El Mundo

Lunes, 27 de septiembre de 1999

HOY SERA NOTICIA. EDUARDO GALEANO
El corazón y la memoria

 

JAVIER MEMBA

Memoria y creación es lema con el que esta tarde (18.30 horas) Eduardo Galeano comenzará a impartir un taller sobre literatura en la Casa de América. Dos son las cuestiones que destacan puestos a hablar de este escritor uruguayo. Una, su decidido interés por acabar con cuanto separa al periodismo de la narrativa; la otra, su compromiso con las causas perdidas de antemano.

En efecto, esos alardes de solidaridad, que en tantos otros autores no son más que una buena disculpa para obtener publicidad merced al manifiesto contra la guerra de turno, en Galeano es una auténtica preocupación por cuantos padecen una injusticia. Sin ir más lejos, el que nos ocupa es uno de los contados intelectuales que han escrito sobre el problema de Haití. «El país peor tratado por los poderosos del mundo. Los banqueros lo humillan, los mercaderes lo ningunean y los políticos le cierran la puerta en las narices», apuntaba al respecto en estas mismas páginas.

Aunque ya en 1963 publicó una novela cuyo estilo fue calificado por la crítica de «sobrio y depurado», el premio Casa de las Américas no lo obtendría hasta 1975 con La canción de nosotros. Entre medias, la prosa testimonial de Galeano había alcanzado una de sus mayores cotas en Las venas abiertas de América Latina (1971), ensayo sobre el constante saqueo al que ha sido sometido aquel continente, que encontró una gran repercusión entre sus lectores.

Ese empeño de acercar periodismo y narrativa encuentra su máxima expresión en la trilogía Memoria del fuego -Los nacimientos (1982), Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986)-. En sus páginas, épica, lírica, narrativa y testimonio se ponen al servicio de la historia cotidiana de Latinoamérica. Lo que aplaudimos en el Galeano de entonces fue su capacidad para recrear la variedad expresiva del continente, lo que nos sugiere en el Galeano que nos convoca hoy es su concepción de la memoria: «Recordar es volver a pasar por el corazón».

Encontrado en: http://www.elmundo.org/1999/09/27/madrid/27N0107.html