Crónica de una visita inesperada
Eduardo Galeano: una luz de esperanza
Macondo, no. 60, 1997
Un grupo de trabajo integrado por diferentes asociaciones latinoamericanas invitó a Eduardo Galeno a la ciudad de Gotemburgo a comienzos del mes de septiembre. Este grupo, pequeño pero efectivo, tuvo el honor de coordinar un sencillo programa para este autocalificado "dinosaurio" latinoamericano. Nuestro primer contacto fue cuando asistimos a la cena que ofreció el Club Uruguay. A este recinto llegó esta "humilde criatura", como también se autodenomina, con apariencia de viejo quizás por su brillante calva. Le acompañaban una señora de aspecto juvenil y bondadoso, su esposa, y un viejo amigo suyo, hombre gordo y alto, con una barriga inmensa parecida a la de un emperador romano, Era el trío esperado y los aplausos irrumpieron el salón repleto de amigos uruguayos y de otras nacionalidades.
El personaje se deslizó en aquel recinto, con mirada de veterano amigo, y saludo a cada de los asistentes con un apacible apretón de manos. Al tomar asiento, un artista llamado "pepe-cocodrillo" dio la bienvenida a Eduardo con un sainete de palabras que brillaron por el nerviosismo. El maestro tomó entonces la palabra y dio un contrapunteo oratorio que bien se puede llamar la "parábola del punto". Explicó la ingratitud del punto, de la manera como es esquivo y a veces traicionero en este tipo de ocasiones cuando se mezclan la emoción y los nervios de la bienvenida, a la que él confesó tener un miedo espantoso.
Eduardo es un mago de la palabra, impresionó de manera tan grata y con pocas frases que el público emocionado le brindo un aplauso caluroso. Luego se sentó y empezó un sencillo acto cultural. Un negro uruguayo tocó candombe; y un hijo de alemanes cantó tangos en honor a la presencia del maestro. Este "creador", el adjetivo que prefiere antes de la etiqueta de "intelectual", posó después frente a una cámara fotográfica que le encandiló los ojos. Esta ceremonia es obligatoria para todas las personalidades que visitan al Club. La foto de Galeano no podía faltar. Aquella noche el maestro no quiso discursos, ni encantar al público con sus palabras, solo quiso conocer el ambiente de su gente y de esas criaturas que siente como a hermanos: los latinoamericanos. La cena terminó al filo de la media noche, un poco atrapada por los horarios nocturnos del transporte en esta metropolitana ciudad.
Al día siguiente llegamos muy temprano al escenario en donde se sentaría el gran hombre. Junto con el grupo del comité arreglamos el recinto donde se ofrecería la conferencia de prensa. Al borde de las doce llegó el maestro con su amigo "el gordo". Cuatro periodistas suecos y un grupo numeroso de aficionados a la radio se hicieron presentes en el recinto. Llegaron los que pudieron, los que sabían de su llegada y los que realmente admiran su personalidad. Por ejemplo un compatriota colombiano que viajó 16 horas en tren desde el norte de Suecia para entrevistarlo, un grupo de la televisión, aficionado al oficio de manejar cámaras y transmitir programas por la televisión local, también grabó minuto a minuto todo lo que Galeano dijo y no dijo. Y por supuesto estuvieron presentes dos mujeres jóvenes que hicieron las veces de interpretes para la primera parte de la conferencia donde se harían solo preguntas en sueco.
La primera pregunta: Cual es la diferencia que existe actualmente entre el norte y el sur? A partir de aquel momento el maestro tomó el discurso, que estuvo entrecortado por una regular interpretación. Fueron dos horas en que no hubo preguntas difíciles y a las que él respondió con sabiduría y aplomo. Quizás las dificultades las tuvieron las interpretes que no pudieron diferenciar la dureza de lo concreto y la exactitud de las lenguas nórdicas con un verbo cargado de fantasía, creatividad y esperanza. El maestro no permitió que le impusieran el estilo escandinavo en la traducción, ante la ingenua solicitud de la joven interprete de hablar "más concreto". Impuso su identidad latinoamericana con una respuesta también precisa: "este es mi latifundio... tu veras si puedes", le respondió. Y la joven interprete quedó mucho más despistada. En esta expresión estaba plasmada la experiencia y la magia del verbo de un hombre que sabe lo que dice y porque lo dice.
Quedarán en el recuerdo el ritmo pausado y el estilo casi literario de sus réplicas. A todas las preguntas respondió con sinceridad, sin mentiras, sin esconder sus debilidades y personalidad. Éste, quizás es el único escritor y periodista latinoamericano que aun conserva la esperanza de un mejor mañana y con el que se identifica para sí la militancia de vanguardia desde los años 70. Galeano es uno de los pocos escritores en Latinoamérica que mantiene vivos sus principios; y con ellos su dignidad y la de un grupo de gente, algunos nostálgicos y otros impotentes, que vieron derrumbar sus ideales como un castillo de naipes, un día cualquiera de comienzos de los años noventa. Su fusil es hablar la verdad, decir lo que piensa, sin discursos rígidos y esquemáticos. Quizás sus palabras e incluso sus respuestas ya estaban preparadas. No noté improvisación en ningún momento y al final de cada punto, sentí que irradiaba alegría, esperanza y crítica. Pues, el maestro no solo es un mago de la palabra, también es poeta sin idealismos y romanticismos; es también un escritor de la realidad que observa, y por ende un analista.
Después de la conferencia, todos tomamos una pausa. Me fumé "un pielroja" y me quede pensando en varias de sus sabias frases; pero en especial en aquella que repitio dos veces: "amigo es aquel que te critica de frente y te elogia por detrás". Que manera tan interesante de ser creador en un mundo cada vez más difícil de encontrar cosas comunes, reflexionaba en este descanso.
Cuatro horas más tarde se abrió el telón para el acto esperado: una lectura de textos y un foro de preguntas y respuestas con un público que se estimaba en 250 personas. Al filo de las seis de la tarde, una oleada de personas cubrió el recinto. El público clamoroso lo esperaba. Un amigo Leonardo, uruguayo y calvo como él hizo la presentación. El maestro entró con bromas y picardía; y con este entremés empezó a leer los textos. Hermoso lenguaje de esperanza, crítica y sinceridad nuevamente. Cuando sintió que el auditorio se adormecía con su discurso, dijo: "ya no más, Uds. se están durmiendo". Y una oleada de voces contestó en el acto: "nooo...", pero así fue, y de esta manera el maestro terminó su primera parte.
En el descanso la gente parecía estar anonadada; sentían haber escuchado a un genio, a un ser omnipotente. La emoción del público era visible; pero todos parecían preparar una pregunta. En el foro el público hizo preguntas de todas clases. Allí preguntaron bolivianos, chilenos, paraguayos, colombianos, uruguayos, brasileños, suecos y una gran multitud se quedo con las preguntas en mente. El maestro habló de todo un poco, de fútbol como reconoce ser su pasión, de la inmoralidad y corrupción en el mundo, de las modas, de los libros, del Che; de Cuba y la burocracia; y al final hablo de su calva. Por pedido de su mujer leyó un texto que el creó en tributo a su calva y a la falta de pelos, pero sobre todo a la gallardía y valentía de tener cabeza para decir todavía lo que piensa, porque según él "...si los pelos sirvieran para
algo entonces crecerían para adentro".
Al final del acto, los curiosos querían ver su rostro más de cerca; los coleccionistas querían autógrafos de los libros recién comprados; y los aspirantes a la fama querían "la fotico" del recuerdo. Allí estaban su espíritu y sabiduría; y con ellos el hombre que critica a occidente por querer uniformar a la humanidad con un pensamiento igual, y por pretender imponerle al mundo que coma sólo plástico. Aquel que en su primer encuentro con el Che, le dijo: "Traidor!" Ahora lo considera una barrabasada de los años mozos, pero todo fue porque tenia una fotografía del Che jugando al béisbol, el deporte de los gringos. Aquel hombre que piensa que son los libros los que al final hacen al hombre, y no los hombres los que hacen los libros. El hombre que sabe que América latina es una escuela de la delincuencia: donde la rectora es la injusticia social y existe un plantel docente encabezado por la impunidad, la corrupción y la miseria. Una escuela también rodeada de energías y fantasmas tenebrosos, que han colmado de maldad y desgracias a latinoamérica, según él, la población del futuro. Sus últimas palabras en este contacto intrínseco fueron dedicadas a la patria: - diles que yo quiero mucho a Colombia; fue el mensaje para nuestra colonia en Suecia.
Renzo Ramírez Bacca
Encontrado en: http://www.hum.gu.se/~hisrenzo/espgaleano.htm