza en el cual discuten
los problemas sociales y políticos de la España del siglo XVII, y
por medio del discurso canino el autor relata sus propios pensamientos
sobre las dificultades de su país. Ferré emplea el mismo estilo de
narrar como parodia posmoderna y referencia intertextual a la grandeza
cervantina del pasado, una conversación entre dos perras, para
discutir las opiniones variadas que en realidad son las suyas o de
amigas suyas, críticas literarias. Durante sus estudios doctorales
Ferré tuvo la ocasión de releer la novela cervantina en la cual el
ensayo ferreano se basa. Como no tenía tiempo en aquellos momentos
para su propia creación, guardó la idea de subvertir el coloquio
canino masculino a un coloquio femenino. La revisitó al final de los
80 y como ya había documentado su concepto de la subversión del
lenguaje, de la palabra, para "atemperar el acero incandente"
de su propia ira (Ferré Sitio 192), dio vuelta a la tortilla y
creó un coloquio canino femenino que podría presentar sus propios
pensamientos teóricos sobre un tema subversivo, sensacional y bien
discutido en el mundo de hoy en día.
"El coloquio" de Rosario
Ferré es una combinación experta de narrativa mimética y diegética
que presenta el tema de los embrollos de la literatura femenina
latinoamericana y la crítica de esta literatura. A menudo Ferré
escribe para amigos o parientes; pues, se dedica "El coloquio de
las perras" a dos amigas suyas y compatriotas del campo de la crítica
literaria, Ani Fernández y Jean Franco. Las protagonistas del
coloquio ferreano son Fina y Franca y se nota que Ferré une la
dedicatoria del ensayo a los nombres de las protagonistas. Fina es el
anagrama de la primera letra de Fernández y las letras de su nombre
empleados al contrario — i, n, a; Franca es la forma femenina del
apellido de Jean Franco. Los nombres mismos son símbolos de la
caracterización de las protagonistas porque Fina se refiere a una
perra casta de buena educación y Franca se refiere a su manera de
hablar sin impedimento alguno. La inclusión de estos tropos retóricos
fomenta más interés en el lector y una segunda lectura del ensayo
mismo.
Fina es perra de casta pura que
anteriormente vivía en una casa de Ponce hasta que un día el
cuchillero llegó a la casa y la engañó para que se marchara con él
y luego la vendió como perra de crianza (símbolo de la mujer casada
en la sociedad patriarcal). Durante los años siguientes Fina tiene
una vida muy dura cambiándo de dueños varias veces hasta que un día
se marcha determinada a no pertenecer jamás en la vida a ningún ser
humano. Su mejor amiga es Franca, una perra mestiza que siempre ha
tenido la misma dueña, una profesora joven de literatura
latinoamericana (símbolo de una soltera independiente de la sociedad
patriarcal). Las dos perras han tenido la oportunidad de leer varios
libros sobre literatura latinoamericana y crítica literaria, y así
están bien educadas para conversar inteligentemente sobre los dos
temas.
Las perras se reúnen para su
coloquio en el Fuerte San Felipe del Morro en el viejo San Juan. Como
los seres humanos que viven en el viejo San Juan, Fina y Franca se
pasean en el fuerte para evitar el calor de la tarde urbana y para
sentir el aire fresco caribeño. Mientras discuten sobre literatura
latinoamericana, buscan su merienda en la basura del Kentucky Fried
Chicken en el barrio viejo. Las perras participan en uno de los
pasatiempos hispánicos más populares y tradicionales, la tertulia.
El primer tópico de discusión entre las dos perras es la imagen
falsa que los escritores latinoamericanos crean de las mujeres
latinoamericanas. La pregunta debatida es: ¿Es posible que un perro
latinoamericano pueda ladrar como una perra y viceversa? Fina cree que
pocos escritores latinoamericanos pueden captar la verdadera imagen
del personaje femenino en su narrativa y cita varios ejemplos de
problemas. También cree que muchos escritores no hacen más que
presentar a los personajes femeninos de una manera negativa, como José
Lezama Lima, Juan Carlos Onetti y José Donoso, ya que crean a
personajes femeninos de tipo negativo o limitado. Fina sí piensa que
Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez, dos grandes
posmodernistas latinoamericanos, presentan a las mujeres en un papel
social positivo en el cual la mujer puede llevar a cabo lo mismo que
un personaje masculino, y también profesa que algunas obras de Carlos
Fuentes presentan a la mujer en un papel positivo.
Franca juega el papel de adversario
contrarrevolucionario en la conversación, mostrando a Fina que las
escritoras no han desarrollado a los personajes masculinos en una
manera diferente en sus propias obras, y cita a varias escritoras
latinoamericanas que desarrollan a sus personajes como hombres tontos
o flojos; entre ellas nombra a Isabel Allende, Angeles Mastreta, Elena
Poniatowska, Luisa Valenzuela, Marta Lynch, Clarisse Lispector, Inés
Arredondo y Rosario Castellaños que marginan a los hombres igual que
los hombres marginan a las mujeres. Concluye Franca su discurso de
adversario diciendo lo siguiente:
"Los personajes masculinos
... se encuentran en fin, ... tan ausentes de los textos de
nuestras escritoras como lo están los personajes femeninos de los
textos de nuestros escritores, y lo que leemos ... es la
dramatización de un rol cultural desgraciadamente todavía
demasiado vigente en nuestros países. ... [L]os personajes
masculinos son casi siempre huecos, ausencias vertigiosas
alrededor de las cuales se desarrollan los conflictos
femeninos" (43-44).
Sigue Franca contando el resultado de
sus investigaciones en los campos de historia de la literatura y la crítica
literaria, y nombra tres historias de la literatura latinoamericana y
cinco textos de crítica literaria escritos por hombres y en los
cuales solamente un veinticinco por ciento de los autores incluidos
son mujeres. En varios textos el investigador no incluye a ninguna
escritora. Fina está de acuerdo con Franca en que los críticos
masculinos no miran hacia las escritoras y cita a una crítica
femenina que publica una bibliografía en la cual se incluyen más de
5000 nombres de autores, todas mujeres.
Franca vuelve al papel de intercesora
y dice: "... no se trata de dividir la literatura en campos
enemigos, haciendo de ella una Lisistrata en lugar de un arte
universal. Nuestro fin ha de ser lograr que las antologías hechas por
hombres, así como las hechas por mujeres, reconozcan a los artistas
de ambos géneros (46)." Fina y Franca terminan su coloquio poniéndose
de acuerdo ante el hecho de que los lectores de hoy en día despiertan
interés en la literatura latinoamericana. El aumento de atención de
los lectores a obras de escritoras requiere que los críticos presten
atención a las mismas. No todos están de acuerdo cuando critican la
calidad de la literatura femenina, pero el hecho de que se la discuta
atestigua la realidad de que la literatura femenina latinoamericana
tiene más importancia hoy que tenía ayer. Franca termina su coloquio
con su amiga Fina exponiendo lo siguiente: "... la calle nos ha
enseñado que hay que amar la libertad más que la propia vida y que
por ello es necesario defender ante todo nuestro libre albedrío, el
tuyo para contar lo que se te venga en gana y el mío para criticar lo
que cuentes. Que cuando la literatura femenina se predica como un
credo, lo que comienza como ideal termina inevitablemente en pócima
para purgar fanáticos y exterminar lombrices" (59).
Por medio de las voces caninas de
Fina y Franca, Rosario Ferré profesa claramente su credo posmoderno
según el cual los temas representan la única diferencia que hay
entre la literatura masculina y la literatura femenina. Ferré busca
el poder colectivo para las escritoras cuando nos cuenta didácticamente
la historia de Fina y Franca. El estilo antropomorfológico nos
presenta sus propias opiniones de cómo debe ser la crítica literaria
de la literatura femenina; nos expone su propia teoría de la
literatura feminista y su crítica. Con la parodia del ensayo
cervantino Ferré muestra la importancia de la ironía en la escritura
femenina para atemperar la ira que siente la mujer escritora. Incluye
experiencias y datos autobiográficos para que el ensayo sea más
interesante y divertido para el lector pero también para que el
lector pueda entender la intertextualidad de las ideas ferreanas por
parte de su estilo verista. Dice Ferré: "No hay un estilo de
escritura femenina separada y distinta de la escritura masculina"
(Gazarian Gautier 85). No hay por qué analizar la literatura femenina
empleando una metodología distinta a aquella que usamos al analizar
la literatura masculina. Las palabras que un escritor o una escritora
puede escoger del diccionario son las mismas; la gramática que se usa
para construir las oraciones es la misma. Las experiencias sí son
distintas porque los autores, seres humanos, son distintos. Se pueden
emplear las teorías variadas de análisis que documenta cualquier crítico
pero no solamente para la literatura femenina; cualquiera de las teorías
sirve para la literatura masculina también. Hay escrituras distintas
a base de su estilo, su tema y su estructura, pero todas son parte de
la misma unidad literaria. La misma idea sirve para los críticos; los
hombres pueden criticar la literatura femenina tan bien como las
mujeres pueden criticar la literatura masculina, pero lo que hace
falta a todos los críticos, hombres o mujeres, es mantener una
objetividad en la crítica que crean.
El péndulo de la crítica literaria
androcéntrica osciló a un extremo cuando únicamente se puso énfasis
en la literatura masculina y a la vez se marginó la literatura
femenina. Durante las décadas de los setenta y ochenta el péndulo
osciló al extremo contrario a causa del movimiento feminista poniendo
un énfasis extraordinario en la literatura femenina y tratando de
marginar a la vez la literatura masculina. Cuando el péndulo llegue
al punto medio de su arco, no habrá diferencia entre la crítica de
la literatura masculina y la literatura femenina; solamente habrá una
diferencia entre la literatura estéticamente superior y la inferior.
Circunscribirá un centro más ancho del universo literario, uno que
contendrá toda literatura. Rosario Ferré representa una vanguardia
de la crítica latinoamericana del siglo veintiuno. Ella es una voz
que estimula la unión del mundo literario en un expediente
comunicativo más tolerante y ejemplar en vez de buscar la separación
de la literatura latinoamericana y la literatura universal en dos
entidades separadas solamente por el sexo del autor.
Llegamos ya al final —al término
de la metamorfosis. Pero la metamorfosis ferreana no refiere al
desarrollo de un ser humano puertorriqueño desde la simiente prenatal
hasta la mujer madura en su año sexagésimo, sino a la desconstrucción
del logocentrismo puertorriqueño —latinoamericano-universal— del
Verbo patriarcal, y al rechazo de la idea de una escritura y
vocabulario femeninos. Al fin y al cabo refiere a la reconstrucción
del verbo gramatical, la palabra, la madre del lenguaje de todos -
machos o hembras.
Suzanne S.
Hintz
Northern Virginia Community College
Obras
Citadas
- Ferré, Rosario. El coloquio de
las perras. Puerto Rico: Editorial Cultural, 1991.
- ___. Sitio a Eros: Quince
ensayos. México: Joaquín Mortiz, 1986.
- Gazarian Gautier. "Rosario
Ferré." Interviews with Latin American Writers.
Elmwood Park, IL: Dalkey Archive Press, 1989. 81-92.
- Gould Levine, Linda y Gloria
Feiman Waldman. "No más máscaras: Un diálogo entre tres
escritoras del Caribe: Belkis Cuza Malé - Cuba, Matilde Daviú -
Venezuela, Rosario Ferré - Puerto Rico." Literatures in
Transition: The Many Voices of the Caribbean Area: A Symposium.
Ed. Rose S. Minc. Gathersburg: Hispamérica, 1982. 189-197.
- Heinrich, María Elena.
"Entrevista a Rosario Ferré." Prismal/Cabral 7-8
(1982): 98-103.
- Hintz, Suzanne S. Rosario Ferré,
A Search for Identity. New York: Peter Lang Publishing, Inc.,
1995.
- Zapata, Miguel Angel.
"Rosario Ferré: La poesía de narrar." Inti
26-27 (1987-1988): 133-140.
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