"Hoy somos instrumentos de las máquinas"
La Nación. sección General
fecha de publicación 13.04.1999
autor Ramiro Pellet Lastra


"Hoy somos instrumentos de las máquinas"
El escritor uruguayo Eduardo Galeano afirmó que la dictadura del consumo es otro tipo de injusticia

Eduardo Galeano viajó a la cara oculta de la actualidad y descubrió un mundo transformado en reino del absurdo, la miseria y la injusticia.

Los ecos de la extenuante travesía se reúnen en su última obra: Patas arriba. La escuela del mundo al revés, una crónica de fin de siglo que retrata una sociedad violenta entregada a los designios del mercado y del consumismo.

Galeano ingresó en la escena literaria continental hace casi treinta años con la resonante edición de Las venas abiertas de América Latina, que lo consagró como uno de los intelectuales más destacados de Uruguay.

"Fue un libro que hizo su camino", dijo, en diálogo con La Nación, el escritor rioplatense. Nacido en Montevideo en 1940, fue director del diario Epoca y dirigió en nuestro país la revista Crisis. Recibió en dos oportunidades el premio Casa de las Américas.

-Así como en "Las venas abiertas..." se dedica a la economía, en "Patas arriba" se ocupa de otros temas, como la política, la cultura y la ecología...

-La tentativa era mostrar el mundo al revés. No podía reducirse a la economía. Tomemos un ejemplo del mundo patas arriba: los países que producen y venden armamentos son los mismos que velan por la paz en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ellos hacen el negocio de la guerra en nombre de la paz. Lo hicieron en Irak y lo hacen ahora en Yugoslavia.

-El mundo tal como usted lo presenta también incluye tragedias cotidianas, como el desempleo.

-El trabajo ha sido reducido al mínimo de los mínimos; vale menos que la basura. Es cada vez más difícil conseguirlo, más difícil conservarlo y ganar un salario digno. Ytodo en nombre de la competitividad, que se lleva por delante dos siglos de conquistas obreras. Ahora dicen: "La cola es larga: tómelo o déjelo".

-¿Cómo relaciona el desempleo con el delito?

-El auge del delito tiene que ver, entre otras cosas, con la injusticia social, con el desvalor del trabajo. El mundo actual está preso de la inseguridad y del miedo. Todos estamos más o menos presos: los de arriba, los del medio y los de abajo. Aunque la prisión puede ser de lujo: los barrios residenciales parecen fortalezas medievales con recursos electrónicos.

-Hace un momento mencionó la injusticia, un elemento clave en el mundo que describe.

-El mundo al revés es muy injusto: premia la falta de escrúpulos, castiga la honestidad, desalienta la creación y estimula el consumo. Otra clave del mundo del revés es la sociedad de consumo, con toda su mitología.

-¿Cuáles son los símbolos de esa mitología?

-Los que la publicidad impone. Si se les repite a los muchachos que no son nada, que sin coche propio y zapatos de marca no merecen existir, bueno, esa orden de consumo se traduce en una invitación al delito. La dictadura del consumo es un tipo de injusticia que se suma a la injusticia más obvia, la que determina que los pobres se multipliquen al mismo tiempo que la riqueza se concentra en pocas manos.

-¿Quién triunfa en el mundo de hoy?

-Un sistema que en mis años mozos se llamaba capitalismo y que ahora tiene el nombre artístico de economía de mercado. Eso implica adoptar como estilo de vida una concepción de las cosas por encima de las personas.

-Según su visión, entre las cosas que nos dominan se destaca el automóvil.

-Somos instrumentos de las máquinas: el automóvil te maneja, la computadora te programa, el supermercado te compra, la televisión te mira. Los instrumentos que nacen al servicio de la gente terminan por poner a la gente a su servicio. Una de las pruebas de que el mundo está al revés es lo que pasa con las ciudades: fueron creadas como lugares de encuentro entre las personas y, hoy, las personas somos intrusas en estos vastos garajes. El automóvil es el factor principal de contaminación. Ya no se puede caminar ni respirar, dos derechos humanos fundamentales.

-¿Cuál es el rasgo predominante del mundo al revés? ¿El económico, el político, el cultural o el ecológico?

-Todos se mezclan en una trama difícil de desentrañar. Y en ella influye el creciente monopolio de los medios de comunicación. El mundo al revés está ciego, no puede verse tal como es. La libertad de expresión se reduce en la misma medida en que vamos siendo obligados a comer un menú fijo de noticias y de opiniones. Hay un espacio cada vez más reducido para la opinión independiente y para la información libre de ataduras comerciales y políticas.

-También está Internet, que usted aprecia.

-Con Internet se ha abierto un espacio de comunicación muy interesante. Es una de las lindas paradojas del mundo actual. Internet fue inventado por el Pentágono para el intercambio de información militar con fines operativos y, sin embargo, está sirviendo a la comunicación independiente, a pesar de que Internet tiende a convertirse en businessnet, porque está cada vez más ganada por los espacios comerciales.

-¿Qué alternativas quedan? Usted ha escrito que nos domina la resignación.

-Hubo gente que se bajó de la esperanza, como si fuera un caballo cansado. Eso corresponde a muchos factores, en gran parte a la triste experiencia del llamado mundo socialista, que de socialista tenía muy poco y que se desmoronó sin pena ni gloria, pero también a la triste experiencia de un siglo donde ha corrido tanta sangre. Pero hay muchas energías de cambio en este fin de siglo que parece estar condenado al desaliento.

-¿Quiénes encarnan esas nuevas energías?

-Los que actúan por la defensa de la naturaleza en un mundo donde las grandes empresas la arrasan en su beneficio; los movimientos pacifistas; los grupos feministas y homosexuales; los que trabajan desde los barrios, en radios comunitarias o en el rescate de la memoria.

-En su libro menciona a los zapatistas mexicanos y los Sin Tierra brasileños como grupos ejemplares.

-Seguro. La voz de los campesinos de Chiapas llegó al mundo entero mediante un uso muy hábil de las nuevas tecnologías. Vieron que por Internet podían abrir una grieta en el muro de silencio al que estaban condenados. En los Sin Tierra se reconocen los campesinos de muchas partes del mundo. Los dos movimientos actuarán como espejos de muchísima gente que vive en los lugares más diversos.