Poemas



  

Lenguaje

 
 
He terminado respirando incognitas.
La ventisca se pasea por sobre la duda.
Y el lenguaje se hace vientre en los sueños.
 
¿Quien eres tú? Abstracción que se mide con el llanto;
¿por qué violas la vida? Como una sotana caminas mintiendo el día.
 
No hace ni un minuto y eras presente,
no hace ni una mujer y eras futuro.
Ahora eres pluma y me miras en el pensamiento
    Ahora te has ido.
        Ahora vuelves para volverme.
(Te toco con el oido muerto en sordera)
 
Dime: ¿Cómo voy a morir?
¿Cómo te van a usar para acabarme?
¿Como te tengo que amar para salvarme?
 
Flecha venenosa que intoxicas al tiempo.
Enfermo espectro que acabaste con la ceguera,
vuelve a tu cueva.
Déjame mudo, rómpeme en luz.
 
Quiero volver al agua.

 


Humanidad de papel

 

Como el llanto mi patria es de hiedra,

árbol de hierro,

sólidas curvas enredan mis piernas.

Antes que ahogue mi cuello, grito:

Detente

¿Acaso mis brazos, mis testículos y mis caídas

se han perdido en ella?

Patria desnuda,

desnuda y brutal.

Como la humanidad que te mira de frente,

como el papel que se sabe rechazado.

Hiedra absurda que se vende.

maldición de pasaporte que me aniquila

y me hace zarpar hacia ti:

Lector extranjero.

Punto ignoto.

Fantasma de Dios que se asemeja al silencio.


 

Habitación de ojos

     

 

Tú no me conoces. Dijiste.

¿Acaso tú has visto lo que han mirado mis ojos?

 

Si hubiese habitado tus cuencas

hubieras llorado dos hijos.

Uno blanco y otro negro,

uno santo y otro diablo,

agua de rostros mezclada.

 

Por nuestros mensajes punzantes,

los articularíamos a nuestros cuerpos

y los mataríamos de tanto amor.

Pobrecitos espejos rotos,

donde acercamos la cara

amorosa, delgada,

y un filo nos saca los ojos.

 

 


Despierto

 

 

Despierto mirando el teléfono,

el nada poético teléfono. No solo está lleno de alambres,

sino que del otro lado de la línea están los humanos.

 

"Mujeres emprendedoras" que ayer me amaron,

ahora habitan una tarjeta de burocrática.

Mierda y más mierda.

Mierda gratuita que compone un poema.

 

Un aborto me ha desprendido de todos,

la estúpida frase: "estamos trabajando" revienta

mis testículos.

Mis amigos tienen "cosas importantes que hacer"

yo escribo como se deshacen de tanto hacer.

 

¿Y las mujeres? Que lindas,

amando a sus novios sobre una tarjeta de crédito,

mientras que un poeta se desangra,

clava las uñas en el marcador telefónico,

y las busca interminables.

 

¿No existe acaso la frase mágica que haga venir a alguna?

Acariciarme la mirada y deshonrar a las palabras,

la frase que las haga venir corriendo,

dejar sus estúpidos trabajos, sus amantes hijos de puta,

y sus perros que mueven la colita

Mujeres ¿cuando murieron?

 

Tomo el auricular con firmeza,

lo azoto contra el aparato, lo rompo,

lo desmadro, mato a todas las madres

les saco los ojos,

y aunque pudiera masturbarme sobre él y regarlo de semen,

prefiero no hacerlo.

¿Acaso un bulto de carne del otro lado del alambre

vale la pena?

¿Vales tú la pena?

Sí tú. ¿Podrás desabortarme?

 


 

Presentación del libro: "Diario de un Pend***" (Edit: Grijalbo).

 

 

Fernando Nachón se considera a si mismo como "psicópata, vicioso, lacra social, depresivo, puercoburgués, playboy, sádico y anticristiano" Su literatura se nutre de esas características hasta convertirse en un desbordado río de aguas negras que paradojicamente purifica al autor y a quien se atreve a leerlo. En Nachón las máscaras existen no como objetos que ocultan la verdadera personalidad sino como cristal que trasluce múltiples facetas internas. La obra de Fernando Nachón es un escupitajo en el rostro de esa falsa "normalidad" que propone orden y productividad, pero que en el fondo esconde autoritarismo y explotación. El autor posee una fuerza narrativa impresionante y en plan de poeta es simplemente explosivo.

 

 


 

Ya no hay vírgenes

 

 

¿Qué ha pasado?

¿Qué nos ha sucedido?

¿Que castigo nos mandas, Dios mio?

Ya no hay mujeres vírgenes.

 

Todas se han prostituido,

como ratas han aceptado las caricias de las piedras,

de los muertos, de los otros.

 

Como unas celdas

las mujeres se acercan amputadas, deformes,

sin himen.

Habitadas por asesinos.

¿Por qué las dejas que piensen, Dios mío?

Déjalas esclavas, esperándome,

si bien sabes que llegaré a cada una de ellas.

Déjalas sin manos para que no se acaricien,

déjalas sin vista para que no atraigan a los perversos

fantasmas de mi amanecer;

esos que por las noches me despiertan.

burlándose de mí, con un sucio himen desangrado

devorado por otro.

Una sucia manera de hacernos llorar,

una horrible ilusión de ser pisoteados por sombras.

 

 


 

Dos cadáveres

 

 

 

Enfrente de esos dos muertos

delante de un pedir perdón

con la cara de la miseria

las uñas enterradas en la carne propia

y un sol creando los gusanos de castigo.

 

Yo maté a esos dos,

les soplé por sobre un monte.

de donde siempre los vigilaba.

Mas soy homicida y no ladrón,

es por eso que quizás debiera gritar

o siquiera balbucear el perdón

(los ladrones deben exigirlo).

 

Ya sus huesos se dejan notar;

en uno quiere aparecer el musgo,

los ojos están desinflados

quizás por el calor.

¿Podrá ser el espanto?

 

No puedo enterrarlos.

se defienden como los gatos

cuando los llevan a alguna oscura caja,

las garras son las costillas

y la fiereza mi temor.

 

Enfrente de esos dos cadáveres,

que se van a empolvar solos,

solos, sin tierra que los ayude.

 

Y ahora me voy,

con los dientes hechos arena de tanto apretar,

pensando: Yo maté a mi madre y a mi padre;

¿es válido pedir perdón?


 

Onirismo y gravedad
  
 
Las piedras tienen un vicio: Dormir.
Son como los hombres, rozan, descalabran y matan.
 
La diferencia está en que ellas sueñan
mientras que los hombres roncan.
 
Nosotros tenemos estertores que infectan,
ellas no.
Ellas se saben piedras y se conforman,
nosotros no nos sabemos dormidos.
 
El sueño nos vuelve locos,
sacamos a las piedras de lugar
y las soltamos sobre el craneo de uno que se sueña piedra,
de uno que no ronca, de uno que fue muerto por otro.
 
Por eso cráneo sobre cráneo nos apilamos,
nos convertimos en piedras y nos volvemos buenos, creamos                                                                                                     edificios.
Con esto azoteas,
lanzamos piedras y nos lanzamos nosotros.

 


 

 Familia 
 
 
Extranjero a ellos, olvidado,
olvidándome en la tundra.
(En la cabecera se sienta mi padre).
 
Orinando la barbaridad,
vociferando los gritos del suicida.
(A la derecha de mi padre se sienta mi madre).
 
Temblando por los gritos de la mujer macheteada,
abrazado al cuchillo, mirando al último hombre.
(Frente a mí se sienta mi hermano).
 
Masticando las montañas, sobre la punta del rayo
lanzados al vacío; la tundra se mancha de rojo
(A la izquierda de mi padre se sienta mi hermana).

 


 

Civilización
 
 
Ayer, cuando caminaba por la selva,
cayeron mil rocas encima de mi.
¿Quién me enclavó en este edificio?
 
Cristo del siglo veintiuno,
mi propia muerte me carcome
y todo ojo es espina.
 
Entre la luz de neón,
se cuela un pájaro perdido. Quiero tocarlo;
perdí el regreso.
 
Pues crucificado por antenas,
martilleado para siempre,
con agujeros en el deseo
ya no puedo alcanzarlo.
 
Asustado,
                   muero en la cómoda alfombra.

 


 

¿Cómo surgió la poesía? 
 
 
Cuando en el borde de unos párpados
descansaba Whitman su hierba de versos.
Cuando el andamiaje marítimo de Shakespeare
golpeaba sobre un castillo de palabras.
Cuando la muerte volcaba su lluvia
sobre Lorca, Hernández y Machado.
Sopló un lenguaje de humanos,
surgió de los gritos de un silencio
y se formó la poesía.
 
Salida de la cordillera vertebral de Neruda,
surgida del agua salada de la piel de Sor Juana;
amasada en los surcos del pie del campo
y sacada de una jaula de voces con alas.
 
Ayudada por la golondrina de Huidobro
y por la armónica de Dylan.
Enervada por el vino negro de Baudelaire
y la luz maldita de Rimbaud.
 
Surgió como lo hacen los poetas,
terrorificamente expulsados en un grito.
Concebidos con la punta de un cuchillo,
obligados a maldecir por ser humanos.

 


 

Ahora nadie miente 
                                       
 
                                                        A los líderes del mundo
 
 
¡No! No me equivoqué
no erré ni una mueca
              ni una legua
ni una lengua
    Las palabras estaban capturadas
el horror del pan se las tragó.
 
¡No! Ahora nadie equivoca la hora
    de la cita con la cuna.
 
Ahora que todos tienen la cara normal
el placer por fin no está embozado.
 
    Y es que todos son buenos
                Porque todos
                            absolutamente todos,
                                                                hemos muerto.

 

 


 

Hay una araña en el baño
 
 
Hay una araña en el baño,
la acabo de descubrir.
 
Tengo dos teorías:
 
Una: Se quedará ahí paradita
y otra: cuando esté dormido irá hasta el calor de mi cama.
 
Pero, ¿si le doy un zapatazo me condeno?
¿Quién me vigila?
¿Mis vecinos? ¿La policía? ¿Ezra Pound?
¿Quién?
Sólo yo
yo, el pendejo asesino
que prefiere convivir con una araña,
que espero se quede ahí, paradita, atrapando mosquitos.
De todas maneras soy un asesino
porque pensé antes en mi verdugo que en la vida de la
araña.
Iré a dormir esperando la decisión de ella.
Buenas noches, mi amor.