Clarín, Domingo 17 de setiembre de 2000
LA MILITANCIA
Escribir con el cuerpo

JORGE GÖTTLING

Juan Gelman es un poeta con el corazón chapado a la izquierda. Si se lo define por su obra, se trata de uno de los más grandes poetas vivos de lengua española. Su más profunda trinchera la hundió en el periodismo, al que supo dignificar con su actitud militante y comprometida. Hoy, es un símbolo del resistencialismo y es lo que se ve: un hombre de setenta años, de voz huraña y gastada, con anteojos cortados en la curvatura de su nariz, el cigarrillo consumido hasta la última hebra, que supo ser comunista y peronista y que, en esos marcos, convivió con amigos asesinados o desaparecidos.

Hay, también, rigor de verdad en lo que puede ver en su cara explícita, en los ojos acuosos y cansados, en esa voz convertida en hilacha opaca cuando habla sobre su última epopeya -el rescate de su nieta- desde el dolor de su propia historia.

Nació en el 30, el año en que empaquetaron a Hipólito Yrigoyen, en el barrio de Villa Crespo, la Babel de aquel Buenos Aires en el que aún se dormían todas las siestas. Hijo de un obrero que abrazó la revolución bolchevique y abandonó su país cuando desterraron a León Trotsky. Su madre, nieta de un rabino y permanente estimuladora y acicate para que Juan abrazara la palabra como su forma de acción.

Recorriendo senderos paralelos, también su familia se diezmó: su hijo muerto a balazos después del secuestro y la tortura, su nuera desaparecida y su nieta nacida en cautiverio y ocultada maliciosamente hasta los albores del 2000.

En Villa Crespo hizo vida de barrio, cafés, ateneos, y sus iniciales aproximaciones a la literatura a los 11 años, con imperfectos pero calientes poemas de amor. Era, entonces, un muchacho activo y silencioso que trataba de desentrañar desde su primera militancia los acontecimientos que se sucedían en forma vertiginosa, el bombardeo de Plaza de Mayo, la caída de Perón, los fusilamientos de junio del 56, en la fría madrugada de un país dolido y aterido.

En 1955, Gelman se afilió a la Juventud Comunista y un año después, cuando tenía 26, publicó Violín y otras cuestiones, prologado por Raúl González Tuñón. Antes de los 60, vio la luz El juego en que andamos, al que sucedió Gotán, acaso su título más apreciado por la crítica. Quien con los años sufriría el exilio, adelantaba entonces: "Hay que aprender a resistir/ Ni a irse ni a quedarse, a resistir/ aunque es seguro/ que habrá más penas y olvido".

Campeaba por la Argentina un aire denso y un horizonte laxo, donde podía contemplarse el crepúsculo del deber. La voluntad de servicio, la política, el entusiasmo cívico estaban en descrédito y Gelman retrató, en verso, esa crisis de esperanza. Se contacta mediante el periodismo con otros intelectuales de idéntica formación e inicia, con ellos, la vía pacífica de la reconstrucción ética de la Nación. Son ellos, entre otros, Haroldo Conti, Luis Guagnini, Francisco Urondo, futuras víctimas de la represión puesta en marcha por el aparato del Estado, a partir de los 70.

Tras un quiebre doctrinario y sentimental con el Partido Comunista, Juan Gelman adhiere al incipiente Movimiento Peronista Montonero, desde lejanas fronteras de la acción.

Durante la gestión presidencial de María Estela Martínez de Perón, amenazado por la Triple A, se impuso el castigo del exilio.elman retornó clandestinamente pero después del golpe de marzo del 76 se fue a Europa. Meses después, un trágico suceso alteraría para siempre su historia: su hijo Marcelo y su nuera Claudia son secuestrados y desaparecidos. Claudia estaba embarazada.

Marcelo Gelman y María Claudia Iruregoyen fueron secuestrados el 24 de agosto de l976. Trece años después, en l989, se encontró el cadáver de Marcelo, metido en un tambor de cemento y arena junto a los cuerpos de otros siete militantes. Marcelo había sido torturado en el campo de concentración Automotores Orletti (denominado en la jerga militar como El Jardín). Tras la investigación, la pericia forense determinó que fue rematado a tiros.

Los restos del joven, que era periodista, fueron velados en la sede de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires y así se convirtió en el único de los 93 periodistas desaparecidos durante la dictadura cuyo cuerpo fue encontrado e identificado. Juan Gelman había retornado al país un año antes del hallazgo, obligado al exilio acusado de asociación ilícita por aquella integración a Montoneros.elman sobrevivió a la tragedia amparado por la poesía y por su inexpugnable firmeza en la búsqueda de su nieta. Inventor de palabras que parecen gestos, de ademanes que parecen versos, el poeta soportó la experiencia dolorosa por el filtro de versos melancólicos, a veces ingenuos, siempre irónicos. Fue el vocero de una generación que, sin haber luchado en la arena de una guerra, perdió varias batallas con las que soñó edificar otro mundo.

Durante los últimos años, desde su domicilio fijado en México, Gelman fue paliativo para la desconfianza generalizada que suscita todo lo que reniega del olvido, que es un analgésico pero no un curativo para los retorcijones de nuestra reciente historia. Lo hizo en verso y lo explicó en persona durante la larga odisea para el rescate de su nieta, una epopeya de reciente feliz conclusión.

Para muchos, ese rescate tiene trascendencia simbólica: Gelman fue él y fue todos los actores victimizados por una pesadilla que, al acabar, dejó el piso de nuestra juventud repleto de cadáveres.

Encontrado en: http://www.clarin.com.ar/suplementos/cultura/2000-09-17/e-00401d.htm