Juan y el pan duro

Nota del 1 del 7 de 1997.
 

El grupo El Pan Duro está en los inicios de Gelman. Lo integró junto a Navalesi, Harispe, Negro, Bignozzi, Ditaranto, Mase, Silvain, Hierba y otros entre el 55 y el 63. Reproducimos parte del prólogo de la antología de El Pan Duro, texto que acerca el espíritu intacto de esos jóvenes que pensaban que no había antagonismos en crear y participar.

1963. Hace diez libros del primero; hace ocho años de la primera lectura de poemas; fue el teatro La Máscara sin un propósito todavía definido, balbuceo de un puñado de jóvenes que "además escribían" y que ensayaban un acercamiento, un juntar fuerzas, un sentir a alguien cerca de uno, a alguien que también crea que la poesía es un artículo de primera necesidad como el pan y el fusil.

Desde luego esta alianza no está signada por la casualidad; en el país están pasando cosas graves y ese 1955 se nos presenta como un punto de partida casi generacional, no por un determinismo biológico, ni por una constante que se repite fatalmente cada veinte años, como pretenden quienes se sienten más tranquilos con una lucha de generaciones que con una lucha de clases, sino porque inicia una dolorosa experiencia que conformará la personalidad creadora de aquellos, que en 1943, eran todavía demasiado jóvenes, que maduraron en la demagogia social del peronismo, quebrada por la oligarquía temerosa de las exigencias cada vez más apremiantes de las masas, urgiendo el cumplimiento de las promesas.

Ese 1955, con pueblo ametrallado y flores y marineros en andas en las calles del Barrio Norte, con multitudes humilladas y la revancha de las minorías celebrada en funciones de gala y recepciones de embajada, es también el año de nacimiento de El Pan Duro.

La poesía cada vez más como actitud; la poesía en contradicción con un mundo y son palabras de uno de nosotros, Juan Gelman que por su propia esencia niega toda poesía, contribuyendo a anticipar el otro mundo, el inundo de la poesía en libertad.

Desde luego no es El Pan Duro el único conjunto de poetas obstinados en esa batalla por la poesía en rebelión, batalla entroncada en otra más vasta por la formación de una cultura nacional; muchos, felizmente, son los grupos de la capital e interior del país que han recogido la rosa que blindara Raúl González Tuñón, y la unión real de todos ellos, no fusionándose ni absorbiéndose sino amalgamando un movimiento fraternal y combativo que evite la dispersión de esfuerzos, es una de nuestras urgencias. ( ... )

¿Cómo abrir una brecha? ¿Cómo trazar un lecho a la joven lírica de la protesta, del inconformismo? La aventura no sólo es necesaria sino impostergable: lo que para uno solo es imposible puede no serlo para un grupo claramente identificado en objetivos comunes, y El Pan Duro inicia su actividad, fijando metas inmediatas que van cumpliendo en la medida de sus posibilidades.

Al principio el fin unificador es la edición de libros.

Todos trabajan para uno y es así como Violín y otras cuestiones, de Juan Gelman, es el primer testimonio en 1956. Desde luego, no existe un aparato de distribución, pero el libro se agota prontamente, vendido ejemplar por ejemplar, por el autor, sus compañeros de grupo y todos los amigos que se acercan a esta trinchera para poner el hombro. La empresa tiene mucho de heroica por sus circunstancias.

La primera palabra ya está dicha, hermosa como el balbuceo del hijo; el pueblo ha ganado un poeta al que Raúl González Tuñón saluda en un hermoso prólogo. Después, ante el resultado alentador, se publica y difunde Bandoneón de papel, de Héctor Negro, en 1957, y en 1958 El tiempo es un barrio, de Julio César Silvain; todos con el sello casi mitológico de Manuel Gleizer, "el último romántico de los editores", como lo definiera cabalmente Enrique González Tuñón.

Pero el mismo hecho de que la gente que toma esta responsabilidad tiene algo más en común que una simple coincidencia de oficio y la necesidad ensancha las perspectivas, y aquello entrevisto en un principio corno mediato adquiere carácter de urgencia. Así El Pan Duro deja de ser exclusivamente un grupo editor para convertirse en un grupo militante de poesía, con coincidencias éticas y estéticas y con una acción más ambiciosa de trabajo. (...)

Los poetas de El Pan Duro acerca a sindicatos y a bibliotecas populares, a clubes y teatros independientes, a facultades y patios de conventillos, a sociedades de fomento y a todo lugar donde se lo necesita el pan duro pero luminoso de la nueva poesía, nueva porque es hija de una nueva cultura, es decir, portavoz de una esperanza donde ella sea posible.

"Lenguaje que canta -nos dirá Paul Éluard-, lenguaje cargado de esperanza, aunque sea desesperado, porque siempre es portador de inteligencia profunda, de razón fundada en el instinto, en la sensibilidad, en la necesidad de vivir, en el amor ala vida, en la verdad. Cuando un poeta invoca a la muerte digamos que lo hace por despecho. Si inventa un dios digamos que la tierra es responsable de ello. Y cuando un poeta se perturba, cuando llega a las puertas de la sinrazón y un inmenso cúmulo de ruinas se lo traga, tratemos de reconocer cuál pudo ser su valentía y el gusto inicial que sentía por la vida."

El elemento ideológico, cuando no es circunstancia personal en el poeta, no deviene contenido. Para asimilar una realidad el creador debe integrarse en ella orgánicamente, y los que componemos El Pan Duro, al entablar el diálogo con los hombres que la construyen, sabemos que agilizamos en nosotros ese proceso.

El objetivo principal es acercar la poesía, difundirla, pero haciéndolo nos nutrimos, agudizamos nuestra toma de conciencia.

De esta reciprocidad, como de todos los contactos que intentemos con el mundo que nos rodea, dependerá que nuestro canto sea por fin un desbordamiento de lo que recibimos de los hombres junto a los que soñamos y luchamos y que contribuya a liberarlo; así de nuestra boca saldrá la voz de todos. (...)

Los poetas de El Pan Duro, los que fueron definiendo y los que actualmente lo integran, coinciden en esta actitud. Su unidad es de tendencia, y se sienten fraternalmente al lado de todos aquellos que la sustentan; desde luego esto no significa unidad de expresión.

El elemento esencial del poeta es su particular sensibilidad y cada cual debe ser respetado dentro de las esencíalidades de su mundo sensible, sin perder su insoslayable identidad.

Por eso El Pan Duro está abierto a muchas voces. No obstante, la variedad de interpretaciones y técnicas poéticas no excluye la general consideración de que el poeta debe ser ante todo un hombre de su tiempo, lo que es más, su vanguardia esclarecida y, como tal, revolucionario en la forma y en el fondo.

Partiendo de la premisa de una poesía eminentemente popular, donde el tema como objetivo debe estar enraizado en la pasión, el dolor, las alegrías y las luchas del hombre común, es decir, la realidad histórica que las condiciona y que conforma también, por supuesto, la sensibilidad del poeta. En síntesis: la verdad del mundo más la verdad interior del creador, suma de la que obtendremos ni más ni menos que la verdad del mundo, sutilizada, enriquecida, profundizada.

Para llegar a esta verdad, consideramos que no hay formas sagradas ni imperecederas; los caminos de la poesía son infinitos; eso si, otra vez Eluard: "Todo poeta valeroso tiene el deber de abrir un camino tan amplio como sea posible a la exaltación humana".

No olvidamos ni dejamos de apreciar los aportes de las literaturas de calidad de cualquier parte del mundo; claro que rehusarnos trasplantarlas mecánicamente; antes bien las aprehendemos e incorporarnos en expresión propia, coherente con nuestras características nacionales. Aprovechando un razonamiento anterior podríamos afirmar que la arquitectura del poema, cuando no es circunstancia del contenido, no deviene forma. Sabemos que después del surrealismo no se puede escribir como antes de él; pretenderlo sería ingenuo.

Equivaldría a ignorar que este siglo ha sufrido dos guerras mundiales; que la placidez de la lógica euclidiana ha sido estremecida, que el proletariado dirige el destino de gran parte del mundo, que la bomba atómica asesinó dos pueblos, que existieron Lenin, Einstein, Freud, Kafka, Joyce, Hitler, Picasso, Chaplin, Fidel Castro, Gagarín, que "átomo”? no es sólo una palabra rara, que "guerra termonuclear" es algo más concreto que una fantasía de Wells.

Por eso si hablamos de "vanguardia", entendemos contemporaneidad, no decadencia, diálogo con nuestro tiempo, no "imposibilidad de toda comunicación", aventura permanente del espíritu que abra nuevas posibilidades de libertad, no injerto de lo externo traducido de lo nuevo. Sartre, en la presentación de Les Temps Modernes advierte que "ya que el escritor no tiene modo de evadirse, querernos que se abrace estrechamente con su época; es su única oportunidad; su época está hecha para él y él está hecho para ella". Los poetas de El Pan Duro se niegan a perder su única oportunidad. ( ... )

1963. Hace diez libros del primero, hace mil lecturas de la primera. Ahora el encuentro fraternal con La Rosa Blindada, que lucha por lo que luchamos, nos permite entregarles a ustedes esta muestra de conjunto para que la juzguen. Esto no es una antología, es un conjunto de nuestros últimos poemas, es "poesfajunta" de poetas que juntos sostienen su combate por el pan y las rosas.

Algunos ya no pertenecen al El Pan Duro, pero siguen estando al lado nuestro, como están a nuestro lado muchos que nunca pertenecieron a El Pan Duro.

Nos hermana una misma vocación de canto, un idéntico acento de poesía en armas.

1963, es decir, proscripciones, Fondo Monetario, desocupación, presos Conintes, peligro atómico; pero también: Cuba, despertar de los pueblos coloniales, ocupación de fábricas, huelgas generales.

1963, con poesía encarcelada.

A Juan Gelman, a Luis Alberto Navalesi, a José Luis Mangieri, a José Pastafiglia, a Lázaro Kanonich, presos por enarbolar el poema y apretar el gatillo de la luna, dedicamos este libro.

A todos los hombres y mujeres que llenan las cárceles del país, culpables de creer en la vida, nuestra solidaridad, nuestra fe, nuestra poesía.

El Pan Duro Buenos Aires, julio de 1963.

(El Pan Duro, antología del grupo del mismo nombre, La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1961)

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