La Nación. Del tablero a la máquina de escribir
sección Deportes
fecha de publicación 16.01.2000

Del tablero a la máquina de escribir
"Los periodistas no tienen patente para mentir"


MONTEVIDEO (De un enviado especial).- Las pasiones que el uruguayo Eduardo Galeano encuentra en el fútbol no son las únicas que él disfruta; está claro que en sus venas fluye el periodismo, la literatura, el mundo de las letras en todas sus expresiones. Y él tiene bien en claro sus primeros pasos.

"Empecé en el mundo de las imprentas como dibujante. Publiqué los primeros dibujos siendo muy joven, a los 14 años. Y después comencé a escribir, yo creo que como una manera de comunicarme, de darme a los otros", cuenta el autor de "Las venas abiertas de América Latina".

"A partir de ahí -continúa-, la actividad periodística se me fue confundiendo con la literaria y empecé a publicar los primeros libros; pero de vez en cuando sigo escribiendo artículos. A mí me gusta mucho el periodismo y me pongo furioso cada vez que veo que lo destratan, que lo condenan a algún círculo del infierno y si no, en el mejor de los casos, a ocupar algún suburbio de la literatura. Porque la literatura es el conjunto de mensajes escritos que una sociedad emite, tengan la forma que tengan, de libro, de artículo o de lo que sean."

Sin embargo, el amor por la actividad periodística no le impide admitir errores. "Bueno, no lo niego; hay formas realmente horrendas de periodismo, denigrantes, obscenas. Un periodismo ejercido como espionaje sobre la vida íntima de los demás, como un modo de la mentira o del sensacionalismo sistemático. Como si los periodistas tuvieran patente para mentir, ¡o para escribir mal!", sintetiza Galeano, que cada tanto despunta su fervor periodístico con algunos artículos en La Jornada, de México, Página 12, de nuestro país, y el semanario uruguayo Brecha; además, es un conocedor de varias redacciones: en su país, en la Argentina y en otros rincones del planeta.

"Pero eso no implica ningún descrédito del periodismo; es un desprestigio de ciertos periodistas, o de una forma de periodismo. También hay libros que son verdaderos mamarrachos y que no por el hecho de ser libros van a ser sacralizados como un objeto intocable", aclara.

"Lo importante - explica Galeano- es que lo que se dice sea dicho con belleza y a partir de la necesidad de decir, porque hay una profunda necesidad de comunicar algo. Si eso se cumple, el vehículo importa poco.

-De acuerdo con esa necesidad de comunicar, ¿sus libros tienen algo de catarsis?

-Toda forma de comunicación tiene algo de catarsis. Escribir es un gran desahogo y en gran medida es una catarsis. Una liberación que a través de la palabra encuentra un modo de salirse de adentro, de sacarse esos cristalitos rotos que a uno le están lastimando el alma. Y también es una celebración compartida; se escribe para compartir la belleza de la aventura de estar en el mundo, con todo lo que eso tiene de horror y de maravilla.