Juan el porteño

Nota del 1 del 7 de 1997.

Gelman alza el repertorio de lo cotidiano con frasco de tango y ruidos de ciudad. Desde su primer libro, prenuncia la que será una de las características de la poesía argentina de su promoción: la mitología del porteño expresada en giros coloquiales. Pero Gelman, más que detenerse en el clisé, recicla materiales que parecían perdidos bajo el óxido de la nostalgia y los aprovecha para su búsqueda; les limpia con cuidado la solemnidad y los traspapela en el delirio de su voz. Las notas que siguen hablan de ese efecto "porteño" de una voz que se reformula constantemente. La firmada por Horacio Amigorena posee un valor documental: el de haber sido el primer comentario escrito acerca de un libro de Gelman.

A sí como la referencia del cantejondo resulta insuficiente para abarcar la totalidad de la poesía de Federico García Lorca, en el caso de Gelman el tema del tango y lo tanguero no alcanza a designar más que una arista de su extensa producción: aquella que en extraños maridajes incorpora un fraseo aporteñado sobre el cuadriculado de una ciudad.

Ya en el prólogo de su primer libro, Violín y otras cuestiones, Raúl González Tuñón hace mención a este "clima porteño, entrañable" que cruza "galopando una música de tango" y que tiñe muchos de sus textos en esa urbe que ya "se ponía los pantalones largos". El hablante es, desde ya, un ciudadano común preocupado por las cosas que a todos preocupan, aunque en esa cuerda de oralidad se deslicen "otras cuestiones": la desocupación, sí, pero también la guerra de Corea, el nazismo, las leyes represoras contra el inmigrante, el peligro de la guerra atómica, etcétera.

En un artículo posterior (La ciudad sigue llamando a sus poetas), González Tuñón no duda en colocar a Gelman en la línea inaugurada por Evaristo Carriego; ese llamado terminó por conformar una franja sumamente amplia frecuentada por voces diferentes: de Carlos de la Púa a Leónidas Lamborghini, de Nicolás Olivari a César Fernández Moreno, de Juan Carlos La Madrid a Eduardo Romano, por mencionar sólo algunos.

El mismo Gelman señaló, en el curso de una entrevista, que los poetas que integraban El Pan Duro poseían una concepción de la poesía como comunicación que no solamente los acercaba a Tuñón sino a los poetas del tango. Son los años -según Horacio Salas- de un verdadero aluvión de poesía ciudadana, con una mirada atenta hacia esos poetas que "dejaron de ser considerados meros letristas, como se los juzgaba peyorativamente hasta entonces. Eran los traductores de una forma de ser". De este modo, por ese tiempo, el patetismo de Discépolo convive con el desenfado de Girondo en Zona de la poesía americana y el grupo Barrilete dedica uno de sus Informes al autor de Tormenta.

También explicó Gelman que, como todo muchacho de barrio, incorporó el tango de manera natural, no de una forma "intelectualmente preconcebida", subrayando una intención de manejar los elementos de la mitología tanguera con un sentido inverso, tratando de desmitificarlos, en una resignificación que apela a la ironía. En una nota temprana para la revista Hoy en la Cultura, Marcelo Ravoni señala que "Gelman es un poeta porteño. Basta leerlo. ¿Porteñísimo, entonces? No. Porque porteñismo es como decir folclorismo, supone –como existencialismo, surrealismo, marxismo o apoliticismo -una intención deliberada de ser o proceder de una manera o de otra. Y en el ser porteño de Gelman no hay ninguna intención, ningún apriorismo. Hay su condición de porteño, la ineludible manera de sentir y hablar".

Así, lo "tanguero" en su obra, dista mucho del estereotipo armado de gestos, guiños y frases predecibles. Por el contrario, en la "cocina" gelmaniana esta marca aparece reprocesada en un hacer que privilegia el cruce de discursos. De este modo, el montaje revela fragmentos de canciones (El día que me quieras, Cruz de palo, Volvió una noche, Anclao en París, Desde el alma, Cobardía, etc.)junto a pasajes de El libro de Job, el Martín Fierro, versos de Vallejo, La Biblia, manifiestos vanguardistas, versos de Blomberg, etcétera.

Vale decir que el autor de Gotán, lejos de ahondar en un remanido porteñismo levantado sobre la base de lugares comunes, lo desencaja de sus connotaciones obvias; aparecen aquí y allá partes de una escenografía, objetos desteñidos que cobran nueva vida en impensables compañías: algunas duplas que firman textos de Citas y comentarios son San Juan de la Cruz y Contursi, el rey David y Cátulo Castillo, Ezequiel y Lepera. La mitología ciudadana entra de este modo en un proceso de mutaciones que intercambia elementos aparentemente lejanos. "Tradición y tango -según Hugo Achugar- dándose la mano en la ternura exhibida sin afeites ni vergüenzas. Lirismo acendrado y valoración del sentimentalismo -a veces truculento- del tango. Ternura celebrada sin hipocresías. Afecto exhibido y hasta proclamado".

El proceso es gradual, presente en los primeros libros y acentuándose en algunos de los últimos, Citas y comentarios y Hacia el Sur. En la cuerda del collage y la intertextualidad, por la extensa obra de Gelman caminan en puntas de pie personajes de la canción ciudadana ("la encontraron metida en un gotán / se llamaba María la más mía"), músicos (Ciriaco Ortiz, Roberto Firpo), fragmentos de letras, fraseos gardelianos ("tarta arsiedá"), onomatopéyicos finales de tango, términos lunfardos, locuciones y refranes populares. Y todo en esa voz que, al tiempo que sobrevuela la escena dramática, sabe desdoblarse hacia el gesto paródico.

Notas

1. Marcelo Ravoni, Notas para la poesía de Juan Gelman, Hoy en la Cultura N 4, Buenos Aires, 1962.

2. Hugo Achugar La poesía de Juan Gelman o la ternura desatada, Como temblor del aire, recopilación de artículos sobre la obra de Gelman a cargo de Lilián Uribe, Vinten, Montevideo, 1995.

 

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