Juan según Urondo

Nota del 1 del 7 de 1997.

Francisco Urondo no dudó, en 1968, en incluir a Gelman en su interesante ensayo Veinte años de la poesía argentina (1940-1960) entre los movimientos de experimentación y búsqueda. Pero se adelantó todavía más mando, en 1964, en la revista Zona de la Poesía Americana, habló del autor de Gotán como de un poeta que hace confluir el rigor expresivo con las "experiencias políticas y sociales”.

E1 pintor Juan Grela, mostrándome hace algunos años sus últimos cuadros -que sin duda iniciaban la definición de su estilo-, se refería a la cantidad de caminos que había intentado con su pintura, sin que ninguno lo conformara demasiado. Quería otra cosa; eso, que en definitiva empezaba con sus últimos cuadros, pero que hasta ese momento no sabía muy bien cómo era: "Era como quien oye silbar lejos".

A Juan Gelman le debió pasar algo parecido cuando escribió su primer libro, Violín y otras cuestiones, hará cosa de ocho o nueve años. Es un libro flojo que a mi, francamente, no me gusta, lleno de influencias mal incorporadas, etc.; sin embargo cuando lo leí me alertó: "Aquí puede pasar algo", me dije con petulancia. De todas formas algo de razón tenía: lo que ciertamente había advertido era que Gelman había escuchado silbar lejos. Había escuchado, y había parado la oreja.

A medida que fue escribiendo sus libros posteriores –El juego en que andamos, Velorio del solo, Gotán- seguramente sintió que el silbido se acercaba. El año pasado me mostró una serie de poemas inéditos ﷓que ahora ordena para publicar en un libro, o en varios; el silbido estaría a esta altura muy cerca de la oreja. Después Gelman sería retirado de circulación por una temporadita y al salir, "Gelman con todo", ya había comenzado a escribir sus "tanguitos" –con los que tal vez forme dos o tres libros. Se me ocurre que es en ese preciso momento cuando Juan Gelman se da cuenta de que quien está silbando es él mismo. Su poesía así ha tomado forma. 0 ambos -poeta y poesía- se han conformado en virtud de una necesidad, de una voluntad expresiva. A ambos, por lo tanto, les ha pasado un poco lo que le ha pasado a todo el mundo, con mayor o menor conciencia, con más o menos intensidad, en estos últimos años. En el terreno específicamente poético, están signados los trabajos de Gelman por el rigor expresivo, la economía verbal, la liberada tensión, la ausencia de autocompasión que imponen las vanguardias poéticas que aparecen en el país a partir del año 45. En un sentido menos específico, también gravitan en esta poesía las experiencias políticas y sociales -peronismo, Revolución Libertadora- que se viven en esos años y que, además de movilizar a la gente íntimamente, destruyen o desgastan definitivamente actitudes como el populismo e ideologías como el liberalismo.

Gelman hace confluir estas dos líneas, una específicamente poética, otra correspondiente a nuestra actualidad argentina. Convendría ahondar más en esto para saber bien de dónde viene esta poesía, saber realmente cómo es, si la forma que ha tomado es verdaderamente consecuente con las cosas que la alentaban; a qué lucidez pertenece, a qué fervor responde. Pero desde ya se ve, antes de ahondar, que esta poesía es una respuesta; sirve para hablar, para conectarnos con los demás: saber qué le pasa a un hombre, o qué lo antecede o lo rodea. Saber qué nos pasa, qué amarguras, qué esperanza, qué suertes, qué desdichas nos merodean o nos tienden la mano.

Por todo esto, le sugerí a Gelman, cuando me mostró estos "tanguitos" -algunos de los cuales publicamos en este número de Zona- que hiciera una aclaración que los precediera. A mi entender la aclaración debía decir así: "Escribí estos poemas en un momento muy particular de mi vida".

 

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