17 de septiembre de 1980

17 de septiembre de 1980
Asunción del Paraguay

Stroessner



Tachito Somoza, destronado, desterrado, vuela por los aires en una esquina de Asunción.

—¿Quién fue? —preguntan los periodistas en Managua.

—Fuenteovejuna —contesta el comandante Tomás Borge.

Tachito había encontrado refugio en la capital del Paraguay, la única ciudad del mundo donde todavía hay un busto de bronce de su padre, Tacho Somoza, y donde una calle se llama, todavía, Generalísimo Franco.

El Paraguay, o lo poco que del Paraguay ha quedado al cabo de mucha guerra y despojo, pertenece al general Alfredo Stroessner. Cada cinco años confirma su poder, por elecciones, este veterano colega de Somoza y Franco: para que la gente pueda votarlo, suspende, por veinticuatro horas, el eterno estado de sitio.

Stroessner se cree invulnerable porque no ama a nadie. El Estado es él: cada día, a las seis en punto de la tarde, llama al presidente del Banco Central y le pregunta:

—¿Cuanto hicimos hoy?