La Nación. sección Deportes
fecha de publicación 16.01.2000Opinión
Palabra impresa autorizada
Por Claudio Mauri
Siempre es interesante y estimulante que el mundo de la literatura, a través de prestigiosos escritores, cada tanto recale en el fútbol. Siempre resulta enriquecedor, más allá de que se compartan o no los diferentes puntos de vista y análisis. Un autor puede ser la voz de alerta que el periodismo, muchas veces aturdido en el batifondo informativo de cada día, no alcanza a escuchar. Desde el mundo de las letras, la interpretación más reposada de los hechos se constituye en bibliografía de consulta, que de todas maneras no es tan fecunda si se tiene en cuenta el fenómeno social y económico que representa el fútbol.
Desde su erudición, Jorge Luis Borges aborrecía el fútbol. Su fino intelecto jamás comprendió cómo 22 personas podían correr desaforadamente detrás de una pelota. Su negación de este deporte llegó a tal punto que desconocía quién era Mario Kempes en pleno Mundial 78.
Antes del Mundial 98, Juan José Sebreli escribió La era del fútbol, un relato en el que, al margen de algunas inexactitudes y de una saña narrativa mal disimulada, se hace una purga de las miserias y las corruptelas de la actividad.
El uruguayo Eduardo Galeano es un futbolero cultivado al que siempre dan ganas de leerlo. Devoto del poder lúdico de una gambeta y desconfiado de las poltronos del poder que manejan al fútbol en clave de negocio.
Su libro El Fútbol a Sol y Sombra es una especie de recopilación de sucintas notas de prensa sobre personajes, hechos y situaciones. Redactado con un estilo ameno, que hace cómplice al lector para rescatar a los talentosos y fustigar a los inescrupulosos. Como gran inquisidor de las cuestiones sociales, Galeano hace del fútbol uno de sus temas predilectos. Lo reivindica como arte, como expresión estética, como fuente de rebelión contra lo establecido. En definitiva, como un acontecimiento cultural, provisto de profundas calidades humanas. Una visión que convive con las notas de prensa que salen de la sensible pluma de Jorge Valdano.
"Voy por los estadios mendigando un poco de buen fútbol". Es una de sus frases de cabecera, que le sirve para describir una fascinación por un juego que cada vez tiene menos de tal. Galeano es palabra impresa autorizada en fútbol. Nos hace pensar y disfrutar a la vez. Es como ganar y jugar bien cada partido.