Los otros Juan
Nota del 1 del 7 de 1997.
En un juego de máscara sobre máscara, Gelman traduce a poetas inexistentes, propone coautonías, reelaboraciones, imitaciones, parodias y una suma de desdoblamientos de la voz poética que teatralizan el texto. El desdoblamiento, el corrimiento del hablante poético, el traspaso de autorías, instala en la obra de Gelman un "estallido del sujeto poético” Ahora tiene que darles de comer a todos sus poetas inventados. Los textos que siguen tocan ese tema.
En sus inicios, impactado al enterarse de que uno de sus poemas fue escrito en una pared en la Casa del Desocupado de Uruguay, Gelman escribió el poema Referencias, datos personales y lo dedicó a los obreros del Cerro de Montevideo. publicado en Velorio del solo, el texto es un anuncio de una intención de diluirla autoría: "Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,/ rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte".
* En el libro anterior, El Juego en que andamos, ya habla dado señales de esa intención al escribir: "Entonces río contemplando mi apellido, mi rostro en el espejo/ yo sé que no me pertenecen". Luego, en Cólera Buey reafirma que: "Yo nunca escribí libros".
* Desde el inglés John Wendell, que apareció por vez primera en la antología Poesía publicada por Casa de las Américas en 1969, es extensa la lista de poetas inventados por Gelman: el Yamanocuchi Ando, Sidney West, Eliezer Ben Jonon, José Galván, Julio Grecco, etcétera.
* En el caso de los dos últimos, es obvio que utiliza sus iniciales. Lo mismo hizo el poeta chileno Vicente Huidobro cuando firmó su documento Finis Britannia como un tal Víctor Haldan.
* En el camino inverso del que busca a otro poeta y lo traduce para encontrar un texto, Gelman traduce un texto para encontrar un autor que no existía antes de esa operación.
* En una entrevista de 1991, interrogado sobre quién es Gelman, el mismo poeta sentenció: "Quién sabe. Yo, no".
* En una nota del año 62 publicada en Hoy en la Cultura, Marcelo Ravoni cuenta esta anécdota: "Entre sus bromas predilectas figura la de aparecerse con un poema de él presentándolo como una traducción que acaba de hacer de tal o cual poeta extranjero. Una vez me envió una carta con un texto de un poeta japonés traducido por él; me convencí de que se trataba de la broma de siempre: los versos eran categóricamente gelmanianos. Un año más tarde me puso el error delante de los ojos al mostrarme esos versos en una antología francesa de poetas japoneses.
* Veintinueve años después, entrevistado por el semanario uruguayo Brecha, Osvaldo Soriano contó la anécdota que sigue: "Hacíamos ficción en la época de La Opinión. Inventábamos autores que acababan de morir y nosotros sacábamos un inédito: generalmente Gelman escribía el texto y yo hacía un itinerario novelesco de su vida. Recuerdo un excelente texto de ciencia ficción que escribió Juan. Alguna vez le pregunté si no pensaba recuperarlo. Es imposible -dijo Juan-; ya lo metieron en una antología en España, si digo ahora que es mío nadie me va a creer, van a pensar que lo robé".
* Entrevistado por Benedetti en el 72 para Los poetas comunicantes, dijo haber inventado a John Wendell "para extrañarme... porque mi poesía se estaba volviendo muy íntima". Aunque agrega haber dado fin a sus poetas traducidos y otros intermediarios, va a volver con fuerza a los autores apócrifos, creando un trasiego de voces que será una de las marcas de su poética. De este modo, adjudica textos suyos a otros autores y firma como suyos poemas de otros autores que reelabora. Así funciona el "coro" de Gelman, en continuo diálogo, en asamblea, fundando una urdimbre textual múltiple, un espacio polifónico.
* Se habla de los "heterónimos" para referirse a los poetas “falsos" de Gelman. El término no es adecuado. Si bien ajusta como anillo al dedo de uno de los poetas preferidos de Gelman, el portugués Fernando Pessoa, no va con el argentino. Señala Susana Cella en un artículo que tituló Papelitos personales y que publicó Primer Plano, el suplemento de cultura de Página/12, que: "Tenemos también en estas épicas personajes o heterónimos de Gelman, pero que a diferencia de Pessoa no constituyen otras tantas voces, sino personajes que hablan la misma voz obediente... que escriben “gelmaneando".
* Varios son los poetas latinoamericanos que se han desdoblado en otras voces: entre ellos el mexicano José Emilio Pacheco, el cubano Rogelio Nogueras (se extravía en un saludable entrevero de voces en su Imitación de la vida) y el salvadoreño Roque Dalton, quien inventó en sus Poemas clandestinos a la estudiante gremialista Vilma Flores, al dirigente católico Jorge Cruz y a Juan Zapata, estudiante de sociología, entre otros más.
* El ejercicio de simulación se desdobla en la poesía de Gelman como una papirola que no tiene fin: un poeta inventado, con una biografía inventada, escribe un epígrafe inventado para el poema de un poeta inventado que menciona el nombre de otro poeta inventado, etcétera.
* En el extremo opuesto de la autoría borrosa, el poeta se mete con nombre y apellido en el texto: “a ver a juan / a ver gelman/ a ver los papelitos". Interrogado sobre este asunto por el cubano Víctor Casaus, el poeta respondió: "A veces hay que echar mano a todo frente al enemigo. Incluso el amor propio, la soberbia. El uso del nombre es una ratificación de la identidad”.
* El autor busca su sí mismo en el desmembramiento. Gelman desea que cada hombre se pudiera coser sus mitades, aunque, afirma: "No sé quién soy o he sido sólo conozco mi desorden". Vallejo le responde: "A lo mejor soy otro". Y comenta Rimbaud: "Yo, es otro"; Girondo habla de un cóctel de personalidades, y Cummings vocifera: "¿Cómo pretende el idiota que lo llama yo, entender a sus innumerables quiénes?”. Mario de Sá Carneiro antes del balazo escribe "Yo no soy yo ni soy el otro, soy algo intermedio". Y Pessoa: "Empiezo a conocerme. No existo".
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