Clarín. Jueves 11 de noviembre de 1999

CINE: CRITICA

Una obra que hace honor al original

La versión fílmica de Arturo Ripstein de El Coronel no Tiene Quien le Escriba respeta la novela de Gabriel García Márquez.

PABLO O. SCHOLZ


El coronel no tiene quien le escriba es una novelita -sólo por lo corta- de sencilla adaptación al cine. Es tan claro García Márquez en su texto que uno imagina al viejo veterano de guerra que aguarda su pensión retrasada, a su esposa y el gallo de riña, en cuyo futuro la pareja confía un bienestar que no tiene. Así y todo, Arturo Ripstein creyó conveniente echar mano y crear personajes, caracterizar algún otro de una manera distinta a como estaba en el original, cambiar años, ropas y detalles. así y todo, El coronel no tiene quien le escriba es, junto a Eréndira, de Guy Guerra, la película que más fiel es al espíritu de la obra de García Márquez, el que no lo bastardea ni resume con impunidad.

Claro que siendo una película de Ripstein, el creador de Profundo carmesí ha mantenido sus climas lúgubres, su iluminación ocre y su confesa predilección de filmar en interiores. Todo ello se lo permitía la novela. Lo que ha perdido -y era de esperar estando el mexicano detrás de cámara- es ese realismo mágico que el autor de Cien años de soledad le imprimió a la casa y el pueblo del coronel.

El coronel espera cada viernes en el muelle el desembarco de la lancha con el correo, pero efectivamente, no hay nadie del gobierno que le escriba contándole que su pensión finalmente le llega. Tiene al gallo de Agustín, su hijo al que mataron en la gallera, y si no lo vende es por razones afectivas... y porque espera que cuando llegue la fecha de las riñas el ave le dé el aire que a él y a su esposa asmática le faltan.

Si la riqueza de la novela no consiste en la trama sino en el dibujo de las situaciones, Ripstein ha recargado las tintas en la desesperanza del protagonista y su esposa. Llora primero un acordeón, luego serán los violines. La implementación de la música -lógico elemento faltante en la novela- es aquí perfecta.

Entre los cambios, Ripstein y su mujer Paz Alicia Garciadiego crearon el personaje de la novia de Agustín, el hijo muerto, para que lo interprete Salma Hayek. Pero nada de esto resta a la película. Llama la atención que la visión del filme sea más larga que lo que demanda su lectura de corrido. Las excepcionales interpretaciones de Fernando Luján y Marisa Paredes en los papeles centrales son el mayor lujo que podía tener la traslación de los personajes a imagen. La tranquilidad de él subraya la entereza de ella, absorbiendo las preguntas hasta convertirlas en afirmaciones. Las actuaciones son verdaderamente notables.

Lo único en que podría repararse es el agobio al que Ripstein lleva el relato en su parte final. Pero si cada uno es dueño de entender la literatura y el cine como mejor le sienta, quién puede reprocharle nada. Al contrario, hay que agradecerle esta película.

FICHA:
EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA
(México/1999), 118. Para mayores de 13 años
Género: Drama
Dirección: Arturo Ripstein
Intérpretes: Fernando Luján, Marisa Paredes, Salma Hayek
Salas: Monumental, Gaumont, Santa Fe, Belgrano
Muy buena
 
 

Nota:

Qué cambió en la adaptación

Al matrimonio Ripstein no le ha interesado hacer mención ni al coronel Aureliano Buendía, ni a la guerra civil ni a Macondo, presentes aunque no protagonistas en la novela.

Entre los cambios más sustantivos aparece Julia, la novia de Agustín; la pareja es menos afecta a la religión ("Luchamos contra la ignorancia y las cosas siguen igual", se lamenta el coronel); el médico tiene ahora una historia paralela porque es homosexual y la esposa -que, como su marido, sigue sin tener nombre- hasta se hace varias escapadas al cine.

"Es pecado sobrevivir a la muerte de los hijos", le dice la mujer al padre Angel, en una línea que no estaba en el original, pero que resalta más la carga del matrimonio.