"La poesía casada con la poesía"

Nota del 1 del 7 de 1997.
 

Gelman, especializado en desanudar los entuertos que proponen los esquematismos de turno, continúa negándose alas etiquetas. Sobre la “literatura de compromiso ":"Yo prefiero antes que la poesía comprometida, la poesía casada con la poesía” a invitación esa una mirada más abarcadora, que no limite los valores del texto al aspecto meramente temático.

La producción de Gelman replantea diversos temas; entre ellos la transitada dicotomía entre una supuesta poesía de contingencia y otra de corte trascendentalista. Sobre este asunto han alertado los críticos, pero también los escritores Raúl González Tuñón y Julio Cortázar, prologuistas de Gelman en 1956 (Violín y otras cuestiones) y 1981 (Silencio de los ojos). Para el primero, el poeta debutante no es un "evadido de la realidad”, ni tampoco "un editorialista en verso, un simple propagandista"; mientras que veinticinco años después Cortázar coincide al invitar a seguir la respiración gelmaniana sin prejuicios, dejándose llevar, sin esas "telarañas de la costumbre... obstinadas categorías de la convención" que confunden "facilidad con eficacia".

Continuando el trazo grueso de este tipo de nominaciones, podría decirse que Gelman es un poeta social porque, antes que nada, es un poeta “individual"; vale decir que su voz expresa una totalidad cuando lo ha sido de una singularidad; la suya primero; la voz que rompe constantemente con aquello que acaba de fundar para dibujar un territorio diferente, personal. Si la poesía, como él mismo dice, es calcinar palabras, la búsqueda del poeta pretende términos nuevos para que ardan sobre los cinco sentidos.

Ya a principios de los 70, el autor de Cólera buey deshace el nudo propuesto por Benedetti de Poetas comunicantes (tal el título de su libro de entrevistas) al señalar que sí, se quiere comunicar y que además está dispuesto a sacrificar algo para que se dé esa comunicación: "Pero lo que estoy dispuesto a sacrificar para esa comunicación no es cuestión poética, sino una cuestión de vida. Y en la medida en que vitalmente eso se resuelva, pienso que se va a resolver en mi poesía". Agrega que: "Es muy posible que haya gente que no entienda exactamente a los grandes poetas, pero yo no creo que Vallejo, por ejemplo, debiera renunciar a Trilce”.

Hay que decir que no es el cruce reflexivo el lugar donde se resuelve la dicotomía entre un exaltado individualismo y una sociología colectivista, sino en la producción misma; en el caso de Gelman en una poética resuelta mucho más allá de lo circunstancial. En este punto coincide la crítica. La ensayista Ana Porrúa sitúa a Relaciones como "el lugar del encuentro entre la ideología del "coloquialismo" y las técnicas de la vanguardia"; el libro "que interroga sobre las certezas poéticas"'. Si bien es cierto que este libro es uno de los puntos fuertes del poeta, ya en trabajos anteriores había concretado la propuesta de hacer coexistir la experimentación con la preocupación social; así lo hace notar Francisco Paco Urondo en una nota temprana y premonitoria, en la que subraya que "Gelman hace confluir estas dos líneas, una específicamente poética, otra correspondiente a nuestra actualidad. Por su parte, Hugo Achugar, enmarcando la obra de Gelman dentro de una corriente neohumanista, puntualiza que el poeta ajusta "discurso y dicción poéticos en la apuesta de la connotación y la polisemia ( ... )

Apostando a una lírica que desconoce la distinción entre poesía pura y poesía contaminada y que postula un sistema metafórico que rechaza la ingenuidad o la inmediatez anquilosante".

Gelman logra esa confluencia de la que hablaba Urondo, pero todavía más integra en un singular y complejo proceso del hacer y el reprocesar, textos disímiles que pueden venir del Martín Fierro y de la nota periodística.

Muestra de esa orquestación son poemas como Pedidos, de Relaciones; Gracias y Distracciones, de Hechos, en los que reelabora, respectivamente, puntos del Manifiesto Ultra (firmado en España por un grupo de poetas del ultraísmo, entre los que figura Borges); pasajes del Eclesiastés y conceptos de Marx referidos a las revoluciones proletarias.

Se integra de este modo en una legión de poetas "cuestionadores" instalada en la década de los 60 que, en el plano latinoamericano y lejos de ortodoxias, trabajan en el ojo del huracán político con atención a la construcción formal del poema; entre ellos el chileno Enrique Lihn, el peruano Antonio Cisneros, el poeta de Barbados Edward Bratwhaite, el hondureño Roberto Sosa, el brasileño Affonso Romano de Sant’anna, el chileno Gonzalo Rojas, el haitiano Anthony Phelps y José E. Pacheco de México, entre muchos otros.

"La poesía sirve cuando no se ocupa de servir." Luis Cardoza y Aragón

El autor de Relaciones suscribe la frase de su amigo el guatemalteco Cardoza y Aragón, respecto de que "la poesía no se deja capturar viva. En el mejor poema rinde su inmortal cadáver”. Para el argentino, la cuestión se limita a escribir poesía buena o mala, ya que el tema para nada garantiza su nivel. Coincide con González Tuñón, quien al mismo tiempo que mantuvo un diálogo profundo con su época, señaló: "Traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente".

Precisamente Tuñón ilustra su posición con una carta de Mallarmé a Zola, en la cual el vanguardista, “artífice del purismo", no rechaza el realismo, sino que reconoce “momentos en que la verdad se convierte en la forma popular de la belleza'". Gelman también alude a una anécdota de Mallarmé que publicaba sonetos en una revista de modas: "Según le dijo a Valéry, un día recibió una carta de una modista. La mujer le decía que compraba regularmente su publicación porque le era muy útil para su oficio, pero le escribo esta carta porque leí un soneto suyo. Leerlo me salvó la vida. ¿Por qué? Mallarmé nunca lo supo, nosotros tampoco; pero la lección es valiosa". La confusión a partir de aquello que determina lo "social", levantó por algún tiempo una polvareda de dilemas simplistas. En un movimiento pendular, el acento se desliza entre quienes se preocupan más por el sujeto creador y aquellos que ponen mayor atención en el sujeto receptor. Para Gelman, la cuestión radica en lo que pueda aportarse para el enriquecimiento del hombre, entendiendo –con Marx- que el arte es la mayor felicidad que el hombre puede darse a sí mismo. La polémica es falsa –insiste- y se reedita cada tanto. Para el poeta: "Hay tendencia a echar por la borda a la llamada poesía comprometida. Recordemos que los poetas políticos de Vallejo, como España aparta de mí este cáliz, son poemas extraordinarios". Lo mismo podrá decirse de poemas de Federico Gracia Lorca, Vicente Huidobro, Joaquín Pasos, Salomón de la Selva, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, etcétera.

En referencia a esta alternancia entre épocas que priorizan o relegan lo testimonial, Gelman se ha manifestado en varias entrevistas señalando un fenómeno de "estalinismo al revés", ya que si hace tres décadas "el que no escribía poesía política en la Argentina era considerado una especie de traidor. Hoy día es exactamente al revés. Ahora hay una especie de estalinismo al revés” Y se explaya todavía más:

"Yo creo que es imposible que la literatura no tenga nada que ver con la realidad; aunque sea para negarla tiene que ver con ella ( ... ) A fines del siglo pasado comenzaron a entrar en boga concepciones muy mecanicistas sobre el arte; especialmente con Plejánov, que fue uno de los impulsores de la concepción según la cual la literatura puede ser un instrumento de intervención directa de la realidad, concepción que llegó a aberraciones como las de Stalin, cuando habló de los escritores como Ingenieros del alma.

Yo creo que ni tanto ni tan poco ( ... ) así como yo me peleaba con algunos colegas hace veinte años porque querían prohibir determinado tipo de poesía de evasión -según ellos- que no tocaba directamente temas políticos o sociales, me pelearía ahora al revés con aquellos que dicen que ya no se pueden tocar temas políticos o sociales. Porque creo que sí se puede, y creo que es más difícil, incluso, en poesía, tocar esos temas que otros. Pero dejando de lado la dificultad o no -porque lo difícil es hacer poesía de verdad-, no hay tema prohibido( ... ) Y si usted me pregunta cuál es el tema de la poesía, yo le diría que el tema de la poesía es la poesía misma (...) en nuestros países (el tema del compromiso) se dio de un modo natural, desde los cielitos de Hidalgo hasta el Martín Fierro, pasando por los poemas de los exiliados del siglo pasado en Montevideo y por tantas otras manifestaciones. Y, en fin, de una novela unitaria como Amalia, de José Mármol, por ejemplo, uno puede decir si es buena o mala, a esta altura de los acontecimientos, pero nada más. Podemos repetir que Mármol era unitario, antirrosista, etc., pero eso ubica el contexto de la obra, no alcanza para dar un juicio literario".

1. Mario Benedetti, Los poetas comunicantes, Marcha editores, Montevideo, 1972.

2. Ana Porrúa, Relaciones de Juan Gelman: el cuestionamiento de las certezas poéticas, en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, N° 35, Lima, 1992.

3. Francisco Urondo, Hay que afinar el oído, en Zona de la Poesía Americana, N° 4, Buenos Aires, 1964.

4. Hugo Achugar, Apuntes sobre Juan Gelman, en Brecha N° 19, Montevideo, 21/2/86.

5. Horacio Salas, Conversaciones con Raúl González Tuñón, La Bastilla, Buenos Aires, 1975.

6. Cristina Pacheco, Juan Gelman, defensa y justificación de la poesía, en Siempre, México, 1988.

7. Eduardo Giordano, Conversación con Juan Gelman, en El Porteño N° 157, Buenos Aires, 1986.

8. Mabel Moraña, J G. Un ruido en la oreja, en Brecha N° 300, Montevideo, 30/8/91.

9. María del Carmen Rodríguez, entrevista inédita que iba a salir en marzo de 1988, en un fallido Nº4 de la revista Pie de Página.

Encontrado en: http://www.lamaga.com.ar/www/area2/pg_nota.asp?id_nota=2518