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JORGE GÖTTLING
Juan Gelman es un poeta con el corazón
chapado a la izquierda. Si se lo define por su obra, se trata de uno de los más
grandes poetas vivos de lengua española. Su más profunda trinchera la hundió
en el periodismo, al que supo dignificar con su actitud militante y
comprometida. Hoy, es un símbolo del resistencialismo y es lo que se ve: un
hombre de setenta años, de voz huraña y gastada, con anteojos cortados en la
curvatura de su nariz, el cigarrillo consumido hasta la última hebra, que supo
ser comunista y peronista y que, en esos marcos, convivió con amigos asesinados
o desaparecidos.
Hay, también, rigor de verdad en lo que puede ver en su cara explícita, en los
ojos acuosos y cansados, en esa voz convertida en hilacha opaca cuando habla
sobre su última epopeya -el rescate de su nieta- desde el dolor de su propia
historia.
Nació en el 30, el año en que empaquetaron a Hipólito Yrigoyen, en el barrio
de Villa Crespo, la Babel de aquel Buenos Aires en el que aún se dormían todas
las siestas. Hijo de un obrero que abrazó la revolución bolchevique y abandonó
su país cuando desterraron a León Trotsky. Su madre, nieta de un rabino y
permanente estimuladora y acicate para que Juan abrazara la palabra como su
forma de acción.
Recorriendo senderos paralelos, también su familia se diezmó: su hijo muerto a
balazos después del secuestro y la tortura, su nuera desaparecida y su nieta
nacida en cautiverio y ocultada maliciosamente hasta los albores del 2000.
En Villa Crespo hizo vida de barrio, cafés, ateneos, y sus iniciales
aproximaciones a la literatura a los 11 años, con imperfectos pero calientes
poemas de amor. Era, entonces, un muchacho activo y silencioso que trataba de
desentrañar desde su primera militancia los acontecimientos que se sucedían en
forma vertiginosa, el bombardeo de Plaza de Mayo, la caída de Perón, los
fusilamientos de junio del 56, en la fría madrugada de un país dolido y
aterido.
En 1955, Gelman se afilió a la Juventud Comunista y un año después, cuando
tenía 26, publicó Violín y otras cuestiones, prologado por Raúl González
Tuñón. Antes de los 60, vio la luz El juego en que andamos, al que
sucedió Gotán, acaso su título más apreciado por la crítica. Quien
con los años sufriría el exilio, adelantaba entonces: "Hay que aprender a
resistir/ Ni a irse ni a quedarse, a resistir/ aunque es seguro/ que habrá más
penas y olvido".
Campeaba por la Argentina un aire denso y un horizonte laxo, donde podía
contemplarse el crepúsculo del deber. La voluntad de servicio, la política, el
entusiasmo cívico estaban en descrédito y Gelman retrató, en verso, esa
crisis de esperanza. Se contacta mediante el periodismo con otros intelectuales
de idéntica formación e inicia, con ellos, la vía pacífica de la
reconstrucción ética de la Nación. Son ellos, entre otros, Haroldo Conti,
Luis Guagnini, Francisco Urondo, futuras víctimas de la represión puesta en
marcha por el aparato del Estado, a partir de los 70.
Tras un quiebre doctrinario y sentimental con el Partido Comunista, Juan Gelman
adhiere al incipiente Movimiento Peronista Montonero, desde lejanas fronteras de
la acción.
Durante la gestión presidencial de María Estela Martínez de Perón, amenazado
por la Triple A, se impuso el castigo del exilio.elman retornó clandestinamente
pero después del golpe de marzo del 76 se fue a Europa. Meses después, un trágico
suceso alteraría para siempre su historia: su hijo Marcelo y su nuera Claudia
son secuestrados y desaparecidos. Claudia estaba embarazada.
Marcelo Gelman y María Claudia Iruregoyen fueron secuestrados el 24 de agosto
de l976. Trece años después, en l989, se encontró el cadáver de Marcelo,
metido en un tambor de cemento y arena junto a los cuerpos de otros siete
militantes. Marcelo había sido torturado en el campo de concentración
Automotores Orletti (denominado en la jerga militar como El Jardín). Tras la
investigación, la pericia forense determinó que fue rematado a tiros.
Los restos del joven, que era periodista, fueron velados en la sede de la Unión
de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires y así se convirtió en el único de
los 93 periodistas desaparecidos durante la dictadura cuyo cuerpo fue encontrado
e identificado. Juan Gelman había retornado al país un año antes del
hallazgo, obligado al exilio acusado de asociación ilícita por aquella
integración a Montoneros.elman sobrevivió a la tragedia amparado por la poesía
y por su inexpugnable firmeza en la búsqueda de su nieta. Inventor de palabras
que parecen gestos, de ademanes que parecen versos, el poeta soportó la
experiencia dolorosa por el filtro de versos melancólicos, a veces ingenuos,
siempre irónicos. Fue el vocero de una generación que, sin haber luchado en la
arena de una guerra, perdió varias batallas con las que soñó edificar otro
mundo.
Durante los últimos años, desde su domicilio fijado en México, Gelman fue
paliativo para la desconfianza generalizada que suscita todo lo que reniega del
olvido, que es un analgésico pero no un curativo para los retorcijones de
nuestra reciente historia. Lo hizo en verso y lo explicó en persona durante la
larga odisea para el rescate de su nieta, una epopeya de reciente feliz conclusión.
Para muchos, ese rescate tiene trascendencia simbólica: Gelman fue él y fue
todos los actores victimizados por una pesadilla que, al acabar, dejó el piso
de nuestra juventud repleto de cadáveres.
Encontrado en: http://www.clarin.com.ar/suplementos/cultura/2000-09-17/e-00401d.htm