Juan Gelman, la poesía en el tiempo de los asesinos

Nota del 1 del 7 de 1997. Angel Rama

De una extensa nota del uruguayo Ángel Rama hasta ahora inédita en nuestro país extractamos el texto que sigue. Rama desmenuza la poesía de Gelman a partir del libro Hechos y relaciones, y además de analizar las claves de esta obra subraya una conexión pocas veces observada por la crítica entre la poética de Gelman y la poesía norteamericana. Se agrega, además, otra mirada crítica a cargo del español Rodríguez Padrón, realizada a partir de Hacia el Sur, y también inédita en nuestro medio.

A pesar del celebrado imperio de la novela en América latina, sigue siendo la poesía, como lo fue desde los orígenes, el ágil instrumento de búsquedas y encuentros, la audaz y voladora vanguardia de las letras. ( ... )

Su rasgo más llamativo, hoy, es su asunción del turbulento mundo contemporáneo, rastreado en su intimidad cotidiana a la búsqueda de sus articulaciones significativas. Es una tendencia que tiene tan ilustres patrocinadores corno Pound y Eliot y que ha conferido su primacía a la lírica norteamericana reciente, transformándola en educadora de jóvenes poetas latinoamericanos. Por esta vía lo que la poesía ha encontrado es un mundo revuelto cargado de las urgencias de la acción, las que parecen poner en entredicho su misma existencia. Por eso resulta tan ilustrativa la lectura del último libro del argentino Juan Gelman (Hechos y relaciones, Barcelona, Lumen, 1980), reuniendo dos colecciones que cubren casi completamente la década de los 70 y abarcan el período de una guerra despiadada en que el autor ha sido, según la feliz fórmula de Alberti, "el poeta en la calle". (...)

Esa realidades la acción transformadora a la que caben destrucciones, reelaboraciones, metamorfosis, aunque estos poemas ni cuentan ni cantan acciones, sino que nacen de intersticios, a modo de ocupaciones de las breves pausas en que la conciencia asume, refracta, reflexiona sobre la suma de acciones acumuladas. Son no más de sesenta poemas para una década íntegra, que componen el discurso de una conciencia ardiente, dolida y crítica, de tal modo que deben ser leídos sobre el fondo brillante e innominado de una sucesión turbulenta y trágica. Equilibradamente Cervantes alternaba una acción y un diálogo interpretativo: aquí sólo tiene cabida la segunda parte, pero no como diálogo sino como soliloquios de una conciencia que discute, analiza, evoca o entona la alegría.

Es comprensible que uno de sus temas sea el de la supervivencia de la poesía y su legitimidad en tiempo revolucionario. Confianzas y Hechos persuasivamente reflexionan sobre que ningún endecasílabo acabó con un dictador pero simultáneamente reconocen la fatalidad de una escritura que no cesa ni debe cesar, el empecinamiento de la función poética que aun en los lugares inhóspitos, aun constreñida, no deja nunca de brotar, como dice en Poderes: como una hierba como un niño como un pajarito nace la poesía la torturan y nace la sentencian y nace la fusilan y nace la calor la cantora

No es sin embargo suficiente. El poeta avanza al reconocimiento de que la poesía nace de los "encuentros", evidenciándonos la prolongación, aun en esta dicción despojada y lacónica, un imperio de la metáfora, Son “los nacimientos/ casamientos/ los disparos de la belleza incesante", de tal modo que las operaciones constitutivas de la poesía figuran analógicamente los procedimientos de las vanguardias insurreccionales, reproducen el sistema de relaciones con que ellas se legitiman mediante "encuentros", "nacimientos", "casamiento? con un pueblo. Además, descubren en él la misma apetencia de la belleza, tal como lo dice Homenajes de modo explícito: "el pueblo aprueba la belleza aprueba el sol", "en la pared de caras populares escribe "apruebo el sol". Está aquí apuntado el reencuentro con la "belleza natural" que ya habla sido tema central de la meditación martiana y, como en ella, en Gelman se mueve dentro de un sofrenado populismo que estatuye el léxico, el ritmo, la sintaxis, aunque no impide veloces incursiones en la "belleza artificial", ya que ambas habían sido fuentes abastecedoras de su poética. (.. .)

Toda la colección (se refiere a Relaciones) está hecha mediante repetitivas interrogaciones, que refuerzan el soliloquio transformándolo en lo que Unamuno hubiera designado como un "monodiálogo" y trasmutando la interrogación en respuesta por mera eliminación de los signos gráficos, de tal modo que la respuesta es idéntica a la pregunta, siendo simultáneamente lo contrario y la afirmación está contenida en la duda como un cuerpo revestido que sólo necesita un brevísimo despojamiento para mostrarse. A esto agrega una construcción envolvente comparable con el "pantum" practicado por Baudelaire, que sabe de los cambios semánticos que se producen en un verso cuando es repetido a distintas alturas del poema y que, cuando esto no le resulta suficiente, altera repentinamente una sola de las palabras utilizadas provocando un repentino salto cualitativo mediante el libre manejo de las posibilidades que le presenta el eje paradigmático. Se percibe en esto la clave constructiva de un pensamiento que va desarrollándose sobre contrarios, asumiéndolos a manera de peldaños, pasando de la interrogación dubitativa a la respuesta afirmativa. ( ... )

El procedimiento es aquí (se refiere a Hechos) diferente y descansa sobre la discordancia entre el verso y la frase, esa parcela ambigua que gracias a las múltiples cesuras se aposenta en los estiquios, especialmente en los finales que cuelgan antes del encabalgamiento y funcionan como plataformas giratorias tan pronto siguiendo al verso como al período sintáctico, a modo de dobles respuestas que retornan a lo ya pasado o adelantan hacia lo que viene. Son estiquios Janos que aseguran nuevamente el movimiento incesante de los "disparos de la belleza" pero con una oscilación perpleja e insegura, ya a modo de regresos, ya a modo de bruscos impulsos de avances, funcionando como recuperaciones fantasmáticas de lo transcurrido para entonces legitimar el desarrollo progresivo del discurso sobre lo todavía no conocido y deseado. (...)

El procedimiento no sirve sólo a esta función encadenante de pasos atrás y adelante sino también en la serie elegíaca del poeta "rodeado de fantasma” (Abrigos, Descansos, Ausencias, Epocas, Sábanas) a la multiplicidad de las imágenes hostigantes que son pluralidad que aspira a devenir unidad en vano y que ahora se entrelazan con textos literarios, fragmentos de versos, melodías, composición heteróclita, taraceado que construyen la vicia y la literatura. Una técnica que evoca la composición cubista de perspectivas múltiples reunidas abruptamente hasta conformar un objeto único, un poema cuya ambición es el relato íntegro y en movimiento. (...)

Desde Violín y otras cuestiones la proposición poética de Gelman ha sido clara y ha venido ajustándose respondiendo a una necesidad interior. Surgido cuando declinaban los ecos del vanguardismo surrealista, su obra se edifica fuera de su influencia, recogiendo astillas del populismo de los 20 y el rigor realista y alucinado de la escuela norteamericana... este libro no sólo es su parca cosecha de la década pasada sino también los restos de un naufragio, si acaso se puede naufragar en el fuego. Su precisión, su sequedad y laconismo, su medio tono, su emoción bajo cenizas, su exacta relojería, dan la medida de su madurez. Sobre todo testimonian uno de los más raudos vuelos un ave poética, pues la reencontramos cuando atraviesa el fuego y la carnicería y nos habla desde las llamas y nos dice cómo se sale de las llamas.

 

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